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Cáncer de riñón

Por Viraj A. Master, MD, PhD, Winship Cancer Institute, Emory University

(Adenocarcinoma de riñón; carcinoma de células renales)

  • El cáncer de riñón puede causar la aparición de sangre en la orina, dolor en el costado o fiebre.

  • El cáncer suele ser detectado de manera accidental al realizar una prueba de imagen por otra razón.

  • El diagnóstico se hace por tomografía computarizada o por resonancia magnética nuclear.

  • La extirpación del riñón prolonga la supervivencia y puede ser curativa si el cáncer no se ha diseminado.

El cáncer de riñón representa alrededor del 2 al 3% de los casos de cáncer en adultos y afecta aproximadamente un 50% más a los hombres que a las mujeres. Aproximadamente 65 000 personas desarrollan cáncer de riñón cada año y alrededor de 13 000 mueren por esta causa. Los fumadores tienen alrededor del doble de probabilidades de desarrollar cáncer de riñón en comparación con los no fumadores. Otros factores de riesgo son la exposición a productos químicos tóxicos (por ejemplo, asbesto, cadmio, curtidos y productos derivados del petróleo) y la obesidad. Las personas que se someten a diálisis y padecen enfermedad renal quística y aquellas con ciertas enfermedades hereditarias también tienen mayor riesgo de sufrir cáncer de riñón. Las personas afectadas están por lo general entre los 50 y los 70 años de edad.

La mayoría de los tumores sólidos de riñón son de carácter canceroso, pero los que puramente contienen líquido (quistes) generalmente no lo son. Casi todos los cánceres de riñón son carcinomas de células renales. Otro tipo de cáncer de riñón es el tumor de Wilms, que se presenta en niños (ver Tumor de Wilms).

Síntomas

Los síntomas pueden no aparecer hasta que el cáncer se ha diseminado (formado metástasis) o llega a ser muy grande. La presencia de sangre en la orina es el síntoma más frecuente, pero su cantidad puede ser tan pequeña que solo se detecte con la observación al microscopio. Sin embargo, cuando la cantidad de sangre es mayor, la orina puede ser visiblemente roja. Los síntomas más frecuentes son los siguientes: dolor en la zona entre las costillas y la cadera (el costado), fiebre y pérdida de peso. Es poco frecuente que el cáncer de riñón se detecte en primera instancia cuando el médico nota un aumento de tamaño o un bulto en el abdomen.

El número de glóbulos rojos (eritrocitos) se vuelve anormalmente elevado (policitemia), puesto que las concentraciones de eritropoyetina (hormona producida por el riñón enfermo o por el tumor en sí) estimulan la médula ósea para que aumente la producción de glóbulos rojos. El exceso de glóbulos rojos puede ser asintomático o producir cefalea, cansancio, mareo y trastornos de la visión. Contrariamente, el cáncer de riñón puede ocasionar un descenso en el número de glóbulos rojos (anemia) debido a la lenta hemorragia en la orina. La anemia puede producir cansancio fácilmente o vahídos. Algunas personas también presentan concentraciones elevadas de calcio en sangre (hipercalcemia); esto puede causar debilidad, cansancio, disminución del tiempo de reacción y estreñimiento. La presión arterial puede aumentar, pero es posible que la hipertensión arterial no cause síntomas.

Diagnóstico

La mayoría de los tumores malignos de riñón se descubren por casualidad al realizar una prueba de imagen, como una tomografía computarizada (TC) o una ecografía, para valorar otro problema, como, por ejemplo, la hipertensión. Si los médicos sospechan la existencia de un cáncer de riñón en una persona por los síntomas que presenta, utilizan una TC o una resonancia magnética nuclear (RMN) para confirmar el diagnóstico. También pueden emplearse inicialmente la ecografía o la urografía intravenosa, pero hará falta utilizar la TC o la RMN para verificar el diagnóstico. Si se diagnóstica un cáncer, pueden hacerse otras pruebas de diagnóstico por la imagen (por ejemplo, radiografía de tórax, gammagrafía ósea o TC craneal, torácica, o ambas), así como análisis de sangre, para determinar si el cáncer se ha extendido y a dónde. Sin embargo, a veces, si la diseminación del cáncer es muy reciente, no se detecta. En ocasiones, es necesaria la cirugía exploratoria para confirmar el diagnóstico.

