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Prolapso de órganos pélvicos (POP)

(Trastornos del soporte pélvico)

Por

Charlie C. Kilpatrick

, MD, MEd, Baylor College of Medicine

Última revisión completa jul. 2019
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El prolapso de los órganos pélvicos implica un descenso (prolapso) de la vejiga, la uretra, el útero, el intestino delgado, el recto o la vagina causado por debilidad o lesión de los ligamentos, del tejido conjuntivo y de los músculos de la pelvis.

  • La mujer puede sentir presión que se percibe como si algo sobresaliera de su vagina o como si estuviera sentada sobre una pelota, una sensación de pesadez en su pelvis o una sensación como de tener problemas con la micción o las deposiciones.

  • Se realiza una exploración ginecológica mientras la mujer hace presión hacia abajo, como al defecar, para hacer más evidentes los síntomas.

  • Los ejercicios de la musculatura pélvica y los pesarios son beneficiosos, pero puede resultar necesaria una intervención quirúrgica.

El prolapso de órganos pélvicos afecta solo a mujeres y su frecuencia aumenta con la edad. A lo largo de la vida, aproximadamente 1 de cada 11 mujeres necesita cirugía para corregir un prolapso de órgano pélvico.

El suelo pélvico es una red de músculos, ligamentos y tejidos que actúan como una hamaca para ofrecer soporte a los órganos pélvicos: el útero, la vagina, la vejiga, la uretra y el recto. Si los músculos se debilitan o los ligamentos o tejidos se distienden o lesionan, los órganos pélvicos o el intestino delgado pueden sufrir un descenso y protruir (prolapso) en la vagina. Si el trastorno es grave, los órganos pueden sobresalir del todo por la abertura de la vagina al exterior del cuerpo.

El prolapso de órganos pélvicos suele ser consecuencia de una combinación de factores.

Los factores siguientes suelen contribuir a la aparición del prolapso de órganos pélvicos:

  • Tener un bebé, sobre todo si el bebé nace por vía vaginal

  • Ser obesa

  • Sufrir una lesión en la zona, como puede ocurrir durante la histerectomía (extirpación del útero) u otro procedimiento quirúrgico

  • Envejecimiento

  • Realizar con frecuencia actividades que aumentan la presión en el abdomen, como el esfuerzo durante la defecación o levantar objetos pesados

El embarazo y el parto vaginal pueden debilitar o distender algunas estructuras que sirven de soporte a la pelvis. El prolapso de órgano pélvico es más frecuente en caso de haber tenido varios partos vaginales, y el riesgo aumenta con cada parto. El parto en sí puede lesionar los nervios, lo que ocasiona debilidad muscular. El riesgo de desarrollar un prolapso de órgano pélvico puede ser menor en un parto por cesárea que en un parto vaginal.

A medida que se envejece, las estructuras que sostienen la pelvis pueden debilitarse, lo que aumenta la probabilidad de sufrir un prolapso de órgano pélvico.

Haberse sometido a una histerectomía también puede debilitar las estructuras de la pelvis, aumentando el riesgo de prolapso de órganos pélvicos.

Otros factores menos frecuentes que pueden contribuir son: acumulación de líquido en el abdomen (ascitis, que ejerce presión sobre los órganos de la pelvis), trastornos de los nervios que inervan el suelo pélvico, tumores y enfermedades del tejido conjuntivo (el tejido resistente y a menudo fibroso que se encuentra presente en casi todos los órganos, incluyendo los músculos, y que proporciona sostén y elasticidad). A veces hay defectos congénitos que afectan a esta zona, o se nace con unos tejidos pélvicos muy débiles.

Tipos y síntomas

El prolapso de un órgano pélvico es básicamente una hernia a través de la que sobresalen los órganos de manera anómala porque se ha debilitado el tejido de soporte.

Los diferentes tipos de prolapso de órgano pélvico reciben su nombre según el órgano afectado.

  • La pared posterior de la vagina: prolapso del recto (rectocele) o del intestino delgado (enterocele)

  • La pared frontal de la vagina: prolapso de la vejiga (cistocele) o de la uretra (uretrocele)

  • La parte superior de la vagina: prolapso vaginal (apical)

  • El útero: prolapso del útero (prolapso uterino)

A menudo se presenta más de un tipo. En todos los tipos, el síntoma más frecuente es la sensación de pesadez, plenitud o presión en la zona de la vagina. La mujer puede sentirse como si estuviera sentada sobre una pelota o sentir que el útero, la vejiga o el recto están abultados o desprendiéndose a través de su vagina.

Cuando algo se cae: prolapso en la pelvis

Cuando algo se cae: prolapso en la pelvis

Los síntomas suelen aparecer cuando se está en posición vertical, se hace presión o se tose, y desaparecer a tumbarse y relajarse. A veces, el coito es doloroso.

