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Fuga disociativa

Por Daphne Simeon, MD, Associate Professor, Department of Psychiatry, Mount Sinai School of Medicine

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La fuga disociativa consiste en uno o más episodios de amnesia en los cuales la incapacidad para recordar parte o todo el pasado del sujeto se combina con la pérdida de la propia identidad o con la formación de una nueva. Estos episodios, denominados fugas, son consecuencia de un trauma o estrés. La fuga disociativa a menudo se manifiesta a través de un viaje súbito e inesperado lejos del hogar. El diagnóstico se basa en los antecedentes, después de descartar otras causas de amnesia. El tratamiento consiste en psicoterapia, a veces combinada con hipnosis o entrevistas facilitadas por fármacos.

Se estima que la incidencia general de la fuga disociativa es de 0,2%, pero la tasa aumenta cuando se asocia con guerras, accidentes y desastres naturales.

Etiología

Las causas son similares a las de una amnesia disociativa (ver Amnesia disociativa), con algunos factores adicionales (p. ej., estrés subagudo prolongado y creciente, conflicto intrapsíquico extremo, una lucha intensa entre un deseo de escapar de la propia vida y un superego muy rígido).

Las fugas suelen confundirse con enfermedades simuladas porque, al igual que la simulación, pueden evitar que las personas tengan que explicar sus acciones, absuelven de algunas de las responsabilidades o reducen su exposición a situaciones peligrosas. Sin embargo, a diferencia de la simulación, las fugas son espontáneas, no están planificadas y no constituyen un engaño. Muchas fugas parecen representar el cumplimiento de un deseo oculto, el único medio permisible de escapar del estrés grave, sobre todo en las personas con una conciencia rígida. Por ejemplo, un ejecutivo con problemas financieros abandona su vida agitada y vive como peón de labranza en el campo. Una fuga también puede apartar al paciente de una situación violenta o de un estrés intolerable, o puede estar relacionada con aspectos de rechazo o separación. Por ejemplo, el sujeto puede decir, en efecto, "yo no soy el hombre que descubrió que su mujer le era infiel". Algunas fugas pueden ser una respuesta alternativa a los impulsos suicidas u homicidas.

Aproximadamente la mitad de las personas tienen una única fuga disociativa, el resto tiene algunos pocos episodios durante toda la vida. Cuando la fuga disociativa se repite más de unas pocas veces, las personas habitualmente tienen un trastorno disociativo de la identidad subyacente.

Signos y síntomas

La duración de la fuga puede variar de horas a meses, en ocasiones más tiempo. Durante la fuga, la persona parece actuar normalmente y sólo presenta una confusión leve. Puede asumir un nuevo nombre y una nueva identidad, y participar en interacciones sociales complejas. Sin embargo, en algún momento, la confusión sobre la nueva identidad o el regreso de la identidad original pueden hacer que la persona sea consciente de la amnesia o provocar un distrés. Cuando la fuga termina, pueden aparecer sentimientos de vergüenza, inquietud, pena, depresión, conflictos intensos e impulsos suicidas o agresivos cuando la persona debe enfrentarse con lo que ha dejado atrás. La incapacidad para recordar los sucesos que ocurrieron durante la fuga provoca confusión, sufrimiento e incluso terror. Cuando la fuga termina, muchas personas recuerdan su identidad pasada y su vida hasta el inicio del episodio; sin embargo, recordar es un proceso más largo y más gradual, y es posible que nunca se recuerden algunos aspectos de su pasado autobiográfico. Algunas personas no recuerdan nada o casi nada de su pasado indefinidamente.

Diagnóstico

  • Examen físico general (el diagnóstico es habitualmente retrospectivo)

Pocas veces se reconoce una fuga en curso. Se sospecha cuando una persona parece perpleja sobre su identidad o sobre su pasado o confronta cuando su nueva identidad es puesta en entredicho. A menudo, la fuga no se diagnostica hasta que la persona vuelve bruscamente a su identidad previa y suele encontrarse a sí misma en circunstancias poco familiares.

El diagnóstico en general es retrospectivo y se basa en la documentación de las circunstancias antes y durante el viaje y en el establecimiento de una vida alternativa. Cuando se sospecha que la fuga es fingida, la información cruzada obtenida de varias fuentes revela las incoherencias que impiden el diagnóstico.

Pronóstico

La mayoría de las fugas son breves y autolimitadas. El deterioro que se produce después de que termina el episodio es leve y de corta duración. Sin embargo, si la fuga fue prolongada y las complicaciones debidas a la conducta antes o durante la fuga son importantes, la persona puede tener dificultades considerables cuando intenta volver a su identidad previa (p. ej., un soldado que vuelve después de una fuga puede haber sido culpado de deserción o una persona que se casa durante una fuga puede haberse convertido en bígamo sin querer).

Tratamiento

  • Durante la fuga, restablecer la información faltante

  • Una vez terminada la fuga, psicoterapia

Rara vez se identifican a las personas cuando todavía persiste la fuga. En estos casos, es importante:

  • Recoger información (posiblemente con ayuda de la policía o de los servicios sociales) sobre su verdadera identidad

  • Entender las causas de por qué la identidad fue abandonada

  • Facilitar su restauración

El tratamiento después de una fuga implica psicoterapia, a veces combinada con hipnosis o entrevistas facilitadas por fármacos (barbitúricos o benzodiazepinas). Sin embargo, los esfuerzos realizados para restaurar la memoria durante el período de la fuga a menudo no tienen éxito. El psiquiatra puede ayudar a la persona a explorar cómo manejó algunos tipos de situaciones, conflictos y estados de ánimo que precipitaron la fuga y estimular así una mejor adaptación y soluciones futuras para prevenir las recaídas.