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Asma

Por Matthew C. Miles, MD, Assistant Professor of Medicine, Pulmonary Disease, and Critical Care, Wake Forest School of Medicine ; Stephen P. Peters, MD, PhD, Professor of Medicine, Pediatrics, and Translational Science;Associate Director, Center for Genomics and Personalized Medicine Research, Wake Forest School of Medicine;Wake Forest Health Sciences

El asma es una enfermedad caracterizada por el estrechamiento de las vías respiratorias, por lo general reversible, en respuesta a ciertos estímulos.

  • Los síntomas más frecuentes son tos, sibilancias y ahogo que aparecen en respuesta a un desencadenante específico.

  • Se confirma el diagnóstico de asma mediante pruebas respiratorias (de función pulmonar).

  • Para prevenir crisis, las personas afectadas deben evitar las sustancias que desencadenan el asma y tomar fármacos que ayuden a mantener abiertas las vías respiratorias.

  • Durante una crisis asmática, es necesario tomar un fármaco que abra rápidamente las vías respiratorias.

El asma es cada vez más frecuente (afecta a unos 250 millones de personas en el mundo). No se conoce la razón de este incremento.

Aunque es una de las enfermedades crónicas más común en los niños, también puede desarrollarse en adultos, incluso a edad avanzada. El asma afecta a más de 6 millones de niños (ver Asma infantil) en los EE.UU, y se da con mayor frecuencia en varones antes de la pubertad, y en mujeres, después de la pubertad. El asma puede resolverse en los niños con el tiempo.

También es más frecuente en personas de ascendencia africana y en puertorriqueños. Aunque el número de afectados por asma ha crecido, el índice de mortalidad de la enfermedad ha disminuido.

La característica más importante del asma es el estrechamiento de las vías respiratorias, que puede ser revertido. Las vías respiratorias de los pulmones (los bronquios) son esencialmente tubos con paredes musculares (ver Aparato respiratorio). Las células que revisten los bronquios poseen unas estructuras microscópicas, denominadas receptores. Estos receptores perciben la presencia de sustancias específicas y estimulan los músculos subyacentes a contraerse o relajarse, alterando así el flujo de aire. Hay muchos tipos de receptores, pero en el asma hay 2 tipos que son principalmente importantes:

  • Los receptores beta-adrenérgicos responden a compuestos químicos como la epinefrina, que relajan los músculos y ensanchan (dilatan) las vías respiratorias, lo que aumenta el flujo de aire.

  • Los receptores colinérgicos responden a un producto químico denominado acetilcolina y hacen que los músculos se contraigan y que, consiguientemente, disminuya el flujo de aire.

¿Sabías que...?

  • La tos puede ser el único síntoma del asma.

Causas

Las personas afectadas suelen tener genes que las hacen susceptibles al asma. Las condiciones ambientales, incluidas las condiciones antes y en el momento del nacimiento, pueden influir en el desarrollo del asma.

La causa del estrechamiento de las vías respiratorias es a menudo una sensibilidad anómala de los receptores colinérgicos, que desencadena una contracción en los músculos de las vías respiratorias cuando no deben hacerlo. Se cree que ciertas células de las vías respiratorias, particularmente los mastocitos, son las responsables del inicio de la respuesta. Los mastocitos localizados en los bronquios liberan algunas sustancias, como la histamina y los leucotrienos, que causan la contracción de la musculatura lisa, un aumento en la secreción de moco y el desplazamiento de ciertos glóbulos blancos hacia la zona en cuestión. Los eosinófilos, otro tipo de células que se encuentran en las vías respiratorias de las personas que padecen asma, liberan sustancias adicionales, que contribuyen al estrechamiento de la vía respiratoria.

Durante una crisis de asma (a veces denominada exacerbación), los músculos lisos de los bronquios se contraen y causan un estrechamiento de los mismos (denominado broncoconstricción). Los tejidos que revisten las vías respiratorias se hinchan como consecuencia de la inflamación y de la secreción de mucosidad en el interior de las vías respiratorias. La capa superior del revestimiento de las vías respiratorias puede dañarse y depositar células, estrechando aún más la vía. Este estrechamiento obliga a la persona a realizar un mayor esfuerzo para respirar. En el caso del asma, el estrechamiento es reversible, lo que significa que con un tratamiento apropiado o por sí mismas, las contracciones musculares de las vías respiratorias se detienen, la inflamación desaparece (con lo que las vías respiratorias se ensanchan de nuevo) y el flujo de aire hacia dentro y hacia fuera de los pulmones recupera la normalidad.

