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Obesidad

Por Adrienne Youdim, MD, Associate Professor of Medicine;Associate Professor of Medicine, David Geffen School of Medicine at UCLA;Cedars Sinai Medical Center

La obesidad es el exceso de peso corporal.

  • La obesidad está influenciada por una combinación de factores, que por lo general se traducen en consumir más calorías de las que necesita el organismo.

  • Entre estos factores se encuentran la falta de actividad física, la alimentación, los genes, el estilo de vida, antecedentes étnicos y socioeconómicos y ciertas enfermedades, fármacos y sustancias.

  • Ser obeso aumenta el riesgo de muchas enfermedades, como diabetes, hipertensión arterial, cardiopatías y ciertos tipos de cáncer, y puede ser causa de muerte prematura.

  • El aumento de la actividad física y la reducción de la ingesta calórica son esenciales para tratar la obesidad, pero para algunas personas también puede ser beneficioso tomar medicamentos.

  • Una pequeña pérdida de peso entre el 5 y el 10% contribuye a disminuir los trastornos relacionados con el peso, como la diabetes, la hipertensión arterial y los elevados niveles de colesterol.

  • Las personas muy obesas y con graves problemas relacionados con el exceso de peso pueden someterse a una intervención quirúrgica para adelgazar.

El índice de masa corporal (IMC) se usa para definir el sobrepeso y la obesidad. El IMC es el peso (en kilogramos) dividido por la estatura (en metros) elevada al cuadrado (ver Graso frente a magro: composición corporal). El sobrepeso se define habitualmente como un IMC de 25 a 29,9. Para los asiáticos y otros grupos étnicos, el límite del IMC entre el valor normal y el sobrepeso es ligeramente inferior. Se define obesidad como un valor de IMC de 30 o superior. La obesidad se considera importante si el IMC es de 40 o más.

El IMC no distingue entre tejido muscular (sin grasa) y tejido adiposo. Por lo tanto, si solo se consideran los valores del IMC, algunas personas pueden ser etiquetadas de obesas aun cuando su porcentaje de grasa corporal es muy bajo. Por ejemplo, personas como los culturistas tienen un IMC alto debido a su gran cantidad de músculo (que pesa más que la grasa), a pesar de tener muy poca grasa. Estas personas no se consideran obesas.

La obesidad se ha vuelto cada vez más frecuente en el mundo desarrollado. En Estados Unidos, la obesidad es muy frecuente, Casi un 36% de adultos son obesos, y más del 25% de los niños y adolescentes tienen sobrepeso u obesidad. Además, la obesidad importante ha pasado a ser más frecuente.

La prevención de la obesidad es mucho más fácil que su tratamiento. Una vez que las personas han acumulado un exceso de peso, el organismo se resiste a perderlo. Por ejemplo, cuando las personas hacen dieta o reducen el número de calorías que consumen, el organismo lo compensa con un aumento del apetito y una reducción del número de calorías quemadas durante el reposo.

Determinación del índice de masa corporal

Estatura (cm)

Peso (kg)

45,4

49,9

54,4

59

63,5

68

72,6

77,1

81,7

86,2

90,7

95,3

99,8

104,3

108,9

113,4

117,9

147

21

23

25

27

29

31

33

36

38

40

42

44

46

48

50

52

54

150

20

22

24

26

28

30

32

34

36

38

40

42

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47

49

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53

152

20

21

23

25

27

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37

39

41

43

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47

49

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19

21

23

25

26

28

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32

34

36

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40

42

43

45

47

49

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18

20

22

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37

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43

44

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17

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36

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19

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21

22

23

24

25

27

28

29

30

Las categorías de peso se definen como sigue:

  • Peso insuficiente o delgadez = menos de 18,5

  • Normopeso = 18,5 a 24,9 (18 a 22,9 para los asiáticos)

  • Sobrepeso = 25 a 29,9 (23 a 29,9 para los asiáticos)

  • Obesidad = 30 a 39,9

  • Obesidad importante o patológica (obesidad mórbida) = 40 o más

Causas

La obesidad es resultado de una combinación de factores, como las pocas oportunidades de hacer ejercicio físico, la mayor oferta de alimentos hipercalóricos y la predisposición genética a la obesidad. Pero en última instancia la obesidad es consecuencia del consumo durante un largo periodo de tiempo de un número mayor de calorías de las que el organismo necesita.

