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Neumonía eosinófila

Por Harold R. Collard, MD, Associate Professor, Department of Medicine, University of California San Francisco

La neumonía eosinófila (también llamada síndrome de infiltrados pulmonares con eosinofilia) constituye un grupo de enfermedades pulmonares que se caracterizan por la presencia en los pulmones y, por lo general, en el torrente sanguíneo, de numerosos eosinófilos, un tipo especializado de glóbulos blancos.

  • Ciertos trastornos, algunos medicamentos, productos químicos, hongos y parásitos pueden causar la acumulación de eosinófilos en los pulmones.

  • Las personas pueden toser, tener sibilancias o sentir falta de aire, y algunas, desarrollar insuficiencia respiratoria.

  • Se emplean radiografías y pruebas de laboratorio para detectar la enfermedad y determinar la causa, sobre todo si se sospecha de parásitos como los responsables.

  • Los corticoesteroides se utilizan con frecuencia.

Los eosinófilos participan en la respuesta inmunitaria del pulmón. La cantidad de eosinófilos aumenta en muchas reacciones alérgicas e inflamatorias, incluida el asma, que con frecuencia acompañan a ciertos tipos de neumonía eosinófila. La neumonía eosinófila se diferencia de las neumonías típicas en el hecho de que nada hace pensar que los pequeños sacos aéreos de los pulmones (alvéolos) estén infectados por bacterias, virus u hongos. Sin embargo, los alvéolos y, a menudo, las vías respiratorias, se llenan de eosinófilos. Incluso las paredes de los vasos sanguíneos pueden ser invadidas por eosinófilos, y un acúmulo de secreciones (moco) puede taponar las ya estrechas vías respiratorias si se desarrolla el asma.

Causas

No se sabe determinar el motivo por el cual los eosinófilos se acumulan en los pulmones, pero puede tratarse de un tipo de reacción alérgica. En muchos casos no es posible identificar la sustancia causante de la reacción alérgica. Sin embargo, hay algunas causas conocidas de la neumonía eosinofílica, incluyendo:

  • El humo de los cigarrillos

  • Ciertos fármacos (como por ejemplo penicilina, ácido aminosalicílico, carbamazepina, l-triptófano, naproxeno, isoniazida, nitrofurantoína, fenitoína, clorpropamida y sulfamidas [como trimetoprim/sulfametoxazol])

  • Vapores químicos (por ejemplo, cocaína o níquel inhalado como vapor)

  • Hongos (mayoritariamente Aspergillus fumigatus)

  • Parásitos (en especial parásitos intestinales, incluidos los nemátodos)

  • Enfermedades (por ejemplo, granulomatosis eosinófila con poliangitis [anteriormente, síndrome de Churg-Strauss])

Síntomas

Los síntomas pueden ser leves o potencialmente mortales, y también pueden ser agudos o crónicos.

La neumonía eosinofílica aguda progresa rápidamente. Puede causar fiebre, dolor torácico que empeora con la respiración profunda, falta de aliento. Tos y una sensación general de enfermedad. Los niveles de oxígeno en sangre pueden reducirse de forma drástica, y la neumonía eosinófila aguda puede evolucionar en cuestión de horas o pocos días hacia una insuficiencia respiratoria aguda si no se trata de inmediato. El síndrome de Löffler, que suele ir aparejado a la infestación por una de las varias especies de gusanos nemátodos denominada filaria, puede provocar síntomas respiratorios leves e incluso no provocar ningún síntoma. La persona puede tener tos, sibilancias y dificultad para respirar, pero, en general, se restablece con rapidez.

La neumonía eosinófila crónica, que evoluciona lentamente durante días o semanas, es un trastorno distinto que puede también volverse grave. Suele remitir y reaparecer por sí solo, y puede empeorar de forma gradual a lo largo de semanas o de meses. Si la afección no se trata, puede producirse un ahogo potencialmente mortal.

Diagnóstico

En la neumonía eosinófila crónica, las pruebas evidencian una gran cantidad de eosinófilos en la sangre, en ocasiones hasta 10 o 15 veces su valor normal. Sin embargo, en la neumonía eosinófila aguda, el número de eosinófilos en sangre puede ser normal.

En la neumonía eosinófila aguda, la radiografía de tórax es anómala, pero se trata de anomalías similares a las que se pueden dar en otras enfermedades. La radiografía de tórax es más sensible para el diagnóstico de la neumonía eosinofílica crónica. En ambos casos, pero particularmente en la forma aguda, la tomografía computarizada (TC) es a menudo más eficaz para el diagnóstico.

El examen al microscopio del lavado broncoalveolar obtenido durante la broncoscopia suele mostrar los acúmulos de eosinófilos característicos. Se pueden llevar a cabo otras pruebas de laboratorio en búsqueda de procesos infecciosos causados por hongos o parásitos. Estas pruebas pueden incluir exámenes al microscopio de muestras fecales para comprobar la presencia de lombrices y otros parásitos.

Pronóstico y tratamiento

La neumonía eosinófila puede ser leve y los afectados logran mejorar sin ningún tratamiento. Habitualmente se administra un corticoesteroide como la prednisona en los casos agudos. En la neumonía eosinófila crónica, la persona afectada puede necesitar la prednisona durante meses o incluso años. Si se desarrollan sibilancias, se puede administrar también el mismo tratamiento utilizado para el asma (ver Asma : Tratamiento). Se emplearán los fármacos adecuados si la causa son lombrices u otros parásitos. Generalmente, se interrumpe la administración de cualquier medicamento que pueda causar la enfermedad.