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Absceso pulmonar

Por Sanjay Sethi, MD, Professor and Chief, Pulmonary, Critical Care and Sleep Medicine and Vice Chair for Research, School of Medicine and Biomedical Sciences, University at Buffalo SUNY

Un absceso pulmonar es una cavidad llena de pus en el pulmón, rodeada de tejido inflamado, producida por una infección.

  • La causa del absceso pulmonar suele ser una bacteria que vive normalmente en la boca y es inhalada al interior de los pulmones.

  • Los síntomas incluyen fatiga, pérdida de apetito, sudoraciones nocturnas, fiebre, pérdida de peso y tos productiva de esputo.

  • El diagnóstico suele determinarse mediante una radiografía de tórax.

  • Las personas afectadas suelen necesitar tratamiento antibiótico durante algunas semanas antes de que el absceso pulmonar se cure.

Causas

Un absceso pulmonar suele estar causado por bacterias que normalmente colonizan la boca o la garganta y son inhaladas (aspiradas) hacia el interior de los pulmones, lo que da como resultado una infección. A menudo, una enfermedad en las encías (periodontal) puede ser la fuente de bacterias que causan abscesos en los pulmones. El organismo cuenta con muchos mecanismos de defensa (tales como la tos) que ayudan a prevenir la entrada de bacterias a los pulmones. La infección se produce, principalmente, cuando la persona está inconsciente o adormecida debido a una sedación, anestesia, consumo de alcohol o drogas o por una enfermedad del sistema nervioso, y por lo tanto tiene menor capacidad de toser para eliminar las bacterias aspiradas. En personas cuyo sistema inmunitario funciona mal, la causa del absceso pulmonar puede ser microorganismos que no suelen hallarse en la boca o la garganta, tales como hongos o Mycobacterium tuberculosis (el microorganismo causante de la tuberculosis). Otras bacterias que pueden provocar abscesos pulmonares son los estreptococos y los estafilococos, incluyendo el Staphylococcus aureus resistente a la meticilina (SARM), que es una infección grave.

La obstrucción de las vías respiratorias también puede llevar a la formación de un absceso. Si las ramas de la tráquea (bronquios) son obstruidas por un tumor o por un cuerpo extraño, puede formarse un absceso porque las secreciones (mucosidad) se acumulan detrás de la obstrucción. A veces las bacterias penetran en estas secreciones. La obstrucción evita que las secreciones cargadas de bacterias sean expectoradas a través de las vías respiratorias.

Con menor frecuencia, los abscesos aparecen si las bacterias o coágulos de sangre infectados se desplazan por el flujo sanguíneo a los pulmones desde otro lugar infectado del organismo (embolia pulmonar séptica).

Generalmente, las personas desarrollan solo un absceso pulmonar como resultado de la aspiración o bien de la obstrucción de las vías respiratorias. Si se desarrollan varios abscesos, suelen afectar al mismo pulmón. Sin embargo, si una infección llega a los pulmones a través del torrente sanguíneo pueden formarse múltiples abscesos, diseminados en ambos pulmones. Este problema es más frecuente entre las personas que se inyectan drogas utilizando agujas sucias o métodos no esterilizados.

Finalmente, la mayor parte de los abscesos se rompen dentro de una vía respiratoria y producen una gran cantidad de esputo que necesita ser expulsado con la tos. Además, un absceso que se rompe deja en el pulmón una cavidad que se llena de líquido y de aire. A veces, un absceso se rompe en el interior del espacio entre los pulmones y la pared torácica (cavidad pleural) y llena de pus este espacio, situación denominada empiema (ver Tipos de líquido). Muy raramente, si un absceso destruye la pared de un vaso sanguíneo, puede originar una hemorragia grave.

Síntomas

Los síntomas suelen empezar lentamente. Sin embargo, según cuál sea la causa del absceso, los síntomas pueden aparecer de forma repentina. Los síntomas iniciales se parecen a los de la neumonía:

  • Fatiga

  • Inapetencia

  • Sudoración durante la noche

  • Fiebre

  • Una tos con producción de esputos

Este esputo puede estar teñido de sangre y es frecuente que tenga un olor muy desagradable (causado por las bacterias provenientes de la boca o la garganta, que tienden a producir olores fétidos). Las personas afectadas también pueden sentir dolor torácico al respirar, especialmente si el revestimiento en la parte exterior de los pulmones y el interior de la pared torácica (pleura) está inflamado (una enfermedad denominada pleuresía o pleuritis, ver Derrame pleural : Síntomas). Muchas personas padecen estos síntomas durante semanas o meses antes de ir al médico. Tienen abscesos crónicos y, además de otros síntomas, pierden mucho peso y diariamente, tienen fiebre y sudoración nocturna. En cambio, los abscesos pulmonares causados por Staphylococcus aureus o SARM son potencialmente mortales en cuestión de días, a veces solo de horas.

Diagnóstico

Las radiografías torácicas casi siempre muestran el absceso pulmonar como una cavidad llena de fluido y aire. Sin embargo, en una radiografía, un absceso pulmonar a veces parece otra enfermedad, como el cáncer o la sarcoidosis. En algunos casos, el absceso solo se encuentra cuando se realiza una tomografía computarizada (TC) del tórax. El médico puede tomar una muestra de esputo e intentar cultivar el organismo causante del absceso, pero esta prueba no suele ser útil salvo para descartar ciertos organismos. Puede hacerse una broncoscopia (ver Broncoscopia) para obtener muestras de secreciones o tejido pulmonar para cultivo si, por ejemplo,

  • Los antibióticos parecen ineficaces

  • Se sospecha la obstrucción de las vías respiratorias (por ejemplo, obstrucción de un bronquio por un tumor)

  • El sistema inmunológico del paciente se deteriora

Si el sistema inmunológico está comprometido, los organismos que normalmente no causan abscesos pulmonares pueden ser la causa del absceso. Los organismos inusuales deben ser identificados lo más pronto posible, ya que se tratan de forma diferente a los organismos que habitualmente causan abscesos pulmonares.

Tratamiento

El tratamiento requiere la administración de antibióticos. Estos antibióticos se administran inicialmente por vía intravenosa en la mayoría de los casos y, más tarde, cuando la enfermedad de la persona ha mejorado y la fiebre ha desaparecido, se pasa a la vía oral. Este tratamiento continúa hasta que desaparecen los síntomas y una radiografía de tórax muestra que el absceso se ha curado. Esta mejoría normalmente requiere de 3 a 6 semanas de tratamiento con antibióticos, pero puede ser necesario un periodo de tratamiento más largo.

Si se sospecha que el absceso es el resultado de un tumor o de la obstrucción de las vías respiratorias por un cuerpo extraño, a veces se utiliza la broncoscopia como tratamiento (por ejemplo para eliminar el cuerpo extraño). En casos poco frecuentes puede ser necesario vaciar un empiema por medio de un tubo que se introduce por la pared torácica, o incluso extirpar quirúrgicamente el tejido pulmonar infectado. A veces hay que extirpar todo un lóbulo o incluso el pulmón completo.

La mayoría de las personas se curan. La probabilidad de éxito del tratamiento es menor si la persona está debilitada o tiene un sistema inmunitario deficiente, o cuando uno de sus bronquios está obstruido por un tumor.

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