Extraviado
Ubicaciones

Busque información sobre temas médicos, síntomas, fármacos, procedimientos, noticias y mucho más, escrita para el profesional de cuidado de la salud.

Agonía y muerte en los niños

Por Deborah M. Consolini, MD, Assistant Professor of Pediatrics;Staff Physician, Diagnostic Referral Division, Jefferson Medical College;Nemours/Alfred I. duPont Hospital for Children

Información:
para pacientes

1 iOS Android

Las familias suelen tener dificultades para tratar con un niño enfermo y agónico o moribundo. Los niños que están intentando comprender la muerte de un amigo o un miembro de la familia pueden enfrentar dificultades particulares (Ver también El paciente moribundo).

Muerte de un niño

La mayoría de las veces, la muerte de un niño tiene lugar en el hospital o el departamento de urgencias. La muerte puede sobrevenir tras una enfermedad prolongada, por ejemplo un cáncer, o en forma súbita e inesperada, como después de lesiones o muerte súbita del lactante. La muerte de un niño puede ser difícil de comprender y aceptar para la familia. Para los padres, la muerte de un niño significa que deben renunciar a sus sueños y esperanzas para ese hijo. El proceso de duelo también puede impedirles atender las necesidades de otros miembros de la familia, incluidos sus otros hijos. Los profesionales sanitarios pueden ayudar en el proceso siendo accesibles para que la familia los consulte y suministrando consuelo siempre que sea posible. En algunas circunstancias, es apropiada la derivación a especialistas con experiencia en el trabajo con familias que han sufrido la muerte de un hijo.

Algunos padres responden a la muerte de un hijo con la planificación rápida de otro embarazo, tal vez en un intento de crear un niño "de reemplazo". Los proveedores de salud que tienen una relación de apoyo con los padres en duelo deberían disuadir de un embarazo tan rápida. Cuando los padres se embarcan en un embarazo posterior, la ansiedad y el miedo de otra pérdida puede hacer que sea difícil para ellos para formar una unión con el nuevo hijo. Un hijo que nace después de que otro hijo ha muerto está en riesgo del síndrome de niño de reemplazo o síndrome del niño vulnerable. En el síndrome del niño de reemplazo, los sentimientos y las expectativas para el niño "ideal" que murió se superponen con los sentimientos para el próximo hijo. En el síndrome del niño vulnerable, debido a su pérdida anterior, los padres perciben erróneamente que el nuevo hijo está en riesgo de problemas de comportamiento, de desarrollo o médicos y piensan que el niño necesita atención y protección especial frente a posibles daños. Los padres que están en duelo por la pérdida de un hijo muerto y que también están luchando con una incapacidad para unirse a un nuevo hijo necesitan saber que sus sentimientos son normales. Si sus sentimientos no son reconocidas como normales, los padres y el niño están en riesgo de trastornos de salud mental. El próximo embarazo, cuándo y si ocurre, debe ser mirando hacia el futuro y no mirando hacia atrás.

Muerte de un familiar o de un amigo

Muchos niños afrontan la muerte de un ser querido. La manera en que los niños perciben el episodio (y, por consiguiente, la mejor respuesta de los padres y los profesionales sanitarios) depende de su nivel de desarrollo. Los preescolares pueden tener una comprensión limitada de la muerte. Relacionar el hecho con una experiencia previa de muerte de una mascota querida puede resultar útil. Los niños mayores pueden comprender el evento más fácilmente. La muerte nunca debe compararse con dormirse para no despertarse nunca, porque los niños pueden comenzar a tener miedo de ir a dormir.

Los padres deben analizar con los profesionales sanitarios si los niños deben visitar a niños o adultos con enfermedades graves. Algunos pueden expresar un deseo específico de visitar a familiares o amigos moribundos y es preciso prepararlos adecuadamente para una visita de este tipo, de manera que sepan qué esperar. Del mismo modo, los adultos a menudo se preguntan si es conveniente llevar a los niños a un funeral. Esta decisión debe tomarse en forma individual, en consulta con los niños siempre que sea posible. Cuando asisten a un funeral, un amigo cercano o un familiar debe acompañarlos para apoyarlos todo el tiempo, y se les debe permitir marcharse si es necesario.