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Revisión sobre los cánceres pediátricos

Por David N. Korones, MD, Associate Professor of Pediatrics, Oncology, and Neurology, University of Rochester Medical Center

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En términos generales, el cáncer infantil es relativamente raro, con menos de 11.000 casos y alrededor de 1.500 muertes anuales en niños de 0 a 14 años. En comparación, hay 1,4 millones de casos y 565.000 muertes anuales en adultos. Sin embargo, el cáncer es la segunda causa de muerte en los niños, superado sólo por las lesiones.

Los cánceres pediátricos incluyen muchos que también afectan a adultos. La leucemia (ver Reseña sobre leucemias) es, por lejos, el más frecuente y representa alrededor del 33% de los cánceres pediátricos; los tumores encefálicos representan alrededor del 21%, los linfomas (ver Reseña sobre linfomas) alrededor del 8%, y ciertos cánceres óseos (osteosarcoma y sarcoma de Ewing; ver Tumores malignos primarios de hueso) alrededor del 4%. Los cánceres exclusivos de los niños son el neuroblastoma (7% de los casos), el tumor de Wilms (5%), el rabdomiosarcoma (3-4%) y el retinoblastoma (3%).

Los niños que sobreviven al cáncer tienen por delante más años que los adultos para presentar las consecuencias a largo plazo de la quimioterapia y la radioterapia, que consisten en

  • Infertilidad

  • Crecimiento deficiente

  • Lesión cardíaca

  • Aparición de un segundo cáncer (en el 3-12% de los sobrevivientes)

Las pautas de consenso sobre detección sistemática y manejo de las consecuencias a largo plazo del Children’s Oncology Group (Grupo de Oncología Infantil) pueden consultarse en http://www.survivorshipguidelines.org/.

Dadas las consecuencias graves y la complejidad del tratamiento, lo mejor es que los niños con cáncer sean tratados en centros con experiencia en cánceres pediátricos.

La repercusión de un diagnóstico de cáncer y la intensidad del tratamiento son abrumadoras para el niño y su familia. Es difícil que el niño conserve una sensación de normalidad, en especial por la necesidad de hospitalizaciones y consultas ambulatorias frecuentes, y procedimientos potencialmente dolorosos. El estrés intenso es típico, ya que los padres se esfuerzan por continuar trabajando, estar atentos a los hermanos y, aun así, atender a las numerosas necesidades de los niños con cáncer. La situación es aún más difícil cuando el niño recibe tratamiento en un centro especializado lejos de su hogar.