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Hipertensión durante el embarazo

Por Lara A. Friel, MD, PhD, University of Texas Health--Medical School at Houston

La hipertensión durante el embarazo se clasifica de la siguiente manera:

  • Hipertensión crónica: la tensión arterial ya era alta antes del embarazo.

  • Hipertensión gestacional: la presión arterial aumenta por primera vez después de que la mujer haya estado embarazada durante 20 semanas (normalmente después de la semana 37). Este tipo de hipertensión suele resolverse en las 6 semanas después del parto.

La preeclampsia es otro tipo de hipertensión que aparece durante el embarazo, pero que se diagnostica y se trata de manera diferente de los otros tipos (ver Preeclampsia y eclampsia).

Las mujeres con hipertensión crónica tienen más probabilidad de presentar problemas graves durante el embarazo. Sin embargo, los siguientes problemas ocurren con mayor probabilidad siempre que exista hipertensión, sea crónica o gestacional:

  • Preeclampsia y/o eclampsia (convulsiones debidas a preeclampsia grave)

  • Empeoramiento de la hipertensión arterial

  • Accidente cerebrovascular

  • Insuficiencia renal o cardíaca

  • El feto no crece como se espera

  • Separación prematura de la placenta del útero (desprendimento de placenta)

  • Feto muerto

Durante el embarazo, las mujeres hipertensas son supervisadas estrechamente para asegurarse de que su presión arterial está controlada, que los riñones funcionan correctamente y que el feto se está desarrollando con normalidad. Sin embargo, el desprendimiento de placenta no puede prevenirse o anticiparse. A menudo, un bebé debe nacer antes de tiempo para evitar que muera u surjan otras complicaciones en la mujer ocasionadas por una hipertensión arterial grave (como, por ejemplo, un accidente cerebrovascular).

Tratamiento

El tratamiento de la hipertensión arterial leve (140/90 a 150/100 mm Hg [milímetros de mercurio]) depende de muchos factores. Los médicos pueden recomendar la reducción de la actividad física para ayudar a disminuir la presión arterial. Si con la reducción de la actividad no logra disminuirse la presión arterial, muchos expertos recomiendan el tratamiento con fármacos antihipertensivos, aunque no está claro si los beneficios de estos medicamentos superan sus riesgos. Sin embargo, si los riñones no funcionan de forma normal se necesitan medicamentos. Si la hipertensión no se controla bien, los riñones pueden sufrir aún más daño.

Si la hipertensión es moderada (de 150/100 a 180/110 mmHg) se recomienda el tratamiento con fármacos antihipertensivos (ver Fármacos antihipertensores). El tratamiento puede reducir el riesgo de accidente cerebrovascular y otras complicaciones debidas a una presión arterial muy alta.

Si la presión arterial es muy alta (180/110 mm Hg o más), se explora a la mujer de inmediato porque el riesgo de complicaciones para la mujer y/o el feto es alto. Si las mujeres desean continuar el embarazo a pesar del riesgo, a menudo se requieren varios fármacos antihipertensivos. Además pueden ser hospitalizadas hacia el final del embarazo. Si su estado de salud empeora, los médicos pueden recomendar la interrupción del embarazo.

Se enseña a las mujeres embarazadas a controlar su presión arterial en casa. Los médicos realizan periódicamente pruebas para determinar el buen funcionamiento de los riñones, y una ecografía para evaluar el crecimiento del feto.

Si la mujer embarazada tiene la presión arterial moderadamente alta o muy alta, el parto suele provocarse entre la semana 38 y 39. Se provoca antes si el feto crece despacio o tiene problemas, o si la madre tiene preeclampsia grave.

¿Sabías que...?

  • Algunos medicamentos usados para tratar la hipertensión y los trastornos cardíacos (los inhibidores de la ECA, los antagonistas de aldosterona y los diuréticos tiacídicos) suelen interrumpirse durante el embarazo.

La mayoría de los fármacos antihipertensivos utilizados para tratar la hipertensión pueden utilizarse con seguridad durante el embarazo. Incluyen la metildopa, los betabloqueantes (como labetalol) y los antagonistas del calcio. Sin embargo, el tratamiento con inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (IECA) se interrumpe durante el embarazo, particularmente durante los últimos dos trimestres. Estos fármacos pueden causar malformaciones congénitas en las vías urinarias del feto. Como resultado, el bebé puede morir poco después del nacimiento. El tratamiento con antagonistas de la aldosterona (espironolactona y eplerenona) también se interrumpe porque puede hacer que un feto varón desarrolle características femeninas. Los diuréticos tiacídicos (como la hidroclorotiazida) no suelen usarse durante el embarazo, ya que aumentan el riesgo de que el feto no crezca como se espera.

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