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Características protectoras de los ojos

Por James Garrity, MD, Whitney and Betty MacMillan Professor of Ophthalmology, Mayo Clinic College of Medicine

La órbita, las pestañas, los párpados, la conjuntiva y las glándulas lagrimales ayudan a proteger los ojos.

Estructuras protectoras de los ojos

Las estructuras óseas de la órbita ocular (la cavidad ósea que contiene el globo ocular y sus músculos, nervios y vasos sanguíneos, así como las estructuras que producen y drenan las lágrimas) sobresalen más que la superficie ocular y protegen los ojos a la vez que les permiten moverse libremente en un amplio arco.

Las pestañas son pelos cortos y duros que crecen desde el borde del párpado; las pestañas superiores son más largas que las inferiores y están curvadas hacia arriba, mientras que las inferiores están curvadas hacia abajo. Las pestañas mantienen a los insectos y las partículas extrañas fuera de los ojos, actuando como una barrera física y provocando un parpadeo reflejo ante la más ligera sensación o provocación.

Los párpados superior e inferior son finas capas de piel y músculo que pueden cubrir los ojos. Se cierran de manera rápida y refleja (parpadeo) para formar una barrera mecánica que proteja al ojo de objetos extraños, el viento, el polvo, los insectos y la luz muy brillante. Este reflejo se activa a la vista de un objeto que se aproxima, mediante el contacto de un objeto con la superficie del ojo o cuando las pestañas se mueven por efecto del viento o por el impacto de pequeñas partículas, como polvo o insectos.

Sobre la superficie húmeda posterior del párpado, la conjuntiva hace un giro para cubrir la superficie frontal del globo ocular, justo hasta el borde de la córnea. La conjuntiva protege los tejidos sensibles situados por debajo de ella.

El parpadeo contribuye a la distribución homogénea de las lágrimas por la superficie del ojo. Las lágrimas son un líquido salino que baña constantemente la superficie del ojo para mantenerla húmeda y transferir oxígeno y nutrientes a la córnea, ya que esta carece de vasos sanguíneos, que son los encargados de abastecer de estas sustancias a otros tejidos. Cuando se cierran, los párpados ayudan a atrapar la humedad en la superficie del ojo. Unas pequeñas glándulas situadas en los extremos superior e inferior de los párpados secretan una sustancia aceitosa que mejora la película lagrimal y evita que las lágrimas se evaporen. Las lágrimas mantienen la superficie del ojo húmeda; sin esa humedad, la córnea (que normalmente es transparente) puede secarse, dañarse, infectarse y tornarse opaca. Las lágrimas también atrapan y arrastran pequeñas partículas que entren en el ojo. Además, las lágrimas son ricas en anticuerpos que ayudan a prevenir las infecciones. Los párpados y las lágrimas también protegen al ojo a la vez que permiten el acceso de los rayos de luz.

Las lágrimas contienen 3 capas: acuosa, mucosa y aceitosa. Las glándulas lacrimales producen la capa acuosa. Las glándulas lagrimales, que se encuentran en el borde exterior superior de cada ojo (ver figura Origen de las lágrimas) y en el interior de la conjuntiva, generan la parte acuosa de las lágrimas, que fluyen a la superficie del ojo a través de los conductos lagrimales excretores. Las glándulas mucosas de la conjuntiva producen moco, y las glándulas lipídicas situadas en el extremo del párpado generan una sustancia aceitosa. El moco y el aceite se mezclan con la porción acuosa de las lágrmas para crear una película lagrimal con mayor capacidad protectora.

Las lágrimas circulan desde cada ojo hacia el interior de la nariz por uno de los dos conductos nasolagrimales. Cada uno de estos conductos tiene unas aberturas en el borde de los párpados superior e inferior cerca de la nariz, llamadas punto lagrimal.

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