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Síndrome del dolor regional complejo

Por John Markman, MD, Associate Professor, Department of Neurosurgery and Neurology , University of Rochester School of Medicine and Dentistry

El síndrome del dolor regional complejo se caracteriza por una quemazón persistente o un dolor constante acompañado por ciertas anomalías que se presentan en la misma zona que el dolor. Estas anomalías incluyen sudoración aumentada o disminuida, hinchazón, cambios en la coloración de la piel, lesiones de la piel, pérdida del vello, uñas agrietadas o engrosadas, atrofia y debilidad muscular, y pérdida de masa ósea.

El dolor provoca a menudo la limitación del uso de la parte afectada. Como resultado, los músculos se vuelven rígidos y se acortan (contractura) y la persona afectada puede ser incapaz de mover una articulación normalmente, a lo largo de su amplitud normal de movimiento.

Este síndrome ocurre característicamente después de una lesión. Hay dos tipos:

  • Tipo 1: antes llamado distrofia simpática refleja, resulta de la lesión producida en tejidos diferentes del tejido nervioso, como cuando se aplasta un hueso en un accidente o se daña el tejido cardíaco en un infarto.

  • Tipo 2: antes llamado causalgia, es el resultado de una lesión en el tejido nervioso.

A veces el síndrome del dolor regional complejo empeora a consecuencia de la actividad del sistema nervioso simpático, que normalmente prepara el cuerpo para situaciones de estrés o de emergencia, lucha o huida. Por esta razón, los médicos recomiendan como tratamiento el bloqueo del nervio simpático.

Tratamiento

  • Fisioterapia y/o terapia ocupacional

  • Estimulación de los nervios o de la médula espinal

  • Medicamentos para el dolor (analgésicos y analgésicos secundarios)

  • Terapia psicológica

Por lo general, para tratar el síndrome de dolor regional complejo se utiliza una combinación de tratamientos.

La fisioterapia puede ser beneficiosa por los aspectos siguientes:

  • Asegura que la persona mueve la parte dolorosa para evitar que los músculos se atrofien

  • Mantiene y/o aumenta la amplitud del movimiento y ayuda a prevenir la formación de tejido cicatricial alrededor de las articulaciones no utilizadas

  • Hace la zona afectada menos sensible al dolor (desensibilización)

  • Permite mejorar la funcionalidad de la persona

Los nervios o la médula espinal se pueden estimular para reducir la intensidad del dolor.

La estimulación de la médula espinal consiste en colocar quirúrgicamente un estimulador de la médula espinal (un dispositivo que genera impulsos eléctricos) debajo de la piel, generalmente en una nalga o en el abdomen. Unos pequeños cables procedentes del dispositivo se colocan en el espacio que rodea la médula espinal (espacio epidural). Estos impulsos modifican la forma en que se envían al cerebro las señales de dolor y de esta manera cambia la percepción de los síntomas desagradables.

La neuroestimulación eléctrica transcutánea (TENS, por sus siglas en inglés) también se puede utilizar, pero no existen tantas pruebas de su efecividad como las que se tienen para la estimulación de la médula espinal. La TENS consiste en colocar electrodos en la piel. Los electrodos producen una corriente de baja intensidad que provoca hormigueo, pero no hace que los músculos se contraigan.

Se pueden administrar analgésicos y analgésicos secundarios (como antidepresivos y anticonvulsivos) para aliviar el dolor.

También se puede indicar psicoterapia.