El exceso de calorías se almacena en el organismo como grasa (tejido adiposo). El número de calorías necesarias varía para cada persona, dependiendo de la edad, el sexo, el nivel de actividad y la tasa o índice metabólico. El índice metabólico en reposo (basal) de una persona (la cantidad de calorías que el organismo quema en reposo) viene determinado por la cantidad de tejido muscular (sin grasa) de que la persona dispone y por el peso total de dicha persona. Cuanto más músculo tenga una persona, mayor será su índice metabólico.

Inactividad física

En los países desarrollados, la falta de actividad física es frecuente y contribuye al aumento de la obesidad. Las oportunidades para realizar actividad física han sido desplazadas por los avances tecnológicos, tales como los ascensores, los automóviles y los controles remotos. Se pasa más tiempo realizando actividades sedentarias, tales como el uso de la computadora, mirar la televisión o jugar con videojuegos. Además, el trabajo de las personas se ha vuelto más sedentario, en la medida en que el trabajo de oficina ha sustituido al trabajo manual. Las personas sedentarias utilizan menos calorías que las personas más activas, y por lo tanto requieren menos calorías en la dieta. Si la ingesta de calorías no se reduce para adecuarla a estas condiciones de vida, las personas ganan peso.

Alimentación

La alimentación en los países desarrollados es muy energética. Es decir, consiste en alimentos que tienen un gran número de calorías en una cantidad relativamente pequeña (volumen). La mayoría de estos alimentos contienen más hidratos de carbono procesados, mayor cantidad de grasa y menos fibra. Las grasas, por naturaleza, son muy calóricas. La grasa contiene 9 kcal/g, mientras que los hidratos de carbono y las proteínas tienen 4 kcal/g.

Los alimentos preparados, como los tentempiés (snacks) de alto contenido energético que se ofrecen en las máquinas expendedoras y los platos de los restaurantes de comida rápida, contribuyen al aumento de la obesidad. Las bebidas calóricas, incluidos los refrescos, los zumos, muchas bebidas estimulantes y el alcohol, también contribuyen de manera importante. Por ejemplo, un refresco con gas de 350 mL o una botella de cerveza tienen 150 kcal, y la misma cantidad de una bebida con café (con leche y azúcar), o un batido de frutas, pueden contener 500 kcal o más. El jarabe de maíz con alto contenido en fructosa (utilizado para endulzar muchas bebidas embotelladas) se identifica a menudo como una causa particularmente susceptible de provocar obesidad. Sin embargo, estudios recientes indican que no tiene más probabilidades de causar obesidad que otros alimentos con un número similar de calorías de azúcar.

Las porciones de mayor tamaño en los restaurantes y los alimentos y las bebidas envasados animan a la gente a comer en exceso. Además, los alimentos de los restaurantes, así como los envasados, suelen prepararse de forma que añaden calorías. Como resultado, es posible que la gente consuma más calorías de las que cree.

Genes

La obesidad tiende a ser una característica familiar. Sin embargo, una familia no solo comparte genes, sino también su medio ambiente, y separar estas dos influencias es difícil. Los genes pueden influir en la rapidez con que el cuerpo quema calorías en reposo y durante el ejercicio. También pueden afectar el apetito y, por lo tanto, la cantidad de comida que se consume. Posiblemente los genes influyen más en cuanto a dónde se acumula la grasa corporal, en especial la grasa alrededor de la cintura y en el abdomen, que en la cantidad de grasa que se acumula.

Muchos genes influyen en el peso, pero individualmente cada gen tiene un efecto muy pequeño. La obesidad rara vez se produce ante la anomalía de un solo gen.

En raras ocasiones, las mutaciones en los siguientes genes dan lugar a obesidad:

  • El gen del receptor de la melanocortina tipo 4: los receptores son estructuras en la superficie de las células que inhiben o producen una acción en la célula cuando se les unen ciertas sustancias (como mensajeros químicos). Los receptores de la melanocortina 4 se localizan principalmente en el cerebro y ayudan al organismo a regular su uso de energía. Una mutación en este gen puede ser la causa de la obesidad en el 1 al 4% de los niños.

