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Introducción a las fracturas

Por

Danielle Campagne

, MD, University of San Francisco - Fresno

Última revisión completa jul. 2019
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Datos clave
NOTA: Esta es la versión para el público general. MÉDICOS: Hacer clic aquí para la versión para profesionales
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Una fractura es una grieta o una rotura de un hueso. La mayoría de las fracturas son consecuencia de la fuerza aplicada a un hueso.

  • Las fracturas suelen ser consecuencia de lesiones o de un uso excesivo.

  • La zona lesionada duele (especialmente cuando se usa), generalmente está hinchada, y puede estar contundida, distorsionada, angulada o fuera de su posición.

  • También pueden estar presentes o desarrollarse con posterioridad otras lesiones, como las lesiones de los vasos sanguíneos y nervios, el síndrome compartimental, infecciones y problemas articulares a largo plazo.

  • A veces los médicos pueden diagnosticar las fracturas basándose en los síntomas, las circunstancias causantes de la lesión y los resultados de la exploración clínica, pero por regla general se necesitan radiografías.

  • La mayoría de las fracturas cicatrizan bien y ocasionan pocos problemas, pero el tiempo que tardan en curarse varía, dependiendo de muchos factores, como la edad del paciente, el tipo y la gravedad de la lesión y la presencia de otros trastornos.

  • El tratamiento depende del tipo y la gravedad de la fracturas y puede incluir analgésicos, PRICE (protección, reposo, hielo -ice-, compresión y elevación), maniobras o procedimientos para colocar las piezas dañadas de nuevo en su posición normal (reducción), inmovilización de la parte lesionada (por ejemplo, con un yeso o una férula), y a veces cirugía.

Los huesos forman parte del sistema musculoesquelético, que también incluye los músculos y los tejidos que los conectan (ligamentos, tendones y otros tejidos conjuntivos, llamados tejidos blandos). Estas estructuras proporcionan al cuerpo su forma y su estabilidad, haciendo que pueda moverse.

Los tejidos del sistema musculoesquelético pueden dañarse de diversas maneras además de las fracturas, como las siguientes:

  • Los huesos de las articulaciones pueden estar totalmente separados unos de otros (lo que se denomina luxación) o sólo parcialmente fuera de su posición (lo que se denomina subluxación).

  • Los ligamentos (que unen los huesos entre sí) se pueden romper (esguince).

  • Los músculos se pueden romper (roturas fibrilares, distensiones o esguinces musculares).

  • Los tendones (que unen el músculo al hueso) se pueden romper.

Los esguinces, las distensiones y los tendones rotos se llaman lesiones de tejidos blandos.

Las fracturas (y las demás lesiones musculoesqueléticas) varían mucho tanto en gravedad como en el tipo de tratamiento requerido. Por ejemplo, las fracturas pueden ir desde una fisura pequeña en un hueso del pie, que fácilmente pasa inadvertida, hasta una importante fractura pélvica que pone en peligro la vida.

Una fractura puede romper la piel (denominada fractura abierta) o no (fractura cerrada).

Un traumatismo que rompe un hueso también puede dañar seriamente otros tejidos, incluyendo la piel, los nervios, los vasos sanguíneos, los músculos y diversos órganos. Estas lesiones pueden complicar el tratamiento de la fractura y/o causar problemas de forma temporal o permanente.

En la mayoría de los casos las extremidades están fracturadas, pero pueden producirse fracturas en los huesos de cualquier parte del cuerpo, como las siguientes:

Cómo consolida el hueso

Cuando la mayoría de los tejidos, como los de la piel, los músculos y los órganos internos se lesionan de forma considerable, se autoreparan mediante el reemplazo del tejido sano por tejido cicatricial. El tejido cicatricial suele tener una apariencia diferente de la del tejido normal, o altera de algún modo su funcionalidad. En contraste, el hueso se cura (consolida) mediante la formación de tejido óseo.

Cuando un hueso se regenera después de una fractura, esta suele resultar prácticamente indetectable al cabo de un tiempo. Incluso huesos que han presentado lesiones muy graves, cuando se tratan adecuadamente, a menudo consolidan y llegan a funcionar con cierta normalidad.

La rapidez con que se regenera el hueso depende de la edad de la persona y de la presencia de otros trastornos. Por ejemplo, los huesos de los niños se regeneran mucho más rápido que los de los adultos. Los trastornos que afectan el flujo sanguíneo (como la diabetes y la enfermedad arterial periférica) retrasan la regeneración.

Las fracturas se curan en tres etapas superpuestas:

  • Inflamación

  • Repararación

  • Remodelación

En la fase inflamatoria, el proceso de reparación comienza inmediatamente después de la fractura. Las células del sistema inmunológico se desplazan al área lesionada para eliminar el tejido dañado, los fragmentos óseos y la sangre extravasada de los vasos sanguíneos rotos.

Las células inmunitarias liberan sustancias que atraen más células inmunitarias, aumentan el flujo de sangre a la zona, y hacen que entre más líquido en la zona lesionada. Como resultado, el área alrededor de la fractura se inflama (adquiere una coloración roja, y está hinchada y sensible).

La etapa inflamatoria alcanza su actividad máxima al cabo de un par de días, pero tarda semanas en desaparecer. Este proceso causa la mayor parte del dolor que experimenta al principio la persona que ha sufrido una fractura.

Durante esta etapa y la etapa de reparación, a menudo es necesario evitar que la parte fracturada del cuerpo se mueva (inmovilización), por ejemplo, con un yeso o una férula.

La etapa de reparación comienza pocos días después de la lesión y puede durar entre semanas y meses. Para reparar la fractura se forma hueso nuevo (denominado callo óseo). Al principio este nuevo tejido óseo, denominado callo externo, no contiene calcio (el mineral que proporciona al hueso su resistencia y densidad). Este tejido nuevo es blando y elástico. Por lo tanto, se puede dañar con facilidad y puede permitir que la fractura se mueva (se desplace). Además, no puede detectarse en las radiografías.

En la etapa de remodelación, el hueso se destruye, se reconstruye y se restaura hasta una situación similar a la previa. La remodelación tarda muchos meses. El calcio se deposita en el callo, con lo que aumenta su rigidez y resistencia, y es más fácil de ver en las radiografías, conforme se restablece la forma y estructura del hueso.

Durante esta etapa, la persona afectada puede comenzar a usar poco a poco la parte lesionada con normalidad. Debe reanudar gradualmente sus actividades normales y aumentar de forma progresiva la cantidad de fuerza o de peso que carga sobre la parte lesionada.

Causas

La causa más frecuente de las fracturas es un traumatismo. El traumatismo incluye

  • Un traumatismo directo, como sucede en caídas o accidentes de tráfico

  • Fuerza moderada repetida, como puede ocurrir en los corredores de larga distancia o en los soldados que marchan con una carga pesada en la espalda (estas fracturas se denominan fracturas por sobreesfuerzo)

La gravedad de la fracturas depende en parte de la intensidad del traumatismo. Por ejemplo, una caída desde la propia altura suele causar fracturas menores, pero una caída desde un edificio alto puede causar fracturas graves que afectan a múltiples huesos.

Algunas fracturas se producen durante la actividad deportiva (véase Lesiones deportivas).

