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Estructura y función de los ojos

Por James Garrity, MD, Mayo Clinic

La órbita es una cavidad ósea que contiene el globo ocular, músculos, nervios y vasos sanguíneos, así como las estructuras que producen y drenan las lágrimas. Cada órbita es una estructura en forma de pera formada por varios huesos.

Un vistazo al interior del ojo

La cubierta exterior del globo ocular es una capa blanca relativamente dura denominada esclerótica (o blanco del ojo). Cerca de la parte frontal del ojo, en el área protegida por los párpados, la esclerótica está cubierta por una fina membrana transparente (conjuntiva), que se extiende hasta el borde de la córnea. La conjuntiva también cubre la superficie húmeda posterior de los párpados y los globos oculares.

La luz entra en el ojo a través de la córnea, la capa transparente y curvada situada delante del iris y de la pupila. Además de actuar como una capa protectora de la parte frontal del ojo, la córnea también ayuda a concentrar la luz sobre la retina, en la parte posterior del ojo. Después de pasar por la córnea, la luz atraviesa la pupila, el punto negro situado en el centro del ojo. El iris, el área circular coloreada del ojo que rodea la pupila, controla la cantidad de luz que entra en el ojo. La pupila se dilata y se contrae como la apertura de una lente de cámara cuando la cantidad de luz en el entorno inmediato cambia. El iris permite que entre más luz en el ojo cuando el ambiente está oscuro, y deja que entre menos cuando hay más luz. El tamaño de la pupila está controlado por la acción del músculo esfínter pupilar y del músculo dilatador.

Detrás del iris se encuentra el cristalino, que cambia de forma para enfocar la luz sobre la retina. A través de la acción de pequeños músculos (denominados músculos ciliares), el cristalino se vuelve más grueso para enfocar los objetos cercanos y más delgado para enfocar los objetos distantes.

La retina contiene las células que perciben la luz (fotorreceptores) y los vasos sanguíneos que las nutren. La parte más sensible de la retina es un área pequeña llamada mácula, que contiene millones de fotorreceptores estrechamente compactados entre sí (los denominados conos). La gran cantidad de fotorreceptores presentes en la mácula genera una imagen visual detallada, del mismo modo que una cámara digital de alta resolución tiene más megapíxeles. Cada fotorreceptor está conectado a una fibra nerviosa, y las fibras nerviosas de los fotorreceptores se empaquetan entre sí para formar el nervio óptico. El disco óptico, la primera parte del nervio óptico, se encuentra en la parte posterior del ojo. Los fotorreceptores de la retina convierten la imagen en impulsos eléctricos, que son transmitidos al cerebro por el nervio óptico.

Hay dos tipos principales de receptores: conos y bastones. Los conos son los encargados de la agudeza visual, la visión central fina y la visión en color, y se agrupan principalmente en la mácula. Los bastones son los encargados de la visión nocturna y de la visión periférica (lateral); son más numerosos que los conos y tienen una sensibilidad a la luz mucho mayor, pero no perciben el color ni contribuyen a la visión central detallada, a diferencia de los conos. Los bastones se agrupan principalmente en las áreas periféricas de la retina.

Un recorrido por las vías ópticas

Las señales nerviosas viajan desde cada ojo a través del nervio óptico correspondiente y de otras fibras nerviosas (denominadas vías ópticas) hasta la parte posterior del cerebro, donde se percibe y se interpreta la visión. Los dos nervios ópticos se unen en el quiasma óptico, una zona situada detrás de los ojos, justo delante de la hipófisis y debajo de la porción frontal del encéfalo (cerebro). El nervio óptico de cada ojo se divide en el quiasma óptico: la mitad de las fibras nerviosas de cada lado cruzan al otro lado y continúan hasta la parte posterior del cerebro. Así, el lado derecho del cerebro recibe información, a través de ambos nervios ópticos, del campo visual izquierdo, y el lado izquierdo del cerebro recibe información, a través de ambos nervios ópticos, del campo visual derecho. La parte central de dichos campos de visión se superpone, y la ven los dos ojos (lo que se conoce como visión binocular).

Cada ojo ve un objeto desde ángulos ligeramente diferentes, por lo que la información que el cerebro recibe de cada ojo es diferente, aunque se superponga. El cerebro integra la información para producir una imagen completa. Este proceso es la base de la visión estereoscópica o de profundidad.

El globo ocular está dividido en dos secciones, ambas llenas de líquido. La sección frontal (segmento anterior) se extiende desde el interior de la córnea hasta la superficie frontal del cristalino, y está llena de un líquido llamado humor acuoso, que nutre sus estructuras internas. La parte dorsal (segmento posterior) se extiende desde la superficie posterior del cristalino hasta la retina, y contiene un líquido gelatinoso denominado humor vítreo. La presión generada por estos líquidos, además de llenar el globo ocular, ayuda a mantener su forma.

El segmento anterior se divide en dos cámaras: la cámara frontal (anterior) se extiende desde la córnea al iris, y la cámara trasera (posterior) se extiende desde el iris hasta el cristalino. Normalmente, el humor acuoso se genera en la cámara posterior, fluye con lentitud por la pupila hasta la cámara anterior y sale del globo ocular a través de unos canales de salida situados en el límite entre el iris y la córnea.

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