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Generalidades sobre los efectos de la luz solar

Por Robert J. MacNeal, MD, Dermatology Associates, Maine Medical Center

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La piel puede responder a la luz solar con cambios crónicos (p. ej., dermatoheliosis, queratosis actínica), o agudos (p. ej., fotosensibilidad o quemaduras solares).

Radiación ultravioleta (UV)

El sol emite una amplia gama de radiación electromagnética. La mayoría de los efectos dermatológicos de la luz solar son causados por la radiación UV, que se divide en 3 bandas (UVA, 320 a 400 nm; UVB, 280 y 320 nm, y UVC 100 a 280 nm). Debido a que la atmósfera filtra la radiación, solamente los rayos UVA y UVB llegan a la superficie de la tierra. El carácter y la cantidad de rayos que producen quemaduras solares (principalmente longitudes de onda < 320 nm) que llegan a la superficie de la tierra varían mucho con los siguientes factores:

  • Las condiciones atmosféricas y de superficie

  • Latitud

  • Temporada

  • Hora del día

  • Altitud

  • Capa de ozono

La exposición de la piel a los rayos solares también depende de múltiples factores del estilo de vida (p. ej., la ropa, la ocupación, las actividades recreativas).

Los rayos solares productores de quemaduras son filtrados por el vidrio y en gran medida por las nubes pesadas, el humo, y el smog; sin embargo, pueden pasar a través de las nubes livianas, la niebla, o 30 cm de agua clara, y pueden producir quemaduras graves. La nieve, la arena y el agua aumentan la exposición debido a la reflexión de los rayos. La exposición se incrementa a bajas latitudes (más cerca del ecuador), en el verano, y durante el mediodía (10 am a 3 pm) porque la luz solar pasa a través de la atmósfera más directamente (es decir, a un ángulo menor) en estos casos. La exposición también se incrementa a altas altitudes debido a que la atmósfera es más delgada. El ozono de la estratósfera, que filtra los rayos UV, en particular de menor longitud de onda, está disminuyendo debido a los clorofluorocarbonos fabricados por el hombre (p. ej., en refrigerantes y aerosoles). Una disminución de la capa de ozono aumenta la cantidad de rayos UVA y UVB que alcanzan la superficie de la tierra.

Las lámparas solares artificiales utilizadas para broncearse emplean luz artificial que presentan más UVA que UVB. Suele decirse que este uso de los UVA es una forma "segura" de broncearse; sin embargo, produce los mismos efectos negativos en el largo plazo que la exposición a los rayos UVB, como el fotoenvejecimiento y el cáncer de piel. Es muy sencillo: no existe el "bronceado seguro".

Fisiopatología

Los efectos adversos de la exposición UV incluyen quemadura aguda (ver Quemaduras solares) y varios cambios crónicos (ver Efectos crónicos de la luz solar). Los cambios crónicos incluyen engrosamiento de la piel, arrugas, y ciertas lesiones como la queratosis actínica y cáncer. La exposición también lleva a la inactivación y pérdida de células epidérmicas de Langerhans, que son una parte importante del sistema inmunitario de la piel.

Como respuesta a la exposición a la luz solar, se produce un engrosamiento de la epidermis y los melanocitos producen mayor cantidad de un pigmento llamado melanina, responsable de lo que en general llamamos "bronceado". El bronceado brinda cierta protección natural contra la radiación UV, pero no tiene otros beneficios para la salud.

La sensibilidad y la respuesta a la luz solar son muy diferentes en cada persona debido en especial a la cantidad de melanina que cada individuo tiene en la piel. La piel se clasifica en 6 tipos (I al VI) en orden decreciente en cuanto a la sensibilidad al daño solar. La clasificación se basa en variables interrelacionadas como el color de la piel, la sensibilidad a los rayos UV y la respuesta a la exposición solar. La piel de tipo I es blanca a ligeramente pigmentada, muy sensible a la luz UV, no tiene oscurecimiento pigmentario inmediato, siempre se quema con facilidad y nunca se broncea. La piel de tipo VI es de color marrón oscuro o negro, está más protegida de la luz UV, y es de un color oscuro (negro-marrón) incluso sin exposición al sol. Sin embargo, las personas de piel oscura no son inmunes a los efectos del sol y la piel de pigmentación oscura puede sufrir quemaduras o lesiones con la exposición fuerte o prolongada al sol. Los efectos a largo pazo de la exposición a los rayos UV en personas de piel oscura son los mismos que en las de piel clara, aunque suelen ser más tardíos y menos graves porque la melanina que contienen en la piel les brinda protección contra los rayos UV. Las personas con el cabello rubio o pelirrojas son especialmente susceptibles a los efectos agudos y crónicos de la radiación UV. En muchas personas de cabello claro se produce una activación desigual de los melanocitos, y el resultado es la aparición de pecas. Las personas con albinismo no tienen pigmentación en la piel (ver Albinismo) debido a un defecto en el metabolismo de la melanina. En los individuos con vitiligo, se observan áreas en parches de despigmentación (ver Vitiligo) debido a la destrucción inmunitaria de los melanocitos. Estos y cualquier otro grupo de personas que no pueden producir melanina a un ritmo rápido y completo son especialmente susceptibles a los daños del sol.

