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Introducción al ano y el recto

Por Parswa Ansari, MD, Department of Surgery, Lenox Hill Hospital, New York

El ano es el orificio que existe al final del tubo digestivo, por donde los materiales de desecho salen del organismo.

El recto es el segmento del tubo digestivo por encima del ano, donde las heces son retenidas antes de salir del organismo a través del ano.

El ano está formado, en parte, por las capas superficiales del cuerpo, incluida la piel, y, en parte, por el intestino. La pared del recto se compone de un tejido rojo brillante, que contiene glándulas mucosas similares a las del revestimiento del resto del intestino. La mucosa del recto es relativamente insensible al dolor, pero los nervios del ano y de la piel adyacente son muy sensibles.

Las venas del recto y el ano drenan en la vena porta, que llega al hígado y de aquí a la circulación general. Los vasos linfáticos del recto drenan en los ganglios linfáticos de la parte baja del abdomen. Los vasos linfáticos del ano drenan en los ganglios linfáticos inguinales.

Un anillo muscular (esfínter anal) mantiene el ano cerrado. Este esfínter es controlado de forma subconsciente por el sistema nervioso autónomo (ver Sistema nervioso autónomo). Sin embargo, la parte inferior del esfínter puede relajarse o contraerse a voluntad.

Los trastornos del ano y el recto incluyen:

Diagnóstico

  • Evaluación por un médico

  • Anoscopia o sigmoidoscopia

  • Posiblemente, enema de bario

Para diagnosticar trastornos del ano y el recto, el médico inspecciona la piel alrededor del ano buscando alguna anomalía. Con un dedo enguantado, el médico explora el recto. En las mujeres, esto a menudo se realiza al mismo tiempo que se realiza una exploración manual de la vagina (ver Exploración ginecológica).

A continuación, el médico examina el interior del ano y el recto con un tubo de visualización rígido de unos 7 a 25 cm, denominado anoscopio o proctoscopio. Después puede introducirse un tubo más largo y flexible (sigmoidoscopio) que permite observar hasta 60 cm o más del intestino grueso. La anoscopia y la sigmoidoscopia (ver Endoscopia) son incómodas, pero no suelen ser dolorosas. Sin embargo, si se siente dolor en la zona interior o alrededor del ano debido a una alteración, el médico puede administrar anestesia local (ver Cirugía : Anestesia), regional o incluso general, antes de proceder al examen. Antes de la sigmoidoscopia hay que administrar un enema de limpieza para eliminar las heces de la parte inferior del colon. Durante la prueba se obtienen muestras de tejido y de heces para su examen al microscopio y cultivo. También puede hacerse una radiografía con enema de bario (ver Estudios radiológicos).