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Trastornos bipolares

Por William Coryell, MD, University of Iowa

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Los trastornos bipolares se caracterizan por episodios de manía y depresión, que pueden alternar aunque en muchos pacientes predomina uno sobre el otro. Se desconoce la causa exacta, pero pueden estar implicados la herencia, cambios en las concentraciones de los neurotransmisores cerebrales y factores psicológicos. El diagnóstico se basa en la anamnesis. El tratamiento consiste en fármacos estabilizadores del estado de ánimo, a veces con psicoterapia.

Los trastornos bipolares suelen comenzar en la adolescencia o los 20 o 30 años. Su prevalencia a lo largo de la vida es del 4%. Las tasas del trastorno bipolar son aproximadamente iguales entre hombres y mujeres.

Los trastornos bipolares se clasifican en

  • Trastorno bipolar I: definido por la presencia de por lo menos un episodio maníaco completo (es decir, que interrumpe la función social y laboral normal) y habitualmente episodios depresivos

  • Trastorno bipolar II: definido por la presencia de episodios depresivos mayores al menos con un episodio hipomaníaco pero sin episodios maníacos completos

  • Trastorno bipolar no especificado: trastornos con características bipolares claras que no cumplen criterios específicos para otros trastornos bipolares

En el trastorno ciclotímico (ver Trastorno ciclotímico), los pacientes tienen períodos prolongados (> 2 años) que incluyen episodios tanto hipomaníacos como depresivos; sin embargo, estos episodios no cumplen con los criterios específicos para un trastorno bipolar.

Etiología

Se desconoce la causa exacta. La herencia desempeña un papel importante. También existe evidencia de una desregulación de la serotonina y la noradrenalina. También puede haber implicados factores psicosociales. Algunos eventos vitales estresantes se asocian con el desarrollo inicial de síntomas y las exacerbaciones posteriores, aunque no se ha establecido relaciones causa-efecto.

Ciertos fármacos pueden desencadenar exacerbaciones en algunos pacientes con trastorno bipolar; estos fármacos incluyen simpaticomiméticos (p. ej., cocaína, anfetaminas), alcohol y algunos antidepresivos (p. ej., tricíclicos, IMAO).

Signos y síntomas

El trastorno bipolar comienza con una fase aguda de síntomas que es seguida por un curso de recidivas y remisiones. Las remisiones suelen ser completas, pero muchos pacientes tienen síntomas residuales, y para algunos, su capacidad laboral queda gravemente deteriorada. Las recidivas son episodios marcados por síntomas más intensos que son maníacos, depresivos, hipomaníacos o una mezcla de características depresivas y maníacas. Los episodios duran desde algunas semanas hasta 3 a 6 meses. Los ciclos, es decir el tiempo que transcurre desde el inicio de un episodio hasta el siguiente, tienen una duración variable. Algunos pacientes tienen episodios esporádicos, tal vez sólo algunos pocos durante toda la vida, mientras que otros tienen formas de ciclado rápido (que habitualmente se definen como 4 episodios/año). Sólo una minoría alterna entre la manía y la depresión con cada ciclo; en la mayoría predomina en cierta medida una u otra.

Los pacientes pueden tener intento de suicidio o directamente suicidarse. La incidencia de por vida de suicidio en pacientes con trastorno bipolar se estima al menos 15 veces mayor que en la población general.

Manía

El episodio de manía se define como 1 semana de un estado de ánimo persistentemente elevado, expansivo o irritable, y el aumento persistente de la energía o la actividad con propósito, además de 3 síntomas adicionales:

  • Autoestima inflada o megalomanía

  • Disminución de la necesidad de sueño

  • Mayor locuacidad de lo habitual

  • Fuga de ideas o pensamientos acelerados

  • Distractibilidad

  • Aumento de la actividad dirigida por objetivos

  • Excesiva participación en actividades con alto riesgo de consecuencias graves (p. ej., compras compulsivas, inversiones financieras insensatas)

Los pacientes maníacos pueden participar de forma inagotable, excesiva e impulsiva en distintas actividades placenteras de alto riesgo (p. ej., juego, deportes peligrosos, actividad sexual promiscua) sin tener perspectiva del posible daño. Los síntomas son tan graves que no pueden desempeñar sus roles primarios (empleo, educación, mantenimiento del hogar). Las inversiones imprudentes, las compras compulsivas y otras elecciones personales pueden tener consecuencias irreparables.