Prevención

Evitar el sol, vestir ropa protectora, y aplicar protector solar, para ayudar a minimizar la exposición UV.

Evitación

Algunas precauciones sencillas ayudan a prevenir el daño solar y los efectos crónicos de la luz solar. Estas precauciones deben observarlas todas las personas, cualquiera que sea el tipo de piel, sobre todo aquellas con piel clara y que se queman con facilidad. Se debe minimizar la exposición a la luz solar del mediodía y otros ámbitos con alta radiación UV (ver Generalidades sobre los efectos de la luz solar : Radiación ultravioleta (UV)) (30 minutos o menos), aun para las personas con piel oscura. En las regiones de clima templado, la intensidad de los rayos UV es menor antes de las 10 am y después de las 3 pm debido a que se filtran la mayoría de las longitudes de onda que producen daño. La niebla y las nubes no disminuyen el riesgo en forma significativa, y a altas altitudes y bajas latitudes (p. ej., en el ecuador), el riesgo aumenta.

Aunque la exposición al sol ayuda a generar vitamina D (ver Vitamina D), la mayoría de los expertos recomiendan mantener niveles adecuados de vitamina D consumiendo suplementos si es necesario más que por la exposición intencional al sol.

Vestimenta

La exposición de la piel a la radiación UV puede minimizarse mediante el uso de cubiertas protectoras tales como sombreros, camisas, pantalones, y gafas de sol. Las prendas con tejidos compactos bloquean mejor el sol que aquellas con tejidos más sueltos. Hay ropas especiales que vienen con protección solar disponibles en el mercado. Este tipo de ropa se marca con factor de protección ultravioleta (UPF) seguido de un número que indica el nivel de protección (similar al etiquetado del protector solar). Los sombreros de ala ancha ayudan a proteger la cara, las orejas y el cuello, pero estas áreas necesitan protección adicional con un protector solar tópico. El uso regular de gafas de sol con filtro UV y protección lateral ayuda a proteger los ojos y los párpados.

Protectores solares

Los protectores solares ayudan a proteger la piel de quemaduras solares y del daño crónico producido por el sol, pues absorben o reflejan los rayos UV. Los protectores solares antiguos filtraban sólo radiación UVB, pero la mayoría de los filtros más nuevos de "amplio espectro" filtran en la actualidad la radiación UVA y se clasifican como de "amplio espectro". En los Estados Unidos, la FDA clasifica los protectores solares según el factor de protección solar (FPS): cuanto más alto es el número, mayor es la protección que ofrece. El FPS sólo cuantifica la protección contra la exposición a los rayos UVB; no hay una escala para la protección contra rayos UVA. Se debe usar protector solar con una calificación de FPS de 50 o superior.

Los protectores solares están disponibles en una amplia gama de formulaciones, como cremas, geles, espumas, aerosoles y barras. Los productos de autobronceado no protegen frente a la exposición a los rayos UV.

La mayoría de los protectores solares contienen varias sustancias que actúan como pantallas químicas, absorbiendo al luz u ofreciendo una barrera física que la refleja o dispersa. Los productos químicos que funcionan como protectores solares absorben principalmente los rayos UVB e incluyen aminobenzoatos, dentro de los cuales se halla el ácido p-aminobenzoico, salicilatos, cinamatos, benzofenonas (p. ej., avobenzona) y antrilatos (derivados de aminobenzoatos). De estos, las benzofenonas también son particularmente efectivas contra los rayos UVA.

Otros protectores, llamados pantallas solares, contienen óxido de cinc y dióxido de titanio, que reflejan tanto los rayos UVB como los UVA (y así bloquean su llegada a la piel). Si bien antes eran blancas y pastosas, las formulaciones micronizadas de estos productos han mejorado de manera significativa la aceptación desde el punto de vista cosmético.

La ineficiencia de los protectores solares es frecuente y suele ser resultado de la aplicación insuficiente del producto, la aplicación tardía (los protectores solares deben aplicarse 30 munutos antes de la exposición), la falta de reaplicación luego de nadar o de hacer ejercicio, o la falta de aplicación cada 2 a 3 horas durante la exposición al sol.

Pueden producirse reacciones alérgicas o fotoalérgicas a los protectores solares, y deben distinguirse de otras erupciones cutáneas de fotosensibilidad. Pueden ser necesarias pruebas con parches o fotoparches con componentes de los protectores solares para llegar al diagnóstico. Estas pruebas las realizan los dermatólogos con experiencia en dermatitis alérgicas de contacto.