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Crisis de angustia y trastorno de angustia

Por John H. Greist, MD, Professor Emeritus, Psychiatry;Distinguished Senior Scientist, University of Wisconsin School of Medicine and Public Health;Madison Institute of Medicine

Información:
para pacientes

Una crisis de angustia (ataque de pánico) se define como la aparición brusca de un período definido y breve de malestar o miedo intenso acompañado de algunos síntomas somáticos y/o cognitivos. El trastorno de angustia (trastorno de pánico) se define como la aparición de crisis de angustia repetidas que se acompañan habitualmente de miedos ante futuros ataques o de cambios de conducta para evitar situaciones que podrían predisponer a las crisis. El diagnóstico es clínico. Las crisis de angustia aisladas no requieren tratamiento, mientras que el trastorno de angustia necesita tratamiento farmacológico o psicoterapia (p. ej., terapia de exposición o terapia cognitivo-conductual).

Las crisis de angustia son frecuentes y afectan hasta el 11% de la población en un año. La mayoría de las personas se recuperan sin tratamiento y algunos desarrollan un trastorno de angustia.

Los trastornos de angustia son infrecuentes y afectan al 2-3% de la población en un período de 12 meses. Comienzan al final de la adolescencia o al inicio de la edad adulta y afectan a las mujeres con una frecuencia aproximada 2 veces mayor que a los varones.

Signos y síntomas

Las crisis de angustia implican el inicio brusco de miedo o malestar al menos de 4 de los 13 síntomas que se mencionan en el Síntomas de una crisis de angustia. Los síntomas suelen alcanzar el máximo antes de los 10 min; luego se disipan en minutos y dejan pocos rastros que el médico pueda observar. Aunque incómodas, o a veces muy incómodas, las crisis de angustia no suponen un peligro médico.

Síntomas de una crisis de angustia

Cognitivos

Miedo a morir

Miedo a volverse loco o a perder el control

Sensación de irrealidad, de sentirse raro (desrealización) o desconectado del entorno (despersonalización)

Somáticos

Dolor o molestias torácicas

Mareos, sensación de inestabilidad o de desmayo

Sensación de ahogo

Sofocos o escalofríos

Náuseas o malestar abdominal

Entumecimiento o parestesias

Palpitaciones o aceleración de la frecuencia cardíaca

Sensación de disnea o ahogo

Sudoración

Temblores o agitación

Las crisis de angustia pueden aparecer en cualquier trastorno de ansiedad, habitualmente en situaciones vinculadas con las características centrales del trastorno (p. ej., una persona que tiene una fobia a las serpientes puede sentir pánico cuando ve una). Esas crisis de angustia se consideran previsibles. Las crisis de angustia imprevistas son las que ocurren espontáneamente, sin ningún desencadenante aparente.

La mayoría de las personas con un trastorno de angustia lo esperan anticipadamente y se preocupan por la aparición de otra crisis (ansiedad anticipatoria) y evitan los lugares y situaciones en los que han sentido angustia con anterioridad. Las personas con un trastorno de angustia se preocupan porque creen tener alguna enfermedad peligrosa del corazón, pulmón o cerebro y visitan repetidamente a su médico de familia o al servicio de urgencias en busca de ayuda. Por desgracia, en estos casos la atención suele centrarse en los síntomas clínicos generales, y a veces no se establece el diagnóstico correcto.

Muchas personas con un trastorno de angustia también tendrán síntomas de despresión mayor.

Diagnóstico

  • Criterios clínicos

El trastorno de angustia se diagnostica después de haber descartado los trastornos físicos que pueden simular ansiedad y cuando los síntomas cumplen los criterios diagnósticos estipulados en el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, quinta edición (DSM-5). Los pacientes deben tener crisis de angustia recurrentes (no se especifica la frecuencia) en las que ≥ 1 ataque es seguido de uno o ambos de los síntomas que se menciona a continuación, durante ≥ 1 mes:

  • Preocupación persistente de sufrir crisis de angustia adicionales o preocupación sobre sus consecuencias (p. ej., perder el control, volverse loco)

  • Respuesta conductual inadaptada a las crisis de angustia (p. ej., evitar actividades corrientes, tales como el ejercicio o situaciones sociales a fin de prevenir nuevas crisis)

Tratamiento

  • A menudo, antidepresivos o benzodiazepinas

  • A menudo medidas no farmacológicas (p. ej., terapia de exposición, terapia cognitivo-conductual)

Algunas personas se recuperan sin tratamiento, en particular si continúan enfrentándose a las situaciones en las que se han producido las crisis. Para otras, las crisis de pánico siguen un curso creciente y decreciente, en especial cuando no se tratan.

Los pacientes deben saber que el tratamiento los ayuda a controlar los síntomas. Si no se desarrollan conductas de evitación, puede bastar con tranquilizar al paciente, educarlo para controlar la ansiedad y animarlo a quedarse en los lugares en los que han aparecido las crisis de angustia. Sin embargo, es probable que se necesite el tratamiento farmacológico combinado con una psicoterapia más intensiva en un trastorno de larga duración que implique crisis frecuentes y conductas de evitación.

Fármacos

Hay muchos fármacos que pueden prevenir o reducir en gran medida la ansiedad anticipatoria, la evitación fóbica y el número e intensidad de las crisis de angustia:

  • Antidepresivos: las distintas clases (ISRS, inhibidores de la recaptación de serotonina-noradrenalina [IRSN], moduladores de la serotonina, tricíclicos e inhibidores de la monoamina oxidasa [IMAO]) tienen una eficacia similar. Sin embargo, los ISRS y los IRSN ofrecen una ventaja potencial de menos efectos adversos en comparación con otros antidepresivos.

  • Benzodiazepinas: estos ansiolíticos (ver Benzodiazepinas) actúan más rápidamente que los antidepresivos, pero tienen más probabilidad de provocar dependencia física y efectos adversos, como somnolencia, ataxia y problemas de memoria. Para algunos pacientes, el uso prolongado de benzodiazepinas es el único tratamiento eficaz.

  • Antidepresivos más benzodiazepinas: a veces, en un inicio estos fármacos se utilizan combinados; la benzodiazepina se suspende lentamente una vez que el antidepresivo empieza a hacer efecto (aunque algunos pacientes responden sólo al tratamiento combinado).

Las crisis de angustia a menudo reaparecen cuando se interrumpe el tratamiento.

Psicoterapia

Hay distintas formas de psicoterapia eficaces.

El tratamiento de exposición, en el cual el paciente se enfrenta a sus miedos, ayuda a disminuir el temor y las complicaciones provocadas por una evitación derivada de éste. Por ejemplo, se pide a los pacientes que tienen miedo de desvanecerse que den vueltas en una silla o que hiperventilen hasta que se mareen o se desvanezcan, con lo que aprenden que no se desvanecerán cuando tengan ese síntoma.

La terapia cognitivo-conductual enseña a los pacientes a reconocer y controlar sus pensamientos distorsionados y sus falsas creencias y a modificar su comportamiento para que sea más adaptativo. Por ejemplo, a aquellos que describen aceleración de la frecuencia cardíaca o la sensación de disnea en algunas situaciones o lugares y temen que estén teniendo un ataque cardíaco, se les enseña lo siguiente:

  • No evitar esas situaciones

  • Comprender que sus preocupaciones son infundadas

  • Responder, por el contrario, con una respiración lenta y controlada o con otros métodos que favorezcan la relajación

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