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Evitación de la escuela

Por Stephen Brian Sulkes, MD, Professor of Pediatrics, Division of Neurodevelopmental and Behavioral Pediatrics, Golisano Children’s Hospital at Strong, University of Rochester School of Medicine and Dentistry

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Alrededor del 5% de los niños de edad escolar evita asistir a la escuela, y esto se observa por igual en niñas y varones. Por lo general, se produce entre los 5 y 11 años.

A menudo, no se conoce bien la causa, pero pueden contribuir factores psicológicos (p. ej., ansiedad, depresión) y factores sociales (p. ej., no tener amigos, sentirse rechazado por los pares, ser acosado). Si las conductas de evitación de la escuela aumentan al punto en que un niño pierde muchas clases, las conductas pueden indicar problemas más graves (ver Generalidades de los trastornos de ansiedad en niños y adolescentes). Un niño sensible puede reaccionar con temor excesivo a la severidad o las reprimendas de un maestro. Los cambios en el salón de clases de personal o currículo pueden precipitar la resistencia a la escuela en los niños con necesidades educativas especiales. Los niños más pequeños tienden a manifestar quejas somáticas (p. ej., epigastralgia, náuseas) o a poner excusas para no asistir a la escuela. Algunos niños directamente se niegan a concurrir a la escuela. Alternativamente, pueden ir a la escuela sin dificultad, pero se vuelven ansiosos o presentan síntomas físicos durante el día escolar, a menudo, concurren con regularidad a la enfermería. Este comportamiento se diferencia del de los adolescentes, que pueden decidir no aistir a la escuela ("hacer novillos").

La evitación de la escuela tiende a ser el resultado de

  • Mal rendimiento académico

  • Dificultades familiares

  • Dificultades con compañeros

La mayoría de los niños se recuperan de este cuadro, aunque algunos vuelven a presentarlo tras una enfermedad real o una vacación.

Por lo general, las tutorías domiciliarias no son una solución. Los niños que evitan la escuela deben regresar de inmediato a ella, de manera que no se atrasen en el trabajo escolar. Si el cuadro es tan intenso que interfiere con la actividad del niño y no hay respuesta pese a que los padres o los maestros simplemente lo tranquilicen, puede estar justificada una derivación a un profesional de salud mental.

El tratamiento debe incluir la comunicación entre padres y personal de la escuela, asistencia regular a la escuela y, en ocasiones, terapia de la familia y el niño con un psicólogo. La terapia comprende el tratamiento de trastornos de base, así como técnicas conductistas para afrontar los factores de estrés en la escuela.