Cómo se estrechan las vías respiratorias

Durante una crisis de asma, el músculo liso se contrae, estrechando la vía respiratoria. La capa media se hincha debido a la inflamación y se produce una cantidad excesiva de mucosidad. En algunos segmentos de las vías respiratorias, el moco forma un tapón que las obstruye parcial o totalmente.

Desencadenantes del asma

Los bronquios de las personas que padecen asma se estrechan como respuesta a ciertos estímulos (desencadenantes) que no suelen afectar a las vías respiratorias de las personas sin asma. Estos desencadenantes pueden ser:

  • Alérgenos

  • Infecciones

  • Irritantes

  • Ejercicio

  • Estrés y ansiedad

  • Aspirina (ácido acetilsalicílico)

Muchos alérgenos inhalados, como el polen, las partículas de los ácaros del polvo doméstico, las secreciones de cucaracha, las partículas procedentes de plumas y la caspa de animales, pueden desencadenar una crisis de asma. Estos alérgenos se combinan en la superficie de los mastocitos con la inmunoglobulina E (IgE, un tipo de anticuerpo) lo que desencadena la liberación de las sustancias químicas que causan asma. (Este tipo de asma se conoce como asma alérgica). Aunque las alergias por alimentos rara vez cursan con asma, ciertos alimentos (como mariscos y cacahuetes) pueden inducir crisis graves en personas especialmente sensibles a ellos.

Los desencadenantes infecciosos suelen ser infecciones respiratorias virales, como resfriados, bronquitis y, a veces, neumonía.

Algunos de los irritantes que pueden provocar una crisis de asma son el humo del tabaco, la marihuana o la cocaína, gases (como los de los perfumes, los productos de limpieza o la contaminación del aire), el aire frío y el ácido gástrico en las vías respiratorias causado por la enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE).

Adicionalmente, las personas que padecen asma pueden desarrollar el estrechamiento de las vías respiratorias al hacer ejercicio. El estrés y la ansiedad pueden provocar en los mastocitos la liberación de histamina y leucotrienos, que estimulan el nervio vago (que se conecta con la musculatura de las vías respiratorias), causando contracción y estrechamiento de los bronquios.

El llanto o la risa fuerte pueden desencadenar los síntomas en algunos casos.

La aspirina (ácido acetilsalicílico) es un desencadenante para casi un 30% de las personas con asma grave, pero actúa como desencadenante en menos del 10% de las personas con asma.

Síndrome de disfunción reactiva de las vías aéreas

El síndrome de disfunción reactiva de las vías respiratorias (RADS, por sus siglas en inglés) es un trastorno persistente similar al asma que sufren algunas personas sin antecedentes de asma. Es una forma de enfermedad pulmonar ambiental (ver Introducción a las enfermedades pulmonares de origen ambiental) causada por una única y significativa exposición al óxido de nitrógeno o a compuestos orgánicos volátiles (presentes en lejías y otros productos de limpieza). Las personas muestran síntomas similares a los del asma, como tos, sibilancias y dificultad respiratoria. El tratamiento es parecido al tratamiento habitual para el asma (ver Asma : Tratamiento).

Síntomas

Las crisis de asma varían en frecuencia e intensidad. Algunas personas que padecen asma no presentan síntomas la mayor parte del tiempo, solo episodios de ahogo leves, breves y ocasionales. Otras en cambio, tosen y tienen sibilancias casi continuamente y además sufren crisis graves después de una infección vírica, el ejercicio físico o la exposición a otros desencadenantes. La sibilancia es el sonido que se produce cuando la persona exhala (ver Sibilancias). En muchas personas, es posible que el único síntoma sea la tos (tos como variante de asma). Algunas personas que padecen asma producen una flema (esputo) clara y a veces pegajosa (mucoide).

Las crisis de asma se producen con más frecuencia en las primeras horas de la mañana, cuando el efecto de los fármacos ingeridos el día anterior va disminuyendo y el organismo es menos capaz de prevenir el estrechamiento de las vías respiratorias.

