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Rehabilitación respiratoria

Por Bartolome R. Celli, MD, Professor of Medicine;Chief, Pulmonary, Critical Care and Sleep Study, Tufts University;St. Elizabeth's Medical Center

Los fisioterapeutas respiratorios utilizan varias técnicas para el tratamiento de las enfermedades pulmonares, como el drenaje postural, la aspiración y los ejercicios respiratorios. La terapia se elige en función de la enfermedad subyacente y del estado general del paciente.

Drenaje postural

Durante el drenaje postural, la persona se inclina un ángulo determinado con el fin de ayudar a evacuar las secreciones pulmonares. También se pueden dar palmadas con la mano en hueco sobre el pecho o la espalda para ayudar a despegar las secreciones (técnica llamada percusión torácica). El terapeuta también puede utilizar un vibrador torácico mecánico o instruir a algún familiar de la persona afectada sobre la manera de usarlo.

Estas técnicas se utilizan a intervalos en pacientes con afecciones como la fibrosis quística, bronquiectasias y abscesos pulmonares, que incrementan la producción de esputo abundante. También se pueden utilizar cuando la persona no consigue expectorar eficazmente, como sucede con las personas de edad avanzada, las personas con debilidad muscular y quienes convalecen de una intervención quirúrgica, un traumatismo o una enfermedad grave.

El drenaje postural no puede emplearse en pacientes que no puedan tolerar la posición requerida, en quienes están tomando fármacos anticoagulantes, en las personas que han sufrido recientemente vómitos de sangre, fracturas de costillas o vértebras, o en quienes sufren de osteoporosis grave. El drenaje postural tampoco debe usarse en afectados que no pueden producir secreciones.

Aspiración

Los fisioterapeutas respiratorios, el personal de enfermería y los familiares que hayan sido instruidos convenientemente pueden utilizar la aspiración para extraer las secreciones de las vías respiratorias. Se pasa una cánula de plástico por la nariz y se introduce unos centímetros en la tráquea. Una aspiración suave con un sistema de vacío succiona las secreciones que no se pueden expulsar. Esta técnica también se emplea para extraer las secreciones en personas con traqueotomía (apertura quirúrgica practicada en la pared anterior de la tráquea para permitir la respiración), o personas con una sonda de respiración introducida por la nariz o por la boca y que llega hasta la tráquea (sonda endotraqueal), conectada a un respirador.

Ejercicios de respiración

Los ejercicios de respiración pueden fortalecer los músculos que inflan y desinflan los pulmones, aunque no mejoran la funcionalidad pulmonar de manera directa. Más aún, los ejercicios respiratorios disminuyen las probabilidades de complicaciones pulmonares postoperatorias, especialmente en fumadores empedernidos y otras personas con enfermedad pulmonar. Estos ejercicios son particularmente útiles en personas sedentarias que padecen una enfermedad pulmonar obstructiva crónica o aquellos a quienes se les ha retirado el respirador mecánico.

Con frecuencia, estos ejercicios requieren el uso de un instrumento llamado incentivador respiratorio. La persona inspira tan profundamente como puede a través de un tubo conectado a una cámara plástica manual. La cámara aloja en su interior una bola que se eleva con cada inspiración. Lo ideal sería repetir esta maniobra entre 5 y 10 veces consecutivas cada hora mientras la persona está despierta. Estos dispositivos se usan sistemáticamente en los hospitales, antes y después de una intervención quirúrgica. Sin embargo, los ejercicios de respiración profunda, dirigidos por personal de enfermería y terapeutas respiratorios, pueden ser más eficaces que los ejercicios respiratorios dirigidos por la propia persona afectada utilizando un incentivador respiratorio.

Respirar con los labios fruncidos es un tipo de ejercicio que puede ser útil cuando la persona con enfermedad pulmonar obstructiva crónica infla en exceso los pulmones durante las situaciones de dificultad respiratoria (disnea), ataques de pánico o cuando hace ejercicio. También puede funcionar como un ejercicio adicional de respiración para aquellas personas que están siguiendo un programa de rehabilitación pulmonar. Se enseña al afectado a espirar con los labios parcialmente cerrados (fruncidos), como si se estuviera preparando para silbar, o bien lo aprende por sí mismo. Este ejercicio aumenta la presión en las vías respiratorias y ayuda a prevenir un colapso de las mismas. No causa efectos adversos y algunas personas adoptan el hábito sin ninguna instrucción previa. La persona afectada también siente alivio si se inclina hacia delante mientras respira de esta manera. En esta posición, la persona se coloca con los brazos y las manos extendidas, apoyando el cuerpo sobre una mesa o estructura similar. Esta posición mejora el funcionamiento del diafragma (el músculo más importante para la respiración) y reduce la dificultad respiratoria (disnea).

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