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Reseña sobre gastroenteritis

Por Thomas G. Boyce, MD, MPH, Associate Professor of Pediatrics and Consultant in Pediatric Infectious Diseases and Immunology, Mayo Clinic College of Medicine

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La gastroenteritis es la inflamación del revestimiento del estómago y el intestino delgado y grueso. La mayoría de los casos son de etiología infecciosa, aunque puede producirse gastroenteritis después de la ingestión de fármacos y tóxicos químicos (p. ej., metales pesados, sustancias vegetales). Se puede adquirir a través de los alimentos, del agua o por transmisión de persona a persona. En los EE.UU., se estima que 1 de cada 6 personas contrae enfermedades transmitidas por alimentos cada año. Los síntomas son anorexia, náuseas, vómitos, diarrea y molestias abdominales. El diagnóstico es clínico o por coprocultivo, aunque cada vez se utiliza más la PCR e inmunoanálisis. El tratamiento es sintomático, aunque algunas infecciones parasitarias y bacterianas requieren tratamiento antiinfeccioso específico.

Por lo general, la gastroenteritis es molesta pero autolimitada. La pérdida de electrolitos y líquidos suele ser poco más que un inconveniente para un adulto por lo demás sano, pero grave en personas muy jóvenes (ver Deshidratación en niños), adultos mayores o individuos debilitados o que presentan enfermedades concomitantes graves. Se estima que, en todo el mundo, mueren alrededor de 1,5 millones de niños cada año por gastroenteritis infecciosa; esta cifra, sin bien es alta, representa de la mitad a un cuarto de la mortalidad previa. Es probable que las mejoras en el saneamiento del agua en muchas partes del mundo y el uso adecuado del tratamiento de rehidratación oral para lactantes con diarrea sean responsables de esta disminución.

Etiología

La gastroenteritis infecciosa puede ser causada por virus, bacterias o parásitos. Muchos microorganismos específicos se discuten con más detalle en la sección Enfermedades infecciosas.

Virus

Los virus implicados con mayor frecuencia son los siguientes:

  • Rotavirus

  • Norovirus

En los EE. UU., los virus son la causa más común de gastroenteritis. Infectan los enterocitos del epitelio de las vellosidades del intestino delgado. El resultado es la transudación de líquido y sales hacia la luz intestinal; en ocasiones, la malabsorción de los hidratos de carbono agrava los síntomas al provocar diarrea osmótica. Ésta es acuosa. La diarrea inflamatoria (disentería), con leucocitos y eritrocitos o sangre macroscópica en materia fecal, es infrecuente. Cuatro categorías de virus causan la mayoría de las gastroenteritis: los rotavirus y los calicivirus (predominantemente, norovirus [exvirus de Norwalk]) causan la mayoría de las gastroenteritis virales, seguidos de los astrovirus y los adenovirus entéricos.

Los rotavirus son la causa más común de diarrea esporádica grave que provoca deshidratación en niños pequeños (incidencia pico, 3-15 meses). Son muy contagiosos; la mayoría de las infecciones se producen por vía fecal-oral. Los adultos pueden infectarse después de contacto estrecho con un lactante infectado. En los adultos, la enfermedad suele ser leve. La incubación es de 1 a 3 días. En climas templados, la mayoría de las infecciones se producen en invierno. En los EE. UU., todos los años hay un brote de enfermedad por rotavirus que comienza en la región Sudoeste en noviembre y finaliza en el Noreste en marzo.

Los norovirus infectan con mayor frecuencia a niños mayores y adultos. Se observan infecciones durante todo el año, pero el 80% se produce de noviembre a abril. Los norovirus son la causa principal de gastroenteritis viral esporádica en adultos y de gastroenteritis viral epidémica en todos los grupos etarios; se producen grandes brotes transmitidos por el agua y los alimentos. También hay transmisión de persona a persona, porque el virus es sumamente contagioso. Este virus causa la mayoría de los casos de epidemias de gastroenteritis en cruceros y hogares de ancianos. La incubación es de 24 a 48 horas.

Los astrovirus pueden infectar a individuos de todas las edades, pero en general infectan a lactantes y niños pequeños. Las infecciones son más comunes en invierno. La transmisión es por vía fecal-oral. La incubación es de 3 a 4 días.

