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Controles endocrinos

Por John E. Morley, MB, BCh, Dammert Professor of Gerontology and Director, Division of Geriatric Medicine, Saint Louis University School of Medicine

La actividad endocrina se controla regulando la secreción de cada hormona dentro de unos límites precisos. En condiciones normales, el organismo es capaz de detectar la necesidad de una mayor o menor cantidad de una hormona determinada.

Muchas glándulas endocrinas están controladas por la interacción de señales hormonales entre el hipotálamo, situado en el cerebro, y la hipófisis, en la base del cerebro. A esta interacción se la conoce como el eje hipotálamo-hipófisis. El hipotálamo secreta diferentes hormonas que controlan la hipófisis. A su vez, la hipófisis (glándula pituitaria), también denominada glándula maestra, controla las funciones de muchas otras glándulas endocrinas (ver Hipófisis: la glándula maestra). La hipófisis controla la velocidad a la que segrega sus propias hormonas mediante un mecanismo de biorretroalimentación en el que las concentraciones sanguíneas de otras hormonas endocrinas indican a la hipófisis si debe segregarlas más despacio o más deprisa.

Muchos otros factores intervienen en el control de la actividad endocrina. Por ejemplo, un bebé que succiona los pezones estimula la hipófisis de la madre que lo amamanta para que segregue prolactina y oxitocina, dos hormonas que estimulan la producción y el flujo de la leche materna. Las concentraciones altas de azúcar en sangre sirven de estímulo a las células de los islotes de Langerhans (islotes pancreáticos) para que produzcan insulina. Parte del sistema nervioso estimula a la glándula suprarrenal para que produzca epinefrina.