Algunos trastornos pueden debilitar el hueso. Entre estos factores se incluyen los siguientes

  • Ciertas infecciones

  • Tumores óseos (que pueden ser cancerosos o no), incluidos los cánceres que se han diseminado (metástasis) desde cualquier parte del cuerpo hasta el hueso

Las personas con uno de estos trastornos también son más propensas a romperse un hueso, incluso cuando la fuerza ejercida es leve. Este tipo de fracturas se denominan fracturas patológicas.

Síntomas

El síntoma más claro de una fractura es

  • Dolor

La parte lesionada duele, especialmente cuando el sujeto trata de cargar peso o mover la extremidad. La zona que rodea a la fractura es dolorosa al tacto. Otros síntomas incluyen

  • Hinchazón

  • Una parte que se ve deformada, doblada o fuera de su posición

  • Hematomas o decoloración

  • Incapacidad para usar la parte lesionada con normalidad

  • Posiblemente pérdida de la sensibilidad (entumecimiento o sensaciones anómalas)

Las fracturas generalmente causan hinchazón, pero ésta puede tardar horas en aparecer y, en algunos tipos de fracturas, es muy leve.

Cuando los músculos que rodean la zona lesionada tratan de mantener el hueso fracturado en su posición se pueden producir espasmos musculares, causando un dolor adicional.

Se producen hematomas cuando existe un sangrado por debajo de la piel. La sangre puede provenir de los vasos sanguíneos del hueso fracturado o de los tejidos circundantes. Al principio, el moratón es de color negro violáceo y se va tornando entre verde y amarillo a medida que la sangre se descompone y el organismo la reabsorbe. Esta puede desplazarse a bastante distancia de la fractura, lo que causa un hematoma de grandes dimensiones o bien un hematoma a cierta distancia de la zona lesionada. La sangre puede tardar semanas en reabsorberse. La sangre acumulada produce dolor temporal y rigidez en las estructuras circundantes. Por ejemplo, las fracturas del hombro pueden causar moratones en todo el brazo y provocar dolor en el codo y en la muñeca.

El dolor, igual que la fractura misma, impiden a menudo que la persona afectada mueva la parte fracturada con normalidad.

Debido a que los movimientos de la parte lesionada son dolorosos, el paciente generalmente no quiere realizar movimientos. Si el paciente no puede hablar (como en niños pequeños o ancianos), la negativa a mover una parte del cuerpo puede ser el único signo de una fractura. Sin embargo, algunas fracturas no impiden a la persona afectada mover la zona lesionada. El hecho de que la zona lesionada pueda moverse no significa que no haya fractura.

Complicaciones

Las fracturas pueden ir acompañadas de otros problemas (complicaciones) u ocasionarlos. Sin embargo, las complicaciones graves no son frecuentes. El riesgo de complicaciones graves aumenta si la piel se rompe o si se lesionan los vasos sanguíneos o los nervios.

Algunas complicaciones (como la lesión de los vasos sanguíneos y los nervios, el síndrome compartimental, la embolia grasa, y las infecciones) se producen durante las primeras horas o días después de la lesión. Otras (como los problemas con las articulaciones y los defectos de consolidación) se desarrollan con el tiempo.

Lesiones de los vasos sanguíneos

Muchas fracturas causan un sangrado visible alrededor de la lesión. En raras ocasiones, el sangrado dentro del cuerpo (sangrado interno) o a través de una herida abierta (sangrado externo) es lo suficientemente importante como para causar una disminución peligrosa de la tensión arterial (shock, choque). Por ejemplo, se puede producir un choque (shock) cuando una fractura del fémur o de la pelvis causa una hemorragia interna grave. Si una persona está tomando un medicamento para prevenir la formación de coágulos sanguíneos (un anticoagulante), una lesión relativamente menor pueden causar un sangrado importante.

Una luxación de cadera o rodilla puede interrumpir el flujo de sangre a la pierna. Por lo tanto, los tejidos de la pierna no pueden obtener sangre suficiente (lo que se denomina isquemia) y pueden morir (lo que se denomina necrosis). Si muere suficiente tejido, parte de la pierna puede tener que ser amputada. Algunas veces, las fracturas del codo o del húmero pueden interrumpir el flujo sanguíneo al antebrazo, causando problemas similares. La interrupción del suministro de sangre puede no causar ningún síntoma hasta varias horas después de la lesión.

Lesión neurológica

A veces los nervios se estiran, se lesionan o se aplastan cuando se fractura un hueso. Un traumatismo directo puede contundir o aplastar un nervio. Estas lesiones suelen curarse por sí mismas a lo largo de semanas, meses o años, en función de la gravedad de la enfermedad. Algunas lesiones nerviosas nunca sanan por completo.

En raras ocasiones, los nervios se rompen, a veces debido a la presencia de fragmentos afilados de hueso. Es más fácil que se produzca una laceración nerviosa cuando la piel está rota. Los nervios lacerados no sanan por sí solos y pueden necesitar una reparación quirúrgica.

Embolia pulmonar

La embolia pulmonar es la complicación grave más frecuentemente asociada a las fracturas graves de la cadera o la pelvis. Se produce cuando tras formarse un coágulo sanguíneo en una vena, éste se desprende (convirtiéndose en un émbolo), alcanza el pulmón y allí bloquea una arteria. Como resultado, es posible que el cuerpo no reciba suficiente oxígeno.

Una fractura de cadera aumenta en gran medida el riesgo de embolia pulmonar, ya que implica

  • Un traumatismo en la pierna, donde se forman la mayoría de los coágulos que causan la embolia pulmonar

  • Inmovilidad forzada (obligando al paciente a permanecer en cama) durante horas o días, disminuyendo el flujo sanguíneo, lo que favorece la formación de coágulos

  • Inflamación alrededor de la fractura, lo que también disminuye el flujo de sangre en las venas

Alrededor de un tercio de las personas que mueren después de una fractura de cadera lo hacen a causa de una embolia pulmonar. La embolia pulmonar es mucho menos frecuente en las fracturas de la zona inferior de la pierna y muy poco frecuente en las fracturas del brazo.

Embolia grasa

En raras ocasiones se produce una embolia grasa. Puede ocurrir cuando se fracturan los huesos largos (como el fémur) y se libera la grasa del interior del hueso (médula ósea). La grasa puede desplazarse a través de las venas, alojarse en los pulmones y obstruir allí un vaso sanguíneo, causando una embolia pulmonar. Como resultado, el organismo no recibe suficiente oxígeno, y el paciente puede presentar una sensación de falta de aire y dolor torácico. La respiración puede llegar a ser rápida y superficial, y la piel puede adquirir un aspecto moteado o un color azul.

Síndrome compartimental

En raras ocasiones, se produce un síndrome compartimental. Por ejemplo, cuando los músculos lesionados se hinchan mucho después de una fractura del brazo o de la pierna. Debido a que la inflamación ejerce presión sobre los vasos sanguíneos cercanos, el flujo de sangre a la extremidad lesionada se reduce o se interrumpe. Como resultado, los tejidos de la extremidad pueden lesionarse o morir, y el miembro puede tener que ser amputado. Si no se trata con rapidez, el síndrome puede ser mortal. El síndrome compartimental ocurre con mayor frecuencia en personas que presentan determinadas fracturas en la parte inferior de la pierna, determinadas fracturas del brazo o una fractura de Lisfranc (un tipo de fractura del pie).

Infecciones

Si al producirse la fractura se desgarra la piel la herida puede infectarse, y la infección puede propagarse al hueso (lo que se denomina osteomielitis). Esta infección es muy difícil de curar.

