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Introducción a los traumatismos abdominales

Por Darren Malinoski, MD, Associate Professor, Department of Surgery;Chief, Section of Surgical Critical Care, Oregon Health & Science University;Portland VA Medical Center

El abdomen puede lesionarse de muchas formas. La lesión puede afectar únicamente al abdomen, o también otras partes del cuerpo. Estas lesiones pueden ser relativamente leves o muy graves.

A menudo los traumatismos abdominales se clasifican en función del tipo de estructura dañada y de cómo ocurrió la lesión. Las estructuras implicadas incluyen:

  • Pared abdominal

  • Órganos sólidos (es decir, el hígado, el bazo, el páncreas y los riñones)

  • Órganos huecos (es decir, el estómago, el intestino delgado, el colon, los uréteres y la vejiga)

  • Vasos sanguíneos

Los traumatismos abdominales también se pueden clasificar en función de si la lesión es:

  • Contusa o cerrada

  • Penetrante

Un traumatismo cerrado puede implicar un golpe directo (por ejemplo, una patada), el impacto de un objeto (por ejemplo, una caída sobre el manillar de una bicicleta), o una disminución brusca de la velocidad (por ejemplo, una caída desde una altura o un accidente de tráfico). El bazo y el hígado son los dos órganos que se lesionan con mayor frecuencia, mientras que los órganos huecos tienen menos probabilidad de sufrir lesiones.

Los traumatismos penetrantes ocurren cuando un objeto atraviesa la piel, por ejemplo, como resultado de una herida por arma de fuego o una herida por arma blanca (puñalada). Algunas lesiones penetrantes afectan solo a la grasa y a los músculos situados debajo de la piel y son mucho menos preocupantes que las que entran en la cavidad abdominal. Una herida por arma de fuego que penetra en la cavidad abdominal casi siempre causa importantes lesiones. Por otra parte, las heridas por arma blanca que penetran en la cavidad abdominal no siempre lesionan órganos o vasos sanguíneos. A veces, un traumatismo penetrante afecta tanto al tórax como a la parte superior del abdomen. Por ejemplo, una puñalada en el tórax dirigida hacia abajo puede atravesar el diafragma y afectar al estómago, al bazo o al hígado.

Tanto los traumatismos contusos como los penetrantes pueden cortar o romper los órganos abdominales y/o los vasos sanguíneos. Un traumatismo contuso puede hacer que se produzca una acumulación de sangre en el interior de un órgano sólido (por ejemplo, el hígado) o en la pared de un órgano hueco (como el intestino delgado). Estas acumulaciones de sangre se llaman hematomas. Un sangrado no contenido en la cavidad abdominal, pero sí en el espacio que rodea a los órganos abdominales, se denomina hemoperitoneo.

Los cortes y los desgarros comienzan a sangrar de inmediato. El sangrado puede ser mínimo y causar problemas leves. Los traumatismos más graves pueden causar un sangrado masivo, choque (shock) e incluso la muerte. La hemorragia por un traumatismo abdominal es mayoritariamente interna (dentro de la cavidad abdominal). En una lesión penetrante, también se puede producir una pequeña cantidad de sangrado externo a través de la herida.

Cuando se lesiona un órgano hueco, el contenido del órgano (por ejemplo, el ácido del estómago, las heces o la orina) pueden entrar en la cavidad abdominal y causar irritación e inflamación (peritonitis).

Complicaciones

Además de las lesiones inmediatas, los traumatismos abdominales también pueden causar problemas más tarde. Entre los problemas tardíos se encuentran:

  • Rotura del hematoma

  • Acumulación intraabdominal de pus (absceso)

  • Bloqueo intestinal (obstrucción)

  • Síndrome compartimental abdominal

El organismo suele ser capaz de reabsorber los hematomas, aunque puede necesitar varios días o semanas para hacerlo. Sin embargo, en ocasiones un hematoma se rompe en lugar de ser reabsorbido. La rotura normalmente se produce pocos días después del traumatismo, pero a veces esta se produce más tarde, incluso meses más tarde. La rotura de un hematoma del bazo (ver Traumatismos del bazo) o del hígado (ver Traumatismos hepáticos) pueden causar un sangrado en el interior de la cavidad abdominal potencialmente mortal. La rotura de un hematoma de la pared del intestino puede ocasionar que el contenido intestinal pase al interior del abdomen ocasionando una peritonitis. A veces, cuando los hematomas de la pared intestinal se reabsorben forman cicatrices en la pared. En raras ocasiones, estas cicatrices pueden causar un estrechamiento del intestino en ese punto lo que puede ocasionar, generalmente años después, una obstrucción intestinal.

Si no se detecta una lesión de un órgano hueco se puede producir un absceso dentro de la cavidad abdominal (ver Abscesos abdominales). También se puede formar un absceso después de una intervención quirúrgica realizada para reparar una lesión abdominal grave.