Los pacientes que se encuentran en un episodio de manía pueden presentarse exuberantes y se visten de una manera extravagante o colorida; a menudo tienen maneras autoritarias con una verborrea imparable. Pueden establecer asociaciones por sonidos (el sonido de las palabras y no su significado provoca nuevos pensamientos). Se distraen fácilmente, cambian constantemente de tema o se empeñan en otra cosa. Sin embargo, tienden a creer que se encuentran en su mejor estado mental. La falta de perspectiva y el aumento de la actividad provocan una conducta impertinente y puede ser una combinación peligrosa. Se producen roces interpersonales que pueden hacer que los pacientes se sientan maltratados o perseguidos injustamente. En consecuencia, pueden volverse peligrosos para sí mismos o las otras personas. El paciente percibe su actividad mental acelerada como pensamientos apresurados y el médico lo observa como fuga de ideas.

La psicosis maníaca es una manifestación más extrema, y los síntomas psicóticos pueden ser difíciles de distinguir de la esquizofrenia. Los pacientes pueden tener ideas delirantes megalómanas o persecutorias (p. ej., de ser Jesús o ser perseguidos por el FBI), algunas veces con alucinaciones. El nivel de actividad aumenta mucho; los pacientes pueden correr de aquí para allá y gritar, insultar o cantar. Aumenta la labilidad del estado de ánimo, a menudo con irritabilidad creciente. Puede aparecer un delirio completo (manía delirante), con pérdida total del pensamiento y la conducta coherentes.

Hipomanía

Un episodio hipomaníaco es una variante menos extrema de la manía que involucra un episodio distintivo que dura 4 días con conducta que puede distinguirse del estado de ánimo no deprimido habitual del paciente, y que incluye ≥ 3 de los síntomas adicionales mencionados anteriormente en la manía. Durante el período hipomaníaco, el estado de ánimo se exalta, disminuye la necesidad de sueño y se acelera la actividad psicomotora. Para algunos pacientes, los períodos hipomaníacos son adaptativos porque producen un aumento de la energía, la creatividad, la confianza y un funcionamiento social supernormal. Muchos no desean abandonar este estado eufórico placentero. Algunos funcionan muy bien, y en la mayoría el funcionamiento no está muy alterado. Sin embargo, en algunos pacientes, la hipomanía se manifiesta como distracción fácil, irritabilidad y estado de ánimo lábil, lo que el paciente y los demás encuentran menos atractivo.

Depresión

Un episodio depresivo tiene características típicas de la depresión mayor (ver Trastornos depresivos); el episodio debe incluir ≥ 5 de los siguientes síntomas durante un período dado de 2 semanas, y uno de ellos debe ser el estado de ánimo depresivo o la pérdida de interés o placer:

  • Estado de ánimo depresivo la mayor parte del día

  • Marcada disminución del interés o placer en todas o casi todas las actividades la mayor parte del día

  • Aumento o pérdida significativa (> 5%) de peso, o disminución o aumento del apetito

  • Insomnio (a menudo insomnio para mantener el sueño) o hipersomnia

  • Agitación o retardo psicomotor observado por otros (no informado por uno mismo)

  • Cansancio o falta de energía

  • Sentimientos de inutilidad o de culpa excesiva o inapropiada

  • Capacidad limitada para pensar o concentrarse, o indecisión

  • Pensamientos recurrentes de muerte o suicidio, intento de suicidio o un plan específico para suicidarse

Los rasgos psicóticos son más frecuentes en la depresión bipolar que en la depresión unipolar.

Características mixtas

Se considera que un episodio de manía o hipomanía tiene características mixtas cuando ≥ 3 síntomas depresivos están presentes en la mayoría de los días del episodio. Esta condición suele ser difícil de diagnosticar y puede empañarse en un estado cíclico continuo; el pronóstico es peor que en el caso del estado maníaco o hipomaníaco puro.

El riesgo de suicidio durante los episodios mixtos es muy elevado.

Diagnóstico

  • Criterios clínicos (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, quinta edición)

  • Concentraciones de tiroxina (T4) y TSH para descartar hipertiroidismo

  • Exclusión de abuso de sustancias estimulantes mediante la clínica o con pruebas en orina

El diagnóstico se basa en la identificación de los síntomas de manía o de hipomanía descritos antes, más los antecedentes de remisiones y recaídas. Los síntomas deben ser lo suficientemente graves como para deteriorar notablemente el funcionamiento social u ocupacional o requerir una hospitalización a fin de evitar daños a sí mismo o a otros. Algunos pacientes que se presentan con síntomas depresivos pueden haber experimentado previamente hipomanía o manía, pero no la comunican a menos que se los interrogue específicamente. Un interrogatorio hábil puede poner de manifiesto signos mórbidos (p. ej., gastos excesivos, escapadas sexuales impulsivas, abuso de sustancias estimulantes), aunque es más probable que esta información la aporten los familiares. Debe preguntarse a todos los pacientes, con tacto pero directamente, sobre la ideación, los planes o la actividad relacionados con el suicidio.