Pronóstico

Muchos factores influyen en el pronóstico, pero el índice anual de supervivencia a los 5 años para las personas con cáncer limitado al riñón es del 80% o más. Si el cáncer se ha extendido al tejido conjuntivo alrededor del riñón pero no se ha diseminado a sitios distantes, el índice de supervivencia a los 5 años no es mayor del 10%. En algunos casos, el objetivo se centra en aliviar el dolor y en utilizar diversos medios para mejorar el bienestar de la persona afectada (ver Síntomas presentes durante una enfermedad mortal). Como en todas las enfermedades terminales, es esencial hacer las previsiones necesarias en relación con el final de la vida, incluyendo un documento de voluntades anticipadas (ver Las preocupaciones legales y éticas al final de la vida y Voluntades anticipadas).

Tratamiento

Cuando el cáncer no se ha diseminado más allá del riñón, la extirpación quirúrgica del riñón afectado proporciona muchas probabilidades de curación. Como alternativa, los cirujanos pueden extirpar solo el tumor y un borde del tejido normal adyacente, preservando así la parte restante del riñón. Aunque se están estudiando algunos medios no quirúrgicos para la destrucción de las células cancerosas, generalmente se prefiere la cirugía.

Si el cáncer se ha extendido a zonas adyacentes como la vena renal o incluso a la gran vena que transporta la sangre hacia el corazón (vena cava) pero no ha llegado a los ganglios linfáticos o a puntos distantes, la intervención quirúrgica sigue ofreciendo una buena probabilidad de curación. Sin embargo, el cáncer de riñón tiende a extenderse rápidamente, especialmente a los pulmones, a veces antes de que aparezcan los síntomas. Dado que el cáncer renal que ha diseminado hacia lugares distantes puede escapar a un diagnóstico inicial o precoz, la metástasis solo es evidente después de que los médicos han extirpado quirúrgicamente todo el cáncer renal que han podido hallar.

Si la curación quirúrgica parece poco probable, pueden ser utilizados otros tratamientos, aunque rara vez resultan curativos. El tratamiento del cáncer consistente en aumentar la capacidad del sistema inmunitario para destruirlo hace que algunos tumores malignos se reduzcan y así pueda prolongarse la supervivencia (ver Inmunoterapia antineoplásica). Estos tratamientos usados a veces para el cáncer renal son, por ejemplo, la interleucina-2 y el interferón alfa-2b. Otros fármacos utilizados en ocasiones son el sunitinib, el sorafenib, el axitinib, el bevacizumab, el pazopanib, el temsirolimus y el everolimus. Estos fármacos alteran las vías moleculares que afectan al tumor y forman parte, por lo tanto, de las denominadas terapias diana o de objetivo específico. Se están investigando varias combinaciones de otras interleucinas, la talidomida e incluso el desarrollo de vacunas a partir de células extirpadas del cáncer de riñón. Estos tratamientos pueden ser eficaces en el cáncer metastásico, aunque el beneficio obtenido suele ser muy pequeño. En casos muy poco frecuentes (en menos del 1% de las personas), la extirpación del riñón afectado hace que se reduzca el tamaño de los tumores localizados en otras partes del organismo. Sin embargo, la pequeña posibilidad de que el tumor se reduzca no se considera motivo suficiente para extirpar un riñón canceroso cuando el cáncer ya se ha propagado, a no ser que su extirpación forme parte de un plan global que incluya otros tratamientos dirigidos al cáncer diseminado.

Tumores metastásicos en el riñón

En algunas ocasiones, los tumores malignos que tienen su origen en otras partes del organismo se extienden (metastatizan) a los riñones. Entre estos cánceres se incluyen el melanoma; el cáncer de pulmón, de mama, de estómago, de los órganos reproductores femeninos, del intestino y de páncreas; la leucemia; y el linfoma. Esta diseminación no suele causar síntomas. La metástasis suele diagnosticarse cuando se realizan pruebas para determinar el grado de diseminación del cáncer original, al que suele dirigirse el tratamiento. De vez en cuando, si se trata el cáncer original y el tumor en el riñón está creciendo, se extirpa el tumor del riñón.