Problemas articulares

Las fracturas que afectan a una articulación por lo general lesionan el cartílago articular de los extremos óseos en las superficies de la articulación. Normalmente, este tejido de protección liso y resistente permite que las articulaciones se muevan sin problemas. El cartílago lesionado suele cicatrizar, lo que produce artrosis, que a su vez provoca rigidez en las articulaciones y limita su rango de movimiento. La rodilla, el codo y el hombro son particularmente propensos a desarrollar rigidez después de una lesión, especialmente en personas mayores.

Generalmente es necesaria la fisioterapia para prevenir la rigidez y ayudar a que la articulación se mueva lo más normalmente posible. Suele ser necesario el tratamiento quirúrgico para reparar el cartílago dañado. Después de la cirugía, es menos probable que se produzca una incongruencia articular (un escalón), y si se produce tiende a ser menos grave.

Algunas fracturas pueden hacer que una articulación sea inestable, lo que aumenta el riesgo de lesiones repetidas y artrosis. El tratamiento adecuado, que a menudo incluye un yeso o una férula, puede ayudar a prevenir problemas permanentes.

Miembros desiguales

En los niños, si la placa (o cartílago) de crecimiento de una pierna se fractura, es posible que la pierna afectada no crezca normalmente y sea más corta que la pierna no afectada. Las placas de crecimiento, que están formadas por cartílago, permiten que los huesos crezcan hasta que el niño alcanza su estatura máxima. Si una fractura no afecta el cartílago de crecimiento, puede estimular el crecimiento óseo desde el propio lugar de la fractura. Si estimula el crecimiento, la pierna fracturada puede crecer demasiado y ser más larga que la otra pierna.

En los adultos, la cirugía para reparar el fémur puede dar como resultado que una pierna sea más larga que la otra.

Problemas relacionados con la curación

A veces, los extremos de un hueso fracturado no cicatrizan como se esperaba. Es posible que

  • No se unan los extremos (lo que se denomina seudoartrosis)

  • Los extremos cicatricen muy lentamente (lo que se denomina retardo de consolidación)

  • Cicatricen en una posición incorrecta (lo que se denomina consolidación viciosa)

La probabilidad de que aparezcan estos problemas es mayor cuando

  • Los huesos fragmentados no se mantienen uno junto al otro y no se protegen del movimiento (no se mantienen inmovilizados, por regla general con un yeso o, algunas veces, con una férula).

  • El suministro de sangre se interrumpe.

Algunos trastornos, como la diabetes y la enfermedad vascular periférica, y ciertos fármacos, como los corticosteroides, pueden retrasar o interferir con la cicatrización ósea.

Osteonecrosis

Cuando se interrumpe el flujo de sangre a un hueso, parte del hueso puede morir, lo que da lugar a una osteonecrosis. Algunas lesiones (como las fracturas del hueso escafoides de la muñeca y las fracturas de cadera en las que los huesos rotos están fuera de sitio) tienen una mayor probabilidad de causar una osteonecrosis.

Diagnóstico

  • Evaluación médica

  • Radiografías para identificar las fracturas

  • A veces resonancia magnética nuclear o tomografía computarizada

Si una persona cree que se ha fracturado un hueso, debe acudir (o hacer que le lleven) de inmediato a una unidad de emergencias. Las posibles excepciones son algunas lesiones en los dedos de los pies o en las yemas de los dedos de la mano

Se debe llevar al paciente al servicio de urgencias, a menudo en ambulancia, si presenta cualquiera de los siguientes casos:

  • El problema es evidentemente grave (por ejemplo, si es el resultado de un accidente de tráfico o si el paciente no puede mover la parte del cuerpo afectada).

  • Sufre varias lesiones.

  • Tiene síntomas de presentar alguna complicación, por ejemplo, pérdida de sensibilidad en la parte del cuerpo afectada, incapacidad para mover con normalidad la parte afectada, piel fría o azulada, o pérdida de fuerza en la parte afectada.

  • No puede apoyarse sobre la extremidad afectada.

  • Inestabilidad de la articulación lesionada.

Si las lesiones son el resultado de un accidente grave, la primera prioridad del médico es

  • Comprobar si hay lesiones graves y complicaciones, como una herida abierta, una lesión nerviosa, pérdida importante de sangre, alteración del flujo sanguíneo o un síndrome compartimental

Por ejemplo, el médico hace lo siguiente:

  • Mide la presión arterial: la presión arterial es baja en personas que han perdido mucha sangre.

  • Comprueba los pulsos y el color y la temperatura de la piel: los pulsos ausentes o débiles y la piel pálida y fría pueden indicar que el flujo sanguíneo está interrumpido. Estos síntomas pueden significar que una arteria está dañada o que se ha producido un síndrome compartimental.

  • Comprueba la sensibilidad de la piel para determinar si la persona afectada puede sentir con normalidad: el médico pregunta al paciente si nota sensaciones anómalas, como una sensación de pinchazos, hormigueo o entumecimiento. Las sensaciones anómalas sugieren una lesión nerviosa.

Si alguna de estas lesiones y complicaciones están presentes, el médico las trata según sea necesario, y luego continúa con la evaluación.

Descripción de la lesión

El médico pide a la persona afectada (o a alguien que presenciara la situación) que describa lo que pasó. A menudo, el paciente no recuerda cómo se produjo una lesión o no lo puede describir con precisión. Saber cómo tuvo lugar la lesión puede ayudar al médico a determinar de qué tipo de lesión se trata. Por ejemplo, si el paciente comenta que se produjo un chasquido o un estallido, la causa puede ser una fractura (o una lesión de un ligamento o de un tendón). Además, el médico pregunta en qué dirección se forzó la articulación en el momento de la lesión. Esta información ayuda al médico a determinar qué huesos y demás estructuras están afectados.

El médico también pregunta cuándo ha comenzado el dolor y cuál es su intensidad:

  • Si se inicia inmediatamente después de la lesión, la causa puede ser una fractura o un esguince severo.

  • Si el dolor comenzó horas a días después, la lesión suele ser menor.

  • Si el dolor es más intenso de lo esperado para el traumatismo o si empeora de forma progresiva durante las primeras horas después de la lesión, se puede haber desarrollado un síndrome compartimental o puede haberse interrumpido el flujo sanguíneo.

Exploración física

La exploración física incluye los siguientes aspectos (en orden de prioridad):

  • Comprobar la existencia o no de una lesión de los vasos sanguíneos próximos a la zona lesionada, comprobando por ejemplo el pulso, la temperatura y el color de la piel

  • Comprobar la presencia de lesiones en los nervios (por ejemplo, explorando la sensibilidad) próximos a la zona lesionada

  • Examinar y mover la parte lesionada

  • Explorar las articulaciones situadas por encima y por debajo de la parte lesionada

El médico palpa con cuidado la zona lesionada para determinar si los huesos se han astillado, si se han desplazado de su lugar habitual y si la zona es dolorosa al tacto. El médico también comprueba si hay inflamación y hematomas. Si no aparece hinchazón dentro las primeras horas posteriores a la lesión, la fractura es poco probable.

Los médicos también preguntan al paciente si puede utilizar, apoyar y mover la parte lesionada.

El médico comprueba la estabilidad articular moviendo suavemente la articulación, pero si existe la posibilidad de que exista una fractura, solicita en primer lugar radiografías para determinar si es seguro mover la articulación. El médico comprueba si existe crepitación cuando se mueve la parte lesionada. Estos sonidos pueden indicar una fractura.