Síntomas maníacos o hipomaníacos similares pueden ser el resultado del abuso de estimulantes o trastornos físicos como hipertiroidismo o feocromocitoma. Una revisión del consumo de sustancias (especialmente de anfetaminas y cocaína) y el examen de detección de sustancias en la orina pueden ayudar a identificar los fármacos causales. Sin embargo, como el consumo de drogas puede haber desencadenado simplemente un episodio en un paciente con trastorno bipolar, es importante investigar la presencia de síntomas (maníacos o depresivos) no relacionados con el consumo de sustancias. Los pacientes con hipertiroidismo normalmente tienen otros signos y síntomas físicos (ver Hipertiroidismo : Signos y síntomas), pero las pruebas de la función tiroidea (concentraciones de T4 y TSH) son un estudio de cribado razonable en los pacientes nuevos. Los pacientes con feocromocitoma están marcadamente hipertensos; de no ser así, no están indicadas las pruebas.

Algunos pacientes con trastorno esquizoafectivo (ver Trastorno esquizoafectivo) tienen síntomas maníacos, pero estos pacientes rara vez regresan a la normalidad entre los episodios y, a diferencia de la mayoría de los pacientes con manía, no muestran interés en conectarse con otras personas.

Los pacientes con trastorno bipolar también pueden tener trastornos de ansiedad (p. ej., fobia social, ataques de pánico, trastornos obsesivo-compulsivos), lo que posiblemente confunde el diagnóstico.

Tratamiento

  • Estabilizadores del estado de ánimo (p. ej., litio, algunos anticonvulsivos) o un antipsicótico de segunda generación

  • Apoyo y psicoterapia

El tratamiento habitualmente tiene 3 fases:

  • Aguda: para estabilizar y controlar las manifestaciones iniciales, a veces graves

  • Continuada: para alcanzar una remisión completa

  • De mantenimiento o de prevención: para mantener a los pacientes en remisión

La mayoría de los pacientes con hipomanía pueden recibir tratamiento ambulatorio, si bien la manía o la depresión grave a menudo requieren tratamiento en internación.

Los fármacos para el trastorno bipolar incluyen

  • Estabilizadores del estado de ánimo

  • Antipsicóticos de segunda generación

Estos fármacos se utilizan solos o combinados en todas las fases del tratamiento, aunque en diferentes dosificaciones.

Los estabilizadores del estado de ánimo son el litio y algunos anticonvulsivos, especialmente el valproato, la carbamazepina y la lamotrigina. Los antipsicóticos de segunda generación incluyen el aripiprazol, la lurasidone, la olanzapina, la quetiapina, la risperidona y la ziprasidona.

A veces se agregan antidepresivos específicos (p. ej., ISRS) para la depresión grave, pero su eficacia es controversial; no se recomiendan como única terapia para episodios depresivos.

La terapia electroconvulsiva se utiliza a veces para la depresión refractaria al tratamiento y también es eficaz para la manía. La fototerapia puede ser útil para tratar el trastorno bipolar I o bipolar II estacional (con depresión de otoño-invierno e hipomanía de primavera-verano). Probablemente, sea más útil como terapia potenciadora.

Selección y uso de los fármacos

La elección del fármaco puede ser difícil porque todos los agentes tienen efectos adversos importantes, las interacciones farmacológicas son frecuentes y ninguno es universalmente eficaz. La selección debe basarse en el que previamente ha sido eficaz y bien tolerado en un paciente dado. Cuando no existe experiencia previa (o cuando se desconoce), la elección se basa en los antecedentes clínicos del paciente (versus los efectos adversos del estabilizador del estado de ánimo específico) y en la gravedad de los síntomas.

Para la psicosis grave, en la cual está comprometida la seguridad y el manejo del paciente, el control urgente de la conducta habitualmente requiere un antipsicótico sedante de segunda generación, a veces complementado al inicio con una benzodiazepina como lorazepam o clonazepam 2 a 4 mg IM o VO 3 veces al día.

