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Infección renal

(Pielonefritis)

Por Talha H. Imam, MD, Assistant Clinical Professor in Internal Medicine and Nephrology;Attending Physician, Departmnet of Nephrology, University of Riverside School of Medicine;Kaiser Permanente

La pielonefritis es una infección bacteriana de uno o de ambos riñones.

  • La infección puede extenderse por el tracto urinario a los riñones o (menos frecuentemente) los riñones pueden infectarse por las bacterias que circulan en el torrente sanguíneo.

  • Los síntomas son escalofríos, fiebre, dolor de espalda, náuseas y vómitos.

  • Si el médico sospecha que la persona en cuestión sufre pielonefritis, se realizan análisis de orina y, en algunos casos, análisis de sangre y pruebas de diagnóstico por la imagen.

  • La infección se trata con antibióticos.

Causas

Esta enfermedad es más frecuente en mujeres que en hombres. Escherichia coli, un tipo de bacterias que se encuentran normalmente en el intestino grueso, causa alrededor del 90% de los casos de pielonefritis entre las personas que no están hospitalizadas o viviendo en una residencia geriátrica. Por lo general, las infecciones ascienden de la zona genital por la uretra a la vejiga, luego por los uréteres y llegan hasta el interior de los riñones. Si las vías urinarias funcionan con normalidad, se suele evitar que la infección ascienda hacia los uréteres y penetre en los riñones gracias a la eliminación de los microorganismos por la acción del chorro de orina y por el cierre de los uréteres a la entrada de la vejiga. Sin embargo, cualquier bloqueo físico (obstrucción) del flujo de orina (como una anomalía estructural, un cálculo renal, una dilatación de la glándula prostática o el reflujo de la orina desde la vejiga hasta el interior de los uréteres) aumenta la probabilidad de que sobrevenga una pielonefritis.

El riesgo de pielonefritis aumenta durante el embarazo ya que durante el mismo, el engrosamiento del útero hace que aumente la presión sobre los uréteres y se obstruye parcialmente la circulación normal del flujo de orina. El embarazo también aumenta el riesgo de reflujo de orina por los uréteres, que causa dilatación de estos conductos y reduce las contracciones musculares que fuerzan la orina a descender por los uréteres hasta el interior de la vejiga. De vez en cuando, un catéter que permanece en la vejiga puede causar pielonefritis al permitir que las bacterias entren o permanezcan en la vejiga.

En cerca del 5% de los casos, las infecciones llegan a los riñones desde otra parte del organismo a través del torrente sanguíneo. Por ejemplo, una infección en la piel por estafilococos puede extenderse a los riñones por el torrente sanguíneo.

El riesgo y la gravedad de la pielonefritis se incrementan en las personas con diabetes, o con un sistema inmunitario debilitado (que reduce la capacidad del organismo de combatir las infecciones). La causa de la pielonefritis suele ser bacteriana, pero es poco frecuente que la causa sea la tuberculosis (se trata de una causa bacteriana de pielonefritis muy infrecuente), infecciones fúngicas o virus.

Algunas personas padecen infecciones prolongadas (pielonefritis crónica). Casi todas ellas sufren considerables anomalías subyacentes, tales como obstrucciones del tracto urinario, cálculos renales que persisten o, con mayor frecuencia, reflujo de orina desde la vejiga hacia los uréteres (lo que se produce sobre todo en niños pequeños). La pielonefritis crónica hace que las bacterias se liberen en el torrente sanguíneo, a veces causando infecciones en el riñón opuesto o en otras partes del organismo. En raras ocasiones, la pielonefritis crónica llega a dañar los riñones gravemente.

Síntomas

Los síntomas de la pielonefritis suelen empezar repentinamente con escalofríos, fiebre, dolor a ambos lados de la zona lumbar, náuseas y vómitos.

Alrededor de un tercio de las personas que sufren pielonefritis también tienen síntomas de cistitis, como micción frecuente y dolorosa. Los riñones, uno o ambos, aparecen aumentados de tamaño y doloridos y los médicos obtienen una respuesta dolorosa a la palpación en la región lumbar del lado afectado. En algunas ocasiones los músculos del abdomen están fuertemente contraídos. La irritación provocada por la infección o por el paso de un cálculo renal (si lo hay) causa espasmos ureterales. En caso de espasmos de los uréteres, se experimentan crisis de dolor intenso (cólico renal). En los niños, los síntomas de una infección renal suelen ser leves y más difíciles de reconocer (ver Infecciones de las vías urinarias en la infancia (IVU)). En las personas ancianas, la pielonefritis puede no causar ningún síntoma que parezca indicar un problema de las vías urinarias. En cambio, las personas mayores pueden presentar una disminución de la capacidad mental (delirio o confusión), fiebre o una infección del torrente circulatorio (septicemia).

En los casos de pielonefritis crónica, el dolor es impreciso y la fiebre es intermitente o inexistente.