Los adenovirus son la cuarta causa en orden de frecuencia de gastroenteritis viral en la infancia. Las infecciones se producen durante todo el año, con un ligero aumento en verano. Afectan fundamentalmente a niños < 2 años. La transmisión es por vía fecal-oral. La incubación es de 3 a 10 días.

En pacientes inmunocomprometidos, otros virus (p. ej., citomegalovirus, enterovirus) pueden causar gastroenteritis.

Bacterias

Las bacterias implicadas con mayor frecuencia son las siguientes:

  • Salmonella

  • Campylobacter

  • Shigella

  • Escherichia coli (en especial, serotipo O157:H7)

  • Clostridium difficile

La gastroenteritis bacteriana es menos frecuente que la viral. Las bacterias causan gastroenteritis por varios mecanismos. Ciertas especies (p. ej., Vibrio cholerae, cepas enterotoxigénicas de E. coli) se adhieren a la mucosa intestinal sin invadirla y producen enterotoxinas. Estas toxinas alteran la absorción intestinal y causan secreción de electrolitos y agua al estimular la adenilciclasa, lo que provoca diarrea acuosa. C. difficileClostridium difficile produce una toxina similar (ver Diarrea inducida por Clostridium difficile).

Algunas bacterias (p. ej., Staphylococcus aureus,Bacillus cereus,Clostridium perfringens, ver Intoxicación alimentaria por Clostridium perfringens) producen una exotoxina que es ingerida con alimentos contaminados. La exotoxina puede causar gastroenteritis sin infección bacteriana. Por lo general, estas toxinas causan náuseas, vómitos y diarrea agudos dentro de las 12 horas de la ingestión de alimentos contaminados. Los síntomas desaparecen en el término de 36 horas.

Otras bacterias (p. ej., Shigella,Salmonella,Campylobacter, algunos subtipos de E. coli, ver Bacilos gramnegativos) invaden la mucosa del intestino delgado o del colon y causan ulceración microscópica, sangrado, exudación de líquido rico en proteínas, y secreción de electrolitos y agua. El proceso invasivo y sus consecuencias pueden aparecer ya sea que el microorganismo produzca o no una enterotoxina. La diarrea resultante contiene leucocitos y eritrocitos, y en ocasiones, sangre macroscópica.

La Salmonella y el Campylobacter son las causas bacterianas más comunes de enfermedad diarreica en los EE. UU. Ambas infecciones se adquieren la mayoría de las veces por aves de corral poco cocinadas; la leche no pasteurizada también es una posible fuente. A veces el Campylobacter se transmite por perros o gatos con diarrea. Salmonella puede transmitirse por consumir huevos poco cocidos y por contacto con reptiles, aves o anfibios. En los EE. UU., las especies de Shigella son la tercera causa bacteriana de diarrea en orden de frecuencia y suelen transmitirse de persona a persona, aunque hay epidemias de transmisión alimentaria. La Shigella dysenteriae tipo 1 (no presente en los EE. UU.) produce la toxina Shiga, que puede causar un síndrome urémico-hemolítico (ver Púrpura trombocitopénica trombótica (PTT) y síndrome urémico-hemolítico (SUH)).

Varios subtipos diferentes de E. coli causan diarrea. La epidemiología y las manifestaciones clínicas varían mucho según el subtipo: (1) la E. coli enterohemorrágica es el subtipo más significativo desde el punto de vista clínico en los EE. UU. Produce toxina Shiga, que causa diarrea sanguinolenta (colitis hemorrágica). En los EE. UU., E. coli O157:H7 es la cepa más común de este subtipo (ver Infección por Escherichia coli O157: H7 y otras E. coli enterohemorrágicas (EHEC)). La carne vacuna picada poco cocinada, la leche y el jugo no pasteurizados y el agua contaminada son posibles fuentes. La transmisión interpersonal es frecuente en el contexto de guarderías infantiles. Asimismo, se han comunicado brotes asociados con exposición a agua en contextos recreativos (p. ej., piscinas lagos, parques acuáticos). El síndrome urémico-hemolítico es una complicación grave que aparece en el 2-7% de los casos, con mayor frecuencia en niños y adultos mayores. (2) La E. coli enterotoxigénica produce dos toxinas (una similar a del cólera) que causan diarrea acuosa. Este subtipo es la causa más frecuente de diarrea del viajero en personas que visitan países en desarrollo. (3) La E. coli enteropatógena causa diarrea acuosa. Alguna vez fue una causa frecuente de brotes de diarrea en salas de recién nacidos, pero ahora este subtipo es raro. (4) La E. coli enteroinvasiva causa diarrea sanguinolenta o no sanguinolenta, fundamentalmente en países en desarrollo. Es rara en los EE. UU.

