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Conjuntivitis alérgica

(Conjuntivitis atópica; queratoconjuntivitis atópica; conjuntivitis por fiebre del heno ; conjuntivitis alérgica perenne; conjuntivitis alérgica estacional; queratoconjuntivitis primaveral)

Por Melvin I. Roat, MD, FACS, Clinical Associate Professor of Ophthalmology;Cornea Service, Sidney Kimmel Medical College at Thomas Jefferson University;Wills Eye Hospital

La conjuntivitis alérgica es la inflamación de la conjuntiva producida por una reacción alérgica.

  • Las reacciones alérgicas causadas por alérgenos transportados por el aire, por ejemplo, pueden inflamar la conjuntiva.

  • Son habituales el enrojecimiento, el prurito, la hinchazón y las secreciones.

  • Los colirios ayudan a disminuir la inflamación.

La conjuntiva (la membrana que reviste el párpado y cubre la parte blanca del ojo) contiene un gran número de células del sistema inmunitario (denominadas mastocitos) que liberan sustancias químicas (llamadas mediadores) en respuesta a una gran variedad de estímulos (como el polen, las esporas de los hongos o los ácaros del polvo doméstico). Estos mediadores producen inflamación ocular, que puede ser breve o de larga duración. Alrededor del 20% de las personas sufre cierto grado de conjuntivitis alérgica.

Un vistazo al interior del ojo

La conjuntivitis alérgica estacional (rinoconjuntivitis alérgica estacional) y la conjuntivitis alérgica perenne o no-estacional (conjuntivitis atópica, queratoconjuntivitis atópica) son las reacciones alérgicas más frecuentes en el ojo. La conjuntivitis alérgica estacional es causada habitualmente por esporas de mohos o por el polen de árboles, plantas herbáceas o césped, y aparece típicamente en primavera y al principio del verano. El polen de plantas herbáceas es responsable de los síntomas de la conjuntivitis alérgica en verano y a principios de otoño. La conjuntivitis alérgica perenne aparece durante todo el año; suele estar causada por los ácaros presentes en el polvo doméstico, caspa de animales y plumas.

La queratoconjuntivitis primaveral es una forma más grave de conjuntivitis alérgica, ya que se desconoce el agente estimulante (alérgeno). El proceso es más frecuente en niños varones, sobre todo en la franja de edad de 5 a 20 años que también padezcan eccema, asma o alergia estacional. La conjuntivitis primaveral suele reaparecer cada primavera y desaparece durante el otoño y el invierno. Muchos niños superan el trastorno al iniciar la edad adulta.

Síntomas

Las personas con cualquiera de las formas de conjuntivitis alérgica desarrollan prurito intenso y ardor en ambos ojos. Aunque los síntomas suelen afectar a ambos ojos por igual, algunas veces un ojo resulta más afectado que el otro. La conjuntiva se vuelve roja y a veces se inflama, produciendo inflamación en el globo ocular, lo que confiere un aspecto hinchado. Puede sentirse un intenso prurito en los párpados. Frotar y rascar provoca enrojecimiento de la piel del párpado, hinchazón, y una apariencia arrugada.

En la conjuntivitis alérgica estacional y la conjuntivitis alérgica perenne aparece una abundante secreción ocular clara y acuosa; aunque a veces es viscosa. La visión no suele verse afectada. En muchos casos, se produce goteo nasal (rinorrea) y picor.

En la queratoconjuntivitis primaveral, la secreción del ojo es espesa y de aspecto fibroso, parecido a la mucosidad. A diferencia de otras clases de conjuntivitis alérgicas, la conjuntivitis primaveral a menudo afecta la córnea (la capa transparente situada delante del iris y de la pupila) y produce pequeñas úlceras abiertas (úlceras de la córnea). Estas úlceras causan un intenso dolor ocular con la exposición a luz brillante (fotofobia) y a veces provocan una pérdida de visión permanente.

Diagnóstico

  • Valoración médica de los síntomas y del aspecto del ojo

El médico reconoce la conjuntivitis alérgica por su aspecto y síntomas típicos. Las pruebas no suelen ser necesarias ni útiles.

Tratamiento

  • Colirios oculares y lágrimas artificiales

El tratamiento de la conjuntivitis alérgica incluye colirios contra la alergia. El uso de lágrimas artificiales y evitar los alérgenos conocidos puede ayudar a reducir los síntomas.

Las gotas que contengan un antihistamínico, como el ketotifeno, pueden ser suficientes para los casos leves; estos medicamentos pueden comprarse sin receta médica. Si el ketotifeno es insuficiente, los colirios antihistamínicos con receta médica, como la olopatadina, o estabilizadores de mastocitos como el nedocromil pueden ser eficaces. Los colirios con antiinflamatorios no esteroideos, como el ketorolaco, ayudan a aliviar los síntomas. Los colirios con corticosteroides tienen unos efectos antiinflamatorios más potentes. Sin embargo, no deben utilizarse durante más de unas semanas sin una estrecha supervisión por parte de un oftalmólogo (un médico especializado en la evaluación y el tratamiento [quirúrgico y no quirúrgico] de los trastornos oculares), ya que pueden causar un aumento de la presión intraocular (glaucoma), cataratas y un mayor riesgo de infecciones oculares. Los antihistamínicos tomados por vía oral, tales como fexofenadina, la cetirizina o la hidroxicina, también pueden ser muy útiles.

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