Diagnóstico

  • Análisis de orina

  • Cultivo de orina

  • A veces, pruebas de diagnóstico por la imagen

Los síntomas típicos de la pielonefritis llevan al médico a hacer dos pruebas comunes de laboratorio para determinar si los riñones están infectados: el examen de una muestra de orina al microscopio para hacer un recuento del número de glóbulos rojos y blancos y el número de bacterias y un cultivo de orina, en el que las bacterias de una muestra de orina se cultivan en un laboratorio para identificar el número y tipo de bacterias que contiene. También pueden llevarse a cabo análisis de sangre para determinar si existe un exceso de glóbulos blancos (lo que sugeriría la presencia de una infección), bacterias en la sangre o daño renal.

Se llevan a cabo pruebas de diagnóstico por la imagen en personas con un intenso dolor de espalda característico del cólico renal, en casos en que no hay respuesta al tratamiento antibiótico en 72 horas, en personas cuyos síntomas reaparecen poco después de haber finalizado el tratamiento, en quienes padecen pielonefritis de larga evolución o recurrente, en personas cuyos resultados en los análisis de sangre indican daño renal, y en hombres (dado que es muy infrecuente que desarrollen pielonefritis). La exploración mediante ecografía o tomografía computarizada helicoidal (espiral) utilizada en estos casos permite observar la presencia de cálculos renales, anomalías estructurales u otras causas de obstrucción urinaria.

Pronóstico

La mayoría de las personas se recuperan por completo. Una recuperación lenta y la posibilidad de complicaciones son más probables si la persona requiere hospitalización, si el microorganismo que provocó la infección es resistente a los antibióticos de uso común o si la persona afectada sufre un trastorno que debilita el sistema inmunitario (como ciertos tipos de cáncer, diabetes mellitus o sida) o un cálculo renal.

Prevención y tratamiento

  • Antibióticos

  • En ocasiones, cirugía (para corregir anormalidades en las vías urinarias)

El tratamiento antibiótico empieza en cuanto el médico considera que pueda tratarse de pielonefritis y después de haber tomado muestras para las pruebas o análisis de laboratorio. La elección del fármaco y de su posología puede modificarse a partir de los resultados de las pruebas de laboratorio (incluido el resultado del cultivo), del grado de afectación del paciente y de si la infección se inició en el hospital, donde las bacterias suelen ser más resistentes a los antibióticos. La elección del fármaco o su dosificación se puede ver modificada por otros factores, como si existe afectación del sistema inmunitario de la persona o bien si esta presenta una anomalía de las vías urinarias (como una obstrucción).

El tratamiento ambulatorio con antibióticos por vía oral suele tener éxito en los casos siguientes:

  • Ausencia de naúseas o vómitos

  • Ausencia de signos de deshidratación

  • Ausencia de trastornos que debiliten el sistema inmunitario, tales como ciertos tipos de cáncer, diabetes mellitus o sida

  • Ningún indicio de infección muy grave, como hipotensión arterial o confusión

  • El dolor se controla con medicamentos tomados por vía oral

De lo contrario, la persona suele ser tratada inicialmente en el hospital. Si la persona ha de ser hospitalizada y necesita tratamiento con antibióticos, estos se administran por vía intravenosa durante 1 o 2 días; después de esta primera fase, se suelen administrar por vía oral.

El tratamiento antibiótico de la pielonefritis se administra durante un periodo de entre 5 y 14 días para que la infección no recidive. Sin embargo, la terapia con antibióticos puede continuar hasta 6 semanas para los hombres en quienes la infección se deba a prostatitis, ya que es más difícil de erradicar. Una vez concluido el tratamiento antibiótico, se suele obtener una muestra final de orina para asegurarse de que la infección ha sido erradicada.

La cirugía es necesaria sólo en casos puntuales si las pruebas muestran que algo esta bloqueando de forma crónica las vías urinarias, como una anomalía estructural o un cálculo de tamaño especialmente grande. La extirpación del riñón infectado puede ser necesaria para las personas con pielonefritis crónica que vayan a someterse en breve a un trasplante de riñón. La diseminación de la infección en el riñón trasplantado es particularmente arriesgada porque la persona toma medicamentos inmunosupresores, que evitan el rechazo del riñón trasplantado, pero también debilitan la capacidad del organismo para combatir infecciones.

A las personas que sufren episodios frecuentes de pielonefritis o cuya infección reaparece después de haber finalizado el tratamiento con antibióticos, se les aconseja tomar una pequeña dosis de antibióticos a largo plazo. No se conoce la duración ideal de esta terapia. Si la infección reaparece, se establece una terapia preventiva durante un tiempo indefinido. Si una mujer en edad de procrear toma un antibiótico, debe evitar el embarazo o preguntar a su médico si el tratamiento antibiótico es seguro durante el embarazo, por si quedase embarazada.