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Tracoma

(Oftalmía egipcia; conjuntivitis granular)

Por Melvin I. Roat, MD, FACS, Clinical Associate Professor, Wills Eye Institute, Department of Ophthalmology, Jefferson Medical College, Thomas Jefferson University

Información:
para pacientes

El tracoma es una conjuntivitis crónica causada por Chlamydia trachomatis caracterizada por exacerbaciones progresivas y remisiones. Es la principal causa de ceguera evitable en el mundo. Los síntomas iniciales son hiperemia conjuntival, edema palpebral, fotofobia y lagrimeo. Luego aparece neovascularización corneana y cicatrización de la conjuntiva, la córnea y los párpados. El diagnóstico suele ser clínico. El tratamiento incluye antibióticos tópicos o sistémicos.

El tracoma es endémico en regiones pobres del norte de África, Medio Oriente, el subcontinente indio, Australia y el Sudeste asiático. El microorganismo responsable es la Chlamydia trachomatis (serotipos A, B, Ba y C). En los Estados Unidos, el tracoma es raro y ocurre ocasionalmente entre los americanos nativos y los inmigrantes. La enfermedad ocurre principalmente en niños, sobre todo aquellos entre 3 y 6 años. Los niños mayores y los adultos son muchos menos susceptibles por mayor inmunidad y mejor higiene personal. El tracoma es extremadamente contagioso en sus fases iniciales y se transmite por contacto ojo-ojo, mano-ojo, ojo-moscas o por compartir enseres contaminados (p. ej., toallas, pañuelos, maquillaje para ojos).

Signos y síntomas

El tracoma suele afectar ambos ojos. Se describen cuatro estadios.

En el estadio 1, tras un período de incubación de unos 7 días, aparece gradualmente hiperemia conjuntival, edema palpebral, fotofobia y lagrimeo, en general en ambos ojos.

En el estadio 2, tras 7 a 10 días se desarrollan pequeños folículos en la conjuntiva tarsal superior, que gradualmente aumentan en tamaño y número durante 3 a 4 semanas. Aparecen papilas inflamatorias en la conjuntiva tarsal superior. La neovascularización corneana comienza con la invasión de la mitad superior de la córnea por asas vasculares desde el limbo (denominada formación de pannus). La fase de hipertrofia folicular/papilar aguda y de neovascularización corneana puede durar desde varios meses hasta > 1 año, dependiendo de la respuesta al tratamiento.

En el estadio 3, los folículos y las papilas se retraen gradualmente y son reemplazados por bandas de tejido cicatrizal. Sin tratamiento, finalmente ocurre la cicatrización corneana. Puede terminar produciéndose una afectación difusa de la córnea que reduce la visión. Es frecuente la infección bacteriana secundaria, que contribuye a la cicatrización y al avance de la enfermedad.

En el estadio 4, el tejido de la cicatriz conjuntival provoca a menudo entropión (con frecuencia con triquiasis) y la obstrucción del conducto lagrimal. El entropión y la triquiasis (ver Trastornos palpebrales y lagrimales) producen mayor cicatrización y neovascularizacion corneana. El epitelio corneano pierde brillo y se engrosa, y disminuye el lagrimeo. Pueden aparecer pequeñas úlceras corneanas en el sitio de los infiltrados corneanos periféricos, lo cual estimula una mayor neovascularización.

Pocas veces, la neovascularización corneana sufre regresión total sin tratamiento y se restablece la transparencia de la córnea. Con el tratamiento y la curación, la conjuntiva se vuelve lisa y blanca o grisácea. Ocurre deterioro visual o ceguera en alrededor del 5% de las personas con tracoma.

Diagnóstico

  • Hallazgos clínicos (p. ej., folículos linfoides tarsales, cicatrices conjuntivales lineales, pannus corneano)

El diagnóstico suele ser clínico porque las pruebas pocas veces están disponibles en las regiones endémicas. Los folículos linfoides de la placa tarsal o en el limbo, la cicatrización lineal de la conjuntiva y el pannus corneano se consideran diagnósticos en el contexto clínico apropiado. Si el diagnóstico es incierto, puede aislarse C. trachomatis mediante cultivo e identificarse con PCR y técnicas de inmunofluorescencia. En la fase precoz, la tinción de Giemsa de los diminutos cuerpos de inclusión basóficos en el citoplasma de las células del epitelio conjuntival de frotis conjuntivales distinguen el tracoma de la conjuntivitis no producida por clamidias. Los cuerpos de inclusión también se encuentran en la conjuntivitis de inclusión del adulto (ver Conjuntivitis de inclusión del adulto), pero el contexto y la evolución clínica la diferencian del tracoma. La conjuntivitis vernal palpebral se asemeja al tracoma en la fase de hipertrofia folicular, pero los síntomas son diferentes y aparecen papilas lechosas y aplanadas por arriba y eosinófilos hallados en los frotis (sin cuerpos de inclusión basófilos).

Tratamiento

  • Azitromicina oral

Para los casos individuales esporádicos, 20 mg/kg (máximo de 1 g) VO como dosis única es eficaz en el 78% de los pacientes. Las alternativas son doxiciclina VO 100 mg 2 veces al día o tetraciclina 250 mg 4 veces al día durante 4 semanas. En áreas hiperendémicas, la aplicación de pomada oftálmica de tetraciclina o eritromicina 2 veces al día durante 5 días consecutivos al mes a lo largo de 6 meses ha sido eficaz como tratamiento y profilaxis. Se han conseguido reducciones espectaculares en la incidencia de tracoma endémico mediante el tratamiento comunitario con azitromicina oral en dosis única o repetidas. La reinfección por nueva exposición es habitual en áreas endémicas. La mejora de la higiene personal y las medidas ambientales (p. ej., acceso al agua potable) pueden reducir la reinfección.

Las deformidades palpebrales (p. ej., entropión y triquiasis) deben tratarse quirúrgicamente.

Conceptos clave

  • El tracoma es una conjuntivitis crónica por clamidias, con exacerbaciones y remisiones, que es frecuente entre los niños de 3 a 6 años en determinadas zonas del mundo afectadas por la pobreza.

  • Las manifestaciones se desarrollan en estadios e incluyen conjuntivitis, formación de folículos tarsales, neovascularización corneana y cicatrización.

  • Alrededor del 5% de los pacientes desarrollan disminución de la visión o ceguera; el tracoma es la causa principal de ceguera en todo el mundo.

  • El diagnóstico es habitualmente clínico, pero cuando se encuentran disponibles se pueden utilizar los métodos estándar para la detección de clamidias.

  • En general, el tratamiento se realiza con azitromicina.

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