Para los episodios agudos menos graves en los pacientes sin contraindicaciones (p. ej., trastornos renales), el litio es una buena primera elección tanto para los episodios maníacos como depresivos. Dado que el inicio es lento (4 a 10 días), los pacientes que presentan síntomas importantes pueden recibir también un anticonvulsivo o un antipsicótico de segunda generación. Para los pacientes con depresión, la lamotrigina puede ser un anticonvulsivo de buena elección.

Para la depresión bipolar, la mejor evidencia sugiere el uso de quetiapina o lurasidona sola, o la combinación de fluoxetina y olanzapina.

Una vez lograda la remisión, está indicado el tratamiento preventivo con estabilizadores del estado de ánimo en todos los pacientes con trastorno bipolar I. Si los episodios recidivan durante la terapia de mantenimiento, los médicos deben determinar si el cumplimiento fue malo y, en caso afirmativo, si el incumplimiento precedió o siguió a la recidiva. Deben explorarse las razones para el incumplimiento a fin de determinar si un cambio en el tipo o la dosificación del estabilizador del estado de ánimo haría más aceptable el tratamiento.

Litio

Hasta dos tercios de los pacientes que tienen un trastorno bipolar no complicado respondern al litio, que atenúa las oscilaciones bipolares del estado de ánimo pero no tiene ningún efecto sobre el estado de ánimo normal. Ya sea que se utilice litio u otro estabilizador del estado de ánimo, las recidivas son más probables en los pacientes que tienen estados mixtos, formas de ciclado rápido del trastorno bipolar, ansiedad asociada, abuso de sustancias o un trastorno neurológico.

El tratamiento con carbonato de litio se inicia con 300 mg VO 2 o 3 veces al día y se aumenta según las concentraciones sanguíneas en estado de equilibrio y la tolerancia, hasta un rango de 0,8 a 1,2 mEq/L. Las concentraciones deben ser determinadas después de 5 días con una dosis estable y 12 horas después de la última dosis. Las concentraciones de litio deben mantenerse en un rango más bajo, entre 0,6 y 0,7 mEq/L. Las dosis de mantenimiento más altas son más protectoras contra los episodios maníacos (no contra los depresivos), pero tienen más efectos adversos. Los adolescentes, cuya función glomerular es excelente, necesitan dosis más altas; mientras que los ancianos necesitan dosis más bajas.

El litio puede provocar sedación y deterioro cognitivo directa o indirectamente (al provocar hipotiroidismo) y a menudo exacerba el acné y la psoriasis. Los efectos adversos leves agudos más frecuentes son temblor fino, fasciculaciones, náuseas, diarrea, poliuria, polidipsia y aumento de peso (atribuido en particular a la ingestión de bebidas ricas en calorías). Estos efectos suelen ser transitorios y a menudo responden a una pequeña reducción de la dosis, a su fragmentación (p. ej., 3 veces al día) o al uso de formulaciones de liberación lenta. Una vez establecida la posología, la dosis entera debe administrarse después de la cena. Esta posología puede mejorar el cumplimiento. La administración de un β-bloqueante (como atenolol en una dosis de 25-50 mg VO 1 vez al día) puede controlar el temblor grave; sin embargo, algunos β-bloqueantes (como el propranolol) pueden empeorar la depresión.

La toxicidad aguda por litio se manifiesta inicialmente con temblor grueso, hiperreflexia osteotendinosa, cefalea persistente, vómitos y confusión y puede progresar con estupor, convulsiones y arritmias. La toxicidad es más probable en los ancianos y en los pacientes con disminución de la depuración de creatinina, y en los que tienen pérdida de sodio (p. ej., debida a fiebre, vómitos, diarrea o al uso de diuréticos). Los diuréticos tiazídicos, los inhibidores de la ECA y los AINE distintos de la aspirina pueden contribuir con la hiperlitemia. Las concentraciones sanguíneas de litio deben medirse cada 6 meses y siempre que se modifique la dosis.