En el pasado, la infección por C. difficile afectaba casi con exclusividad a pacientes hospitalizados tratados con antibióticos. Con la aparición de la cepa hipervirulenta NAP1 en los EE.UU. a finales de 2000, ahora hay muchos casos extrahospitalarios.

Varias bacterias más causan gastroenteritis, pero la mayoría de ellas son infrecuentes en los EE. UU. Yersinia enterocolitica (ver Peste y otras infecciones por Yersinia) puede provocar gastroenteritis o un síndrome que remeda apendicitis. Se transmite por carne de cerdo poco cocinada, leche no pasteurizada o agua contaminada. Varias especies de Vibrio (p. ej., V. parahaemolyticus, ver infecciones por Vibrio no colérico) causan diarrea después de la ingestión de mariscos poco cocinados. A veces, V. cholerae (ver Cólera) causa una grave diarrea con deshidratación en los países en desarrollo y representa una particular preocupación después de desastres naturales o en campos de refugiados. Listeria provoca gastroenteritis transmitida por alimentos (ver Listeriosis). Las Aeromonas se contagian al nadar en agua dulce o salobre contaminada o al beberla. Las Plesiomonas shigelloides pueden causar diarrea en pacientes que han comido mariscos crudos o han viajado a regiones tropicales del mundo en vías de desarrollo.

Parásitos

Los parásitos implicados con mayor frecuencia son los siguientes:

  • Giardia

  • Cryptosporidium

Ciertos parásitos intestinales, en especial la Giardia intestinalis (lamblia—ver Giardiasis), se contagian a la mucosa intestinal o la invaden y causan náuseas, vómitos, diarrea y malestar general. La giardiasis se observa en todas las regiones de los EE. UU. y en todo el mundo. La infección puede tornarse crónica y causar un síndrome de malabsorción. Por lo general, se adquiere por transmisión interpersonal (a menudo, en guarderías infantiles) o por agua contaminada.

Cryptosporidium parvum (ver Criptosporidiosis) provoca diarrea acuosa, acompañada a veces de cólicos abdominales, náuseas y vómitos. En individuos sanos, la enfermedad es autolimitada y dura alrededor de 2 semanas. En pacientes inmunosuprimidos, la enfermedad puede ser grave, con pérdida sustancial de electrolitos y agua. Por lo general, el Cryptosporidium se contagia a través de agua contaminada. No es destruido con facilidad por el cloro y, en los EE. UU., es la causa más común de enfermedad transmitida por el agua en contexto recreativo y es responsable de alrededor de tres cuartos de los brotes.

Otros parásitos que pueden provocar síntomas similares a los de criptosporidiasis son Cyclospora cayetanensis y, en pacientes inmunosuprimidos, Cystoisospora (Isospora) belli, y una serie de microorganismos denominados microsporidios (p. ej., Enterocytozoon bieneusi,Encephalitozoon intestinalis). Entamoeba histolytica (amebiasis, ver Amebiasis) es una causa frecuente de diarrea sanguinolenta subaguda en los países en desarrollo, pero es rara en los EE. UU.

Signos y síntomas

El carácter y la intensidad de los síntomas varían. Por lo general, el comienzo es súbito, con anorexia, náuseas, vómitos, cólicos abdominales y diarrea (con sangre y moco, o no). Puede haber malestar general, mialgias y postración. El abdomen puede estar distendido y levemente doloroso a la palpación; en casos graves, puede haber defensa muscular. Pueden palparse asas intestinales distendidas por gas. Hay ruidos hidroaéreos hiperactivos (borborigmos) en la auscultación aun sin diarrea (una característica diferencial importante respecto del íleo paralítico, en el que hay ausencia o disminución de ruidos hidroaéreos). Los vómitos y la diarrea persistentes pueden provocar depleción de líquido intravascular, con hipotensión y taquicardia. En casos graves aparece el shock, con colapso vascular e insuficiencia renal oligúrica.

Si los vómitos son la principal causa de pérdida de líquido, puede observarse alcalosis hipoclorémica. Si es más prominente la diarrea, hay mayor probabilidad de acidosis. Tanto los vómitos como la diarrea pueden causar hipocaliemia. Puede producirse hiponatremia, en particular si se administran líquidos hipotónicos durante el tratamiento de reposición.