Una crisis de asma puede comenzar de repente con respiración sibilante, tos y ahogo. Otras veces, una crisis de asma puede comenzar lentamente, con síntomas que se agravan de forma gradual. En ambos casos, los individuos con asma experimentan en primer lugar ahogo, tos o una opresión en el pecho. La crisis puede desaparecer en pocos minutos o puede durar horas o incluso días. El prurito en el pecho o en el cuello puede ser un síntoma inicial, especialmente en niños. Una tos seca por la noche o durante el ejercicio es a veces el único síntoma.

El ahogo puede volverse grave durante una crisis de asma y, por consiguiente, crear ansiedad. Instintivamente, la persona se sienta y se inclina hacia delante, usando los músculos del cuello y del tórax para ayudarse a respirar, pero a pesar de todo sigue necesitando aire. El sudor es una reacción frecuente al esfuerzo y la ansiedad. La frecuencia cardíaca, por lo general, se acelera y la persona puede sentir un martilleo en el pecho.

Durante una crisis grave de asma, la persona solo puede pronunciar unas palabras entre esfuerzos para respirar. Sin embargo, la respiración sibilante puede disminuir ya que es escaso el aire que entra y sale de los pulmones. La confusión, el sopor y la piel de color azulado (cianosis) son señales de la disminución grave de oxígeno en la sangre, lo que requiere un tratamiento de urgencia. Por lo general, la persona se restablece completamente, incluso de una crisis grave de asma. En raras ocasiones, las personas desarrollan una crisis asmática con suficiente rapidez como para perder la consciencia antes de poder buscar ayuda. Estas personas deben llevar una identificación (por ejemplo una pulsera o un colgante de alerta médica) y contar con un teléfono móvil para llamar a un servicio de urgencias.

Diagnóstico

  • Evaluación de los síntomas por un médico

  • Pruebas respiratorias

Los médicos sospechan de asma a partir del relato de los síntomas característicos por parte de la persona. Confirman el diagnóstico mediante pruebas respiratorias (de función pulmonar) (ver Pruebas funcionales respiratorias (PFR)). Estas pruebas se realizan antes y después de administrar a la persona un fármaco inhalado, denominado fármaco beta-adrenérgico (o agonista beta-adrenérgico), que revierte la constricción de las vías respiratorias. Si los resultados de la prueba son significativamente mejores después de que la persona haya tomado el fármaco, se considera posible el diagnóstico de asma. Si las vías respiratorias no se estrechan durante la prueba, puede confirmarse el diagnóstico mediante un test de provocación.

En el test de provocación, la función pulmonar se mide antes y después de que la persona inhale una sustancia (generalmente metacolina, pero también se utiliza histamina, adenosina o bradiquinina), que tiene la capacidad de estrechar las vías respiratorias. La sustancia se administra en dosis muy bajas, que no afectarían a una persona con los pulmones sanos, pero que en las personas asmáticas producen estrechamiento de las vías respiratorias.

La medición repetida de la función pulmonar a lo largo del tiempo permite establecer la gravedad de la obstrucción respiratoria y la efectividad del tratamiento.

El flujo espiratorio máximo (la máxima velocidad con la que el aire puede ser expulsado de los pulmones) se puede medir utilizando un pequeño dispositivo de medición manual denominado medidor de flujo espiratorio máximo. Esta prueba se usa en casa para evaluar la gravedad del asma. Por lo general, las velocidades de flujo espiratorio más bajas se presentan entre las 4 y las 6 de la mañana y las más altas, a las 4 de la tarde. Sin embargo, una diferencia de más del 30% entre las velocidades alcanzadas en esos momentos del día se considera una evidencia de asma moderada a grave.

Para hacer la prueba de asma inducido por el ejercicio, un examinador usa las pruebas de función pulmonar para medir la cantidad de aire que la persona puede exhalar en 1 segundo antes y después de los ejercicios que realiza sobre una cinta de correr o una bicicleta estática. Si el volumen de aire disminuye más del 15%, es posible que el asma sea inducido por el ejercicio.

La radiografía de tórax no suele ser útil en el diagnóstico del asma. El médico utiliza las radiografías de tórax cuando está considerando otros diagnósticos. Sin embargo, a menudo se solicita una radiografía de tórax cuando el paciente asmático necesita ser hospitalizado a causa de un ataque grave.