Los efectos a largo plazo incluyen hipotiroidismo, sobre todo cuando existen antecedentes familiares de esta enfermedad, y daño renal que compromete el túbulo distal (principalmente en pacientes con antecedentes de enfermedad parenquimatosa renal). Por lo tanto, deben controlarse las concentraciones de TSH cuando se inicia el tratamiento con litio y al menos cada año si existen antecedentes familiares o síntomas que indiquen disfunción del tiroides, y al menos cada 2 años en el resto de los pacientes. Las concentraciones también deben medirse siempre que los síntomas sugieran disfunción tiroidea (que incluye una recidiva de la manía), porque el hipotiroidismo puede disminuir el efecto de los estabilizadores del estado de ánimo. Deben medirse el nitrógeno ureico en plasma y la creatinina en el basal 2 o 3 veces durante los primeros meses y luego 1 o 2 veces al año.

anticonvulsivos

Los anticonvulsivos que actúan como estabilizadores del estado de ánimo, sobre todo el valproato y la carbamazepina, se utilizan con frecuencia en la manía aguda y en los estados mixtos (manía y depresión). La lamotrigina es eficaz para el ciclado del estado de ánimo y para la depresión. Se desconoce el mecanismo preciso de acción de los anticonvulsivos en el trastorno bipolar, pero puede involucrar mecanismos relacionados con el ácido γ-aminobutírico y finalmente sistemas de transmisión de señales de la proteína G. Su principal ventaja respecto del litio consiste en disponer de un margen terapéutico más amplio con ausencia de toxicidad renal.

Para el valproato, se administra una dosis de carga de 20 mg/kg y después, 250 a 500 mg VO 3 veces al día (puede utilizarse una formulación de liberación extendida); las concentraciones sanguíneas blanco se encuentran entre 50 y 125 μg/mL. Este enfoque no provoca más efectos adversos que los del ajuste de dosis gradual. Los efectos adversos incluyen náuseas, cefalea, sedación, mareos y aumento de peso; los efectos adversos raros incluyen hepatotoxicidad y pancreatitis.

No debe utilizarse una dosis de carga de carbamazepina; debe comenzarse con una dosis de 200 mg VO 2 veces al día y aumentarse gradualmente en incrementos de 200 mg/día hasta las concentraciones esperadas entre 4 y 12 μg/mL (máximo, 800 mg 2 veces al día). Los efectos adversos incluyen naúseas, mareos, sedación e inestabilidad. Los efectos muy graves incluyen anemia aplásica y agranulocitosis.

La lamotrigina se comienza en 25 mg VO 1 vez al día durante 2 semanas, luego 50 mg 1 vez al día durante 2 semanas y después 100 mg al día durante 1 semana; posteriormente, puede aumentarse de a 50 mg cada semana según sea necesario hasta 200 mg 1 vez a la semana. La dosis es menor en los pacientes que reciben valproto y mayor en los que reciben carbamazepina. La lamotrigina puede producir erupción y, pocas veces, un síndrome de Stevens-Johnson potencialmente fatal (ver Síndrome de Stevens-Johnson (SSJ) y necrólisis epidérmica tóxica (NET)), sobre todo cuando la dosis se aumenta más rápidamente de lo que se recomienda. Mientras reciben lamotrigina, debe estimularse a los pacientes para que informen cualquier erupción nueva, ronchas, fiebre, hipertrofia ganglionar, úlceras bucales y oculares, tumefacción de los labios o la lengua.

Antipsicóticos

La psicosis maníaca aguda se trata cada vez más con antipsicóticos de segunda generación, como la risperidona (habitualmente, 4 a 6 mg VO 1 vez al día), la olanzapina (por lo general, 10 a 20 mg VO 1 vez al día), la quetiapina (200 a 400 mg VO 2 veces al día), la ziprasidona (40 a 80 mg VO 2 veces al día) y el aripiprazol (10 a 30 mg VO 1 vez al día). Además, las pruebas sugieren que estos fármacos pueden potenciar los efectos de los estabilizadores del estado de ánimo después de la fase aguda.

Aunque cualquiera de estos fármacos puede tener efectos adversos extrapiramidales y producir acatisia, el riesgo es menor con los agentes más sedantes como la quetiapina y la olanzapina. Los efectos adversos menos inmediatos incluyen un aumento importante de peso y el desarrollo del síndrome metabólico (que incluye aumento de peso, exceso de grasa abdominal, resistencia a la insulina y dislipidemia); el riesgo puede ser menor con los antipsicóticos de segunda generación menos sedantes, como la ziprasidona y el aripiprazol. Para los pacientes psicóticos extremadamente hiperactivos con escasa ingesta de alimentos y líquidos, puede ser apropiado administrar un antipsicótico IM más medidas de apoyo, además del litio o un anticonvulsivo.

