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Trasplante renal

Por Martin Hertl, MD, PhD, Jack Fraser Smith Chair of Surgery and Director of Solid Organ Transplantation, Rush University Medical Center ; Paul S. Russell, MD, John Homans Distinguished Professor of Surgery;Senior Surgeon, Harvard Medical School;Massachusetts General Hospital

En las personas de cualquier edad con insuficiencia renal irreversible, el trasplante de riñón es una alternativa a la diálisis que además puede salvarles la vida. Solo en Estados Unidos, cada año se trasplantan más de 17 000 riñones. Alrededor del 94% de los riñones de donantes vivos siguen funcionando un año después del trasplante. Pasado el primer año, algunos de esos riñones (entre el 3 y el 5% anual) dejan de funcionar. Por otro lado, alrededor del 88% de los riñones de donantes fallecidos siguen funcionando un año después del trasplante y, a partir del primer año, aproximadamente entre el 5 y el 8% de estos riñones dejan de funcionar cada año. En algunos casos, los riñones trasplantados funcionan durante más de 30 años. Entre el 94 y el 98% de los receptores de riñones siguen vivos un año después del trasplante. Si el trasplante renal se realiza con éxito, los receptores pueden llevar una vida normal y activa.

Más de la mitad de los riñones trasplantados provienen de personas sanas que fallecieron. Aunque alrededor de un tercio de estos riñones están dañados, se utilizan para el trasplante porque la demanda es muy grande. El resto de los riñones trasplantados provienen de donantes vivos.

Los riñones se extirpan del donante, se enfrían y se transportan rápidamente a un centro médico, donde se trasplantarán a una persona con un grupo sanguíneo y una tipificación tisular compatibles, que además no produzca anticuerpos contra los tejidos del donante.

El trasplante de riñón es una intervención quirúrgica mayor. Puede ser necesario realizar una diálisis antes de la operación, si la persona tiene alteraciones electrolíticas o si se han acumulado productos de desecho en la sangre (debido a que los riñones están demasiado dañados para eliminarlos). El riñón donado se coloca en la pelvis a través de una incisión y se conecta a los vasos sanguíneos y a la vejiga del receptor. Por lo general, los riñones que no funcionan se dejan en su sitio, aunque si están infectados se retiran.

Complicaciones

A pesar del uso de inmunosupresores, se pueden producir uno o más episodios de rechazo después del trasplante. Algunos síntomas de un rechazo agudo son fiebre, una menor producción de orina, aumento de peso, dolor e inflamación renal e hipertensión arterial. En los análisis de sangre se observa un deterioro de la función renal. Dado que estos síntomas también pueden ser consecuencia de infecciones o de la ingesta de algunos fármacos, puede que sea necesario realizar una biopsia renal por punción para confirmar el diagnóstico.

El rechazo agudo se produce en un plazo de 3 a 4 meses después del trasplante.

El rechazo crónico, que se desarrolla después de varios meses o años, es relativamente frecuente y produce el deterioro progresivo de la función renal.

Por lo general, el rechazo se puede tratar con eficacia administrando dosis altas de corticoesteroides o de inmunoglobulinas antilinfocíticas. Si estos medicamentos son ineficaces, su administración se interrumpe de forma gradual y se vuelve a iniciar la diálisis. Se continúa así hasta que haya otro riñón disponible para el trasplante.

El riñón rechazado puede dejarse en su lugar, a menos que persistan la fiebre, el dolor a la palpación (hipersensibilidad) o la presencia de sangre en la orina. La probabilidad de éxito en un segundo trasplante es casi tan buena como en el primero.

En comparación con la población general, los receptores de trasplantes de riñón son entre 10 y 15 veces más propensos a desarrollar cáncer, probablemente debido a que el sistema inmunitario ayuda al cuerpo a defenderse contra el cáncer y las infecciones. El cáncer del sistema linfático (linfoma) es 30 veces más frecuente en los receptores de trasplantes renales que en la población general, pero, aun así, sigue siendo poco frecuente. El cáncer de piel sí es frecuente.

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