El médico también comprueba las articulaciones localizadas por encima y por debajo de la articulación lesionada y busca la presencia de lesiones en los ligamentos, los tendones y los músculos.

Si el dolor o los espasmos musculares interfieren con el examen, se puede administrar al paciente un calmante y/o un relajante muscular por vía oral o mediante una inyección, o bien se le puede inyectar un anestésico local en la zona lesionada. También se puede inmovilizar la parte lesionada hasta que los espasmos se detengan, generalmente durante unos días, y luego examinarla.

Pruebas

Las pruebas de diagnóstico por la imagen utilizadas para el diagnóstico de las fracturas son

  • Radiografías

  • Resonancia magnética nuclear (RMN)

  • Tomografía computarizada (TC)

Las radiografías son la prueba más importante para diagnosticar una fractura, y en muchas ocasiones la primera y la única prueba que se lleva a cabo para alcanzar el diagnóstico.

Sin embargo, las radiografías no siempre son necesarias, en función de la parte del cuerpo afectada y el diagnóstico supuesto por el médico. Por ejemplo, si la parte del cuerpo lesionada (como los dedos de los pies, con excepción del dedo gordo) se tratara de la misma manera, independientemente de si está o no fracturada, por lo general no son necesarias las radiografías.

Suelen tomarse radiografías desde dos ángulos distintos como mínimo, para mostrar cómo están alineados los fragmentos del hueso. Las radiografías de rutina pueden no mostrar pequeñas fracturas cuando los fragmentos óseos permanecen en su posición (es decir, cuando los fragmentos no se separan). Estas fracturas se denominan fracturas ocultas. Así que a veces se obtienen radiografías adicionales desde diferentes ángulos. De vez en cuando, el médico espera varios días o incluso semanas para hacer nuevas radiografías, porque algunas fracturas ocultas, como las fracturas costales, las fracturas por fatiga y las fracturas del escafoides (el hueso de la muñeca), se hacen visibles en las radiografías sólo después de que la fractura ha comenzado a consolidar y se deposita calcio en el hueso nuevo.

Cuando una fractura no se visualiza en las radiografías pero los médicos todavía la sospechan, pueden aplicar una férula y volver a examinar a la persona días más tarde. Si los síntomas siguen siendo preocupantes se puede obtener otra radiografía. Las fracturas pueden ser más fáciles de ver en los rayos X después de que hayan estado sanando durante un tiempo.

Si las radiografías muestran una fractura en un hueso que parece anómala (por ejemplo, si algunas zonas del hueso aparecen adelgazadas), probablemente la fractura se produjo debido a una enfermedad (como la osteoporosis) que debilita el hueso.

Pueden realizarse una TC o una RMN cuando

  • Los resultados del examen sugieren una fractura pero las radiografías no la ponen de manifiesto.

  • El especialista necesita radiografías más detalladas de la fractura para determinar la mejor forma de tratamiento.

La TC y la RMN también pueden utilizarse para obtener detalles de una fractura que no podrían detectarse mediante una radiografía convencional. La TC muestra los detalles sutiles en la superficie de una articulación fracturada y zonas de una fractura oculta por una zona ósea no dañada. La TC y la RMN en particular pueden mostrar las partes blandas, que generalmente no son visibles en las radiografías. La RMN muestra los tejidos situados alrededor del hueso, lo que ayuda a detectar lesiones en los tendones, los ligamentos, los cartílagos y los músculos circundantes. Puede mostrar alteraciones causadas por un cáncer. La RMN también puede revelar lesiones (hinchazón o hematomas) en el interior del hueso y de esa forma mostrar pequeñas fracturas visibles antes de que puedan detectarse en las radiografías.

Se pueden realizar otras pruebas para comprobar la presencia de lesiones relacionadas:

  • Angiografía (radiografías o tomografías computarizadas obtenidas después de inyectar en las arterias un agente de contraste, que se puede visualizar en las radiografías) para comprobar si los vasos sanguíneos están dañados

  • Estudios de conducción nerviosa para detectar lesiones en los nervios

Tipos de fracturas

Las pruebas de diagnóstico por la imagen permiten a los médicos identificar el tipo de fractura y describirlo con precisión.

Tabla
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Descifrando la terminología médica relacionada con las fracturas

Tipo

Descripción

Angulada

Los fragmentos de hueso no se ajustan a una línea recta. Uno está angulado con respecto al otro.

Avulsión

Un fragmento de hueso se arranca de la parte principal del hueso. Un ligamento puede traccionar de un fragmento óseo si la fuerza externa es lo suficientemente intensa, como puede ocurrir en una caída. Un tendón puede arrancar un fragmento de hueso si el músculo al que está unido se contrae con fuerza suficiente, como puede ocurrir en los deportistas jóvenes.

Las fracturas por avulsión suelen producirse en la mano, el pie, el tobillo, la rodilla o el hombro.

Cerrada

La piel sobre el hueso fracturado no se desgarra.

Conminuta

El hueso se rompe en tres o más fragmentos. A menudo, el hueso se rompe en muchos fragmentos muy pequeños.

Estas fracturas son causadas con frecuencia por un traumatismo de alta energía, como ocurre en un accidente de tráfico. También pueden ocurrir en personas con osteoporosis, que debilita los huesos.

El hueso se dobla sobre sí mismo.

Estas fracturas suelen producirse en personas de edad avanzada (por lo general en las que tienen osteoporosis). Las vértebras a menudo se ven afectadas (lo que se denomina fractura por aplastamiento vertebral).

Desplazada

Algunas partes o fragmentos del hueso roto están separadas e incorrectamente alineadas.

Fractura en tallo verde

El hueso en parte está fracturado y/o doblado pero no completamente roto.

Estas fracturas en tallo verde solo ocurren en los niños.

Estas fracturas ocurren en la placa de crecimiento, que está formada por cartílago. Las placas de crecimiento permiten que los huesos crezcan hasta que el niño alcanza su altura máxima. Cuando se completa el crecimiento, las placas de crecimiento son sustituidas por hueso. Cuando se fractura una placa de crecimiento, el hueso puede dejar de crecer o crecer torcido.

Las fracturas de la placa (o cartílago) de crecimiento se producen solo en niños y adolescentes.

Impactado

Uno de los extremos del hueso roto se ha empotrado en el otro. Como resultado, el hueso aparece acortado.

Articular (intraarticular)

Las fracturas se pueden extender al cartílago de los extremos de los huesos que forman una articulación (llamadas superficies articulares). Normalmente, este cartílago reduce la fricción que se produce cuando los huesos de una articulación se deslizan uno sobre otro. Cuando se fractura este cartílago, la persona afectada no puede mover la articulación, lo que hace más probable que se desarrolle una artrosis.

No desplazada

Los fragmentos de hueso roto continúan en su posición (están alineados normalmente), y no están separados.

Oblicua

El hueso se rompe en una línea de trayecto diagonal al eje mayor (diáfisis) del hueso.

Oculta

Estas pequeñas fracturas son difíciles o imposibles de ver en las radiografías, pero pueden ser vistas en otras pruebas de diagnóstico por la imagen como la tomografía computarizada (TC) o la resonancia magnética nuclear (RMN).

Después de unos días o semanas, se producen cambios en la estructura del hueso conforme éste comienza a consolidar. Entonces las fracturas ocultas pueden verse en las radiografías.

Algunas fracturas de estrés son fracturas ocultas.