Identificación de los desencadenantes del asma

A menudo, es difícil determinar cuál es el elemento que desencadena el asma en una persona en particular. Las pruebas para detectar alergias son apropiadas cuando se sospecha que alguna sustancia susceptible de ser evitada (por ejemplo, la exposición a la caspa de gato) es la causante de las crisis. Las pruebas cutáneas pueden ayudar a identificar los alérgenos que desencadenan los síntomas de asma. Sin embargo, una respuesta alérgica a una prueba cutánea no significa necesariamente que el alérgeno que se está probando sea el causante del asma. El propio individuo debe darse cuenta de si las crisis se producen tras la exposición a este alérgeno. Cuando los médicos sospechan de un alérgeno en particular, se puede hacer un análisis de sangre que mide la concentración de anticuerpos producidos contra la sustancia que provoca reacciones alérgicas (el test de radioalergoabsorbancia o RAST) para determinar el grado de sensibilización de la persona hacia el alérgeno.

Cómo evaluar una crisis de asma

Dado que las personas que sufren un ataque de asma grave tienen con frecuencia niveles bajos de oxígeno en la sangre, los médicos pueden controlar dicho nivel usando un sensor que se ajusta en un dedo de la mano o en el lóbulo de una oreja. En las crisis graves, los médicos también necesitan medir los niveles de dióxido de carbono en la sangre, para lo cual suele ser necesario obtener una muestra de sangre arterial o, solo en ciertas ocasiones, venosa (ver Gasometría arterial). Sin embargo, los niveles de dióxido de carbono a veces se pueden monitorizar controlando la respiración de la persona mediante un sensor colocado en la nariz o la boca. Los médicos también pueden comprobar la función pulmonar, por lo general con un espirómetro (una boquilla y un tubo conectado a un dispositivo de grabación que se utiliza para medir el flujo de aire en los pulmones) o con un medidor de flujo pico. En general, la radiografía de tórax solo se necesita en las crisis graves de asma, para descartar otros problemas graves (como el colapso pulmonar).

Tratamiento

  • Fármacos para reducir la inflamación

  • Fármacos para dilatar las vías respiratorias

Pueden utilizarse una serie de medicamentos para prevenir y tratar el asma en adultos o en niños (ver Asma infantil : Tratamiento). Los médicos pueden usar el término "tratamiento de rescate" para describir el tratamiento de un ataque agudo y el término "tratamiento de mantenimiento" para describir los tratamientos destinados a prevenir los ataques. La mayoría de los fármacos administrados para prevenir las crisis de asma también se utilizan para tratar un ataque de asma, pero a dosis más elevadas o con diferente formulación. Algunas personas necesitan usar más de un medicamento para evitar y tratar sus síntomas.

La terapia se basa en 2 clases de fármacos:

  • Fármacos antiinflamatorios

  • Broncodilatadores

Los antiinflamatorios suprimen la inflamación causante del estrechamiento de las vías respiratorias. Entre los antiinflamatorios se encuentran los corticoesteroides (que pueden ser inhalados, ingeridos por vía oral o administrados por vía intravenosa), los modificadores de leucotrienos y los estabilizadores de los mastocitos.

Los broncodilatadores ayudan a relajar y ensanchar (dilatar) las mismas. Los broncodilatadores son los fármacos beta-adrenérgicos (tanto los utilizados para el alivio de los síntomas como los utilizados en el control de la enfermedad a largo plazo), anticolinérgicos y metilxantinas.

Otros tipos de medicamentos que alteran directamente el sistema inmunitario (llamados inmunomoduladores) se utilizan a veces para las personas con asma grave, pero la mayoría de las personas no necesitan inmunomoduladores.

La educación sobre la manera de prevenir y tratar las crisis asmáticas es beneficiosa para las personas que tienen asma y, por extensión, para sus familiares. El uso adecuado de los inhaladores es esencial para la efectividad del tratamiento. Es necesario que el paciente conozca:

  • Qué puede desencadenar un ataque

  • Lo que ayuda a prevenir un ataque

  • Cómo usar correctamente los fármacos

  • Cuándo buscar asistencia médica

Muchas personas utilizan un medidor de flujo espiratorio manual para evaluar su respiración y determinar cuándo es necesario pedir ayuda antes de que los síntomas se vuelvan graves. Las personas que experimentan frecuentemente crisis de asma graves deben saber cómo encontrar ayuda de forma rápida.

Las personas con asma deben tener un plan de tratamiento por escrito, ideado en colaboración con su médico. Este plan les permite tomar el control de su propio tratamiento y ha demostrado que logra disminuir el número de veces que necesitan recurrir a las urgencias hospitalarias por crisis de asma.

