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Cáncer de esófago

Por Elliot M. Livstone, MD, Sarasota Memorial Hospital, Sarasota, FL

  • El cáncer de esófago suelen desarrollarse en las células que recubren la pared del esófago (el conducto que conecta la garganta con el estómago).

  • El tabaco y el alcohol, las infecciones por el virus del papiloma humano y algunos trastornos esofágicos son los principales factores de riesgo para determinados tipos de cáncer de esófago.

  • Los síntomas característicos incluyen dificultad para tragar, pérdida de peso y, más tarde, dolor.

  • El diagnóstico se basa en la endoscopia.

  • A menos que se descubra en una fase temprana, casi todos los casos de cáncer de esófago son mortales.

  • La cirugía, la quimioterapia y otras terapias diversas pueden aliviar los síntomas.

Los tipos más frecuentes de cáncer de esófago son el carcinoma de células escamosas y el adenocarcinoma, que se desarrollan en las células que recubren la pared del esófago. El carcinoma de células escamosas es más frecuente en la parte superior del esófago. El adenocarcinoma suele aparecer en la parte inferior. Estos tipos de cáncer pueden presentarse como un estrechamiento (constricción) del esófago, un bulto, una zona plana anómala (placa) o una conexión anómala (fístula) entre el esófago y las vías respiratorias. Los tipos menos frecuentes de cáncer de esófago incluyen los leiomiosarcomas (cáncer del músculo liso del esófago) y el cáncer metastásico (cáncer que se ha extendido desde otra región del organismo).

Cada año en Estados Unidos se estima un número de 17 990 casos de cáncer de esófago y de 15 000 muertes por esta causa. Tanto el carcinoma de células escamosas como el adenocarcinoma son más frecuentes en hombres que en mujeres. El carcinoma de células escamosas es más frecuente en personas de ascendencia africana, mientras que el adenocarcinoma es más frecuente en las de ascendencia caucásica. La frecuencia de adenocarcinoma ha aumentado rápidamente en Estados Unidos desde la década de 1970, especialmente entre los hombres de ascendencia caucásica.

Factores de riesgo

El consumo de tabaco (de cualquier clase) y alcohol son los factores de riesgo principales del cáncer de esófago, aunque es mayor la relación con el carcinoma de células escamosas que con el adenocarcinoma. También tienen mayor riesgo de cáncer de esófago las personas que han tenido determinadas infecciones por virus del papiloma humano, cáncer de cabeza y cuello o que han recibido radioterapia sobre el esófago para el tratamiento de otros tumores malignos de regiones próximas.

Las personas con un trastorno del esófago, como la acalasia, membranas esofágicas (síndrome de Plummer-Vinson) o una estenosis causada por la ingestión previa de una sustancia corrosiva (como lejía), corren también mayor riesgo de sufrir de esófago de células escamosas. La mayoría de los adenocarcinomas aparecen en personas con una afección precancerosa conocida como esófago de Barrett, que se desarrolla a partir de una irritación prolongada del esófago causada por el reflujo repetido del ácido del estómago (reflujo gastroesofágico). Las personas obesas tienen un mayor riesgo de padecer un adenocarcinoma debido a que la probabilidad de padecer reflujo gastroesofágico también es mayor.

Síntomas

En las fases iniciales, el cáncer de esófago puede pasar inadvertido. El primer síntoma suele ser la dificultad para deglutir alimentos sólidos, que se desarrolla a medida que el cáncer crece y estrecha el esófago. Varias semanas más tarde, aparece dificultad para tragar alimentos blandos y posteriormente, líquidos y la saliva. La pérdida de peso es frecuente, incluso cuando la persona continúa comiendo bien. La persona afectada puede tener dolor torácico que irradia a la espalda.

A medida que el cáncer progresa, frecuentemente invade varios nervios y otros tejidos y órganos. El tumor puede comprimir el nervio que controla las cuerdas vocales, lo que puede causar ronquera. La compresión de los nervios circundantes puede causar el síndrome de Horner (ver Síndrome de Horner), dolor en la columna e hipo. El cáncer suele extenderse hacia los pulmones, donde puede causar ahogo, y hacia el hígado, donde puede producir fiebre y distensión abdominal. Si se disemina a los huesos puede causar dolor. Si se disemina al cerebro puede causar dolor de cabeza, confusión y convulsiones. La extensión al intestino puede causar vómitos, sangre en las heces y anemia por carencia de hierro. Con frecuencia, la diseminación a los riñones no produce síntomas.

