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Introducción al equilibrio ácido-básico

Por James L. Lewis, III, MD

Una importante propiedad de la sangre es su grado de acidez o de alcalinidad. La acidez corporal aumenta al mismo tiempo que la concentración de sustancias ácidas en el organismo (ya sea porque se ingieren o se produce más cantidad, ya sea porque se eliminan menos) o cuando la concentración de sustancias básicas (alcalinas) disminuye (bien porque se ingieren o se producen menos cantidad, bien porque se eliminan más). La alcalinidad de la sangre aumenta cuando los procesos anteriores se producen al contrario. El equilibrio corporal entre la acidez y la alcalinidad se denomina equilibrio ácido-básico. La acidez o la alcalinidad de cualquier solución, incluida la sangre, se indica mediante la escala de pH.

El equilibrio ácido-básico de la sangre se controla con precisión porque incluso una pequeña desviación de la normalidad afecta gravemente a muchos órganos. El organismo utiliza distintos mecanismos para regular el equilibrio ácido-básico de la sangre.

Intervención de los pulmones

Uno de los mecanismos que el organismo utiliza para regular el pH de la sangre consiste en la liberación de dióxido de carbono por parte de los pulmones. El dióxido de carbono, ligeramente ácido, es un producto de desecho del metabolismo del oxígeno (que todas las células necesitan) y, como tal, las células lo producen de forma constante. Como todos los productos de desecho metabólico, el dióxido de carbono se elimina en la sangre, que lo transporta a los pulmones, desde donde se exhala. A medida que se acumula, el pH disminuye (mayor acidez). El cerebro regula el volumen de dióxido de carbono que se exhala controlando la velocidad y la profundidad de la respiración. El volumen de dióxido de carbono exhalado y, en consecuencia, el pH de la sangre aumentan cuando la respiración es más rápida y profunda. Ajustando la velocidad y la profundidad de la respiración, el cerebro y los pulmones pueden regular el pH de la sangre minuto a minuto.

Intervención de los riñones

Los riñones también participan en la regulación del pH sanguíneo eliminando el exceso de ácidos o de bases. Modifican la cantidad de ácidos o de bases que se eliminan, pero, dado que los riñones tardan más en adaptarse que los pulmones, esta compensación suele demorar varios días.

Sistemas estabilizadores del pH

Otro mecanismo de control del pH sanguíneo consiste en el uso de sistemas estabilizadores del pH, que protegen de los cambios repentinos en la acidez o en la alcalinidad. Estos sistemas estabilizadores son combinaciones de ácidos y bases débiles presentes de forma natural en el organismo. En condiciones de pH normales, los ácidos y bases débiles forman parejas en equilibrio. Estos sistemas actúan químicamente para reducir los cambios en el pH de una solución ajustando las proporciones de ácido y de base. El principal sistema estabilizador del pH en la sangre es el ácido carbónico (un ácido débil formado a partir del dióxido de carbono, disuelto en la sangre) y los iones bicarbonato (la base débil correspondiente).

Acidosis y alcalosis

Existen dos alteraciones del equilibrio ácido-básico:

  • Acidosis: La sangre contiene demasiado ácido (o muy poca base), lo que resulta en una disminución del pH sanguíneo.

  • Alcalosis: La sangre posee demasiada base (o muy poco ácido), lo que resulta en un incremento del pH sanguíneo.

La acidosis y la alcalosis no son enfermedades, sino más bien el resultado de una amplia variedad de trastornos. La presencia de acidosis o de alcalosis es un indicio importante de que existe un trastorno grave.

La acidosis y la alcalosis se clasifican en metabólica y respiratoria, según la causa principal. La acidosis y la alcalosis metabólicas son el resultado de un desequilibrio en la producción y en la eliminación renal de los ácidos o de las bases. La acidosis y la alcalosis respiratorias se deben, fundamentalmente, a cambios en la exhalación del dióxido de carbono por trastornos pulmonares o respiratorios.

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