Extraviado
Ubicaciones

Busque información sobre temas médicos, síntomas, fármacos, procedimientos, noticias y mucho más, escrita en lenguaje cotidiano.

Mal de altura

Por John B. West, MD, PhD, DSc, Professor of Medicine and Physiology, University of California, San Diego

El mal de altura, o mal de montaña, se produce por una falta de oxígeno a grandes altitudes.

  • Los síntomas comprenden dolor de cabeza, cansancio, irritabilidad, y en casos más graves, dificultad respiratoria, confusión e incluso coma.

  • El médico diagnostica los males de altura basándose principalmente en los síntomas.

  • El tratamiento consiste en reposo, descender a una altitud más baja y en algunas ocasiones tratamiento farmacológico, administración de oxígeno adicional o ambas cosas.

  • Estos trastornos pueden prevenirse ascendiendo de forma gradual y a veces tomando medicación.

A medida que aumenta la altitud disminuye la presión atmosférica, de modo que el aire se vuelve menos denso y, por ello, la cantidad de oxígeno disponible es menor. Por ejemplo, en comparación con el aire que se encuentra a nivel del mar, el aire a unos 6000 m de altura contiene solo la mitad de oxígeno. En Denver (Estados Unidos), situado a unos 1615 metros sobre el nivel del mar, el aire contiene un 20% menos de oxígeno.

La mayoría de las personas pueden ascender entre 1500 y 2000 m en un día sin problemas, pero aproximadamente el 20% de las personas que ascienden hasta 2500 m y el 40% de los que ascienden hasta 3000 m sufren alguna forma de mal de altura.

Los órganos más frecuentemente afectados por el mal de altura son:

  • El cerebro (mal agudo de montaña y raramente, edema cerebral de las alturas)

  • Los pulmones (edema pulmonar de las alturas)

En los pulmones, algunos de los vasos sanguíneos más pequeños sufren una presión elevada, incluidos los más pequeños de todos (capilares), y puede filtrarse líquido a través de ellos.

Factores de riesgo

Los efectos de las grandes alturas varían mucho de una persona a otra. Pero en general, el riesgo aumenta al:

  • Ir demasiado alto demasiado rápido

  • Realizar un esfuerzo excesivo

El riesgo es mayor en personas que ya han padecido mal de altura y en las que normalmente viven a nivel del mar o en altitudes muy bajas (por debajo de los 900 m). Los niños pequeños y adultos jóvenes también son, probablemente, más propensos a sufrirlo.

No tienen mayor riesgo las personas que padecen diabetes, enfermedad de las arterias coronarias y enfermedad pulmonar obstructiva crónica leve. Sin embargo, esas personas pueden tener dificultades específicas a mayores altitudes, a causa de los bajos niveles de oxígeno (hipoxia). La buena forma física no protege contra el mal de altura. El asma generalmente no parece empeorar en las grandes alturas. Así mismo, una estancia de unas semanas en alturas por debajo de 3000 m no parece ser peligrosa para la mujer embarazada ni para el feto.

Aclimatación

Con el tiempo, el organismo se adapta (aclimatación) a alturas mayores incrementando la respiración y la actividad del corazón y produciendo más glóbulos rojos (eritrocitos) para transportar oxígeno a los tejidos. La mayoría de las personas se pueden adaptar a alturas de hasta 3000 m en pocos días. Adaptarse a alturas más elevadas requiere muchos días o incluso semanas, pero algunas personas pueden, con el tiempo, llevar a cabo casi todas las actividades normales a alturas superiores a los 5300 m. Sin embargo, nadie puede aclimatarse por completo a vivir de forma permanente por encima de esa altitud.

¿Sabías que...?

  • Los síntomas del mal agudo de montaña se pueden confundir con una resaca, agotamiento físico, una migraña o una enfermedad vírica.

