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Carcinoma hepatocelular

(Hepatoma)

Por Steven K. Herrine, MD, Professor of Medicine, Division of Gastroenterology and Hepatology, and Vice Dean for Academic Affairs, Sidney Kimmel Medical College at Thomas Jefferson University

El carcinoma hepatocelular es un cáncer que se origina en las células del hígado y es el más común de los cánceres hepáticos primarios.

  • La infección por hepatitis B o C o la ingestión excesiva de alcohol aumentan el riesgo de desarrollar un hepatocarcinoma, en especial en personas con cirrosis hepática.

  • Se puede presentar dolor abdominal, pérdida de peso y notar una gran masa en la parte superior derecha del abdomen.

  • El diagnóstico se basa en los resultados de los análisis de sangre y en las pruebas de diagnóstico por la imagen.

  • Este tumor suele ser mortal a menos que se diagnostique de forma precoz.

El carcinoma hepatocelular es el tipo más frecuente de cáncer originado en el hígado. Ocurre habitualmente en personas que presentan cirrosis (consistente en la formación de graves cicatrices en el del hígado).

En ciertas áreas de África y Asia Oriental, el hepatocarcinoma es más frecuente que en los Estados Unidos, y constituye una causa frecuente de muerte. En estas áreas, existen muchos casos de hepatitis crónica por virus B (ver Hepatitis crónica). La presencia de este virus en el organismo multiplica por más de 100 el riesgo de hepatocarcinoma. La hepatitis B puede causar cirrosis, aunque puede aparecer el carcinoma hepatocelular tanto si se desarrolla la cirrosis como si no. La cirrosis debida a hepatitis C crónica, a enfermedad hepática grasa o al consumo excesivo de alcohol también aumenta el riesgo de este cáncer.

Tener hemocromatosis (un trastorno hereditario que causa que el cuerpo absorba demasiado hierro) también aumenta el riesgo de desarrollar un cáncer hepatocelular. El hierro puede acumularse en el hígado y dañarlo.

El carcinoma hepatocelular a veces se produce por la exposición a ciertas sustancias que provocan cáncer (carcinógenos). En las regiones subtropicales, en las que el hepatocarcinoma es frecuente, los alimentos están a menudo contaminados con sustancias carcinógenas denominadas aflatoxinas, que son producidas por ciertos tipos de hongos.

En América del Norte, Europa y otras áreas geográficas en las que el carcinoma hepatocelular es menos común, la causa más frecuente es la hepatitis C crónica. La cirrosis, por lo general la cirrosis de larga evolución relacionada con la hepatitis C crónica, enfermedad hepática grasa o con el consumo crónico de alcohol, también puede ocasionar un carcinoma hepatocelular. El riesgo es menor en la colangitis biliar primaria que en otros tipos de cirrosis.

Síntomas

En la mayoría de casos, los primeros síntomas son el dolor abdominal, la pérdida de peso y la palpación de una gran masa en la región superior derecha del abdomen. Asimismo, algunas personas afectadas por cirrosis de larga evolución pueden sufrir de forma imprevista un empeoramiento significativo de su enfermedad. Pueden presentar fiebre. En algunas ocasiones, los primeros síntomas son un dolor abdominal súbito y choque (una presión arterial peligrosamente baja), ocasionados por la rotura o el sangrado desde el tumor maligno.

Diagnóstico

  • Exploración física

  • Análisis de sangre y pruebas de diagnóstico por la imagen

La detección temprana del hepatocarcinoma es difícil porque al principio los síntomas no proporcionan muchos indicios. Si el médico detecta un aumento del volumen del hígado o si una prueba de diagnóstico por la imagen detecta una masa en la parte superior derecha del abdomen durante una exploración hecha para otros fines, el médico puede sospechar este tipo de cáncer, sobre todo en personas afectadas por cirrosis de larga evolución. Sin embargo, los programas de cribado a menudo permiten detectar este tipo de cáncer antes de que aparezcan los síntomas.

Si se sospecha un hepatocarcinoma se realiza lo siguiente:

  • Análisis de sangre para medir los niveles de alfa-fetoproteína: esta proteína está producida por el feto en condiciones normales, y sus niveles descienden marcadamente hacia el primer año de vida. Su concentración es alta en aproximadamente la mitad de las personas con un hepatocarcionoma.

  • Exploración: el médico palpa la parte superior derecha del abdomen, para valorar un aumento del tamaño del hígado o una masa. Además puede colocar un estetoscopio en la región del hígado para comprobar los sonidos causados por el tumor. Por ejemplo, en algunos casos se oyen murmullos (soplos hepáticos debido a que la sangre circula rápidamente a través de los vasos sanguíneos del interior del tumor) o sonidos de rascado (de fricción, que son debidos al roce del tumor contra la superficie del hígado y las estructuras adyacentes).

