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Manifestaciones de la infección

Por Allan R. Tunkel, MD, PhD, Professor of Medicine, Associate Dean for Medical Education, Warren Alpert Medical School of Brown University

Información:
para pacientes

Las manifestaciones de la infección pueden ser locales (p. ej., celulitis, abscesos) o sistémicas, y la más común de ellas es la fiebre (ver Fiebre). Pueden aparecer manifestaciones en múltiples aparatos y sistemas. Las infecciones graves y generalizadas pueden producir manifestaciones que ponen en riesgo la vida (como sepsis o shock séptico—ver Sepsis y shock séptico). La mayoría desaparecen al ser tratadas con éxito la infección subyacente.

Manifestaciones clínicas

La mayoría de las infecciones producen un aumento de la frecuencia cardíaca y de la temperatura corporal, pero otras (p. ej., la fiebre tifoidea, la tularemia, la brucelosis o el dengue) pueden no elevar la frecuencia cardíaca en forma proporcional a la fiebre. La hipotensión puede ser el resultado de la hipovolemia o del shock séptico. Son frecuentes la hiperventilación y la alcalosis respiratoria.

En las infecciones graves pueden producirse alteraciones sensoriales (encefalopatía), independientemente de que haya infección en el SNC. La encefalopatía es más común y grave en los adultos de edad avanzada y puede causar ansiedad, confusión, delirio, estupor, convulsiones y coma.

Manifestaciones hematológicas

En general, las enfermedades infecciosas aumentan los números de neutrófilos circulantes maduros e inmaduros. Los mecanismos responsables son la demarginación y la liberación de granulocitos inmaduros de la médula ósea, la liberación de neutrófilos de la médula ósea mediada por IL-1 e IL-6 y los factores estimulantes de las colonias elaborados por macrófagos, linfocitos y otros tejidos. La agudización de estos fenómenos (p. ej,. traumatismos, inflamaciones y situaciones de estrés semejantes) puede producir la liberación de cantidades excesivas de leucocitos inmaduros a la circulación (reacción leucemoide), con recuentos de hasta 25 a 30 × 109/L.

Por el contrario, algunas infecciones (como la fiebre tifoidea o la brucelosis) suelen causar neutropenia. En las infecciones graves abrumadoras, la neutropenia marcada suele ser un signo pronóstico desfavorable. Los cambios morfológicos característicos de los neutrófilos en los pacientes sépticos incluyen cuerpos de Döhle, granulaciones tóxicas y vacuolización.

Puede haber anemia a pesar de la existencia de depósitos de hierro adecuados en los tejidos. Si la anemia es crónica, pueden estar disminuidos la concentración total de hierro en plasma y la capacidad total de unión al hierro. Las infecciones graves, especialmente por microorganismos gramnegativos, puede causar una coagulación intravascular diseminada (CID—ver Coagulación intravascular diseminada (CID)).

Otros aparatos y sistemas

La distensibilidad del pulmón puede estar reducida, lo que puede evolucionar a un síndrome de dificultad respiratoria aguda (SDRA) e insuficiencia respiratoria muscular.

Las manifestaciones renales van desde una proteinuria mínima hasta insuficiencia renal aguda, con posible ocurrencia de shock y necrosis tubular aguda, glomerulonefritis o enfermedad tubulointersticial.

Con muchas infecciones se producen alteraciones hepáticas, que incluyen la ictericia colestásica (que a menudo es un signo pronóstico desfavorable) y la disfunción hepatocelular, aunque la infección no se encuentre en el hígado. En la sepsis puede producirse una hemorragia digestiva alta debido a úlceras por estrés.

Las alteraciones endocrinas incluyen un aumento de la producción de tirotropina, vasopresina, insulina y glucagón; también la degradación de las proteínas del músculo esquelético y el desgaste muscular secundario al aumento de la demanda metabólica, y la desmineralización del hueso. La hipoglucemia es poco frecuente en la sepsis, pero debe tenerse en cuenta la insuficiencia suprarrenal en pacientes con hipoglucemia y sepsis. La hiperglucemia puede ser un signo temprano de infección en los diabéticos.