En las infecciones virales, la diarrea acuosa es el síntoma más común; las heces rara vez contienen moco o sangre. En lactantes y niños pequeños, la diarrea por rotavirus puede durar de 5 a 7 días. Se observan vómitos en el 90% de los pacientes, y fiebre > 39° C (> 102,2° F) en alrededor del 30%. Por lo general, los norovirus provocan vómitos, cólicos abdominales y diarrea de comienzo agudo, con síntomas que duran de 1 a 2 días. En los niños, los vómitos son más prominentes que la diarrea, mientras que en los adultos suele predominar esta última. Asimismo, los pacientes pueden presentar fiebre, cefalea y mialgias. La característica distintiva de la gastroenteritis por adenovirus es la diarrea que persiste de 1 a 2 semanas. Los lactantes y niños afectados pueden tener vómitos leves que, en general, aparecen de 1 a 2 días antes del comienzo de la diarrea. El 50% de los pacientes tienen hipertermia leve. Los astrovirus causan un síndrome similar a la infección leve por rotavirus.

Las bacterias que causan enfermedad invasiva (p. ej., Shigella,Salmonella) tienen mayor probabilidad de provocar fiebre, postración y diarrea sanguinolenta. La infección por E. coli O157: H7 suele comenzar con diarrea acuosa durante 1 a 2 días, seguida de diarrea sanguinolenta. No hay fiebre o esta es de grado bajo. El espectro de la enfermedad por C. difficile varía de cólicos abdominales y diarrea con moco leves a colitis hemorrágica grave y shock. Las bacterias que producen una enterotoxina (p. ej., S. aureus, ,B. cereus,C. perfringens) suelen provocar diarrea acuosa.

En general, las infecciones parasitarias causan diarrea subaguda o crónica. La mayoría provoca diarrea no sanguinolenta; una excepción es la E. histolytica, que causa disentería amebiana. El cansancio y la pérdida de peso son comunes cuando la diarrea es persistente.

Diagnóstico

  • Evaluación clínica

  • Pruebas en materia fecal, en determinados casos

Deben descartarse otros trastornos digestivos que causan síntomas similares (p. ej., apendicitis, colecistitis, colitis ulcerosa). Los hallazgos sugestivos de gastroenteritis son diarrea acuosa profusa, ingestión de alimentos potencialmente contaminados (en particular, durante un brote conocido), agua superficial no tratada o un irritante digestivo conocido, viaje reciente o contacto con ciertos animales o con personas que presentan trastornos similares. La diarrea inducida por E. coli O157:H7 es notoria porque parece un proceso hemorrágico más que infeccioso, y se manifiesta por hemorragia digestiva con deposiciones escasas o ausentes. Puede ser seguida de un síndrome urémico-hemolítico caracterizado por insuficiencia renal y anemia hemolítica (ver Púrpura trombocitopénica trombótica (PTT) y síndrome urémico-hemolítico (SUH)). El uso reciente de antibióticos orales (dentro de los 3 meses previos) debe plantear la sospecha de infección por C. difficile(ver Diarrea inducida por Clostridium difficile). Sin embargo, alrededor de un cuarto de los pacientes con infección por C. difficile extrahospitalaria no tienen antecedentes de uso reciente de antibióticos.

Pruebas en materia fecal

Si un examen rectal muestra sangre oculta o si la diarrea acuosa persiste > 48 h, están indicados examen de materia fecal (investigación de leucocitos, huevos y parásitos) y cultivo. Sin embargo, para el diagnóstico de giardiasis o criptosporidiasis, la detección de antígenos en materia fecal mediante un enzimoinmunoanálisis tiene una sensibilidad más alta. Las infecciones por rotavirus y adenovirus entéricos se pueden diagnosticar mediante análisis rápidos comerciales que detectan antígeno viral en materia fecal, pero en general, estos análisis solo se realizan para documentar un brote. Norovirus puede ser detectado por PCR en laboratorios de referencia; esta prueba a veces se indica para determinar la causa de la diarrea persistente en un paciente inmunosuprimido.