A veces, se forman cicatrices tras una lesión o una intervención quirúrgica abdominal. Ese tejido cicatricial forma bandas fibrosas (adherencias o bridas) entre las asas intestinales. Por lo general, estas adherencias no causan síntomas, pero a veces otra porción del intestino sufre una torsión por debajo de una brida. Esta torsión puede bloquear el paso a través del intestino y causar dolor abdominal y vómitos (ver Obstrucción intestinal). En algunos casos, es necesario el tratamiento quirúrgico para extirpar la brida y desbloquear la obstrucción intestinal.

Así como en un esguince de tobillo o en un brazo roto se inflama la extremidad, los órganos abdominales se inflaman después de un traumatismo (en especial si además fue necesaria una cirugía). Aunque, por lo general, en el abdomen hay suficiente espacio para acomodar el tejido inflamado, si la inflamación es excesiva al final se produce un aumento de la presión en el interior del abdomen. Dicho aumento de presión comprime los órganos y limita el suministro de sangre, lo que causa dolor y ocasiona más daños en los órganos abdominales. Esta situación se denomina síndrome compartimental abdominal. El aumento de la presión abdominal puede incluso aumentar también la presión en otros tejidos, como los pulmones, los riñones, el corazón, los vasos sanguíneos y el sistema nervioso central. El síndrome compartimental abdominal tiende a desarrollarse en personas con lesiones o heridas graves que requieren cirugía. El síndrome compartimental abdominal es extremadamente grave y aumenta el riesgo de muerte.

Síntomas

Se suele tener dolor abdominal espontáneo o a la palpación. Sin embargo, el dolor suele ser leve, y el afectado no suele darse cuenta o quejarse de ello debido a otras lesiones más dolorosas (como las fracturas) o porque no está totalmente consciente (por ejemplo, debido a un traumatismo craneoencefálico, al abuso de sustancias, o al choque). El dolor ocasionado por un traumatismo en el bazo a veces se irradia hacia el hombro izquierdo. El dolor de un pequeño desgarro intestinal al principio es mínimo, pero empeora progresivamente. Cuando existe una lesión en el riñón o en la vejiga se puede presentar sangre en la orina.

Si se ha perdido una gran cantidad de sangre puede aparecer:

  • Aumento de la frecuencia cardíaca

  • Respiración rápida

  • Sudoración

  • Piel fría, húmeda, pálida o azulada

  • Confusión o bajo nivel de alerta

Un traumatismo cerrado puede causar hematomas (por ejemplo, al llevar el cinturón de seguridad en un accidente de tráfico se puede presentar un hematoma en el tórax o en la parte inferior del abdomen, lo que se denomina signo del cinturón de seguridad). No todos los casos presentan hematomas, y la existencia de un hematoma no necesariamente refleja la gravedad de la lesión abdominal. Cuando aparecen hemorragias graves, el abdomen puede estar distendido a causa del exceso de sangre.

Diagnóstico

En algunas personas, el traumatismo abdominal es obviamente grave (como muchas heridas por arma de fuego). Estos casos se trasladan directamente al quirófano para realizar una cirugía exploratoria, sin que se realicen pruebas para identificar las lesiones específicas. Sin embargo, la mayoría de los afectados por un traumatismo abdominal requieren pruebas complementarias. Estas pruebas identifican la lesión específica y, en combinación con los hallazgos de la exploración, ayudan al médico a decidir qué casos necesitan una operación.

Entre las pruebas complementarias se incluyen la ecografía y la tomografía computarizada (TC). La ecografía se puede realizar de forma rápida, a pie de cama, y es útil para detectar hemorragias graves. La TC necesita más tiempo para su realización y requiere desplazar al paciente al escáner, pero proporciona imágenes más precisas. La TC también permite detectar otras lesiones, como fracturas vertebrales o fracturas de la pelvis. Dependiendo del tipo de lesión, también puede ser necesario obtener radiografías del tórax o de la pelvis.

Además, también se obtienen análisis de orina para detectar sangre en la orina, lo que indica una lesión en alguna parte del sistema urinario. Por lo general, se realiza un hemograma completo de manera que el médico dispone de datos iniciales para comparar en caso de que el paciente necesite algún tratamiento adicional.

Tratamiento

Se administran líquidos por vía intravenosa, según sea necesario para reemplazar la pérdida de sangre. Si se ha sufrido una pérdida de sangre significativa se reciben transfusiones (ver Transfusión de sangre). Puede ser necesario el tratamiento quirúrgico para reparar los órganos dañados o para detener el sangrado. Aunque muchas de las lesiones pueden resolverse por sí solas, los casos en los que la TC o la ecografía detectan una lesión de un órgano abdominal se ingresan en el hospital y se examinan cada pocas horas para comprobar que el sangrado cede y que no empeoran los síntomas. A veces se repite la TC o la ecografía.