Abierta

La piel y los tejidos que recubren el hueso fracturado se desgarran, y puede verse el hueso que asoma a través de la piel. Suciedad, desechos o bacterias pueden contaminar fácilmente la herida y pueden provocar una infección en el hueso roto.

Osteoporótica

Las fracturas osteoporóticas son el resultado de la osteoporosis (pérdida progresiva de la densidad ósea), que debilita los huesos y los hace más propensos a quebrarse.

Las fracturas osteoporóticas (en ocasiones denominadas fracturas de fragilidad) se producen en personas de edad avanzada, por lo general en las caderas, las muñecas, la columna vertebral, los hombros o la pelvis.

Espontánea

Las fracturas patológicas son producidas por un trastorno que debilita un hueso, como la osteoporosis, ciertas infecciones óseas o los tumores óseos (incluyendo las metástasis óseas producidas por cánceres situados en cualquier parte del cuerpo).

Segmentaria

Hay dos fracturas separadas en el mismo hueso. Las fracturas segmentarias son un tipo de fractura conminuta.

Espiroidea (por torsión)

Las fracturas espirales se producen cuando el hueso se retuerce sobre sí mismo. Como resultado, los extremos de los huesos pueden ser agudos, irregulares, e inclinados.

Una fractura por fatiga tiene lugar cuando el hueso sufre presión repetidamente como consecuencia de ciertas actividades, como caminar con una mochila pesada o correr. Las fracturas por fatiga suelen ser fisuras pequeñas en un hueso (a veces denominadas fracturas fisurarias o fracturas óseas capilares).

Las fracturas por fatiga son habituales en los huesos que cargan peso, como los del pie y los de la zona inferior de la pierna.

Rodete o torus

El hueso se deforma abombándose en lugar de romperse.

Las fracturas de toro suelen ocurrir únicamente en niños. Los huesos de los niños pueden abombarse (fractura en rodete) en lugar de quebrarse porque sus huesos son más gomosos que los de los adultos.

Transversa

El hueso se rompe en línea recta.

Algunos tipos de fracturas

Algunos tipos de fracturas

Tratamiento

  • Tratamiento de las complicaciones graves

  • Alivio del dolor

  • Protección, reposo, hielo, compresión y elevación

  • Realineamiento (reducción) de los fragmentos que están fuera de lugar

  • Inmovilización, por lo general con una férula o un yeso

  • En ciertas ocasiones, intervención quirúrgica

Las fracturas graves y las lesiones graves relacionadas, si están presentes, se tratan de inmediato. Por ejemplo, el choque (shock) o el síndrome compartimental reciben tratamiento de inmediato Sin un tratamiento oportuno, tales lesiones pueden empeorar, llegando a ser más dolorosas, siendo más probable que ocasionen una pérdida de función. Estas lesiones pueden causar problemas graves o incluso la muerte.

Si una persona cree que tiene una fractura u otra lesión grave, debe acudir a un centro de urgencias. Si no puede caminar o presenta varias lesiones, debe ser trasladado en ambulancia. Hasta que pueda conseguirse asistencia médica, se debe hacer lo siguiente:

  • Evitar que la extremidad lesionada se mueva (inmovilizarla) y proporcionarle apoyo con una férula improvisada, un cabestrillo o una almohada

  • Elevar la extremidad, si es posible por encima de la altura del corazón, para limitar la inflamación

  • Aplicar hielo (cubierto por una toalla o un trapo) a la zona lesionada para controlar el dolor y la inflamación

Tratamiento de los niños

Las fracturas en los niños suelen tratarse de manera diferente a las fracturas en los adultos, ya que los huesos de los niños son más pequeños, más flexibles, menos quebradizos y aún están creciendo. Las fracturas en los niños se curan mejor y más rápidamente que las de los adultos. Varios años después, en la mayoría de las fracturas de los niños, el hueso aparece casi normal en la radiografía.

En los niños, a menudo es preferible el tratamiento con yeso a la cirugía debido a que

  • Los niños desarrollan menos rigidez después de llevar un yeso que los adultos.

  • Son más propensos a ser capaces de moverse con normalidad después de llevar un yeso.

  • La cirugía cerca de una articulación puede dañar la parte del hueso que permite a los niños crecer (placa de crecimiento).

Tratamiento de las lesiones graves

En el servicio de urgencias, los médicos determinan la presencia de lesiones que requieran tratamiento inmediato.

Si se ha producido un desgarro en la piel, la herida se limpia, por lo general después de utilizar un anestésico local para adormecer la zona, y se cubre con un vendaje estéril. Además, a la persona lesionada se le administra una vacuna para prevenir el tétanos y antibióticos para prevenir la infección.

Para asegurarse de que la parte lesionada no se vea privada de sangre, se reparan quirúrgicamente las arterias dañadas a menos que estas sean pequeñas y el flujo sanguíneo no esté afectado.

También se reparan quirúrgicamente los nervios cortados, pero esta cirugía se puede retrasar hasta varios días después de la lesión, si es necesario. Si los nervios están comprimidos o contundidos, pueden sanar por sí solos.

Alivio del dolor

El dolor se trata tan pronto como sea posible, por lo general con analgésicos opiáceos y/o paracetamol (acetaminofeno) o bien mediante la inyección de un medicamento anestésico en los nervios de la zona (lo que se denomina un bloqueo nervioso). Un bloqueo nervioso impide que los nervios envíen señales de dolor al cerebro.

En general, la aspirina (ácido acetilsalicílico) y otros medicamentos antiinflamatorios no esteroideos (AINE), no suelen recomendarse en estos casos porque no suelen ser más eficaces que el paracetamol (acetaminofeno), y en algunas personas pueden empeorar la hemorragia.

PRICE

El acrónimo en inglés PRICE se refiere a la combinación de

  • Protección

  • Reposo

  • Hielo

  • Compresión (presión)

  • Elevación

El tratamiento PRICE también puede ser eficaz para las personas que, además de una factura, presentan lesiones de partes blandas. El tratamiento PRICE se utiliza para tratar los músculos, los ligamentos y los tendones lesionados.

La protección ayuda a evitar lesiones adicionales que podrían empeorar la original y puede consistir en limitar el uso de la parte lesionada, evitar poner peso sobre la parte del cuerpo lesionada, usar muletas y/o usar una férula o un yeso (o escayola).

El reposo evita una lesión mayor y puede acelerar la curación.

El hielo y la compresión minimizan la inflamación y el dolor. El hielo se aplica mediante una bolsa de plástico, toalla, o un paño que se mantiene durante 15 a 20 minutos cada vez, tan a menudo como sea posible durante las primeras 24 a 48 horas. Por lo general, la compresión se aplica a la herida mediante un vendaje elástico.

La elevación de la extremidad lesionada ayuda a drenar el líquido de la lesión y por lo tanto a reducir la inflamación. La extremidad lesionada se eleva por encima del nivel del corazón durante los primeros 2 días.

Después de 48 horas, el paciente puede aplicar periódicamente calor (por ejemplo, con una almohadilla térmica) durante 15 a 20 minutos cada vez. El calor puede aliviar el dolor. Sin embargo, no está claro si es preferible aplicar calor o hielo, y lo que funciona mejor puede variar de un sujeto a otro.

Reducción

A menudo, los fragmentos óseos se deben colocar de nuevo en su posición normal (lo que se denomina realinearlos o reducirlos). Por ejemplo, generalmente es necesaria la reducción si

  • Los fragmentos óseos están separados.

  • Los fragmentos óseos están desalineados.