Puede que no se presenten síntomas en los casos leves hasta que se envejezca.

El prolapso del recto (rectocele), del intestino delgado (enterocele), la vejiga (cistocele) y la uretra (uretrocele) son particularmente propensos a ocurrir simultáneamente. Un uretrocele y un cistocele casi siempre ocurren simultáneamente.

Los daños en el suelo pélvico puede afectar las vías urinarias. Como resultado, las mujeres que tienen un prolapso del organismo pueden tener problemas para controlar la micción, lo que da lugar a escapes involuntarios de orina (incontinencia urinaria) o problemas para vaciar por completo la vejiga (retención urinaria).

Rectocele

El rectocele aparece cuando el recto desciende y sobresale en la pared posterior de la vagina. Es consecuencia del debilitamiento de la pared muscular del recto y del tejido conjuntivo que se encuentra a su alrededor.

El rectocele puede dificultar la deposición y causar estreñimiento. Las afectadas pueden ser incapaces de vaciar sus intestinos por completo. A veces es necesario colocar un dedo en su vagina y presionar contra el recto para poder evacuar.

Enterocele

El enterocele aparece cuando el intestino delgado y el revestimiento de la cavidad abdominal (peritoneo) sobresalen hacia abajo entre la vagina y el recto. Esto se produce con mayor frecuencia después de la extirpación quirúrgica del útero (histerectomía). Un enterocele es consecuencia del debilitamiento del tejido conjuntivo y de los ligamentos que sostienen el útero o la vagina.

El enterocele no suele ocasionar síntomas. Sin embargo, a veces se experimenta una sensación de pesadez, presión o dolor en la región pélvica. También puede sentirse dolor en la parte inferior de la espalda.

Cistocele y cistouretrocele

El cistocele aparece cuando la vejiga desciende y sobresale en la pared anterior de la vagina. Es consecuencia del debilitamiento del tejido conjuntivo y de las estructuras que sirven de soporte alrededor de la vejiga. La aparición simultánea de un uretrocele y un cistocele se denomina cistouretrocele.

Las mujeres con cualquiera de estos trastornos pueden sufrir incontinencia urinaria.

Prolapso del útero

En el prolapso del útero, este desciende dentro de la vagina. Generalmente se produce como resultado del debilitamiento del tejido conjuntivo y de los ligamentos que sirven de soporte al útero. El útero puede prolapsar (sobresalir) de las maneras siguientes:

  • Sólo hacia la parte superior de la vagina

  • Por debajo de la abertura de la vagina

  • Parcialmente a través de la abertura

  • Durante todo el camino a través de la abertura, lo que resulta en prolapso uterino total (procidencia)

Cuanto más cae el útero mayor es la gravedad de los síntomas.

Al principio, el prolapso del útero puede causar síntomas leves o ningún síntoma. Cuando los prolapsos empeoran, el primer síntoma que refieren la mayoría de las afectadas es notar un bulto en la abertura de la vagina. También pueden sufrir dolor en la parte inferior de la espalda o sobre el cóccix, dificultad para defecar y dolor durante las relaciones sexuales, así como sensación de pesadez o presión, es decir la sensación de que los órganos pélvicos se están desprendiendo.

El prolapso uterino total puede causar dolor al caminar. Pueden aparecer úlceras en el cuello uterino prolapsado (la parte inferior del útero) y causar sangrado, secreción e infección.

Las mujeres pueden tener problemas para controlar la micción, lo que da lugar a escapes involuntarios de orina (incontinencia urinaria). O bien la afectada puede ser incapaz de vaciar su vejiga por completo o de orinar (retención urinaria).

Se puede producir estreñimiento.

Prolapso de la vagina

En el prolapso de la vagina, la parte superior de esta desciende hacia la zona inferior, de tal forma que se da la vuelta de dentro afuera. La parte superior puede descender parcialmente en la vagina, o en su totalidad, sobresalir fuera del cuerpo y causar un prolapso vaginal total. Por lo general también está presente un cistocele o un rectocele.

El prolapso vaginal total puede causar dolor al sentarse o al caminar. Pueden aparecer úlceras en la vagina prolapsada y dar lugar a sangrado y secreción. Al igual que el prolapso del útero, el prolapso de la vagina puede causar dificultades para orinar. También es posible que la defecación resulte dificultosa.

Diagnóstico

  • Una exploración pélvica

Los trastornos del suelo pélvico suelen diagnosticarse realizando una exploración ginecológica con un espéculo (instrumento que separa las paredes de la vagina). Para determinar la gravedad de un rectocele o un enterocele se puede insertar simultáneamente un dedo en la vagina y otro en el recto.