Prevención de las crisis

El asma es una enfermedad crónica que no puede curarse, pero a menudo las crisis individuales pueden prevenirse. Los esfuerzos preventivos dependen de la frecuencia y de los estímulos que desencadenen las crisis.

Identificar y eliminar o evitar los estímulos que desencadenan los ataques por lo general puede evitar que éstos se produzcan. Las personas que tienen asma deben evitar el humo del tabaco y tratar de evitar la exposición a personas con infecciones de las vías respiratorias altas. Con frecuencia, las crisis provocadas por el ejercicio se pueden prevenir tomando con antelación un medicamento para el asma. Cuando el polvo y los alérgenos son los desencadenantes, tanto los filtros como los acondicionadores de aire u otros tipos de barreras (como los protectores de colchón que reducen la cantidad liberada al aire de partículas procedentes de los ácaros del polvo doméstico) pueden ser de mucha ayuda.

Evitar la aspirina u otros fármacos antiinflamatorios no esteroideos (AINE) ayuda a prevenir los ataques en aquellas personas cuyo asma se desencadena por estos fármacos. Los fármacos que bloquean los efectos beneficiosos de los fármacos beta-adrenérgicos (denominados betabloqueantes) pueden empeorar el asma.

La inmunoterapia contra las alergias (desensibilización, ver Inmunoterapia alergénica (desensibilización)) mediante el uso de vacunas para las alergias puede ayudar a prevenir ataques en personas cuyo asma está producido por alergias. En los sujetos cuyo asma se desencadena por la aspirina o los AINES también se puede usar un programa de desensibilización supervisado por un médico.

Ciertos fármacos, tales como corticoesteroides inhalados u orales, modificadores de los leucotrienos, fármacos beta-adrenérgicos de acción prolongada, metilxantinas, antihistamínicos o estabilizadores de los mastocitos se utilizan para prevenir ataques en la mayoría de las personas con asma.

Tratamiento de las crisis

Una crisis de asma puede producir temor, tanto a la persona que lo experimenta, como a los que están a su alrededor. Incluso cuando este es relativamente leve, los síntomas provocan ansiedad y alarma. Una crisis grave de asma es una emergencia con riesgo mortal que exige atención médica inmediata. Si no se trata adecuada y rápidamente, una crisis grave de asma puede llegar a causar la muerte.

Ataques leves

Las personas que tienen asma leve son, por lo general, capaces de tratarse a sí mismos sin asistencia de un profesional de la salud. Normalmente utilizan un inhalador para administrarse una dosis de un fármaco beta-adrenérgico de acción rápida, como el salbutamol (albuterol), buscan aire fresco (lejos del humo del tabaco u otros irritantes) y reposan sentados. Pueden usar el inhalador 3 veces (dejando 20 minutos entre una aplicación y otra) si es necesario. Una crisis suele ceder en 5 o 10 minutos. Si una crisis no remite después de utilizar el inhalador 3 veces, o tiende a empeorar, es probable que se requiera tratamiento adicional supervisado por un médico.

Ataques severos

Las personas con síntomas graves normalmente deben ir a un servicio de urgencias. Para las crisis graves, los médicos administran un tratamiento frecuente (o, a veces, continuo) de fármacos beta-adrenérgicos inhalados y algunas veces, anticolinérgicos. En personas que están teniendo grandes dificultades para respirar, se administran fármacos beta-adrenérgicos inyectados. También se les administran corticoesteroides, como la prednisona, por vía oral. Durante la crisis es posible que necesiten oxígeno adicional.

Las personas con una crisis de asma grave suelen ser hospitalizadas cuando la función pulmonar no mejora después de habérseles administrado fármacos beta-adrenérgicos mediante inhalación y corticoesteroides por vía oral o intravenosa. También se procede a la hospitalización si tienen concentraciones muy bajas de oxígeno en la sangre o concentraciones de dióxido de carbono muy elevadas.

Los antibióticos pueden ser necesarios cuando existe sospecha de infección pulmonar. Sin embargo, la mayoría de estas infecciones son originadas por virus para los que, a excepción de unos pocos, no existe ningún tratamiento.

Los pacientes que pasan por crisis graves de asma pueden necesitar ser intubados y conectados a un respirador mecánico (ver Ventilación mecánica).

Fármacos para prevenir o tratar las crisis de asma

La farmacoterapia permite que la mayoría de los asmáticos lleven una vida relativamente normal. La mayoría de los fármacos utilizados para tratar una crisis de asma pueden ser usados (a menudo en dosis inferiores) para prevenir los ataques.