Ciertas fracturas en los niños no necesitan ser realineadas porque el hueso, que sigue creciendo, puede corregir el defecto de alineación.

Si es posible, la reducción se lleva a cabo sin necesidad de cirugía (lo que se denomina reducción cerrada), mediante manipulación de los huesos o de los fragmentos óseos para volver a colocarlos en su lugar. Después de realizar la reducción, el médico suele solicitar radiografías para determinar si los huesos fracturados están en su posición normal.

Algunas lesiones deben ser realineadas quirúrgicamente (lo que se denomina reducción abierta).

Debido a que la reducción suele ser dolorosa, antes del procedimiento se suelen administrar al paciente analgésicos, sedantes y/o un anestésico. Los tipos de fármacos que se utilizan dependen de la gravedad de la lesión y de cómo se debe llevar a cabo la reducción:

  • Reducción cerrada de fracturas menores (tales como las de los dedos de la mano o del pie): puede que únicamente sea necesario inyectar un anestésico local, como la lidocaína, cerca de la parte lesionada.

  • Reducción cerrada de las fracturas importantes (como las del brazo, el hombro o la pierna): pueden administrarse un sedante y analgésicos intravenosos. El sedante adormila el sujeto, pero no le sumerge en un estado de inconsciencia. También se puede administrar un anestésico local mediante una inyección. Por ejemplo, si el paciente tiene una luxación de hombro, se puede inyectar lidocaína en la articulación del hombro.

  • Reducción abierta: se administra al paciente anestesia general mediante inyección o mediante una mascarilla, de forma que pierda la consciencia. Este procedimiento se suele realizar en el quirófano.

Inmovilización

Después de realinear la lesión, se debe evitar que esta se desplace (es decir, necesita ser inmovilizada).

Por lo general después de una reducción cerrada de una fractura se utiliza un yeso, una férula o un cabestrillo.

Durante una reducción abierta de una fractura a menudo se utiliza material de osteosíntesis, como clavos, tornillos, varillas y placas. Esta intervención se denomina reducción abierta y fijación interna (RAFI).

La inmovilización reduce el dolor y ayuda a la curación al prevenir que se produzcan más lesiones en los tejidos circundantes. Si se fractura un hueso de una pierna o un brazo, la inmovilización puede ayudar a prevenir una embolia grasa. La inmovilización es útil para la mayoría de las fracturas moderadas o graves. Se inmobilizan las articulaciones situadas a ambos lados de la fractura.

Si la inmovilización dura demasiado tiempo (por ejemplo, durante más de un par de semanas en adultos jóvenes), la articulación puede volverse rígida, a veces de forma permanente, y los músculos pueden acortarse (provocando contracturas) o disminuir su volumen (atrofiarse). Se pueden formar coágulos de sangre. Estos problemas pueden desarrollarse rápidamente, y las contracturas pueden llegar a ser permanentes, por lo general en las personas mayores. En consecuencia, el médico recomienda que el paciente mueva la parte afectada tan pronto como la fractura consolide. También se tiende a utilizar tratamientos que permiten a las personas mayores caminar tan pronto como sea posible (por ejemplo, la reparación quirúrgica de una fractura de cadera), en lugar de los que les obliga a ser inmovilizados durante mucho tiempo (como el reposo en cama o un yeso).

El fisioterapeuta puede aconsejar a la persona afectada sobre lo que puede hacer, mientras su parte lesionada está inmovilizada, para mantener la fuerza, la amplitud de movimiento y la funcionalidad tanto como sea posible. Una vez finalizada la inmobilización, el fisioterapeuta puede ayudar a la persona afectada con ejercicios para fortalecer y estabilizar la parte lesionada. Estos ejercicios pueden ayudar a prevenir futuras lesiones y discapacidades.

Si es necesaria la inmovilización y qué técnica se utiliza dependerá del tipo de fractura.

La mayoría de las fracturas se inmovilizan con un molde de yeso (escayola), una férula o un cabestrillo hasta que se curan. Sin inmovilización, los extremos fracturados tienen mayor tendencia a moverse, la curación es más lenta, y puede que la fractura no consolide. Si los huesos rotos se han separado o se encuentran desalineados, por lo general se deben realinear (reducir) antes de inmovilizarlos.

Los yesos se utilizan generalmente para las lesiones que deben mantenerse inmovilizadas durante semanas.

Para aplicar un yeso, el médico envuelve la zona lesionada en una tela, a la que después aplica una capa de un material de algodón suave para proteger la piel de la presión y el roce. Sobre este vendaje se aplica unas vendas de yeso o de fibra de vidrio que se endurecen cuando se secan. A menudo se utiliza un yeso para inmovilizar las fracturas desplazadas ya que se moldea bien y es menos probable que roce la piel. Las inmovilizaciones con fibra de vidrio son más fuertes, más ligeras y más duraderas. Después de aproximadamente una semana disminuye la hinchazón. A continuación, la férula de yeso a veces puede ser reemplazada por una inmovilización con fibra de vidrio que en esta fase se adapta más fácilmente a la extremidad.

A los pacientes a los que se les coloca un yeso se les proporcionan instrucciones específicas para su cuidado. Si un yeso no se cuida adecuadamente, pueden aparecer problemas. Por ejemplo, si se moja un yeso, el acolchado protector bajo el yeso puede empaparse, siendo imposible secarlo por completo. Como resultado, la piel puede reblandecerse y erosionarse, y pueden formarse úlceras. Además, si un yeso se moja, puede reblandecerse y, por lo tanto, no proteger e inmovilizar la zona lesionada.

Es necesario dar instrucciones al paciente para que mantenga le extremidad inmovilizada elevada el mayor tiempo posible, a nivel o por encima del nivel del corazón, sobre todo durante las primeras 24 a 48 horas. También debe flexionar y extender los dedos de forma regular. Estas estrategias ayudan a que la sangre abandone la extremidad lesionada y a prevenir, de esta forma, la hinchazón.

Si el yeso (o escayola) causa un dolor persistente o que empeora, se siente excesivamente apretado o causa un nuevo entumecimiento o debilidad, los afectados deben contactar con un médico o acudir al departamento de emergencias de inmediato. Estos síntomas pueden deberse a una úlcera por presión o a un síndrome compartimental en desarrollo. En estos casos, el médico puede tener que retirar el yeso y colocar otro.

¿Sabías que...?

  • Si el yeso (o escayola) causa un dolor persistente o que empeora, se siente excesivamente apretado o causa un nuevo entumecimiento o debilidad, los afectados deben contactar con un médico o acudir al departamento de emergencias de inmediato.

Cuidado del yeso (escayola)

  • Durante el baño, se envuelve el molde de yeso en una bolsa de plástico y se sella muy cuidadosamente la parte superior con bandas de goma o esparadrapo; también puede utilizarse un recubrimiento impermeable especialmente diseñado para proteger un molde de yeso del agua. Existen fundas de protección comercializadas, cómodas de usar, y más fiables. Si un molde de yeso se moja, el alcochamiento interior puede retener la humedad. Parte de esta humedad puede eliminarse con un secador de pelo. Si no es posible, debe cambiarse el molde de yeso para evitar el desprendimiento de la piel.

  • Nunca se debe introducir un objeto dentro del molde de yeso (por ejemplo, para rascarse).

  • Hay que vigilar la piel que rodea el molde de yeso a diario y acudir al médico ante cualquier enrojecimiento o llaga.

  • Revise los bordes del yeso todos los días, y si están ásperos, coloque esparadrapo, gasas, algodón u otro material blando para acolcharlos y que no lesionen la piel.