  • Pruebas de diagnóstico por la imagen: se puede emplear la ecografía, la tomografía computarizada (TC) o la resonancia magnética nuclear (RMN) del abdomen para determinar si existe un carcinoma hepatocelular. La TC y la RMN suelen ser más precisas que la ecografía. Antes de realizar la TC o la RMN, se suele inyectar un medio de contraste en una vena. Este medio de contraste ayuda a que las anomalías, si están presentes, sean más fáciles de ver.

Si el diagnóstico sigue siendo incierto, se confirma mediante una biopsia hepática (se extrae con una aguja una pequeña muestra de tejido hepático para su examen al microscopio). Para mejorar las posibilidades de obtención de tejido canceroso, los médicos a menudo utilizan la ecografía o la TC para guiar la colocación de la aguja durante la biopsia. El riesgo de hemorragia o de otra lesión durante una biopsia hepática es generalmente bajo.

Estadificación

Si se diagnostica el cáncer, el médico determina el tamaño del hepatocarcinoma y si se ha extendido a las estructuras cercanas o a otras partes del organismo. Las pruebas de diagnóstico por la imagen empleadas para el diagnóstico proporcionan parte de esta información.

El cáncer se clasifica en categorías que van desde el estadio I (un tumor único que no se ha extendido) al estadio IV (diseminación a partes distantes del organismo). La estadificación ayuda al médico a decidir el tratamiento y a estimar la supervivencia del paciente.

Cribado

En algunas áreas donde el virus de la hepatitis B es frecuente, se practican ecografías a las personas afectadas por hepatitis B para detectar de forma precoz el cáncer hepático. Los médicos llevan a cabo revisiones periódicas de las personas que presentan cirrosis, independientemente de la causa de esta. El seguimiento normalmente incluye la determinación cada 6 a 12 meses de los niveles de alfa-fetoproteína y la realización de una ecografía.

Pronóstico

La mayoría de las personas con un carcinoma hepatocelular viven pocos años, porque el cáncer suele detectarse en una fase avanzada. La realización de estudios de cribado y el diagnóstico precoz mejoran el pronóstico. Si el cáncer es pequeño, no se ha diseminado y se puede realizar un trasplante hepático, en algunos casos se pueden vivir varios años.

Prevención

El uso de la vacuna contra el virus de la hepatitis B reduce la incidencia del carcinoma hepatocelular, especialmente en las zonas donde el virus es frecuente. También puede ser útil prevenir la cirrosis, independientemente de su causa. Por ejemplo, el tratamiento de la hepatitis C crónica o de la hemocromatosis y el tratamiento o la prevención de la enfermedad hepática ocasionada por el consumo de alcohol pueden ayudar a prevenir el desarrollo de hepatocarcinomas.

Tratamiento

  • Cirugía o trasplante de hígado

  • Ablación por radiofrecuencia, crioablación o terapia de radiación interna

El tratamiento del carcinoma hepatocelular depende de la extensión del cáncer. Los tumores pequeños limitados al hígado pueden tratarse mediante un trasplante de hígado.

Solo el trasplante de hígado o la extirpación quirúrgica del hepatocarcinoma ofrecen alguna esperanza de curación. Sin embargo, tras su extirpación quirúrgica el cáncer suele recidivar. Además, en personas afectadas por cirrosis puede que no sea posible extirpar el hepatocarcinoma dado que gran parte del hígado está lesionada.

Si no es posible realizar un trasplante o extirpar el tumor, o si se está esperando un trasplante hepático, se pueden emplear tratamientos que se centran en el tumor y las áreas adyacentes. Estos tratamientos pueden ayudar a retardar el crecimiento del cáncer y aliviar los síntomas. Por ejemplo, el médico puede inyectar en los vasos sanguíneos que alcanzan el tumor una sustancia química que destruye las células cancerosas o puede utilizar tratamientos que aplican energía a las células cancerosas y así destruirlas. Tres de estos tratamientos son:

  • Ablación por radiofrecuencia (que utiliza energía eléctrica).

  • Crioablación (que utiliza frío)

  • Radioterapia interna selectiva (que usa radiación)

Sin embargo estos tratamientos no destruyen todas las células cancerosas. La radioterapia aplicada a la parte externa del cuerpo por lo general no es eficaz.

Los fármacos quimioterápicos pueden inyectarse en una vena o en la arteria hepática. La inyección de los agentes quimioterápicos de forma directa en la arteria hepática administra una elevada concentración del fármaco sobre las células cancerosas en el hígado. El quimioterápico sorafenib es eficaz contra el carcinoma hepatocelular. Se están estudiando otros fármacos para el tratamiento de este cáncer.

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