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Infecciones bacterianas del tracto urinario en pacientes con sondas vesicales permanentes

(Infección urinaria relacionada con la sonda)

Por Talha H. Imam, MD, Attending Physician, Department of Nephrology, Kaiser Permanente

Información:
para pacientes

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Los pacientes con sondas vesicales permanentes tienen predisposición a sufrir bacteriurias e infecciones urinarias. Los síntomas pueden ser vagos o sugerir una sepsis. El diagnóstico depende de la presencia de síntomas. Las pruebas por realizar incluyen el análisis de orina y el cultivo después de retirar la sonda y la icolocación de una sonda nueva. Las medidas preventivas más eficaces son evitar el cateterismo innecesario y retirar las sondas en cuanto sea posible.

Las bacterias pueden acceder a la vejiga durante la colocación de una sonda, a través de la luz de ella o desde la zona que la rodea. Alrededor de la parte exterior de la sonda y sobre el uroepitelio, se forma una biopelícula. Las bacterias pueden penetrar esa biopelícula, la cual las protege frente al arrastre mecánico por la orina, las defensas del huésped y los antibióticos, dificultando la eliminación de los patógenos. Aun con un cuidado aséptico minucioso de la sonda y de su inserción, las probabilidades de desarrollar bacteriuria significativa son de 3 a 10% cada día que la sonda está colocada. De los pacientes que desarrollan bacteriuria, el 10 a 25% presentan síntomas de infección urinaria. Pocos desarrollan sepsis. Los factores de riesgo para la infección urinaria son la duración del sondeo, el sexo femenino, la diabetes mellitus, la apertura de un sistema cerrado, y las técnicas asépticas no óptimas. Las sondas vesicales permanentes también pueden predisponer al paciente a sufrir infecciones urinarias fúngicas (ver Infecciones urinarias fúngicas).

Las infecciones urinarias también pueden aparecer en mujeres durante los días posteriores al retiro de la sonda.

Signos y síntomas

Los pacientes con infección urinaria que tienen sondajes permanentes no pueden mostrar algunos de los síntomas típicos de las infecciones urinarias (disuria, polaquiuria), pero pueden manifestar sentir la necesidad de orinar o una molestia suprapúbica. Sin embargo, esos síntomas de infección baja pueden también estar causados por una obstrucción de la sonda, el desarrollo de cálculos vesicales o infecciones periurinarias. Los síntomas de pielonefritis aguda o crónica pueden aparecer también sin síntomas típicos del tracto urinario. Los pacientes pueden tener síntomas inespecíficos como malestar, fiebre, dolor lumbar, anorexia, sepsis, alteración del estado mental, disminución de la tensión arterial y taquipnea.

Diagnóstico

  • Análisis de orina y cultivo para pacientes con síntomas o con alto riesgo de sepsis

El análisis se realiza sólo en los pacientes que podrían requerir tratamiento, incluyendo los que tienen síntomas y aquellos con alto riesgo de desarrollar sepsis, como

  • Pacientes con granulocitopenia

  • Receptores de trasplantes de órganos que toman inmunosupresores

  • Mujeres embarazadas

  • Pacientes sometidos a cirugías urológicas

Las pruebas diagnósticas son el análisis de orina y el urocultivo. Si se sospecha bacteriemia, se realiza un hemocultivo. Deben realizarse urocultivos, de preferencia después de cambiar la sonda (para evitar cultivar a las bacterias colonizantes), y luego por punción directa con aguja de la sonda, todo ello con técnica aséptica para minimizar su contaminación.

Se recomienda un urocultivo a las mujeres a las que se les ha retirado una sonda dentro de las primeras 48 horas, independientemente de la presencia de síntomas.

Tratamiento

  • Antibióticos

Los pacientes asintomáticos de bajo riesgo no son tratados. Los pacientes sintomáticos y con riesgo elevado son tratados con antibióticos y medidas de soporte. La sonda debe reemplazarse cuando se inicia el tratamiento. La elección del antibiótico empírico es igual que para la pielonefritis aguda ( Infecciones urinarias bacterianas : Pielonefritis aguda). A veces se añade vancomicina al régimen. Posteriormente, se deben utilizar antibióticos con el espectro más estrecho posible de actividad, según el cultivo y el antibiograma. La duración óptima no está bien establecida, pero 7 a 14 días es un período razonable en pacientes que tuvieron una respuesta clínica satisfactoria, incluida la resolución de las manifestaciones sistémicas. Los pacientes asintomáticos de ambos sexos a quienes se les ha retirado una sonda recientemente y que tienen IU diagnosticada a partir del urocultivo deben tratarse de acuerdo con los resultados de éste. La duración óptima del tratamiento se desconoce.

Prevención

La medida de prevención más eficaz es evitar el cateterismo, así como retirar la sonda tan pronto como sea posible. El seguimiento de una técnica aséptica correcta y el mantenimiento de un sistema de drenaje cerrado también reducen el riesgo. Se desconoce la frecuencia con que deben cambiarse las sondas permanentes, e incluso si deben cambiarse. El sondaje intermitente conlleva menos riesgos que el uso de una sonda permanente, y debe ser utilizado en su lugar siempre que sea posible. La profilaxis antibiótica y las sondas recubiertas de antibiótico ya no se recomiendan para los pacientes que necesitan sondajes a largo plazo.

Conceptos clave

  • El uso prolongado de sondas vesicales permanentes aumenta el riesgo de bacteriuria, aunque esta bacteriuria suele ser asintomática.

  • Las infecciones urinarias sintomáticas pueden manifestarse con síntomas sistémicos (p. ej., fiebre, alteración del estado mental, disminución de la presión arterial) y pocos o ningún síntoma típico de las infecciones urinarias.

  • Realizar análisis de orina y urocultivos si los pacientes presentan síntomas o tienen un riesgo elevado de sepsis (p. ej., debido a inmunocompromiso).

  • Tratar de manera similar a la de otras infecciones urinarias complicadas.

  • Siempre que sea posible, evitar el uso de sondas o retirarlas a la primera oportunidad.