  • Durante el reposo, hay que colocar cuidadosamente el molde de yeso sobre una almohada pequeña o una almohadilla para prevenir que el borde del molde pellizque la piel o se clave en ella.

  • Se debe elevar regularmente el miembro enyesado, siguiendo las recomendaciones del médico, para evitar la inflamación.

  • Si el molde de yeso ocasiona dolor persistente o se nota excesivamente apretado, debe contactarse inmediatamente con el médico. Estos síntomas puede ser consecuencia de la aparición de úlceras por presión o de hinchazón, lo que puede requerir la retirada inmediata del molde de yeso.

  • Es necesario contactar con el médico si el yeso desprende mal olor o si aparece fiebre. Estos síntomas pueden indicar una infección.

  • Si el molde de yeso ocasiona un dolor que empeora a medida que pasa el tiempo o un entumecimiento o debilidad de nueva aparición, debe contactarse con el médico. Estos síntomas pueden indicar un síndrome compartimental.

Se puede utilizar una férula para inmovilizar algunas fracturas, sobre todo si la inmovilización debe mantenerse solo algunos días. La férula permite que el paciente se aplique hielo.

Una férula (también llamada tablilla) es una tabla alargada y estrecha fabricada con yeso, fibra de vidrio o aluminio que se aplica con bandas elásticas o cinta adhesiva. Dado que la tablilla no rodea completamente el miembro, hay lugar para una cierta expansión en caso de que el área lesionada se hinche. Por lo tanto, una férula no aumenta el riesgo de desarrollar un síndrome compartimental. Algunas lesiones que en último término van a necesitar un yeso se inmovilizan en primer lugar con una férula hasta que disminuye la inflamación.

En las fracturas de los dedos se utilizan habitualmente férulas (tablillas) de aluminio cubiertas de gomaespuma.

El cabestrillo por sí solo puede proporcionar un apoyo y un confort suficientes para muchas fracturas del hombro y del codo. El propio peso del brazo que tira del conjunto hacia abajo ayuda a mantener la mayoría de las fracturas del hombro alineadas. Puede ser útil un cabestrillo cuando la inmovilización completa tiene efectos indeseables. Por ejemplo, si se mantiene una inmovilización estricta del hombro los tejidos alrededor de la articulación pueden llegar a desarrollar una rigidez, a veces en días, impidiendo que el hombro tenga movilidad (lo que se denomina hombro congelado). El cabestrillo limita el movimiento del hombro y del codo, pero permite los movimientos de la mano.

Se puede añadir al cabestrillo una banda de tejido o una tira que pase por la espalda para evitar el vaivén exterior del brazo, especialmente durante la noche. La banda (sistema antirrotatorio) se envuelve alrededor del tronco y del brazo lesionado.

El reposo en cama, que en ocasiones se necesita en algunas fracturas (como en determinadas fracturas de la columna vertebral o de la pelvis), puede causar problemas, incluyendo la formación de coágulos, y una disminución de las condiciones físicas. Por lo tanto, no se suele recomendar el reposo en cama.

Técnicas habituales para inmovilizar una articulación

Técnicas habituales para inmovilizar una articulación

Cirugía

Algunas veces las fracturas deben reducirse y repararse mediante tratamiento quirúrgico, como en los siguientes casos:

  • Las fracturas abiertas: dado que la piel se rompe, las bacterias y los residuos pueden entrar en el organismo. El médico debe limpiar cuidadosamente el área alrededor de la fractura para eliminar cualquier rastro de residuos. Llevar a cabo esta acción reduce el riesgo de infección.

  • Las fracturas desplazadas que no se pueden reducir o mantener reducidas (en su posición) mediante maniobras cerradas: cuando un fragmento óseo se ha desplazado o queda un tendón interpuesto, el médico puede no ser capaz de realinear los huesos rotos mediante la manipulación desde el exterior (reducción cerrada). O bien, la fractura se puede realinear mediante reducción cerrada, pero los músculos, al traccionar de los fragmentos óseos, impiden que los extremos permanezcan en su posición.

  • Las fracturas superficiales conjuntas: estas fracturas se extienden hacia la articulación, fracturando el cartílago articular en los extremos óseos. Para evitar que el paciente desarrolle con posterioridad una artrosis, el médico debe reducir casi perfectamente el cartílago fracturado. La reducción puede ser más precisa cuando se hace quirúrgicamente.

  • Las fracturas patológicas en un hueso debilitado por un cáncer: el hueso debilitado por un proceso canceroso puede no consolidar normalmente después de una fractura. La cirugía puede ser necesaria para evitar que los fragmentos óseos se desplacen. Además, la estabilización de la articulación de forma quirúrgica disminuye el dolor y permite al sujeto utilizar la articulación con mayor rapidez.

  • Fracturas que se sabe que requieren tratamiento quirúrgico: se sabe que ciertos tipos de fracturas (como las de cadera y las de fémur) consolidan más rápidamente y tienen mejor pronóstico cuando se reparan quirúrgicamente.

  • Las fracturas que de otro modo requerirían un largo período de inmovilización o reposo en cama: la cirugía reduce el tiempo que el paciente necesita permanecer encamado. Por ejemplo, el tratamiento quirúrgico permite que los pacientes con fractura de cadera comiencen a levantarse de la cama y caminar poco después de la operación, con frecuencia incluso al día siguiente de la cirugía (con la ayuda de un andador).

  • Fracturas complicadas: la cirugía puede ser necesaria para tratar ciertas lesiones que se producen con la fractura, como una lesión arterial o una sección nerviosa.

Se lleva a cabo una reducción abierta con fijación interna (RAFI), para restaurar la forma y la alineación original del hueso. Los cirujanos utilizan los rayos X para ver cómo alinear los huesos. Después de hacer una incisión para exponer la fractura, el cirujano usa instrumentos especiales para mantener alineados los fragmentos de hueso. Después se fijan los fragmentos en el lugar correspondiente utilizando una combinación de cables metálicos, clavos, tornillos, varillas y placas. Por ejemplo, puede darse forma a las placas metálicas según sea necesario, y estas pueden fijarse con tornillos en la parte exterior del hueso. Las varillas metálicas pueden insertarse desde un extremo del hueso hacia el interior de este (médula ósea). Estos dispositivos implantables son de acero inoxidable, de una aleación metálica altamente resistente o de titanio. Los dispositivos fabricados en los últimos 15-20 años son compatibles con los potentes imanes que se emplean en la RMN. La mayoría de ellos no hacen sonar la alarma de los dispositivos de seguridad de los aeropuertos. Algunos de estos dispositivos se dejan en el hueso de forma permanente, y otros se extraen tras la curación de la fractura.

Puede ser necesaria una sustitución articular (artroplastia) cuando la fractura lesiona de gravedad la parte alta del fémur, que forma parte de la articulación de la cadera, o del hueso de la parte superior del brazo (húmero), que forma parte de la articulación del hombro.

Cuando el médico utiliza injerto óseo, extrae fragmentos de hueso de otra parte del cuerpo (como la pelvis). Este procedimiento se puede realizar de entrada si el espacio que existe entre los fragmentos óseos es demasiado grande. También se puede hacer más adelante, si el proceso de consolidación es lento (retardo de consolidación) o no se produce (seudoartrosis).

