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Enfermedad de Ménière

(Hidropesía endolinfática)

Por Lawrence R. Lustig, MD, Howard W. Smith Professor and Chair, Department of Otolaryngology–Head and Neck Surgery , Columbia University Medical Center and New York Presbyterian Hospital

La enfermedad de Ménière es un trastorno caracterizado por ataques repetidos de vértigo incapacitante (sensación de inestabilidad y de que todo da vueltas), pérdida de audición intermitente (en la zona de frecuencias bajas) y zumbido en los oídos (acúfenos).

  • Los síntomas incluyen ataques bruscos, no provocados, de vértigo grave e incapacitante, náuseas y vómitos, por lo general junto con sensación de presión en el oído y de pérdida auditiva.

  • Los médicos, por lo general, realizan pruebas de audición y en ocasiones una resonancia magnética nuclear (RMN).

  • Una dieta baja en sal y un medicamento diurético pueden reducir la intensidad y la frecuencia de los ataques.

  • Los fármacos como la meclizina y el lorazepam contribuyen a aliviar el vértigo.

Se cree que la causa de la enfermedad de Ménière (también denominada hidropesía endolinfática) es una cantidad excesiva del líquido que suele estar presente en el oído interno. Este líquido se mantiene en una estructura en forma de bolsa llamada saco endolinfático, y se secreta y reabsorbe continuamente, con lo que se mantiene una cantidad constante. Tanto un aumento en la producción de líquido del oído interno como una disminución en su reabsorción tendrán como resultado un exceso de líquido. Se desconoce por qué se produce esto. Este trastorno suele aparecer en personas de edades comprendidas entre los 20 y los 50 años.

Síntomas

Los síntomas incluyen ataques repentinos (agudos), no provocados, de vértigo grave e incapacitante, náuseas y vómitos. El vértigo es la sensación (que no se corresponde con la realidad) de que uno mismo, el entorno o ambos se están moviendo o girando. La mayoría de las personas describen esta sensación desagradable como "mareos", aunque a menudo también se utiliza la palabra "mareo" para describir otras sensaciones, tales como la sensación de aturdimiento.

Estos síntomas suelen durar de 2 a 3 horas, aunque en raras ocasiones pueden durar hasta 24 horas. Antes de un ataque y mientras este tiene lugar, la persona suele tener una sensación de congestión o presión en el oído afectado. La audición en el oído afectado tiende a fluctuar, pero empeora progresivamente con el paso de los años. Los acúfenos, descritos por algunas personas como "pitidos en los oídos", pueden ser constantes o intermitentes, y pueden empeorar antes, durante o después de una crisis de vértigo. Tanto la pérdida de audición como los acúfenos suelen afectar solo a un oído, y la pérdida de audición suele ser mayor en las frecuencias de sonido más bajas.

En una variedad de la enfermedad de Ménière, la pérdida de audición y los acúfenos aparecen meses o incluso años antes de la primera crisis de vértigo. La audición puede mejorar tras el inicio de las crisis de vértigo.

Diagnóstico

  • Pruebas de audición

  • Resonancia magnética nuclear (RMN) con gadolinio

El médico sospecha la enfermedad de Ménière por los síntomas típicos de vértigo con acúfenos y la pérdida de audición en un oído. El vértigo no es provocado por cambios en la posición del cuerpo, a diferencia del vértigo posicional paroxístico benigno.

Para buscar otras causas, el médico suele hacer pruebas auditivas y, a veces, una resonancia magnética nuclear (RMN) con gadolinio.

Pronóstico

No existe una forma comprobada para detener la pérdida de la audición. La mayoría de las personas sufren una sordera de moderada a grave en el oído afectado, al cabo de 10 a 15 años.

Tratamiento

  • La prevención de ataques mediante la limitación de la sal, el alcohol y la cafeína, así como la toma de un medicamento diurético

  • Los fármacos como la meclizina y el lorazepam para aliviar el vértigo

  • Fármacos como la proclorperazina para aliviar los vómitos

  • A veces, fármacos o cirugía para reducir la presión del fluido o destruir las estructuras del oído interno

Seguir una dieta baja en sal, evitar el alcohol y la cafeína, y tomar diuréticos (como hidroclorotiazida o acetazolamida, que aumentan la excreción de orina) puede reducir la frecuencia de las crisis de vértigo en la mayoría de las personas. Sin embargo, es posible que el tratamiento no detenga la pérdida gradual de audición.

Cuando se producen las crisis, el vértigo puede aliviarse temporalmente con fármacos administrados por vía oral, como meclizina o lorazepam. Las náuseas y los vómitos pueden aliviarse con comprimidos o supositorios de proclorperazina. Estos fármacos no ayudan a prevenir las crisis y por lo tanto no deben tomarse con regularidad, sino solo durante los periodos agudos de vértigo. Para aliviar los síntomas, algunos médicos también suministran corticoesteroides, como prednisona por vía oral, o en ocasiones una inyección del corticoesteroide dexametasona detrás del tímpano.

Tratamientos invasivos para la enfermedad de Meniere

En las personas que resulten incapacitadas por crisis frecuentes de vértigo, a pesar del tratamiento farmacológico, pueden utilizarse varios procedimientos para reducir la presión del fluido en el oído interno, o para destruir las estructuras responsables del equilibrio. El procedimiento menos destructivo se denomina descompresión del saco endolinfático. En este procedimiento se deja al descubierto el hueso que cubre el saco endolinfático para colocar en el oído interno una lámina delgada de material plástico flexible. No afecta al equilibrio, y rara vez daña la audición.

Si la descompresión del saco endolinfático no surte efecto, los médicos pueden tener que destruir las estructuras del oído interno que causan los síntomas mediante la inyección de una solución de gentamicina en el oído medio, administrada a través del tímpano. La gentamicina destruye selectivamente la función del equilibrio antes de afectar a la audición, pero continúa existiendo un riesgo de pérdida auditiva. Este riesgo es bajo si los médicos inyectan la gentamicina solo una vez y esperan 4 semanas antes de repetirla si es necesario.

Las personas que sigan sufriendo episodios frecuentes y graves a pesar de estos tratamientos pueden necesitar un procedimiento quirúrgico más invasivo. Seccionar el nervio vestibular (neurectomía vestibular) destruye de forma permanente la capacidad del oído interno de afectar al equilibrio, suele preservar la audición y alivia el vértigo en el 95% de los casos. Este procedimiento suele llevarse a cabo en las personas cuyos síntomas no mejoran después de una descompresión del saco endolinfático, o en aquellas que no quieren volver a experimentar un episodio de vértigo jamás. Finalmente, cuando el vértigo es incapacitante y la audición en el oído implicado se ha deteriorado, pueden extirparse los conductos semicirculares mediante un procedimiento denominado laberintectomía.

Ninguna de las técnicas quirúrgicas que tratan el vértigo son eficaces para la pérdida auditiva frecuentemente asociada a la enfermedad de Ménière.