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Cáncer de páncreas

Por Elliot M. Livstone, MD, Emeritus Staff, Sarasota Memorial Hospital, Sarasota, FL

  • Entre los factores de riesgo de cáncer pancreático están el tabaco, la pancreatitis crónica y posiblemente la diabetes de larga duración.

  • Los síntomas característicos son dolor abdominal, pérdida de peso, ictericia y vómitos.

  • El método diagnóstico más preciso es la tomografia computarizada (TC).

  • El cáncer de páncreas suele ser mortal.

  • La cirugía puede curar a las personas afectadas cuyo cáncer no se ha extendido.

El páncreas es un órgano situado en la parte superior del abdomen. Produce jugos digestivos que se secretan en el tracto digestivo. Además, el páncreas produce la insulina, que ayuda a controlar la utilización del azúcar sanguíneo (la glucosa). Alrededor del 95% de los tumores cancerosos (malignos) del páncreas son adenocarcinomas. Los adenocarcinomas, por lo general, se originan en las células glandulares que revisten el conducto pancreático. La mayoría de los adenocarcinomas se producen en la cabeza del páncreas, la parte más cercana al primer segmento del intestino delgado (duodeno).

Localización del páncreas

La frecuencia del adenocarcinoma de páncreas ha ido en aumento en los países de nuestro entorno; así, por ejemplo, en los Estados Unidos afecta a unas 53 000 personas cada año y causa unas 42 000 muertes. El adenocarcinoma no suele desarrollarse antes de los 50 años. La media de edad en el momento del diagnóstico es de 55 años.

Entre los factores de riesgo de cáncer de páncreas se incluyen:

Estos tumores son casi dos veces más frecuentes en varones. El adenocarcinoma de páncreas es de 2 a 3 veces más frecuente en los fumadores que en los no fumadores. Las personas con pancreatitis crónica también tienen mayor riesgo. Las personas que tienen familiares con la enfermedad pueden presentar mayor riesgo. El consumo de alcohol y de cafeína no parecen ser factores de riesgo.

Tipos infrecuentes de cáncer pancreático

El cistoadenocarcinoma de páncreas es un tipo poco frecuente de cáncer pancreático que se desarrolla a partir de un tumor benigno lleno de líquido, llamado cistoadenoma. Por lo general, ocasiona un dolor en la parte alta del abdomen y puede crecer y aumentar de tamaño lo suficiente como para palparse a través de la pared abdominal. El diagnóstico suele realizarse con una tomografía computarizada (TC) del abdomen o por resonancia magnética (RMN-ver Tomografía computarizada y resonancia magnética nuclear). Solo el 20% de las personas con este cáncer tienen tumores que han metastatizado (diseminado) en el momento de la cirugía. Por lo tanto, el cistoadenocarcinoma tiene mucho mejor pronóstico que el adenocarcinoma. Si el cáncer no se ha extendido y se extirpa quirúrgicamente todo el páncreas, la persona tiene un 65% de probabilidades de sobrevivir al menos 5 años.

El papiloma mucinoso intraductal es un tipo de tumor pancreático poco frecuente que se caracteriza por la dilatación del conducto pancreático principal, por producción excesiva de moco y dolor ocasional. El diagnóstico se realiza mediante TC y, a veces otras pruebas de diagnóstico por la imagen. Más del 30% de estos tumores son cancerosos (malignos), pero como las pruebas diagnósticas no pueden distinguir entre las formas cancerosas y no cancerosas, la cirugía es la mejor opción de diagnóstico y tratamiento para las personas en quienes se sospecha la existencia de este tipo de tumor. Con la cirugía, las personas con tumores benignos tienen una probabilidad mayor del 95% de sobrevivir a los 5 años. Las personas con tumores cancerosos tienen una probabilidad del 50 al 75% del sobrevivir a los 5 años.

Síntomas

El adenocarcinoma del cuerpo (zona central del páncreas) o de la cola del páncreas (la parte más alejada del duodeno) generalmente no causa síntomas hasta que el tumor es grande. Por lo tanto, en el momento del diagnóstico, el tumor ya se ha diseminado fuera del páncreas (ha metastatizado) en el 90% de los casos. Con el tiempo, la mayoría de las personas sufren dolor abdominal superior intenso que también se puede sentir en la mitad de la espalda. El dolor puede aliviarse doblándose hacia adelante o colocándose en posición fetal. La pérdida de peso es frecuente.

Complicaciones del cáncer pancreático

Los tumores de la cabeza del páncreas pueden interferir con el drenaje de la bilis (el fluido digestivo producido por el hígado) hacia el intestino delgado (ver Vesícula biliar y vías biliares). Por lo tanto, la ictericia (una coloración amarillenta de la piel y del blanco de los ojos) causada por la obstrucción del flujo de bilis, es, por lo general, un síntoma inicial. La ictericia se acompaña de prurito por todo el cuerpo, debido al depósito de cristales de sales biliares bajo la piel. Se producen vómitos en los casos en que el cáncer de la cabeza del páncreas obstruye el paso del contenido del estómago hacia el intestino delgado (obstrucción de la salida gástrica) u obstruye el intestino delgado.

