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Trastorno bipolar en niños y adolescentes

Por

Josephine Elia

, MD, Sidney Kimmel Medical College of Thomas Jefferson University

Última modificación del contenido may 2019
Información: para pacientes

El trastorno de angustia se caracteriza por crisis de angustia recurrentes, frecuentes (por lo menos, 1 vez/semana). Las crisis de angustia son episodios delimitados que duran alrededor de 20 minutos; los niños presentan síntomas somáticos o cognitivos. El diagnóstico se basa en la anamnesis. El tratamiento consiste en benzodiazepinas o inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) y terapia conductista.

(Véase también Crisis de dolor y ataque de pánico en adultos).

El trastorno de angustia es mucho menos frecuente en niños prepuberales que en adolescentes.

Las crisis de angustia se producen solas o en otros trastornos de ansiedad (p. ej., agorafobia, ansiedad por separación), otros trastornos mentales (p. ej., trastorno obsesivo-compulsivo [TOC]) o ciertos trastornos médicos (p. ej., asma). Las crisis de angustia pueden desencadenar una crisis asmática, y viceversa.

Signos y síntomas

Los síntomas de un ataque de pánico incluyen un aumento repentino de miedo intenso, acompañado de síntomas somáticos (p. ej., palpitaciones, sudoración, temblores, falta de aire o ahogo, dolor en el pecho, náuseas, mareos). En comparación con aquellos de los adultos, las crisis de angustia en niños y adolescentes suelen ser de presentación más espectacular (p. ej., chillidos, llanto, hiperventilación). Estas manifestaciones pueden ser alarmantes para los padres y otras personas.

Por lo general, las crisis de angustia aparecen espontáneamente, pero a lo largo del tiempo los niños comienzan a atribuirlas a ciertas situaciones o ambientes. Entonces, los niños afectados intentan evitar esas situaciones, lo que puede llevar a la agorafobia. Las conductas de evitación se consideran agorafobia si alteran mucho el funcionamiento normal, como ir a la escuela, a un centro comercial o realizar otras actividades habituales.

Diagnóstico

  • Evaluación clínica

  • Evaluación de otras causas

El trastorno de angustia se diagnostica sobre la base de un antecedente de ataques de pánico recurrentes, en general después de realizar un examen físico para descartar causas físicas de síntomas somáticos. Muchos niños son sometidos a considerables estudios diagnósticos antes de que se sospeche un trastorno de angustia. La presencia de otros cuadros, en especial asma, también puede complicar el diagnóstico. Se requieren pruebas exhaustivas de detección sistemática para otros trastornos (p. ej., trastorno obsesivo compulsivo [TOC], trastorno de ansiedad social), porque cualquiera de estos trastornos puede ser el problema primario que causa crisis de angustia como síntoma.

En los adultos, los criterios diagnósticos importantes de trastorno de angustia incluyen preocupación acerca de futuras crisis, sus implicaciones y los cambios de conducta. En cambio, los niños y los adolescentes más jóvenes suelen carecer de la conciencia y la previsión necesarias para presentar estas características, excepto que pueden modificar conductas para evitar situaciones que consideran relacionadas con la crisis de angustia.

Pronóstico

El pronóstico es bueno con tratamiento. Sin tratamiento, los adolescentes pueden abandonar la escuela, retraerse de la sociedad y recluirse o tornarse suicidas.

A menudo, el trastorno de angustia presenta exacerbaciones y remisiones en cuanto a su gravedad sin ninguna razón discernible. Algunos pacientes presentan períodos prolongados de remisión espontánea de los síntomas, sólo para presentar una recaída años más tarde.

Tratamiento

  • Por lo general, benzodiazepinas o inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) más terapia conductista

El tratamiento del trastorno de pánico suele ser una combinación de farmacoterapia y terapia conductual. En los niños, es difícil comenzar siquiera la terapia conductista hasta que se controlan las crisis de angustia con fármacos.

Las benzodiazepinas son los fármacos más eficaces, pero los ISRS suelen ser los preferidos porque las benzodiazepinas son sedantes y pueden alterar mucho el aprendizaje y la memoria. Sin embargo, los ISRS no actúan con rapidez, y puede ser útil un curso breve de una benzodiazepina (p. ej., lorazepam 0,5 a 2,0 mg por vía oral 3 veces al día) hasta que el ISRS sea eficaz.

Conceptos clave

  • Los ataques de pánico se caracterizan por una crisis súbita de miedo intenso, acompañada de síntomas somáticos.

  • Los ataques de pánico en niños y adolescentes suelen ser de presentación más espectacular (p. ej., con chillidos, llanto e hiperventilación) que en los adultos.

  • A menudo, el trastorno de angustia presenta exacerbaciones y remisiones en cuanto a su gravedad sin ninguna razón discernible.

  • Tratamiento del ataque de pánico con benzodiazepinas o ISRS para controlar los síntomas, luego con terapia conductual.

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