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Coagulación intravascular diseminada (CID)

Por Joel L. Moake, MD, Professor of Medicine (Emeritus);Senior Research Scientist and Associate Director, Baylor College of Medicine;J. W. Cox Laboratory for Biomedical Engineering, Rice University

La coagulación intravascular diseminada es un trastorno en el cual se forman pequeños coágulos de sangre en el torrente sanguíneo, que obstruyen los vasos de menor calibre. Este incremento en la coagulación agota las plaquetas y los factores de coagulación necesarios para controlar la hemorragia, y por tanto causa un excesivo sangrado.

  • Existen varias posibles causas, entre las que se incluyen las infecciones y la cirugía.

  • Se produce una excesiva coagulación que va seguida de un sangrado también excesivo.

  • Se determina la cantidad de factores de coagulación que hay en la sangre.

  • Se trata el trastorno subyacente.

La coagulación intravascular diseminada (CID) comienza con una coagulación excesiva. Generalmente se ve estimulada por una sustancia que penetra en la sangre como parte de una enfermedad (por ejemplo, una infección o ciertos tipos de cáncer), o como una complicación del parto, la retención de un feto muerto o una intervención quirúrgica. Las personas con traumatismo craneal grave, o que sufran daño tisular provocado por un choque, quemaduras, congelación, otras lesiones o incluso la mordedura de una serpiente venenosa, también corren el riesgo de padecer esta enfermedad. Como los factores de coagulación y las plaquetas están agotados, se produce un sangrado abundante.

Síntomas y diagnóstico

La CID que se desarrolla repentinamente suele causar hemorragia, que puede ser muy grave. Si el trastorno es subsiguiente a una intervención quirúrgica, o si es consecuencia del parto, la pérdida de sangre puede ser incontrolable. Puede producirse un sangrado en el lugar donde se ha aplicado una inyección intravenosa, o bien en el cerebro, el sistema digestivo, la piel, los músculos o las cavidades del cuerpo.

Si la CID se desarrolla lentamente, como ocurre en las personas con cáncer, entonces los coágulos en las venas son más frecuentes que la hemorragia. Si los coágulos se forman en las venas (generalmente en las piernas), la persona puede tener hinchazón, enrojecimiento o dolor en la zona. No obstante, en algunas ocasiones no aparecen síntomas. Un coágulo que se forma en una vena puede desprenderse y desplazarse (convirtiéndose en un émbolo) a los pulmones. Los coágulos en los pulmones pueden provocar dificultad respiratoria.

Los análisis de sangre pueden mostrar que la cantidad de plaquetas presentes en la muestra ha bajado, y que la sangre tarda mucho tiempo en coagular. El diagnóstico de la CID se confirma si los resultados de los análisis muestran grandes cantidades de plasma (prueba del dímero-d) (lo que indica que se están produciendo y descomponiendo más coágulos de lo habitual) y a menudo una concentración baja o en descenso de fibrinógeno (una proteína que se produce cuando se coagula la sangre).

Tratamiento

Resulta de suma importancia identificar la causa subyacente, ya sea un problema obstétrico, una infección o un cáncer. Los problemas de coagulación se corrigen cuando se trata adecuadamente la causa que los originó.

La CID que se desarrolla de manera repentina puede ser mortal, y debe considerarse una emergencia. En estos casos hay que transfundir plaquetas y factores de coagulación para reemplazar a los que se han agotado, y detener la hemorragia. La heparina se utiliza para retrasar la coagulación en las personas que presentan una CID más crónica y más leve, en quienes la formación de coágulos representa un problema mayor que la hemorragia.