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Reseña sobre la secreción de ácido

Por Michael C. DiMarino, MD, Clinical Assistant Professor of Medicine, Division of Gastroenterology and Hepatology, Department of Medicine, Thomas Jefferson University

Información:
para pacientes

Las células parietales de los dos tercios proximales (cuerpo) del estómago secretan ácido. El ácido gástrico ayuda a la digestión al crear el pH óptimo para la pepsina y la lipasa gástrica, y al estimular la secreción pancreática de bicarbonato. La secreción de ácido es desencadenada por los alimentos: el pensamiento, el olor o el sabor de los alimentos causan estimulación vagal de las células G secretoras de gastrina del tercio distal (antro) del estómago. La llegada de proteínas al estómago estimula aún más la secreción de gastrina. La gastrina circulante desencadena la liberación de histamina de las células de tipo enterocromafín. La histamina estimula las células parietales a través de sus receptores H2. Las células parietales secretan ácido, y el descenso resultante del pH determina que las células D del antro liberen somatostatina, que inhibe la liberación de gastrina (control por retroalimentación negativa).

La secreción ácida está presente desde el nacimiento y alcanza niveles adultos (según el peso) a los 2 años de edad. En pacientes ancianos que presentan gastritis crónica, se observa una declinación de la secreción ácida que, de lo contrario, se mantiene durante toda la vida.

Normalmente, varios mecanismos protegen la mucosa digestiva: (1) la producción mucosa de moco y HCO3 crea un gradiente de pH de la luz gástrica (pH bajo) a la mucosa (pH neutro). El moco sirve como barrera contra la difusión de ácido y pepsina. (2) Las células epiteliales eliminan el exceso de iones hidrógeno (H+) a través de sistemas de transporte de membrana y tienen uniones estrechas que impiden la retrodifusión de iones H+. (3) El flujo sanguíneo de la mucosa elimina el exceso de ácido que ha difundido a través de la capa epitelial. Se han vinculado varios factores de crecimiento (p. ej., factor de crecimiento epidérmico, factor de crecimiento I similar a la insulina) y prostaglandina con la reparación y el mantenimiento de la integridad de la mucosa.

Los factores que interfieren con estas defensas de la mucosa (en especial, AINE e infección por Helicobacter pylori) predisponen a gastritis y enfermedad ulcerosa péptica.

Los AINE, tanto en forma tópica como sistémica, promueven una inflamación de la mucosa y formación de úlceras (en ocasiones, con hemorragia digestiva). Al inhibir la producción de prostaglandinas por bloqueo de la enzima ciclooxigenasa (COX), los AINE reducen el flujo sanguíneo gástrico, la secreción de moco y HCO3, y la reparación y división celular. Asimismo, como los AINE son ácidos débiles y no están ionizados al pH gástrico, difunden libremente a través de la barrera mucosa hacia las células epiteliales gástricas, donde se liberan iones H+, que provocan daño celular. Dado que la producción gástrica de prostaglandinas implica la isoforma COX‑1, los AINE que son inhibidores selectivos de COX‑2 tienen menos efectos adversos gástricos que otros AINE.