Debe buscarse la E. coli O157:H7 en todos los pacientes con diarrea sanguinolenta macroscópica, así como en aquellos con diarrea no sanguinolenta durante un brote diagnosticado. Deben solicitarse cultivos específicos, porque este microorganismo no se detecta en los medios de coprocultivo convencionales. Alternativamente, puede realizarse un análisis enzimático rápido para detectar toxina Shiga en materia fecal; una prueba positiva indica infección por E. coli O157:H7 o por alguno de los otros serotipos de E. coli enterohemorrágica. (Nota: Las especies de Shigella de los EE. UU. no producen toxina Shiga). Sin embargo, un análisis enzimático rápido no es tan sensible como el cultivo. En algunos centros, se practica PCR para detectar la toxina Shiga.

Por lo general, en adultos con diarrea sanguinolenta evidente es necesaria una sigmoidoscopia con cultivos y biopsia. El aspecto de la mucosa colónica puede ayudar a diagnosticar una disentería amebiana, una shigellosis o una infección por E. coli O157:H7, aunque la colitis ulcerosa puede causar lesiones similares.

Los pacientes con antecedentes de uso reciente de antibióticos u otros factores de riesgo de infección por C. difficile (p. ej., enfermedad inflamatoria intestinal, uso de inhibidores de la bomba de protones) deben ser sometidos a un análisis de materia fecal para investigar toxina de C. difficile, pero la prueba también debe hacerse en pacientes con enfermedad significativa incluso en ausencia de estos factores de riesgo, ya que actualmente alrededor del 25% de los casos de infección por C. difficile afectan a personas sin factores de riesgo identificados. Tradicionalmente, se utilizaban enzimoinmunoanálisis de toxinas A y B para diagnosticar infección por C. difficile. Sin embargo, las pruebas de amplificación de ácidos nucleicos dirigidas a uno de los genes de la toxina de C. difficile o su regulador han demostrado tener mayor sensibilidad y, en la actualidad, son las pruebas diagnósticas de elección.

Pruebas generales

Es preciso determinar electrolitos séricos, nitrógeno ureico en sangre y creatinina para evaluar la hidratación y el estado ácido-básico de pacientes que impresionan graves. El hemograma completo es inespecífico, aunque la eosinofilia puede indicar una infección parasitaria. Se deben realizar pruebas de funcionalidad renal y hemograma completo alrededor de una semana después del inicio de los síntomas en pacientes con E. coli O157: H7 para detectar síndrome urémico hemolítico de inicio temprano.

Tratamiento

  • Rehidratación oral o IV

  • Considerar agentes antidiarreicos si no se sospecha infección por C. difficile o E. coli O157:H7

  • Antibióticos sólo en determinados casos

El tratamiento de sostén es todo lo que necesitan la mayoría de los pacientes. Es conveniente el reposo en cama con acceso cómodo a un baño o a una chata. Las soluciones orales de glucosa-electrolitos o caldo pueden impedir la deshidratación o tratar la que es leve. Aunque vomite, el paciente debe tomar pequeños sorbos frecuentes de estos líquidos; los vómitos pueden desaparecer con la reposición de volumen. En pacientes con infección por E. coli O157:H7, la rehidratación con líquidos IV isotónicos puede atenuar la gravedad de cualquier lesión renal en caso de que se produzca un síndrome urémico-hemolítico. Los niños pueden deshidratarse con mayor rapidez y deben recibir una solución de rehidratación apropiada (hay varias en el mercado, ver Rehidratación oral). Las bebidas carbonatadas y las deportivas carecen de la relación correcta de glucosa y sodio, y no son apropiadas para niños < 5 años. Si el niño es amamantado, debe continuar la lactancia. Si los vómitos son prolongados o si hay deshidratación grave notoria, se requiere reposición de volumen y electrolitos por vía IV (ver Reanimación con líquidos intravenosos).

Cuando el paciente puede tolerar líquidos sin vomitar y ha comenzado a recuperar el apetito, pueden reintroducirse los alimentos gradualmente. No hay ningún beneficio demostrado de la limitación a una dieta blanda (p. ej, cereal, gelatina, bananas, tostadas). Algunos pacientes presentan intolerancia transitoria a la lactosa.

