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Pénfigo vulgar

Por Daniel M. Peraza, MD, Adjunct Assistant Professor of Surgery, The Geisel School of Medicine at Dartmouth

Información:
para pacientes

El pénfigo vulgar es un enfermedad autoinmunitaria poco común, potencialmente mortal, caracterizada por la presencia de ampollas intraepidérmicas y erosiones extensas sobre la piel y membranas aparentemente sanas. El diagnóstico se realiza por biopsia cutánea y títulos de anticuerpos séricos. El tratamiento incluye corticoides, a veces combinados con terapias inmunodepresoras.

El pénfigo vulgar suele aparecer en pacientes de mediana edad, y afecta igualmente a hombres y mujeres. En raras ocasiones, se han reportado casos en niños. Una variante, el pénfigo paraneoplásico, puede aparecer en pacientes con tumores malignos o benignos, más comunmente linfoma no Hodgkin.

El pénfigo vulgar se caracteriza por la presencia de autoanticuerpos IgG dirigidos contra cadherinas Ca dependientes: la desmogleína 1 y la desmogleína 3. Estas glucoproteínas transmembrana afectan la adhesión intercelular y la señalización entre células epidérmicas. La acantólisis (pérdida de la adhesión intercelular) es el resultado de la inhibición directa de la función de las desmogleínas por la unión a autoanticuerpos o de la señalización celular inducida por autoanticuerpos que causa un descenso regulado de la adhesión intercelular y la formación de ampollas Estos autoanticuerpos se identifican tanto en suero como en la piel durante la enfermedad activa. Puede estar afectada cualquier área de epitelio escamosos estratificado, incluidas las superficies mucosas.

Signos y síntomas

Las ampollas flácidas, que son las lesiones primarias del pénfigo vulgar, causan erosiones orales y cutáneas generalizadas y dolorosas. Alrededor de la mitad de los pacientes tienen sólo erosiones orales, que se rompen y quedan como lesiones crónicas, dolorosas durante períodos variables. A menudo, las lesiones orales preceden a la afectación cutánea. Son frecuentes la disfagia y las dificultades para alimentarse. Puede haber lesiones también en el tercio superior del esófago. Las ampollas cutáneas suelen originarse en zonas de piel aparentemente normales, se rompen y dejan una zona cruenta con costras. No suele haber prurito. Las erosiones a menudo se infectan. Si se ven afectadas áreas corporales extensas, la pérdida de líquidos y electrolitos puede ser significativa.

Diagnóstico

  • Biopsia con pruebas de inmunofluorescencia

Debe sospecharse pénfigo vulgar en pacientes con ulceración crónica de la mucosa inexplicable, en particular en pacientes con lesiones ampollosas en la piel. Es preciso diferenciarlo de otras afecciones que causan úlceras orales crónicas y de otras dermatosis ampollosas (p ej., pénfigo foliáceo, penfigoide ampolloso, penfigoide de las membranas mucosas, erupciones medicamentosas, necrólisis epidérmica tóxica, eritema multiforme, dermatitis herpetiforme y dermatitis ampollosa de contacto). Dos hallazgos clínicos, que reflejan falta de cohesión epidérmica, que son específicos del pénfigo vulgar, son los siguientes:

  • Signo de Nikolsky: las capas superiores de la epidermis se desplazan lateralmente con una ligera presión o el roce de la piel adyacente a una ampolla.

  • Signo de Asboe-Hansen: la presión suave sobre las ampollas intactas esparce el líquido que contienen hacia afuera y por debajo de la piel adyacente.

El diagnóstico se confirma por biopsia de las lesiones cutáneas y de la piel normal que las rodea (perilesional). Las pruebas de inmunofluorescencia muestran autoanticuerpos IgG contra la superficie celular del queratinocito. Pueden identificarse autoanticuerpos séricos contra las glucoproteínas transmembrana desmogleína 1 y desmogleína 3 a través de inmunofluorescencia directa, inmunofluorescencia indirecta, y ensayo inmunoabsorbente ligado a enzimas (ELISA).

Pronóstico

Sin el tratamiento con corticoides sistémicos, el pénfigo vulgar a menudo es fatal dentro de los 5 años de declarada la afección. El uso de corticosteroides sistémicos y la terapia inmunosupresora han mejorado el pronóstico, pero las complicaciones de la terapia pueden llevar a la muerte.

Tratamiento

  • Corticoides por vía oral o IV

  • En ocasiones, inmunosupresores

  • En ocasiones, plasmaféresis o inmunoglobulina IV

Se recomienda la derivación a un dermatólogo con experiencia en el tratamiento de esta enfermedad. La hospitalización es necesaria al inicio en todos los pacientes, excepto en la mayoría de los casos leves. La limpieza y el vendaje de las lesiones cutáneas abiertas son similares a los que se realizan en los pacientes con quemaduras de espesor parcial (p. ej., aislamiento inverso, vendajes con hidrocoloides o sulfadiacina argéntica —ver Tratamiento inicial de las heridas).

El tratamiento está dirigido a disminuir la producción de autoanticuerpos patógenos. La clave del tratamiento reside en los corticoides sistémicos. Algunos pacientes con pocas lesiones pueden responder a la prednisona vía oral en dosis de 20 a 30 mg 1 vez al día, aunque en la mayoría de los casos se requiere 1 mg/kg 1 vez al día como dosis inicial. Algunos médicos comienzan con dosis incluso más altas, que pueden acelerar ligeramente la respuesta inicial pero no parecen mejorar el resultado final. Si luego de 5 a 7 días continúan apareciendo lesiones nuevas, puede intentarse con pulsos intravenosos de metilprednisolona, 1 g 1 vez al día.

Los inmunosupresores como metotrexato, ciclofosfamida, azatioprina, oro, mofetilo de micofenolato, ciclosporina o rituximab pueden reducir la necesidad de corticoides y, por ende, minimizar los efectos indeseables del uso prolongado de ellos. La plasmaféresis y la inmunoglobulina IV en alta dosis para reducir los títulos de anticuerpos también son eficaces.

Cuando ya no aparezcan lesiones nuevas durante 7 a 10 días, debe disminuirse la dosis de corticoides a 1 vez al mes hasta alrededor de 10 mg/día (disminuir lentamente una vez alcanzados los 20 mg/día). Una recaída requiere comenzar de nuevo con la dosis inicial. Si el paciente estuvo estable durante un año, es posible realizar un intento sin tratamiento, aunque con un control muy estrecho.

Conceptos clave

  • Alrededor de la mitad de los pacientes con pénfigo vulgar sólo tienen lesiones orales.

  • Los signos de Nikolsky y Asboe Hansen ayudan a la diferenciación clínica entre el pénfigo vulgar y otros trastornos ampollosos.

  • Confirmar el diagnóstico mediante pruebas de inmunofluorescencia de muestras de piel.

  • Tratar con corticoides sistémicos, acompañado o no de otros tratamientos inmunosupresores (medicamentos, inmunoglobulina IV, o plasmaferesis).

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