  • El gen ob: es un gen que controla la producción de leptina, una hormona producida por las células adiposas. La leptina viaja hacia el cerebro y actúa sobre los receptores del hipotálamo (la parte del cerebro que regula el apetito). El mensaje llevado por la leptina es la disminución del consumo de alimentos y el aumento de las calorías (energía) quemadas. Una mutación del gen ob bloquea la producción de leptina y conduce a obesidad grave en un reducido número de niños. En estos casos, la administración de leptina reduce el peso hasta un nivel normal.

Antecedentes

Entre las características que aumentan el riesgo de tener sobrepeso u obesidad se incluyen las siguientes:

  • Algunas ascendencias, como por ejemplo las ascendencias africana, latinoamericana o de las islas de Oceanía (aborígenes)

  • Pertenecer a un grupo socioeconómico de nivel bajo

  • Tener un bajo nivel de educación

  • Obesidad durante la infancia (ver Obesidad en los adolescentes), que tiende a persistir en la edad adulta

Embarazo y menopausia

Ganar peso durante el embarazo es normal y necesario. Sin embargo, el embarazo puede ser el comienzo de los problemas de sobrepeso si las mujeres no recuperan, después del parto, su peso anterior. Alrededor del 15% de las mujeres ganan 10 kg o más en cada embarazo. Tener varios hijos seguidos agrava el problema. La lactancia materna ayuda a recuperar el peso anterior al embarazo.

La obesidad o el tabaquismo durante el embarazo pueden alterar la regulación del peso en el niño, lo que contribuye al aumento de peso durante la infancia y más adelante en su vida.

Después de la menopausia, muchas mujeres aumentan de peso. Este aumento de peso puede ser consecuencia de una menor actividad. Los cambios hormonales hacen que la grasa se redistribuya y se acumule alrededor de la cintura. La grasa en esta localización aumenta el riesgo de tener problemas de salud (ver Síndrome metabólico).

Envejecimiento

Cuando las personas envejecen, la composición corporal cambia a medida que disminuye el tejido muscular. El resultado es un mayor porcentaje de grasa corporal y una menor tasa metabólica basal (porque los músculos queman más calorías).

A los 55 años de edad la obesidad tiene una frecuencia mayor que el doble de la observada a los 20 años.

Estilo de vida

La privación o la falta de sueño (normalmente considerada como menos de 6 a 8 horas por noche) puede conducir a un aumento de peso. El insomnio trae como consecuencia cambios hormonales que aumentan el apetito y los antojos por alimentos de alto contenido energético.

Dejar de fumar suele llevar a un aumento de peso. La nicotina disminuye el apetito y aumenta la tasa metabólica. Cuando se suspende la nicotina, las personas comen más y su tasa metabólica disminuye, de modo que se queman menos calorías. Como resultado, el peso corporal puede aumentar del 5 al 10%.

Hormonas

Aunque la obesidad producida por trastornos hormonales es poco frecuente, a continuación se citan los que se dan con más frecuencia:

  • El síndrome de Cushing está causado por una concentración excesiva de cortisol en el organismo. Este síndrome puede ser consecuencia de un tumor benigno en la glándula pituitaria (adenoma pituitario) o de un tumor en la glándula suprarrenal o en otras localizaciones, como los pulmones. De modo característico, el síndrome de Cushing hace que la grasa se acumule en el rostro, dándole un aspecto pleno (llamado cara de luna llena), y detrás del cuello (la llamada joroba de búfalo o cuello de bisonte).

  • El síndrome del ovario poliquístico (ver Síndrome del ovario poliquístico) afecta al 5-10% de las mujeres, las cuales tienden al sobrepeso o a la obesidad. Los niveles de testosterona y de otras hormonas masculinas están elevados, haciendo que la grasa se acumule en la cintura y en el abdomen, lo cual es más perjudicial que si se reparte por todo el cuerpo.

¿Sabías que...?

  • La obesidad producida por trastornos hormonales es poco frecuente.