El adenocarcinoma del cuerpo o de la cola del páncreas puede obstruir la vena que drena el bazo (el órgano que produce, controla, almacena y destruye las células sanguíneas), dando como resultado el aumento de tamaño del bazo (esplenomegalia). La obstrucción también puede hacer que las venas se dilaten y se vuelvan tortuosas (varicosas) alrededor del esófago (varices esofágicas) y del estómago. Si estas venas varicosas se rompen, especialmente las del esófago, puede producirse una hemorragia grave.

Ciertas células del páncreas producen insulina, una hormona que es esencial para controlar los niveles de azúcar en la sangre. La falta de insulina causa diabetes. En el cáncer de páncreas, las células cancerosas sustituyen a las células pancreáticas normales, lo que determina que se produzca diabetes en el 25-50% de los afectados. Esto conduce a los síntomas típicos de la alta concentración de azúcar en sangre, como orinar con frecuencia grandes volúmenes y sed excesiva.

El cáncer de páncreas también puede interferir con la producción de enzimas digestivas por parte del páncreas, lo que resulta en problemas para descomponer los alimentos y para la absorción de nutrientes (malabsorción). Esta malabsorción causa hinchazón y gas, así como diarrea acuosa, grasienta y/o maloliente, que provoca pérdida de peso y deficiencias de vitaminas.

Diagnóstico

  • Tomografía computarizada (TC) o colangiopancreatografía por resonancia magnética (CPRM)

El diagnóstico precoz de los tumores de cuerpo o cola del páncreas es difícil, porque los síntomas se presentan en las fases avanzadas y con frecuencia la exploración física y los análisis de sangre son normales. Cuando se sospecha de adenocarcinoma de páncreas, las pruebas preferidas son la TC (ver Tomografía computarizada y resonancia magnética nuclear) o la CPRM (véase Resonancia magnética nuclear).

Otras pruebas frecuentemente utilizadas son la ecografía, la colangiopancreatografía endoscópica retrógrada (ver figura Qué es la colangiopancreatografía retrógrada endoscópica) y la resonancia magnética nuclear (RMN). También se hacen análisis de sangre.

Para confirmar el diagnóstico, el médico extrae una muestra del páncreas para su examen al microscopio (biopsia) insertando una aguja a través de la piel utilizando como guía una TC o una ecografía. Sin embargo, frecuentemente este procedimiento no alcanza el tumor y puede diseminar células cancerosas fuera de la zona afectada, a lo largo del trayecto de la aguja. El mismo enfoque se puede utilizar para obtener una biopsia de hígado si el cáncer se ha diseminado desde el páncreas. Si los resultados de estas pruebas son normales, pero el médico sigue sospechando la existencia de un adenocarcinoma, se puede evaluar el páncreas quirúrgicamente.

Pronóstico

Dado que el adenocarcinoma de páncreas, por lo general, se ha extendido a otras partes del cuerpo antes de su diagnóstico, el pronóstico es poco alentador. Menos del 2% de las personas con adenocarcinoma de páncreas sobreviven más de 5 años tras el diagnóstico.

Tratamiento

  • Cirugía

  • Analgésicos

La única esperanza de curación es la cirugía, que se realiza en el 10 o 20% de las personas en las que se cree que el cáncer no se ha extendido. Se extirpa solo el páncreas o bien el páncreas y el duodeno. Tras la intervención, solo el 15 al 20% de las personas viven 5 años. Normalmente se administran también quimioterapia y radioterapia para prolongar la vida, pero no permiten conseguir la curación.

El dolor leve puede aliviarse con aspirina (ácido acetilsalicílico) o paracetamol (acetaminofeno). Frecuentemente se necesitan calmantes más fuertes como codeína o morfina por vía oral. El 70 u 80% de las personas que sufren dolor intenso pueden hallar alivio mediante inyecciones en los nervios para bloquear la sensación de dolor. La ausencia de enzimas digestivas pancreáticas puede tratarse con preparados orales de enzimas. Si se desarrolla diabetes, puede ser necesario el tratamiento con insulina.

La obstrucción del flujo de la bilis puede aliviarse temporalmente mediante la colocación de un tubo (stent) en la parte inferior del conducto que drena la bilis desde el hígado y la vesícula biliar. Sin embargo, en la mayoría de los casos, el tumor finalmente obstruye el conducto por encima y por debajo del stent colocado. Un método alternativo de tratamiento es la creación quirúrgica de un conducto que evite la obstrucción. Por ejemplo, una obstrucción del intestino delgado puede evitarse creando un canal que conecte el estómago con una porción del intestino delgado situada por debajo de la obstrucción.

Dado que el adenocarcinoma de páncreas es mortal en la mayoría de los casos, el médico por lo general comenta lo referente a los cuidados terminales con el enfermo, sus familiares y otros profesionales de la salud (véase Opciones de tratamiento al final de la vida).

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