Síntomas

Mal agudo de montaña

El mal agudo de montaña es una forma leve de mal de altura y la forma más frecuente. Puede aparecer incluso a altitudes de tan solo 2000 m. Los síntomas suelen manifestarse al cabo de 6-10 horas del ascenso y a menudo comprenden dolor de cabeza, y uno o más de los síntomas citados a continuación: sensación de estar a punto de desmayarse, pérdida del apetito, náuseas, vómitos, cansancio, debilidad, irritabilidad y dificultades para dormir. Algunas personas describen los síntomas como similares a los de una resaca; los síntomas suelen durar de 24 a 48 horas. Ocasionalmente, el mal agudo de montaña puede progresar hacia formas más graves de mal de altura.

Edema pulmonar de las alturas (EPA)

El EPA aparece por lo general al cabo de entre 24 y 96 horas de un rápido ascenso a más de 2500 m, y es responsable de la mayoría de las muertes por mal de altura. Es más frecuente entre los hombres jóvenes. Las personas que viven a altitudes elevadas pueden padecer EPA cuando regresan después de una breve estancia a una altitud más baja. Las infecciones respiratorias, incluso aunque sean leves, parece que aumentan el riesgo. Los síntomas empeoran por la noche y pueden agravarse rápidamente. Los síntomas leves incluyen de forma habitual tos seca y ahogo que aparecen con solo realizar un ligero esfuerzo; entre los síntomas moderados se incluyen dificultad respiratoria en reposo, confusión, esputo rosa o con sangre, febrícula (menos de aproximadamente 38,3 ºC) y una coloración azulada en la piel, los labios y las uñas (cianosis); los síntomas más graves comprenden ahogo y ruidos de gorgoteo durante la respiración.

Edema cerebral de las alturas (ECA)

El ECA es un trastorno raro pero potencialmente mortal. Causa dolor de cabeza, confusión, marcha inestable y descoordinada (ataxia) y coma. Estos síntomas pueden evolucionar con rapidez de leves a potencialmente mortales, en apenas unas horas.

Otros síntomas

Es habitual la hinchazón de las manos, los pies y la cara al despertarse. La hinchazón causa pequeñas molestias y generalmente desaparece en unos pocos días.

Algunas personas solo tienen dolor de cabeza sin ningún otro síntoma de mal agudo de montaña.

Pueden aparecer hemorragias retinianas (pequeñas áreas de sangrado en la retina en la parte posterior del ojo), después de ascender a una altura de 2700 m. Estas hemorragias son comunes por encima de 5000 m. Por lo general la persona no tiene síntomas, a menos que la hemorragia se produzca en la parte que rige la visión central (la mácula); en tales casos, la persona puede notar un pequeño punto ciego. Las hemorragias retinianas se curan rápidamente sin causar problemas a largo plazo.

Diagnóstico

El médico diagnostica mal de altura principalmente a partir de los síntomas. En el edema pulmonar de las alturas (EPA) puede escucharse el ruido del líquido en los pulmones a través de un fonendoscopio. Una radiografía del tórax y la determinación de la cantidad de oxígeno en sangre contribuyen a confirmar el diagnóstico.

Prevención

Ritmo de ascenso

La mejor manera de prevenir el mal de altura es ascender lentamente. La altitud a la que una persona duerme es más importante que la altitud máxima alcanzada durante el día. La primera noche, la persona no debe dormir por encima de 2500 a 3000 m. Los escaladores de montaña deben dormir a esa altura de 2 a 3 noches antes de hacerlo a más altitud. A partir de ahí, la altitud a la que se puede dormir puede incrementarse apróximadamente 300 m cada día, aunque se pueden realizar caminatas a alturas superiores siempre y cuando la persona vuelva al nivel inferior para dormir.

La capacidad para ascender sin que aparezcan síntomas varía de una persona a otra. Por eso, el ascenso en grupo debe realizarse al ritmo de la persona más lenta. El ritmo de ascenso debe disminuir si aparecen síntomas de mal de altura.

La aclimatación se pierde rápidamente. Si la persona aclimatada ha descendido a niveles más bajos durante unos pocos días, debe empezar de nuevo un ascenso gradual.