Fármacos beta-adrenérgicos

Los fármacos beta-adrenérgicos de acción rápida son, por lo general, los mejores fármacos para aliviar las crisis asmáticas. También se utilizan para prevenir las crisis asmáticas inducidas por el ejercicio. Estos fármacos también se denominan broncodilatadores porque estimulan los receptores beta-adrenérgicos para que ensanchen (dilaten) las vías respiratorias. Los broncodilatadores que interactúan con todos los receptores beta-adrenérgicos del cuerpo, como la epinefrina, causan efectos secundarios como taquicardia, inquietud, dolor de cabeza y temblores musculares. Los broncodilatadores, como el salbutamol (albuterol), que actúan selectivamente sobre los receptores beta2-adrenérgicos, que se encuentran sobre todo en las células pulmonares, tienen pocos efectos en los demás órganos. La mayor parte de fármacos beta-adrenérgicos de acción rápida, especialmente los inhalados, actúan en pocos minutos, pero los efectos duran solo de 2 a 6 horas.

También hay broncodilatadores de acción prolongada, pero se utilizan para prevenir, más que para tratar las crisis de asma. Los fármacos beta-adrenérgicos de acción prolongada no se utilizan solos porque las personas que únicamente utilizan dichos fármacos tienen un riesgo de muerte ligeramente mayor. Por eso, los médicos siempre los administran conjuntamente con corticoesteroides inhalados.

Los inhaladores dosificadores (cartuchos portátiles que contienen gas a presión) son el método más utilizado para la administración de fármacos beta-adrenérgicos inhalados. La presión hace que el fármaco se pulverice con la dosis exacta del medicamento. La inhalación deposita el fármaco directamente en las vías respiratorias, de modo que actúa rápidamente, pero no puede alcanzar las vías gravemente estrechadas. Las personas que tienen dificultad con el inhalador con dosificador, pueden usar cámaras espaciadoras o de retención. Estos dispositivos aumentan la cantidad de fármaco liberada en los pulmones. Con cualquier tipo de inhalador, es fundamental aplicar la técnica de forma apropiada. Si el dispositivo no se usa adecuadamente, el fármaco no llega a las vías respiratorias.

En muchos broncodilatadores, también está disponible un fármaco en presentación de polvo seco. Para algunas personas la formulación en polvo resulta más fácil de usar, porque requiere menor coordinación con la respiración.

Cómo usar un inhalador con dosificador

  • Agitar el inhalador después de destaparlo.

  • Exhalar durante 1 o 2 segundos.

  • Poner el inhalador en la boca a una distancia de entre 2,5 y 5 cm y comenzar a aspirar lentamente, como sorbiendo una bebida caliente.

  • Mientras se comienza a inhalar, presionar el extremo del inhalador.

  • Inhalar lentamente hasta notar los pulmones llenos. (Todo el procedimiento debe durar 5 o 6 segundos).

  • Aguantar la respiración durante 10 segundos (o tanto como sea posible).

  • Exhalar. Si se requiere una segunda dosis, repetir el procedimiento al cabo de 1 minuto.

  • Si resulta difícil coordinar la respiración con este método, se puede utilizar una cámara espaciadora.

Se puede utilizar un nebulizador para administrar fármacos beta-adrenérgicos directamente a los pulmones. El nebulizador utiliza aire presurizado u ondas ultrasónicas para crear un vaho de fármaco que se inhala, por lo que no hay que coordinar la dosis con la respiración. Los nebulizadores suelen ser portátiles, e incluso algunos pueden conectarse a un enchufe de corriente de automóvil. Los nebulizadores e inhaladores con dosificador a menudo proporcionan diferentes cantidades de fármaco en una dosis única, pero ambos son capaces de suministrar cantidades suficientes de fármaco a los pulmones.

Otros broncodilatadores, como el ipratropio, que se administra mediante un nebulizador, se pueden combinar con fármacos beta-adrenérgicos en las crisis agudas. También están disponibles inhaladores dosificadores con una combinación de ipratropio y salbutamol (albuterol).

También están disponibles otras formas. Los fármacos beta-adrenérgicos pueden inyectarse o administrarse en forma líquida o sólida, como comprimidos. Sin embargo, los fármacos orales tienden a actuar más lentamente que los inhalados o los inyectados y son más propensos a causar efectos secundarios. Las reacciones adversas consisten en arritmias cardíacas, lo que puede sugerir un uso excesivo.