Rehabilitación y pronóstico

La mayoría de las fracturas se curan bien y causan pocas complicaciones. Sin embargo, algunas no se curan por completo a pesar de que se haya hecho un diagnóstico acertado y se haya seguido el tratamiento adecuado.

El tiempo requerido para que la fractura se cure oscila entre semanas y meses, dependiendo de

  • Tipo de fractura

  • Localización de la fractura

  • La edad del sujeto

  • La presencia de trastornos que pueden retrasar la curación

Por ejemplo, los niños se curan mucho más rápido que los adultos, y ciertos trastornos (incluyendo los que causan problemas de circulación, como la diabetes y la enfermedad vascular periférica) retrasan la velocidad de cicatrización.

Generalmente el sujeto siente molestias al realizar algunas actividades, incluso después de que las fracturas ya estén lo suficientemente curadas como para cargar todo el peso corporal sobre la zona afectada. Por ejemplo, después de aproximadamente 2 meses, una fractura de muñeca puede ser lo suficientemente fuerte como utilizar la muñeca. Sin embargo, el hueso todavía se está reconstruyendo (remodelado de la fractura). Así, el dolor al apretar con fuerza utilizando la muñeca puede persistir hasta un año. Algunos pacientes también notan dolor y rigidez en la zona lesionada cuando el clima es frío.

La inmovilización aumenta la rigidez articular, y los músculos se debilitan y se atrofian ya que no se utilizan. Si se inmoviliza un miembro con un yeso, la articulación afectada se vuelve más rígida cada semana, y, finalmente, el paciente no puede extender y flexionar completamente su extremidad. Estos problemas pueden desarrollarse rápidamente y convertirse en permanentes, siendo más frecuentes en personas mayores. Después de haber llevado un molde de yeso largo en la pierna (desde la parte superior de la pantorrilla hasta los dedos de los pies) durante unas semanas, los músculos suelen encogerse hasta tal punto que la mayoría de las personas pueden insertar su mano dentro del espacio, antes estrecho, entre el molde y el muslo. Cuando se retira el yeso, los músculos son muy débiles y están notablemente atrofiados.

Para evitar o reducir al mínimo la rigidez y para ayudar al paciente a mantener la fuerza muscular, el médico puede recomendar el tratamiento quirúrgico (RAFI), ya que después de la cirugía, el paciente puede mover la parte lesionada de manera relativamente precoz. El médico también puede recomendar la práctica de ejercicio diario, incluyendo los ejercicios de aumento del grado de movilidad y ejercicios de fortalecimiento muscular. Mientras se cura la fractura, la persona afectada puede ejercitar el resto del cuerpo.

Después de que la fractura ha cicatrizado lo suficiente, se puede retirar el yeso, y el paciente puede empezar a ejercitar la extremidad lesionada. Al realizar ejercicios, se debe prestar atención a las sensaciones procedentes del miembro lesionado y evitar realizar ejercicios demasiado enérgicos. Si los músculos están demasiado débiles para que el paciente los ejercite o si los ejercicios pudieran desplazar los fragmentos óseos, un fisioterapeuta puede mover la extremidad (lo que se denomina ejercicios pasivos, véase la figura Aumentar el grado de movilidad del hombro). Sin embargo, en última instancia, para recuperar la fuerza plena de una extremidad lesionada, el paciente debe mover sus músculos (lo que se denomina ejercicios activos).

Edad y salud: lesiones de músculos, huesos y otros tejidos

Los mayores de 65 años tienen más probabilidad de sufrir una fractura por las razones siguientes:

  • Pueden tener osteoporosis, lo que aumenta la probabilidad de que se produzcan fracturas.

  • Algunos de los cambios normales relacionados con la edad en lo referente a equilibrio, visión, sensibilidad (principalmente en los pies), fuerza muscular y control de la presión arterial hacen que las personas mayores sean más propensas a las caídas. En las personas de mayor edad, la tensión arterial tiende a caer en exceso cuando se sientan o se ponen en pie, causando mareo o aturdimiento.

  • Los ancianos tienen menor capacidad de protegerse ante una caída.

  • Además, tienen más probabilidad de sufrir efectos secundarios con los fármacos (como somnolencia, pérdida del equilibrio y mareo), lo que hace que las caídas sean más probables.

En las personas mayores, las fracturas suelen afectar a los extremos de los huesos largos, como los del antebrazo, brazo, pierna y muslo. Las fracturas de la pelvis, la columna (vértebras) y las muñecas también son frecuentes en las personas de edad avanzada.

En las personas mayores, la recuperación suele ser más complicada y más lenta que en los jóvenes porque

  • Los ancianos suelen curarse más despacio que los adultos más jóvenes.

  • Las personas de edad avanzada suelen tener menos fuerza general, menos flexibilidad y más problemas de equilibrio que las personas más jóvenes. Por lo tanto, compensar las limitaciones causadas por una fractura resulta más duro, y volver a realizar las actividades diarias es más difícil.

  • Cuando las personas mayores están inactivas o inmovilizadas (por yesos, férulas, o el reposo en cama), pierden tejido muscular más rápidamente que los adultos jóvenes. Por lo tanto, la inmovilización puede ocasionar debilidad muscular. A veces, los músculos se acortan de forma permanente, y se forman cicatrices en los tejidos situados alrededor de la articulación, como ligamentos y tendones. Este trastorno (denominado contracturas articulares) limita el movimiento de la articulación.

  • Las personas mayores son más propensas a sufrir otros trastornos (como artritis o mala circulación) que pueden interferir con la recuperación o enlentecer la curación.

Incluso las fracturas de menor importancia pueden deteriorar significativamente la capacidad de las personas mayores para llevar a cabo las actividades diarias normales, como comer, vestirse, bañarse e incluso caminar, sobre todo si utilizaban un andador antes de la lesión.

Inmobilización: la inmobilización es una preocupación que afecta particularmente a las personas de edad avanzada.

La inmovilización en personas mayores es más probable que cause

Se desarrollan úlceras de decúbito cuando se interrumpe o se reduce el flujo de sangre a una zona. En los ancianos el flujo sanguíneo a una extremidad ya puede estar reducido. Cuando la extremidad lesionada se apoya sobre un yeso, el propio peso de la extremidad puede reducir aún más el flujo sanguíneo y se pueden formar úlceras de decúbito (o por presión). Si se requiere reposo en cama, se pueden formar úlceras por presión en las zonas de la piel que quedan apoyadas sobre la cama. Estas áreas deben ser inspeccionadas de forma minuciosa para detectar cualquier signo que indique que la piel se está lesionando.

Debido a que la inmovilización es más probable que cause problemas en las personas de edad avanzada, el tratamiento de las fracturas se centra en ayudar a que los ancianos retomen sus actividades cotidianas tan pronto como sea posible en lugar de asegurarse de que el hueso fracturado quede perfectamente alineado.

Para acortar el tiempo de inmovilización y ayudar al paciente a retomar sus actividades diarias de forma precoz, el médico utiliza cada vez más la cirugía para reparar o reemplazar una cadera rota. Se aconseja al sujeto que se mueva y camine (por lo general con la ayuda de un andador), a menudo tan pronto como el día siguiente a la cirugía. También se inicia la fisioterapia (por ejemplo, después de una fractura de cadera). Si las fracturas de cadera no se tratan quirúrgicamente, es necesario inmovilizar a la persona en cama durante meses antes de que tenga la fuerza suficiente como para soportar su propio peso.

NOTA: Esta es la versión para el público general. MÉDICOS: Hacer clic aquí para la versión para profesionales
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