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Erisipelotricosis

Por Larry M. Bush, MD, Affiliated Associate Professor of Medicine;Affiliated Professor of Biomedical Sciences, University of Miami-Miller School of Medicine;Charles E. Schmidt College of Medicine, Florida Atlantic University ; Maria T. Perez, MD, Associate Pathologist, Department of Pathology and Laboratory Medicine, Wellington Regional Medical Center, West Palm Beach

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La erisipelotricosis es una infección causada por Erysipelothrix rhusiopathiae. El síntoma más común es el erisipeloide, una celulitis localizada aguda pero de evolución lenta. El diagnóstico se establece a partir del cultivo de muestras de biopsia y, en ocasiones, con pruebas de PCR. El tratamiento consiste en la administración de antibióticos.

Erysipelothrix rhusiopathiae (antes conocido como E. insidiosa) es un bacilo delgado grampositivo, microaerófilo encapsulado, no esporulado e inmóvil, que se distribuye por todo el mundo; principalmente es saprofítico. Puede infectar diversos animales, incluidos insectos, mariscos, peces, aves y mamíferos (en especial, el ganado porcino). En los seres humanos, la infección suele ser ocupacional, típicamente como consecuencia de una herida penetrante en personas que manipulan productos animales comestibles o no comestibles (cadáveres infectados, productos derivados como grasa o fertilizantes, huesos, conchas). Es común que los pacientes trabajen en la manipulación de pescados o en mataderos. La infección puede producirse también por mordeduras de gatos o perros. Las infecciones no dérmicas son raras; suelen aparecer como artritis o endocarditis.

Signos y síntomas

En la primera semana después de producida la lesión, aparece un exantema característico maculopapuloso, elevado, rojo purpúreo, no vesiculado e indurado, acompañado de prurito y sensación de quemazón. La inflamación local, a pesar de estar bien demarcada, puede inhibir el uso de la mano, que es el sitio habitual de infección. El margen de la lesión puede extenderse lentamente hacia el exterior y producir molestias e incapacidad que pueden persistir por 3 semanas. La enfermedad suele ser autolimitada. En un tercio de los casos aparecen linfadenopatías regionales. Raramente, se transforma en un cuadro cutáneo generalizado que se caracteriza por lesiones púrpuras en la piel que se expanden a medida que su centro se aclara, más lesiones ampolladas en el sitio primario o en sitios distantes.

Es infrecuente la bacteriemia, que resulta por lo general una infección primaria más que una diseminación de las lesiones cutáneas. Puede producir artritis séptica o endocarditis infecciosa, incluso en personas sin enfermedades conocidas de las válvulas cardíacas. La endocarditis tiende a afectar la válvula aórtica, y suelen ser inusualmente elevados la tasa de mortalidad y el porcentaje de pacientes que necesitan una prótesis valvular de reemplazo. Raramente, se producen infecciones en el SNC, intraabdominales y óseas.

Diagnóstico

  • Cultivo

Es mejor el cultivo de muestras de biopsia de grosor completo de la lesión, en comparación con las muestras de aspiración con aguja del borde en crecimiento de ésta, ya que el microorganismo se ubica sólo en las partes más profundas de la piel. El cultivo del exudado obtenido al erosionar una pápula florida puede llevar al diagnóstico. El aislamiento del microorganismo en el líquido sinovial o en la sangre es necesario para el diagnóstico de artritis o la endocarditis asociadas con la erisipelotricosis. E. rhusiopathiae puede identificarse erróneamente como lactobacilo. La amplificación por PCR puede ayudar al diagnóstico rápido.

Tratamiento

  • Penicilina, ciprofloxacina o clindamicina

Para la enfermedad cutánea localizada, el tratamiento habitual consiste en penicilina V o ampicilina (500 mg orales cada 6 hs), ciprofloxacina (250 mg orales cada 12 hs) o clindamicina (300 mg orales cada 8 hs), durante 7 días. Las cefalosporinas también son eficaces. La daptomicina y la linezolida son activas in vitro. Las tetraciclinas y los macrólidos ya son confiables. El E. rhusiopathiae es resistente a las sulfamidas, los aminoglucósidos y la vancomicina.

La infección cutánea difusa grave o la infección sistémica se tratan mejor con penicilina G IV (2 a 3 millones de unidades cada 4 h), ceftriaxona (2 g IV, una vez al día) o una fluoroquinolona (como ciprofloxacina, 400 mg IV cada 12 horas, o levofloxacina, 500 mg IV una vez al día).

La endocarditis se trata con penicilina G, 25.000 a 30.000 unidades/kg IV, cada 4 horas durante 4 semanas. Las alternativas a esta terapia son las cefalosporinas y las fluoroquinolonas.

Los mismos fármacos y dosis son adecuados para la artritis (administrados al menos hasta 1 semana después de la defervescencia o la resolución del derrame), pero también es necesario drenar repetidamente la articulación afectada mediante aspiración con aguja.

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