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Pruebas de sensibilidad o antibiogramas

Por Kevin C. Hazen, PhD, Professor of Pathology and Director of Clinical Microbiology, Duke University Health System

Información:
para pacientes

Las pruebas de sensibilidad o antibiogramas determinan la susceptibilidad de un microorganismo frente a los medicamentos antimicrobianos, a partir de la exposición de una concentración estandarizada del germen a estos fármacos. Las pruebas de sensibilidad pueden hacerse para bacterias, hongos o virus. Para algunos microorganismos, los resultados obtenidos con un fármaco permiten predecir los resultados que se obtendrán con fármacos similares. Así, no todos los medicamentos potencialmente útiles necesitan probarse.

Las pruebas de sensibilidad se realizan in vitro, y no tienen en cuenta numerosos factores que afectan al fármaco in vivo (la farmacodinámica y la farmacocinética, las concentraciones del medicamento en el sitio de acción, el estado inmunitario del huésped, las defensas específicas de sitio) y que influyen en el éxito de un tratamiento. Por ello, las pruebas de sensibilidad no siempre predicen los resultados de la terapia.

Las pruebas de sensibilidad pueden ser cualitativas, semicuantitativas o con métodos basados en los ácidos nucleicos. Las pruebas también pueden determinar el efecto de la combinación de distintos antimicrobianos (pruebas de sinergia).

Métodos cualitativos

Los métodos cualitativos son menos precisos que los semicuantitativos. Los resultados generalmente se informan en una de las siguientes formas:

  • Susceptible (S)

  • Intermedia (I)

  • Resistente (R)

Algunas cepas que no tienen criterios establecidos para la resistencia pueden informarse solo como susceptibles o no susceptibles. La determinación de qué concentraciones específicas de fármaco representan S, I y R se basa en múltiples factores, especialmente en datos farmacocinéticos, farmacodinámicos, clínicos y microbiológicos.

El método más comúnmente usado de difusión de discos (también conocido como prueba de Kirby-Bauer) es adecuado para los microorganismos de crecimiento rápido. Se basa en la colocación de discos impregnados con antibióticos en placas de agar inoculadas con el microorganismo que está probándose. Después de la incubación (por lo general de 16 a 18 horas), se mide el diámetro de la zona de inhibición que rodea a cada disco. Cada combinación de microorganismo-antibiótico tiene diámetros diferentes que implican que es S, I o R.

Pueden usarse otros métodos que requieran una adhesión menos rígida a los parámetros de prueba para evaluar en forma rápida la resistencia de un solo microorganismo a un único fármaco, a una clase de fármacos o a una combinación específica de ellos (p. ej., la resistencia a oxacilina del Staphylococcus aureus resistente a meticilina, la producción de betalactamasas).

Métodos semicuantitativos

Los métodos semicuantitativos determinan la concentración mínima de un antibiótico que inhibe el crecimiento de un microorganismo en particular in vitro. Esta concentración inhibitoria mínima (CIM) se informa como un valor numérico que luego puede traducirse en una de 4 clases: S (sensible), I (intermedio), R (resistente), o a veces no susceptible. La determinación de la CIM se usa principalmente para aislamientos de bacterias, incluidas micobacterias y anaerobios, y a veces para hongos, en especial del género Candida. La concentración bactericida mínima (CBM) también puede determinarse, pero es técnicamente más complicado y no se han definido aún los estándares para su interpretación. El valor de la prueba de CBM radica en que establece si un fármaco puede ser bacteriostático o bactericida.

El antibiótico se diluye en agar o caldo de cultivo, que luego se inoculan con el microorganismo. La dilución en caldo es el estándar de referencia, pero es más trabajosa porque puede probarse sólo una concentración del fármaco en cada tubo de ensayo. Un método más eficiente se basa en el uso de una tira de película de poliéster impregnada con el antibiótico en un gradiente de concentraciones. La tira se coloca sobre una placa de agar que contiene el inóculo, y la CIM se determina a partir del lugar de la tira en donde comienza la inhibición. Pueden probarse varios antibióticos en una misma placa.

La CIM permite correlacionar la sensibilidad del microorganismo frente al medicamento con las concentraciones tisulares que puede lograr el fármaco libre (es decir, el fármaco no unido a proteínas). Si las concentraciones tisulares de fármaco libre son mayores a la CIM, puede esperarse que el tratamiento sea exitoso. Las designaciones de S, I y R obtenidas a partir del estudio de la CIM generalmente se correlacionan con las concentraciones de fármaco libre que pueden lograrse en suero, plasma u orina.

Métodos basados en ácidos nucleicos

Estas pruebas incorporan técnicas basadas en la detección de los ácidos nucleicos similares a las usadas para la identificación de los microorganismos (ver Métodos de identificación de las enfermedades infecciosas basados en ácidos nucleicos), pero con modificaciones que permiten detectar genes o mutaciones conocidos que confieren resistencia. Un ejemplo de ellos es mecA, un gen que confiere resistencia a la oxacilina en el S. aureus; si este gen está presente, el microorganismo se considera resistente a todos los medicamentos betalactámicos, independientemente de los resultados aparentes en las pruebas de sensibilidad. Sin embargo, aunque se conocen varios de estos genes, su presencia no confiere resistencia in vivo de manera uniforme. Además, debido a que pueden estar presentes otras mutaciones u otros genes de resistencia, su ausencia no garantiza que exista susceptibilidad al fármaco. Por estas razones y porque existe un número limitado de pruebas, son costosas y no siempre están disponibles, los métodos basados en los ácidos nucleicos no han reemplazado a los cultivos estándares y a las pruebas de sensibilidad de rutina.