Precauciones durante el embarazo

El uso de litio durante el embarazo puede asociarse con un riesgo elevado de malformaciones cardiovasculares (sobre todo anomalía de Ebstein). Sin embargo, el riesgo absoluto de esta malformación particular es muy bajo. Recibir litio durante el embarazo parece aumentar el riesgo relativo de cualquier anomalía congénita en unas 2 veces, un riesgo similar al incremento de 2 a 3 veces en el riesgo de anomalías congénitas asociadas con el uso de carbamazepina o lamotrigina y es sustancialmente menor que el riesgo asociado con el uso de valproato. El valprotato parece aumentar el riesgo de defectos del tubo neural y trastornos del espectro autista.

El estudio extensivo del uso de los antipsicóticos de primera generación y los antidepresivos tricíclicos durante el embarazo temprano no ha mostrado causas de preocupación. Lo mismo parece ser cierto para los ISRS, a excepción de la paroxetina. Los datos sobre los riesgos de los antipsicóticos de segunda generación para el feto son escasos hasta ahora, aun cuando estos fármacos están utiliznandose más ampliamente para todas las fases del trastorno bipolar.

El uso de fármacos (sobre todo litio e ISRS) antes del parto puede tener efectos sobre los neonatos.

Las decisiones terapéuticas se complican por el hecho de que, con un embarazo no planificado, los efectos teratógenos ya pueden haber tenido lugar para el momento en que los médicos toman consciencia del problema. Debe considerarse la consulta con un psiquiatra perinatal. En todos los casos, es importante conversar con la paciente los riesgos y beneficios del tratamiento.

Educación y psicoterapia

Es fundamental conseguir el apoyo de los seres queridos para prevenir los episodios mayores. A menudo se recomienda seguir una terapia de grupo a los pacientes y su pareja, ya que allí aprenden cosas sobre el trastorno bipolar, sus secuelas sociales y el papel central de los estabilizadores del estado de ánimo en el tratamiento. La psicoterapia individual puede ayudar a los pacientes a enfrentarse mejor a los problemas de la vida cotidiana y a ajustarse a una nueva forma de identicarse a sí mismos.

Los pacientes, en particular los que tienen un trastorno bipolar II, pueden no cumplir con las regímenes de los estabilizadores del estado de ánimo porque creen que estos fármacos los hacen estar menos alerta y disminuyen su creatividad. El médico puede explicarles que el descenso de su creatividad es relativamente infrecuente, porque los estabilizadores del estado de ánimo en general dan la oportunidad de conseguir un rendimiento aún mayor en las actividades interpersonales, escolásticas, profesionales y artísticas.

Debe aconsejarse a los pacientes que eviten consumir sustancias estimulantes y alcohol para reducir la privación de sueño y reconocer los signos precoces de una recidiva. Si los pacientes tienden a ser financieramente despilfarradores, es necesario retirarles el control de las finanzas, que pasarán a otro miembro de confianza de la familia. Los pacientes que tengan tendencia a los excesos sexuales deben recibir información sobre las consecuencias conyugales (p. ej., divorcio) y los riesgos de infección que conlleva la promiscuidad, en particular el sida.

Los grupos de apoyo (p. ej., la Depression and Bipolar Support Alliance [DBSA]) pueden ayudar a los pacientes en un foro para compartir experiencias y sentimientos.

Conceptos clave

  • El trastorno bipolar es una enfermedad cíclica que implica episodios de manía con depresión o sin ella (bipolar 1) o hipomanía más depresión (bipolar 2).

  • El trastorno bipolar afecta notablemente la capacidad de desempeño laboral y de interacción social, y el riesgo de suicidio es alto; sin embargo, los estados maníacos leves (hipomanía) pueden ser adaptativos, ya que pueden generar mucha energía, creatividad, confianza y un desempeño social por encima de lo normal.

  • La duración y la frecuencia de los ciclos varían entre los pacientes; algunos pacientes tienen sólo unos pocos episodios durante toda la vida, mientras que otros tienen 4 episodios/año (formas cíclicas rápidas).

  • Sólo unos pocos pacientes alternan entre la manía y la depresión durante cada ciclo; en la mayoría de los ciclos predomina una u otra.

  • El diagnóstico se basa en criterios clínicos, pero el abuso de estimulantes y los trastornos físicos como el hipertiroidismo o el feocromocitoma deben descartarse mediante examen y pruebas.

  • El tratamiento depende de las manifestaciones y su gravedad, pero normalmente implica estabilizadores del estado de ánimo (p. ej., litio, valproato, carbamazepina, lamotrigina) y/o antipsicóticos de segunda generación (p. ej., aripiprazol, lurasidona, olanzapina, quetiapina, risperidona, ziprasidona).