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Abscesos

Por Allan R. Tunkel, MD, PhD, Professor of Medicine, Associate Dean for Medical Education, Warren Alpert Medical School of Brown University

Información:
para pacientes

Los abscesos son acumulaciones de pus en espacios tisulares confinados, generalmente causados por una infección bacteriana. Los síntomas incluyen dolor local, dolor a la palpación, rubefacción y tumefacción (cuando se ubican cerca de la capa cutánea) o síntomas constitucionales (si se encuentran en ubicaciones profundas). A veces son necesarios estudios de imágenes para diagnosticar los abscesos profundos. El tratamiento es el drenaje quirúrgico y a menudo los antibióticos.

Etiología

Muchos microorganismos pueden causar abscesos, aunque el más común es el Staphylococcus aureus. Los microorganismos pueden ingresar en el tejido por

  • Implantación directa (p. ej., por traumatismo penetrante con un objeto contaminado)

  • Diseminación desde un sitio de infección establecido contiguo

  • Diseminación por rutas linfática o hematógena desde un sitio distante

  • Migración desde un lugar donde hay flora residente hacia un sitio adyacente, normalmente estéril, debido a la disrupción de las barreras naturales (p. ej., la perforación de una víscera abdominal que causa un absceso intraabdominal)

Los abscesos pueden formarse en un área de celulitis (ver Celulitis) o en un tejido comprometido donde se acumulan leucocitos. La disección progresiva causada por el pus o por la necrosis de las células que lo rodean expande el absceso. Un tejido conectivo muy vascularizado puede entonces rodear al tejido necrótico, los leucocitos y los restos celulares, y formar una pared que delimita el absceso e impide que siga extendiéndose.

Los factores predisponentes para la formación de abscesos son las alteraciones en los mecanismos de defensa del huésped (p. ej., la alteración de la defensa leucocitaria), la presencia de cuerpos extraños, la obstrucción de un drenaje normal (p. ej., en los tractos urinario, biliar o respiratorio), la isquemia o la necrosis de un tejido, un hematoma o una acumulación excesiva de líquidos en un tejido y los traumatismos.

Signos y síntomas

Los signos y síntomas de los abscesos cutáneos y subcutáneos son dolor, calor, hinchazón, dolor a la palpación y enrojecimiento. Si los abscesos superficiales están por romperse espontáneamente, la piel sobre su parte central puede ser delgada, a veces con apariencia blanca o amarillenta debido a la presencia de pus por debajo de ella (con el aspecto de un punto). Puede aparecer fiebre, en especial con celulitis circundante. En los abscesos profundos, son típicos el dolor local y el dolor al tacto, y los síntomas sistémicos, especialmente fiebre, así como anorexia, pérdida de peso y cansancio. La manifestación predominante de algunos abscesos es el funcionamiento anormal de un órgano (p. ej., hemiplejia debida a un absceso cerebral).

Las complicaciones de los abscesos son la diseminación bacteriémica, la rotura hacia un tejido adyacente, la hemorragia de los vasos erosionados por la inflamación, la alteración de la función de un órgano vital y la inanición debida a la anorexia y al aumento de los requerimientos metabólicos.

Diagnóstico

  • Evaluación clínica

  • A veces, ecografía, TC o RM

El diagnóstico de los abscesos cutáneos y subcutáneos se realiza por examen físico. El diagnóstico de los abscesos profundos suele requerir técnicas de imágenes. La ecografía es no invasiva y detecta muchos abscesos de los tejidos blandos; la TC es precisa para la mayoría de los casos, aunque la RM suele ser más sensible.

Tratamiento

  • Drenaje quirúrgico

  • A veces, antibióticos

Los abscesos superficiales pueden resolverse con aplicación de calor y antibióticos por vía oral. Sin embargo, su desaparición suele requerir un drenaje.

Los abscesos cutáneos menores pueden requerir sólo una incisión y un drenaje. Deben retirarse todo el pus, el tejido necrótico y los restos. Puede ser necesaria la eliminación del espacio abierto (muerto) con un empaquetamiento con gasas o con la colocación de drenajes para prevenir la reaparición del absceso. Deben corregirse los factores predisponentes, como la obstrucción de un drenaje natural o la presencia de un cuerpo extraño.

Los abscesos profundos a veces pueden drenarse adecuadamente con la aspiración percutánea con una aguja (en general guiada por ecografía o TC); a menudo, este método evita la necesidad de un drenaje quirúrgico abierto.

Puede producirse la rotura y el drenaje espontáneos, que a veces llevan a la formación de trayectos de drenaje crónicos. Sin drenaje, un absceso en ocasiones se resuelve lentamente después de la digestión proteolítica del pus, que genera un líquido poco espeso estéril que se reabsorbe al torrente sanguíneo. La reabsorción incompleta puede producir una loculación quística con una pared fibrosa susceptible de calcificarse.

Si el absceso es profundo (p. ej. intraabdominal) o si hay celulitis circundante, están indicados los medicamentos antimicrobianos como terapia adyuvante; pero por lo general son ineficaces si no se realiza un drenaje. La terapia antimicrobiana empírica se basa en la ubicación y en el patógeno probable que causa la infección. La terapia posterior debe ser guiada por la tinción de Gram, el cultivo y las pruebas de sensibilidad microbiana.

Conceptos clave

  • Los abscesos cutáneos y subcutáneos son diagnosticados clínicamente; los abscesos más profundos a menudo requieren de imágenes.

  • Por lo general, drenar el absceso por incisión o en ocasiones por aspiración con aguja.

  • Usar antibióticos cuando los abscesos son profundos o están rodeados por celulitis significativa.