En las fases finales, el cáncer puede obstruir completamente el esófago. La deglución se vuelve imposible, haciendo que se acumulen secreciones en la boca, lo cual puede ser muy angustiante.

Diagnóstico

La endoscopia, en la cual se introduce a través de la boca un tubo flexible de visualización (endoscopio) para ver el esófago, es el mejor procedimiento diagnóstico cuando se sospecha la existencia de un cáncer de esófago. La endoscopia también permite al médico obtener muestras de tejido (biopsia) y células desprendidas (citología por cepillado) para su examen al microscopio. Un procedimiento radiológico llamado papilla baritada (en el cual la persona ingiere una papilla con bario, que es visible en las radiografías) puede también mostrar la obstrucción. La tomografía computarizada (TC) de tórax y abdomen y la ecografía realizada mediante un endoscopio introducido en el esófago pueden utilizarse para valorar mejor la extensión del cáncer.

Pronóstico

Dado que el cáncer de esófago, por lo general, no se diagnostica hasta que la enfermedad se ha diseminado, el índice de mortalidad es muy alto. Menos del 5% de las personas sobreviven más de 5 años. Muchos mueren en el plazo de un año tras los primeros síntomas. Entre las excepciones se encuentran los adenocarcinomas que se diagnostican cuando aún son muy superficiales. Estas neoplasias poco profundas a veces se curan al ser destruidas con ondas de radio (ablación por radiofrecuencia) o seccionadas con ayuda de un endoscopio.

Dado que casi todos los casos de cáncer de esófago son mortales, el principal objetivo del médico es el control de los síntomas, especialmente el dolor (ver Síntomas presentes durante una enfermedad mortal : Dolor) y la incapacidad de tragar, que pueden ser aterradores para la persona afectada y sus seres queridos.

Tratamiento

La cirugía para la extirpación del tumor ofrece el alivio más prolongado pero raramente es curativa, ya que en el momento de la intervención quirúrgica el cáncer suele estar ya diseminado. La quimioterapia asociada a la radioterapia puede aliviar los síntomas y prolongar la supervivencia algunos meses. A veces, la radioterapia preoperativa, combinada con quimioterapia, puede incrementar el índice de curación de la cirugía.

Otras medidas tienen por objeto únicamente aliviar los síntomas, sobre todo la dificultad para tragar. Tales medidas incluyen el estiramiento para abrir el área constreñida del esófago y después insertar un tubo de malla de metal flexible (stent) para mantener abierto el esófago, eliminar el tumor con un láser para ensanchar la abertura y el uso de radioterapia para destruir el tejido canceroso que está obstruyendo el esófago.

Otra técnica para aliviar los síntomas es la terapia fotodinámica, en la que se administra por vía intravenosa un colorante sensible a la luz (medio de contraste) 48 horas antes del tratamiento. El colorante es absorbido por las células cancerosas en mayor grado que por las células normales del esófago. Cuando se activan por la luz de un láser que se introduce en el esófago a través de un endoscopio, el colorante destruye el tejido canceroso, abriendo así el esófago. La terapia fotodinámica destruye las lesiones obstructivas más rápidamente que la radioterapia o la quimioterapia en personas que no pueden tolerar la cirugía debido a su deteriorado estado de salud.

Una nutrición adecuada hace que cualquier tipo de tratamiento sea más viable y mejor tolerado. Si el paciente es capaz de tragar, puede tomar suplementos nutricionales líquidos concentrados. Las personas que no pueden tragar pueden requerir alimentación mediante un tubo colocado en el estómago a través de la pared del abdomen (tubo de gastrostomía).

Dado que la probabilidad de muerte es alta, una persona con cáncer de esófago debe tomar todas las disposiciones necesarias. La persona debe hablar francamente con el médico acerca de sus preferencias para los cuidados médicos (voluntades anticipadas, ver ver Voluntades anticipadas) y de la necesidad de cuidados terminales.