Cuando un paciente asmático siente la necesidad de aumentar la dosis recomendada del fármaco beta-adrenérgico, debe buscar atención médica inmediatamente. El uso excesivo de estos medicamentos puede ser muy peligroso. La necesidad del uso constante indica un broncoespasmo grave que puede ocasionar insuficiencia respiratoria y muerte.

Metilxantinas

La teofilina, una metilxantina, es otro fármaco que causa broncodilatación. Se usa actualmente con menor frecuencia que en el pasado. La teofilina se suele administrar por vía oral. Se encuentra en varias presentaciones, desde comprimidos y jarabes de acción inmediata, hasta cápsulas y comprimidos de liberación y acción prolongada. Principalmente, se utiliza en la prevención del asma.

La cantidad de teofilina en la sangre se puede determinar en un laboratorio y debe ser supervisada atentamente por un médico. Una cantidad insuficiente de fármaco en la sangre puede hacer que no funcione como debiera, mientras que el exceso de fármaco puede causar convulsiones o ritmos anormales del corazón potencialmente mortales. Cuando la teofilina se administra por primera vez a una persona con asma, esta puede sentir una ligera ansiedad o dolor de cabeza. Estas reacciones adversas suelen desaparecer cuando el organismo se adapta al fármaco. Con dosis más altas puede aparecer taquicardia, náuseas o palpitaciones. También se puede experimentar insomnio, agitación, vómito y convulsiones. La aparición de estos efectos secundarios es una de las razones por las que la teofilina se usa con menos frecuencia que otros fármacos.

Fármacos anticolinérgicos

Los fármacos anticolinérgicos, como el ipratropio, impiden que la acetilcolina cause la contracción del músculo liso y la producción de mucosidad excesiva en los bronquios. Estos fármacos se administran por vía inhalatoria. Ayudan a ensanchar aún más las vías respiratorias en los pacientes que ya han recibido fármacos beta-adrenérgicos.

Modificadores del leucotrieno

Los modificadores de los leucotrienos, como montelukast, zafirlukast y zileutón también contribuyen al control del asma. Son fármacos antiinflamatorios que previenen la acción o la síntesis de leucotrienos. Los leucotrienos son sustancias químicas fabricadas por el organismo que causan broncoconstricción. Estos fármacos, que se toman por vía oral, se utilizan más para prevenir las crisis de asma que para su tratamiento.

Estabilizadores de mastocitos

Los estabilizadores de mastocitos, que se administran por inhalación, incluyen el cromoglicato y el nedocromil. Se cree que dichos fármacos inhiben la liberación de sustancias inflamatorias a partir de los mismos y hacen que las vías respiratorias sean menos propensas a constreñirse. De este modo, tienen también propiedades antiinflamatorias. Son útiles para prevenir las crisis pero no para tratarlas. Los estabilizadores de mastocitos son especialmente útiles en niños con asma y en pacientes que padecen asma inducida por el ejercicio. Estos fármacos son muy seguros y deben tomarse regularmente, incluso cuando la persona no presenta síntomas.

Corticoesteroides

Los corticoesteroides evitan la respuesta inflamatoria del organismo y son excepcionalmente eficaces para reducir los síntomas del asma. Son los fármacos antiinflamatorios más potentes y durante décadas han sido una parte importante de los tratamientos para el asma. Son administrados mediante inhalación con el objetivo de prevenir las crisis y mejorar la función pulmonar. Se administran en dosis altas y por vía oral a las personas que están experimentando crisis graves. Por lo general, los corticoesteroides administrados por vía oral deben seguir tomándose durante al menos varios días después de una crisis grave.

Los corticoesteroides pueden administrarse por varias vías. A menudo, las presentaciones para inhalar son mejores ya que el principio activo llega directamente a las vías respiratorias, con lo que se minimiza la cantidad que se dispersa por el cuerpo. Vienen en diferentes concentraciones y habitualmente se usan 2 veces al día. Se debe enjuagar la boca después de utilizarlos para disminuir la probabilidad de que se desarrolle una infección fúngica en la boca (candidiasis oral, ver Síntomas). Los corticoesteroides por vía oral o inyectados se pueden administrar en dosis altas para aliviar una crisis grave de asma, y después continuarse durante 1 o 2 semanas. Los corticoesteroides por vía oral se prescriben para un tratamiento de larga duración solo cuando ningún otro tratamiento logra controlar los síntomas.