Los agentes antidiarreicos son seguros en pacientes > 2 años con diarrea acuosa (demostrada por materia fecal hemo-negativa). En cambio, pueden causar deterioro en pacientes con infección por C. difficile o E. coli O157:H7 y, por lo tanto, no deben administrarse a ninguno con uso reciente de antibióticos o sangre oculta en materia fecal hasta arribar al diagnóstico específico. Los antidiarreicos eficaces son loperamida, 4 mg por vía oral inicialmente, seguidos de 2 mg por vía oral en cada episodio ulterior de diarrea (máximo de 6 dosis/día o 16 mg/día), o difenoxilato, 2,5-5 mg 3 o 4 veces al día en comprimidos o forma líquida. En los niños, se usa loperamida. La dosis para niños de 13 a 20 kg es de 1 mg VO tres veces al día; para los niños de 20 a 30 kg, 2 mg VO dos veces al día y para los niños > 30 kg, hasta los 12 años, 2 mg VO tres veces al día. Los adultos y los niños ≥ 12 años pueden recibir 4 mg por vía oral después de la primera deposición desligada y, luego, 2 mg después de cada deposición desligada ulterior, sin superar 16 mg en un periodo de 24 h.

Si los vómitos son intensos y se ha descartado un cuadro quirúrgico, puede ser beneficioso un antiemético. En los adultos, los fármacos útiles son proclorperazina, 5-10 mg IV 3 o 4 veces al día o 25 mg por vía rectal 2 veces al día, y prometazina, 12,5-15 mg IM 3 o 4 veces al día o 25-50 mg por vía rectal 4 veces al día. Por lo general, se evitan estos fármacos en los niños debido a la ausencia de eficacia demostrada y a la alta incidencia de reacciones distónicas. El ondansetrón es seguro y eficaz para disminuir las náuseas y los vómitos en niños y adultos, incluidos los que tienen gastroenteritis, y se presenta como un comprimido estándar, píldora de disolución oral o formulación IV. La dosis para niños ≥ 2 años es de 0,15 mg/kg VO o IV tres veces al día, con una dosis única máxima de 8 mg. La dosis para adultos es de 4 u 8 mg VO o IV tres veces al día.

Aunque los probióticos parecen acortar brevemente la duración de la diarrea, no hay pruebas suficientes de que incidan en variables clínicas importantes (p. ej., disminuir la necesidad de hidratación IV u hospitalización) para apoyar su uso sistemático en el tratamiento o la prevención de la diarrea infecciosa.

Antimicrobianos

Por lo general, no se recomiendan antibióticos empíricos, excepto en ciertos casos de diarrea del viajero o cuando la sospecha de infección por Shigella o Campylobacter es alta (p. ej., contacto con un caso diagnosticado). De lo contrario, no deben administrarse antibióticos hasta conocer los resultados del coprocultivo, sobre todo en niños, que tienen una tasa más alta de infección por E. coli O157:H7 (los antibióticos aumentan el riesgo de síndrome urémico-hemolítico en pacientes infectados por E. coli O157:H7).

En la gastroenteritis bacteriana comprobada, no siempre se requieren antibióticos. No son útiles en los casos por Salmonella y prolongan la duración de la excreción fecal. Las excepciones son los pacientes inmunosuprimidos, los recién nacidos y los pacientes con bacteriemia por Salmonella . Los antibióticos también son eficaces en la gastroenteritis tóxica (p. ej., S. aureus,B. cereus,C. perfringens). El uso indiscriminado de antibióticos alienta la aparición de microorganismos farmacorresistentes. Sin embargo, ciertas infecciones sí requieren tratamiento antibiótico (véase Algunos antibióticos orales contra la gastroenteritis infecciosa*).

El tratamiento inicial de la colitis por C. difficile colitis consiste en suspender el antibiótico causal, si es posible. Los casos leves se tratan con metronidazol oral. Los casos más graves se deben tratar con vancomicina oral. Lamentablemente, las recurrencias son frecuentes con uno u otro esquema, y afectan a alrededor del 20% de los pacientes. Puede haber una tasa de recaída ligeramente más baja con un nuevo medicamento, la fidaxomicina, pero es costoso. Muchos centros están utilizando el trasplante microbiano fecal en pacientes con múltiples recurrencias de colitis por C. difficile. Este tratamiento ha demostrado ser seguro y eficaz (ver Diarrea inducida por Clostridium difficile).

En la criptosporidiasis, la nitazoxanida puede ser útil en pacientes inmunocompetentes. La dosis es de 100 mg por vía oral 2 veces al día, en niños de 1 a 3 años; 200 mg por vía oral 2 veces al día, en niños de 4 a 11 años; y 500 mg por vía oral 2 veces al día, en niños 12 años y adultos.