Puede pedirse a la mujer que empuje (como al defecar) o que tosa. Esta prueba puede hacerse pidiendo a la mujer que ponga uno de los pies en un taburete. La presión ejercida en la pelvis al hacer presión hacia abajo, toser y/o estar de pie puede hacer más evidente el prolapso de un órgano pélvico.

Pueden realizarse pruebas para determinar el funcionamiento de la vejiga y del recto. Por ejemplo, se suele determinar la cantidad de orina que la vejiga puede almacenar sin fugas, la cantidad de orina que queda en la vejiga después de orinar y la tasa de flujo de orina. Si se tiene un problema de paso de orina o incontinencia urinaria, puede utilizarse un tubo flexible de visualización para observar el interior de la vejiga (cistoscopia) o el interior de la uretra (uretroscopia). Estas pruebas ayudan a determinar si los fármacos o la cirugía son el mejor tratamiento. Si la vejiga no está funcionando bien, es más probable que sea necesaria una intervención quirúrgica.

Si las llagas en la vagina o en el cuello uterino sangran o causan dolor, es posible que los médicos necesiten tomar una muestra y examinarla para ayudarles a determinar el tratamiento necesario.

Tratamiento

  • Observación

  • Pjercicios del suelo pélvico

  • Un pesario

  • Cirugía

El tratamiento del prolapso de órganos pélvicos se basa en los síntomas de la mujer. El tratamiento tiene como objetivo mejorar la calidad de vida.

Los médicos comienzan monitorizando de cerca a la mujer y sus síntomas.

Si los síntomas son molestos, el tratamiento puede consistir en ejercicios del suelo pélvico, un pesario y, si los síntomas son graves, cirugía.

Ejercicios

Los ejercicios del suelo pélvico, como los ejercicios de Kegel, pueden disminuir los síntomas molestos, incluyendo la incontinencia por esfuerzo, pero no afectan al prolapso en sí. Tienden a ser más útiles si el prolapso es leve.

Estos ejercicios ayudan a fortalecer los músculos del suelo pélvico. Los ejercicios de Kegel van dirigidos a los músculos de alrededor de la vagina, la uretra y el recto, que se utilizan para detener el flujo de orina. Estos músculos se aprietan con firmeza y se mantienen contraídos durante 1 o 2 segundos aproximadamente, y luego se relajan durante otros 10 segundos. Poco a poco las contracciones se alargan hasta durar cerca de 10 segundos cada una. Este ejercicio se repite unas 10 veces seguidas. Se recomienda realizar esta serie de ejercicios varias veces al día. Los ejercicios de Kegel pueden hacerse sentada, de pie o tumbada.

Algunas mujeres tienen dificultades para contraer los músculos correctos. Para determinar si están contrayendo los músculos correctos, las mujeres pueden contraer los músculos del suelo pélvico dos o tres veces al orinar. Si contraen los músculos correctos, el chorro de orina se detiene a mitad de camino. Si las mujeres necesitan ayuda adicional, se puede recomendar fisioterapia del suelo pélvico.

La fisioterapia del suelo pélvico incluye técnicas que facilitan el aprendizaje de los ejercicios, como las siguientes:

  • Pequeños conos insertados en la vagina, que ayudan a contraer los músculos correctos.

  • Dispositivos de biorretroalimentación, que pueden usar sensores especiales que muestran las contracciones musculares del suelo pélvico en la pantalla de una computadora

  • Estimulación eléctrica (un profesional sanitario inserta una sonda que transmite corriente eléctrica para contraer el músculo correcto).

Pesarios

Si el prolapso causa síntomas, puede introducirse un dispositivo denominado pesario en la vagina, para que sirva de soporte a los órganos del suelo pélvico. Los pesarios son especialmente beneficiosos para las mujeres que están esperando una intervención quirúrgica y para las que no quieren o no pueden someterse a cirugía. El pesario puede reducir los síntomas, pero no es una cura.

Este puede tener la forma de un diafragma, de cubo o de anillo. Algunos se pueden inflar. El médico prueba diversos tamaños de pesario hasta encontrar el adecuado. En algunos países, los pesarios se pueden adquirir sin receta médica.

Es necesario retirar el pesario de forma periódica y limpiarlo con agua y jabón. Se enseña a la mujer cómo realizar la inserción y la extracción del pesario para limpiarlo. Si la mujer es incapaz de limpiar el pesario ella misma o prefiere no limpiarlo, puede acudir periódicamente al consultorio médico para esta limpieza. Algunos pesarios se deben retirar durante el coito. Además, las mujeres pueden optar por retirarlos durante las relaciones sexuales. Las mujeres también deben quitarse el pesario durante la noche a intervalos regulares según lo recomendado por su médico.

