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Evaluación del paciente con trastornos nasales y faríngeos

Por Marvin P. Fried, MD, Professor, Department of Otorhinolaryngology, Head and Neck Surgery;Professor and University Chairman, Montefiore Medical Center;The University Hospital for Albert Einstein College of Medicine

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La nariz y la faringe (formada por la nasofaringe, la bucofaringe y hipofaringe) pueden estar afectadas por inflamación, infección, traumatismos, tumores y otros trastornos diversos.

Anatomía

Garganta

La úvula cuelga en la línea media del extremo más distal del paladar blando. Su longitud presenta variaciones considerables. Una úvula larga y laxa o un exceso de tejido velofaríngeo puede causar ronquidos y, en ocasiones, contribuir a la apnea del sueño obstructiva.

Las amígdalas y las adenoides son placas de tejido linfoide que rodean la faringe posterior en una zona conocida como anillo de Waldeyer. Su función es combatir infecciones.

La laringe es Discutido en Trastornos de la laringe.

Nariz

La cavidad nasal está revestida con una mucosa muy vascularizada que calienta y humidifica el aire inspirado. Cada pared lateral de la cavidad tiene 3 cornetes, que son estructuras óseas que aumentan la superficie y, por consiguiente, permiten un intercambio de calor y humedad más eficaz. El moco nasal atrapa las partículas que penetran en la nariz. El espacio entre el cornete medio e inferior es el meato medio, en el que drenan el seno maxilar y la mayor parte de los senos etmoidales. Entre los cornetes pueden formarse pólipos, a menudo asociados con asma, alergia, uso de aspirina y fibrosis quística.

Senos

Los senos paranasales son cavidades óseas revestidas de mucosas que se conectan con la nasofaringe. Hay 4 tipos de senos: maxilares, frontales, etmoidales y esfenoidales. Están ubicados en los huesos de la cara y del cráneo (véase ver figura Senos paranasales.). No está clara la función fisiológica de los senos.

Senos paranasales.

Evaluación

El examen de la nariz y la faringe es parte de todo examen físico general.

Anamnesis

La información general incluye el uso de alcohol o tabaco (los principales factores de riesgo para el cáncer de cabeza y cuello) y síntomas sistémicos, como fiebre y pérdida de peso. Los síntomas bucofaríngeos son dolor, úlceras y dificultad para tragar o hablar. Los síntomas nasales y de los senos incluyen la presencia y la duración de congestión, secreción o hemorragia.

Examen físico

La mayoría de los médicos utilizan una lámpara frontal montada en la frente. Sin embargo, como la luz no puede alinearse con precisión en el eje de la visión, resulta difícil evitar las sombras en áreas estrechas (p. ej., cavidad nasal). Se obtiene mejor iluminación con un espejo convexo montado en la cabeza; el médico mira a través de un orificio en el centro del espejo, de modo que la iluminación siempre coincide con el eje visual. Este tipo de espejo refleja la luz proveniente de una fuente (cualquier luz incandescente) colocada detrás del paciente y ligeramente a un lado de éste; se necesita práctica para su uso eficaz.

Para el examen de la nariz, se utiliza un espéculo nasal, que se sostiene de forma tal que las 2 ramas se abran en una dirección anteroposterior (o levemente oblicua) y no realice presión sobre el tabique. El médico registra la presencia de costras, secreciones, desviación o perforación del tabique, si la mucosa se presenta eritematosa, húmeda o inflamada, y la existencia de pólipos. Se examina la piel ubicada sobre los senos frontal y maxilar a fin de determinar si hay eritema y dolor a la palpación, que sugieren inflamación del seno.

Si es necesario, pueden examinarse la nasofaringe y la hipofaringe con espejos, que deben entibiarse antes de usarlos para evitar que se empañen. Se utiliza un espejo pequeño para la nasofaringe. Se sostiene debajo de la úvula, inclinado hacia arriba; la lengua se empuja hacia abajo con un depresor lingual. Se utiliza un espejo más grande para la hipofaringe y la laringe. La lengua se separa tomándola con una gasa y el espejo se coloca contra el paladar blando, inclinado hacia abajo. Si el paciente no tolera el examen con espejo, es útil un nasofaringoscopio flexible de fibra óptica. Se coloca un aerosol anestésico tópico (p. ej., lidocaína 4%) en la nariz y la garganta, y en la nariz también se coloca un descongestivo en aerosol (p. ej., fenilefrina al 0,5%). Después de varios minutos, se pasa con suavidad el fibroscopio a través de las fosas nasales y se inspeccionan la cavidad nasal, la hipofaringe y la laringe.

La exploración del cuello consiste en la inspección y la palpación para determinar la presencia de masas. Si éstas se encuentran, el médico registra si son dolorosas, fluctuantes, firmes o muy duras; y móviles o fijas. Las masas de origen infeccioso son dolorosas y móviles; los cánceres tienden a ser indoloros, duros y fijos. Debe prestarse particular atención a los ganglios linfáticos cervicales y las glándulas tiroides y parótidas.

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