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Espasmos del sollozo

Por Stephen Brian Sulkes, MD, Professor of Pediatrics, Division of Neurodevelopmental and Behavioral Pediatrics, Golisano Children’s Hospital at Strong, University of Rochester School of Medicine and Dentistry

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Un espasmo del sollozo es un episodio en el que el niño deja de respirar de manera involuntaria y pierde la conciencia durante un breve período inmediatamente después de un episodio atemorizador o inquietante desde el punto de vista emocional o de una experiencia dolorosa.

Los espasmos del sollozo afectan al 5% de niños por lo demás sanos. Por lo general, comienzan durante el primer año de vida y alcanzan un máximo a los 2 años. Desaparecen hacia los 4 años de edad en el 50% de los casos, y hacia los 8 años en alrededor del 83%. El resto puede continuar con episodios hasta la adultez. Los espasmos de sollozo no parecen ser factores de riesgo para la verdadera epilepsia, pero pueden estar asociados con un mayor riesgo de desmayos en la edad adulta. Hay 2 formas de espasmos del sollozos:

  • Forma cianótica: esta forma es la más frecuente, y a menudo sobreviene como parte de un berrinche o en respuesta a una reprimenda o a otro episodio perturbador.

  • Forma pálida: esta forma suele suceder a una experiencia dolorosa, como caerse y golpearse la cabeza, pero también puede aparecer después de episodios amenazadores o alarmantes.

Ambas formas son involuntarias y se distinguen fácilmente de los períodos breves infrecuentes de interrupción voluntaria de la respiración de los niños testarudos, que siempre reanudan la respiración normal cuando consiguen lo que quieren o cuando se sienten molestos pero se dan cuenta de que no van a conseguirlo.

Durante un espasmo del sollozo cianótico, los niños dejan de respirar (sin que necesariamente estén conscientes de ello) hasta que pierden la conciencia. Por lo general, el niño llora, espira y deja de respirar. Poco después, comienza a ponerse azul y pierde la conciencia. Tras algunos segundos, se reanuda la respiración y se recupera la conciencia y el color de la piel. A veces es posible interrumpir un espasmo colocando un paño frío en la cara del niño cuando se inicia el episodio. Pese al carácter alarmante del espasmo, los padres deben intentar no reforzar la conducta precipitante. A medida que el niño se recupera, los padres deben continuar reforzando las reglas domésticas. Distraer al niño y evitar situaciones que provocan berrinches son buenas estrategias. Se ha observado que el espasmo cianótico responde a la ferroterapia, aun en ausencia de anemia, y al tratamiento de la apnea del sueño obstructiva (cuando está presente).

Durante un espasmo del sollozo pálido, la estimulación vagal enlentece intensamente la frecuencia cardíaca. El niño deja de respirar, pierde la conciencia rápidamente, y presenta palidez y flacidez. Si el espasmo persiste más de algunos segundos, aumenta el tono muscular y puede haber una convulsión e incontinencia. Tras el espasmo, el corazón vuelve a acelerarse, se reanuda la respiración y se recupera la conciencia, sin ningún tratamiento. Como esta forma es rara, puede requerirse evaluación diagnóstica adicional y tratamiento si los episodios son frecuentes. El ECG y EEG simultáneos pueden ayudar a diferenciar causas cardíacas y neurológicas.