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Dracunculiasis

(Enfermedad por el gusano de Guinea, serpiente de fuego)

Por Richard D. Pearson, MD, Professor of Medicine and Pathology, Associate Dean for Student Affairs, University of Virginia School of Medicine

Información:
para pacientes

La dracunculiasis es la infección causada por el Dracunculus medinensis que produce una lesión cutánea inflamada y dolorosa en la que se aloja un helminto adulto, además de artritis debilitante. El diagnóstico se basa en la inspección , y el tratamiento requiere la extracción lenta del helminto adulto.

Hace unos 25 años, la dracunculiasis era endémica en gran parte de la región tropical de África, Yemen, India y Pakistán. En la actualidad, gracias a los esfuerzos internacionales por interrumpir la transmisión, la infección se identifica principalmente dentro de un estrecho cinturón de países africanos. El Centro Carter informa que sólo hubo 542 casos en 2012; todos se registraron en 4 países: Sudán del Sur, Chad, Malí y Etiopía.

Fisiopatología

Los seres humanos se infectan al beber agua con microcrustáceos (copépodos) infectados. Cuando se liberan las larvas, penetran en la pared intestinal y maduran en la cavidad abdominal, donde se convierten en helmintos adultos en alrededor de 1 año. Después de aparearse, el macho muere y la hembra grávida migra a través de los tejidos subcutáneos, en general hasta los extremos distales de los miembros inferiores. El extremo cefálico del helminto produce una pápula indurada que se transforma en una vesícula y, por último, se ulcera. Al entrar en contacto con el agua (p. ej., cuando una persona intenta aliviar el malestar mediante la inmersión del miembro afectado), un asa del útero del helminto prolapsa a través de la piel y expulsa las larvas móviles. Los helmintos que no alcanzan la piel mueren y se desintegran o se calcifican. A continuación, los copépodos ingieren las larvas.

En la mayoría de las áreas endémicas, la transmisión es estacional y cada episodio infeccioso dura alrededor de 1 año.

Signos y síntomas

La infección suele ser asintomática durante el primer año. Generalmente, los síntomas se desarrollan cuando el gusano emerge a través de la piel. Los síntomas localizados consisten en prurito y un dolor urente intenso en el sitio donde se encuentra la lesión cutánea. Se cree que la urticaria, el eritema, la disnea, los vómitos y el prurito reflejan las reacciones alérgicas desencadenadas contra los antígenos del helminto. Si el helminto se rompe durante la expulsión o la extracción, se desencadena una reacción inflamatoria grave, que causa un dolor discapacitante. Los síntomas disminuyen y la úlcera cicatriza una vez expulsado el helminto adulto. En alrededor del 50% de los casos se producen infecciones bacterianas a lo largo del trayecto fistuloso por donde emerge el helminto.

La fase crónica de la infección se asocia con inflamación y dolor en las articulaciones y otros síntomas de la artritis. Las secuelas incluyen anquilosis fibrosa de las articulaciones y contracción de los tendones.

Diagnóstico

  • Evaluación clínica

El diagnóstico se sospecha cuando el helminto adulto blanco filamentoso aparece en la úlcera cutánea. Los helmintos calcificados pueden localizarse en el examen radiológico; incluso se detectaron en momias egipcias. No hay pruebas serológicas disponibles.

Tratamiento

  • Extracción manual

El tratamiento consiste en la extracción lenta del helminto adulto (que puede tener hasta 80 cm de longitud) durante días o semanas mediante su enrollamiento con un palito. La extirpación quirúrgica bajo anestesia local es una opción, pero rara vez está disponible en las áreas endémicas.

No se desarrollaron fármacos antihelmínticos eficaces para esta enfermedad, y el efecto beneficioso del metronidazol (250 mg por vía oral 3 veces al día durante 10 días) se asoció con las propiedades antiinflamatorias y antibacterianas del fármaco.

Prevención

La filtración del agua potable a través de un paño de malla fina, su cloración o su ebullición protege eficazmente contra la dracunculiasis. Se debe instruir a las personas infectadas para que no ingresen en fuentes de agua potable, para evitar contaminarlas.

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