Fármacos

La acetazolamida tomada al comienzo del ascenso reduce la probabilidad de que aparezca mal de altura; si se toma una vez aparecida la enfermedad, puede contribuir a reducir los síntomas. Debe continuar tomándose acetazolamida durante algunos días después del ascenso. Algunos médicos opinan que la dexametasona también puede reducir la probabilidad de que aparezca mal de altura, así como disminuir sus síntomas.

Tomar analgésicos, como por ejemplo fármacos antiinflamatorios no esteroideos (AINE, ver Analgésicos no opiáceos : Medicamentos antiinflamatorios no esteroideos) puede ayudar a prevenir el dolor de cabeza que aparece cuando se está a gran altitud.

El uso de oxígeno a bajo flujo durante el sueño también puede ser útil, pero esta medida puede ser difícil de llevar a cabo.

Las personas que han tenido episodios anteriores de edema cerebral de las alturas (ECA) deben estar atentas a cualquier síntoma de reaparición y descender inmediatamente si aparecen los síntomas. Algunos médicos también recomiendan que estas personas tomen el medicamento nifedipina por vía oral o inhalen broncodilatadores para prevenir el edema cerebral de altura.

Medidas generales

Para prevenir el mal de altura, se aconseja evitar realizar esfuerzos extenuantes durante 1 día o 2 después de llegar a la cima, así como comer con frecuencia pequeñas cantidades de alimentos ricos en hidratos de carbono de fácil digestión (como frutas y mermeladas y alimentos ricos en almidón) en lugar de comer mayores cantidades repartidas en menos comidas. Deben beberse grandes cantidades de líquidos sin cafeína, y evitarse tanto el alcohol como los sedantes, ya que pueden aumentar el riesgo de sufrir mal agudo de montaña y causar síntomas similares a este.

A pesar que una buena capacidad física permite un mayor esfuerzo en altura, no protege frente a ninguna forma de este mal.

Tratamiento

La hinchazón de manos, pies y cara no necesita tratamiento. La hinchazón desaparece por sí sola al cabo de unos días.

Las personas con mal agudo de montaña deben interrumpir su ascenso y descansar; no deben ascender a mayor altura hasta que desaparezcan los síntomas. La mayoría de las personas con mal agudo de montaña mejoran al cabo de 1 día o 2. La acetazolamida puede aliviar los síntomas. El paracetamol (acetaminofeno) o los AINE contribuyen a aliviar el dolor de cabeza.

Si los síntomas son más graves, debe suministrarse un suplemento de oxígeno a través de una mascarilla facial. Si no se dispone de oxígeno suplementario o bien si los síntomas persisten o empeoran a pesar del tratamiento, la persona debe descender hasta una altitud inferior, preferiblemente hasta alcanzar una cota de 500 a 1000 m por debajo de la inicial.

Las personas con EPA deben descender lo antes posible; se les debe administrar oxígeno si está disponible. El fármaco nifedipina puede ser beneficioso temporalmente, ya que disminuye la presión de las arterias que van hacia los pulmones.

En caso de sufrir un edema cerebral a causa de la altura (ECA), la persona debe descender lo máximo que pueda lo antes posible. Deben administrarse oxígeno y dexametasona.

Cuando no sea posible descender rápidamente a una altitud inferior, y la persona esté muy enferma, puede utilizarse una bolsa hiperbárica para ganar tiempo. Este aparato consiste en una bolsa de material ligero, transportable y lo suficientemente grande como para que quepa dentro una persona, y una bomba manual. La persona debe introducirse dentro de dicha bolsa, que se cierra herméticamente; después se aumenta la presión interna de la bolsa con la bomba. El aumento de la presión del aire simula un descenso de altitud. La persona debe permanecer en la bolsa durante 2 o 3 horas. La bolsa hiperbárica es tan beneficiosa como el oxígeno suplementario, del que no se suele disponer cuando se escala una montaña. Pero no debe sustituir al descenso.

Recursos en este artículo