Los pesarios a veces irritan los tejidos vaginales y causan una secreción maloliente. Algunas veces la secreción se puede controlar limpiando regularmente el pesario, cambiando el tipo de pesario o usando un gel vaginal. Algunos médicos recomiendan el uso de una crema de estrógeno para controlar la secreción.

Las mujeres que usan un pesario deben ver a su médico periódicamente, según lo recomiende su médico.

Cirugía

Si los síntomas persisten después de haber probado los ejercicios de suelo pélvico y un pesario, se recurre a una intervención quirúrgica. La cirugía también es una opción para las mujeres que no desean usar un pesario. A menudo solo se practica cuando la mujer ha decidido no tener más hijos.

Se utiliza uno de los siguientes tipos de cirugía:

  • Cirugía vaginal: la cirugía se realiza a través de la vagina en lugar del abdomen. En estos casos, no es necesaria una incisión externa.

  • Cirugía abdominal: se realizan una o más incisiones en el abdomen.

En general, la cirugía vaginal causa menos problemas que la cirugía abdominal y la recuperación es más rápida.

La cirugía abdominal consiste en lo siguiente:

  • Laparotomía: se realiza una incisión de varios centímetros de longitud en el abdomen.

  • Cirugía laparoscópica: se inserta un tubo de visualización (laparoscopio) y los instrumentos quirúrgicos a través de varias incisiones pequeñas practicadas en la parte inferior del abdomen.

Se localiza la zona debilitada y se refuerzan los tejidos de alrededor para evitar que el órgano descienda a través de la zona débil.

Los procedimientos para los rectoceles, enteroceles, cistoceles y cistouretroceles pueden incluir lo siguiente:

  • Reparación de los tejidos que normalmente sostienen la vagina (colporrafia).

  • Reparación de los tejidos situados entre el orificio de la vagina y el ano (perineorrafia).

En estos dos procedimientos la cirugía se realiza a través de la vagina. Estos procedimientos no requieren realizar una incisión en el abdomen.

El tratamiento para el prolapso grave del útero o la vagina puede consistir en

  • Extirpación del útero, si todavía está presente (histerectomía)

  • Reparación de los tejidos que sostienen el útero y la vagina (colporrafia)

  • Reparación de los tejidos situados entre el orificio de la vagina y el ano (perineorrafia)

  • Unión (con suturas) de la parte superior de la vagina a una estructura estable cercana, como un hueso o un ligamento fuerte de la pelvis (fijación al ligamento sacroespinoso)

  • Cierre de la vagina (colpocleisis) después de la extirpación del útero o con el útero en su lugar (llamado procedimiento de Le Fort)

La cirugía se retrasa hasta que se hayan curado las llagas de la vagina que sobresale.

Durante la reparación del prolapso, los médicos pueden sugerir el uso de mallas para repararlo.

Se pueden utilizar dos tipos de material:

  • Tejidos procedentes de cerdos, vacas, un donante humano o la propia mujer (injerto biológico)

  • Una malla sintética

Las complicaciones del uso de una malla consisten en dolor, erosión de la malla a través de la pared de la vagina, infecciones, daños a las estructuras de la pelvis, dolor pélvico y dolor durante el coito. Estas complicaciones pueden precisar una reparación quirúrgica. Si el prolapso precisa reparación quirúrgica, las mujeres deben preguntar a su médico si se usará una malla sintética o un injerto biológico y, si es así, cuáles son los riesgos y beneficios de cada uno de ellos.

El cierre de la vagina (colpocleisis) es una opción para las mujeres que sufren prolapso vaginal grave y no contemplan permanecer sexualmente activas. Para este procedimiento se retira parte del recubrimiento de la vagina y esta se cierra mediante sutura. Debido a que este procedimiento se puede realizar de forma rápida y causa pocas complicaciones, puede ser una buena opción para las mujeres con trastornos que provocan que la cirugía sea de riesgo (por ejemplo, un trastorno cardíaco). Además, después de la colpocleisis es improbable que se repita el prolapso. Sin embargo, el coito vaginal ya no es posible.

Después de una intervención quirúrgica destinada a corregir un prolapso de órgano pélvico, se puede introducir una sonda en la vejiga hasta que esta comience a funcionar con normalidad. Idealmente, el catéter se retira en un plazo máximo de 24 horas.

El tiempo de recuperación depende del tipo de cirugía. La mayoría de las mujeres pueden reanudar gradualmente su actividad física normal durante un período de unas pocas semanas, dependiendo de la cirugía. Durante los 6 meses posteriores a la intervención quirúrgica para corregir un prolapso de órganos pélvicos se debe evitar el levantamiento de pesos pesados (más de 10 libras [unos 4,5 kg]), ya que puede afectar a la cicatrización.

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