Cuando se toman corticoesteroides durante periodos prolongados, se reducen gradualmente las probabilidades de que se dé una crisis de asma, ya que estos hacen que las vías respiratorias sean menos sensibles a determinados estímulos. El uso prolongado de corticoesteroides, especialmente las grandes dosis ingeridas por vía oral, puede causar efectos secundarios, entre los cuales se encuentran obesidad, osteoporosis, cataratas, propensión a desarrollar hematomas, adelgazamiento de la piel, insomnio, elevadas concentraciones de azúcar en sangre y, muy raramente, psicosis. Algunos estudios apuntan que los niños que toman corticoesteroides durante un periodo prolongado pueden padecer un retraso en el crecimiento. Sin embargo, la mayoría de los niños que toman corticoesteroides inhalados acaban alcanzando su estatura adulta correspondiente.

Inmunomoduladores

El omalizumab es un fármaco compuesto por un anticuerpo dirigido contra un grupo de otros anticuerpos llamados inmunoglobulinas E (IgE). El omalizumab se utiliza en personas con asma que también tienen alergias graves y niveles altos de IgE en la sangre. El omalizumab impide la unión a la IgE de los mastocitos y así impide la liberación de sustancias químicas inflamatorias que pueden estrechar las vías respiratorias. Puede disminuir los requerimientos de corticoesteroides orales y ayudar a aliviar los síntomas. El medicamento se inyecta por vía subcutánea cada 2 a 4 semanas. A veces, después de administrar el fármaco, se producen reacciones alérgicas graves (anafilaxia). Estudios más recientes están investigando inmunomoduladores dirigidos a otras sustancias relacionadas con el asma, como las moléculas inflamatorias denominadas interleucinas.

Fármacos de uso común en el tratamiento del asma

Fármaco

Algunos efectos secundarios

Comentarios

Fármacos beta-adrenérgicos de acción rápida

Salbutamol (albuterol)

Levalbuterol

Pirbuterol

Aumento de la frecuencia cardíaca

Temblores

Para alivio inmediato o en caso de crisis aguda

Fármacos beta-adrenérgicos de acción prolongada

Arformoterol

Formoterol

Salmeterol

Aumento de la frecuencia cardíaca

Temblores

Para el tratamiento ordinario, no para el alivio inmediato

No se recomienda su uso aislado (sin otro fármaco para el asma)

Metilxantinas

Teofilina

Aumento de la frecuencia cardíaca

Temblores

Malestar gástrico

Convulsiones (si el nivel sanguíneo es alto)

Irregularidades graves en los latidos (si el nivel sanguíneo es alto)

Puede ser por vía oral para la prevención y tratamiento

Se toma por vía oral, pero puede administrarse por vía intravenosa en la atención hospitalaria

Anticolinérgicos

Ipratropio

Sequedad de boca

Aceleración de la frecuencia cardíaca

Normalmente se utiliza conjuntamente con un fármaco beta-adrenérgico

Estabilizadores de los mastocitos

Cromoglicato

Tos o sibilancias

Son útiles para evitar o prevenir crisis, a menudo relacionadas con el ejercicio, pero no para el tratamiento de una crisis aguda

Corticoesteroides (inhalados)

Beclometasona

Budesonida

Flunisolida

Fluticasona

Mometasona

Triamcinolona

Infección fúngica en la boca (candidiasis oral)

Cambio en la voz

En inhalación se usa para prevenir el asma (controlar a largo plazo)

Corticoesteroides (orales)

Metilprednisolona

Prednisolona

Prednisona

Aumento de peso

Concentración elevada de azúcar en sangre

En raros casos, psicosis

Osteoporosis

Cataratas

Adelgazamiento de la piel y propensión a desarrollar hematomas

Insomnio

Usado en crisis agudas y para el asma que no se puede controlar con terapia inhalatoria

Modificadores del leucotrieno

Montelukast

Zafirlukast

Zileutón

Granulomatosis eosinófíla con poliangitis (anteriormente llamada síndrome de Churg-Strauss)

Con el zileutón, enzimas hepáticas elevadas

Usado más para la prevención que para el tratamiento (control a largo plazo)

Inmunomodulador

Omalizumab

Molestias en el lugar de la inyección

En raros casos, reacciones anafilácticas

Se usa en personas con asma grave, para disminuir el uso de corticoesteroides orales

Más información

Recursos en este artículo