Algunos antibióticos orales contra la gastroenteritis infecciosa*

Microorganismo

Antibiótico

Dosificación en adultos

Dosificación pediátrica

Vibrio cholerae

Ciprofloxacina

1 g una vez

NA

Doxiciclina

300 mg dosis única

dosis única de 6 mg/kg

TMP/SMX

1 comprimido DC (forte) 2 veces al día durante 3 días

4–6 mg/kg 2 veces al día durante 5 días

Clostridium difficile

Metronidazol

250 mg 4 veces al día o 500 mg 3 veces al día durante 10 días

7,5 mg/kg 4 veces al día durante 10-14 días

Vancomicina

125–250 mg 4 veces al día durante 10 días

10 mg/kg 4 veces al día durante 10-14 días

Fidaxomicina

200 mg 2 veces al día durante 10 días

NA

Shigella

Ciprofloxacina

500 mg 2 veces al día durante 5 días

NA

TMP/SMX

1 comprimido DC 2 veces al día

4–6 mg/kg 2 veces al día durante 5 días

Giardia intestinalis (lamblia)

Metronidazol

250 mg 3 veces al día durante 5 días

10 mg/kg 3 veces al día durante 7-10 días (máximo 750 mg/día)

Nitazoxanida

500 mg 2 veces al día durante 3 días

1–3 años: 100 mg 2 veces al día durante 3 días

4–11 años: 200 mg 2 veces al día durante 3 días

12 años: 500 mg 2 veces al día durante 3 días

Entamoeba histolytica

Metronidazol§

750 mg 3 veces al día durante 5–10 días

12–16 mg/kg 3 veces al día durante 10 días (máximo 750 mg/día)

Campylobacter jejuni

Azitromicina

500 mg una vez al día durante 3 días

10 mg/kg una vez al día durante 3 días

Ciprofloxacina

500 mg una vez al día durante 5 días

NA

*En la mayoría de los casos no están indicados antibióticos, pero pueden usarse como medida de sostén con líquidos IV para tratar infecciones causadas por microorganismos específicos.

No debe administrarse este fármaco a niños < 8 años ni a embarazadas.

La dosis se basa en el componente trimetoprima.

§El tratamiento debe ser seguido de yodoquinol en dosis de 10–13 mg/kg 3 veces al día durante 20 días o paromomicina 500 mg VO 3 veces al día durante 7 días.

DC = doble concentración; NA = no aplicable; TMP/SMX = trimetoprim/sulfametoxazol.

Prevención

Hay dos vacunas antirrotavíricas de virus vivos atenuados que son seguras y eficaces contra la mayoría de las cepas responsables de enfermedad. La inmunización antirrotavírica forma parte del calendario de vacunación recomendado para lactantes (ver Cronograma de vacunación recomendado para los 0-6 años de edad).

Prevenir la infección se complica por la frecuencia de infección asintomática y la facilidad con la que muchos agentes, en particular virus, se transmiten de persona a persona. Por lo general, deben cumplirse los procedimientos correctos para manipular y preparar alimentos. Los viajeros (ver Diarrea del viajero) deben evitar alimentos y bebidas potencialmente contaminados.

Para prevenir las infecciones transmitidas por el agua en contexto recreativo, las personas no deben nadar si tienen diarrea. Se deben controlar con frecuencia los pañales de los lactantes y deambuladores, y se los debe cambiar en un cuarto de baño y no cerca del agua. Los nadadores deben evitar tragar agua cuando nadan.

Los lactantes y otras personas inmunosuprimidas están particularmente predispuestos a presentar casos graves de salmonelosis y no deben exponerse a reptiles, aves ni anfibios, que suelen ser portadores de Salmonella.

El amamantamiento confiere cierta protección a los recién nacidos y lactantes. Los encargados de su cuidado deben lavarse bien las manos con agua y jabón después de cambiarles los pañales, y las zonas donde se realiza el cambio deben desinfectarse con una solución recién preparada de lejía casera 1:64 (¼ de taza diluida en 4 litros de agua [1 galón]). Los niños con diarrea deben ser excluidos de las guarderías mientras persistan los síntomas. Los niños infectados por E. coli enterohemorrágica o Shigella también deben tener dos coprocultivos negativos antes de reingresar en la guardería.

Recursos en este artículo