Trastornos alimentarios

Dos trastornos de la alimentación se asocian con la obesidad:

  • El trastorno por atracón se caracteriza por atracarse de comida (ingestión de grandes cantidades de comida en un corto periodo de tiempo) y generalmente por sentirse culpable, tener remordimientos o tener la sensación de estar fuera de control. La mayoría de las personas con este trastorno no se purga (por ejemplo, vomitando o usando laxantes o diuréticos). El trastorno se diagnostica cuando los episodios de atracones se producen al menos dos veces por semana durante 6 meses o más (ver Trastorno por atracón).

  • El síndrome del comedor nocturno se caracteriza por no comer mucho durante el día, para luego consumir una gran cantidad de alimentos o calorías a la hora de la cena, y despertarse para comer durante la noche. La toma de una pastilla para dormir, como el zolpidem, en algún caso podría causar problemas similares.

Medicamentos

Muchos fármacos de los que se utilizan para el tratamiento de enfermedades comunes promueven el aumento de peso. Entre ellos se incluyen algunos de los utilizados para tratar trastornos psiquiátricos como la depresión, algunos de los utilizados en el tratamiento de las convulsiones, algunos de los que se toman para tratar la hipertensión (antihipertensivos, como los betabloqueantes), los corticoesteroides y algunos medicamentos usados para la diabetes mellitus.

Síntomas

El síntoma más evidente de obesidad es el cambio en el aspecto físico de la persona.

Complicaciones

Ser obeso aumenta el riesgo de padecer muchos trastornos de salud. Prácticamente todos los órganos y sistemas pueden verse afectados. Estos problemas de salud relacionados con el peso pueden causar síntomas, como sensación de ahogo (disnea), dificultad respiratoria durante la actividad física, ronquidos, alteraciones cutáneas, incluidas las estrías, y dolor en las articulaciones y la espalda.

La obesidad aumenta el riesgo de los trastornos siguientes:

  • Niveles anómalos de colesterol y de otras grasas (lípidos), llamado dislipidemia

  • Presión arterial elevada (hipertensión)

  • Síndrome metabólico, que incluye resistencia a los efectos de la insulina (lo que se denomina resistencia a la insulina ), alteración de los niveles de colesterol y de otras grasas en sangre, e hipertensión

  • Arteriopatía coronaria

  • Insuficiencia cardíaca

  • Diabetes o una alta concentración de azúcar en sangre sin llegar al nivel suficiente para considerarse diabetes (prediabetes)

  • Cáncer de mama, útero, ovarios, colon, próstata, riñones o páncreas

  • Cálculos biliares y otros trastornos de la vesícula biliar

  • Enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE)

  • En los hombres, baja concentración de testosterona, disfunción eréctil y reducción de la fertilidad

  • En las mujeres, trastornos menstruales, esterilidad y mayor riesgo de aborto espontáneo

  • Infecciones cutáneas

  • Venas varicosas

  • Hígado graso (esteatosis hepática) y cirrosis

  • Coágulos de sangre o trombos (trombosis venosa profunda y embolia pulmonar)

  • Apnea obstructiva del sueño

  • Artritis, gota, dolor de espalda y otros trastornos articulares

  • Depresión y ansiedad

Puede aparecer apnea obstructiva del sueño si existe un exceso de grasa en el cuello que comprime las vías respiratorias mientras se duerme (ver Apnea del sueño). La respiración se detiene un momento, con una frecuencia de hasta cientos de veces por noche. A menudo es un trastorno sin diagnosticar. Puede ocasionar fuertes ronquidos y somnolencia diurna excesiva, así como aumentar el riesgo de hipertensión arterial, ritmo cardíaco irregular, síndrome metabólico, ataques cardíacos, insuficiencia cardíaca y accidentes cerebrovasculares.

Es posible que la obesidad aumente el riesgo de muerte temprana. Cuanto más grave es la obesidad, más alto es el riesgo. Así, por ejemplo, en Estados Unidos, el número anual de defunciones atribuidas a la obesidad se sitúa en torno a las 300 000. Es la segunda causa más frecuente de muerte evitable (el tabaquismo es la primera).

La obesidad conlleva problemas socioeconómicos y psicológicos. Por ejemplo, la obesidad puede conducir al subempleo o desempleo, a una mala imagen corporal y a una baja autoestima.

Diagnóstico

La obesidad se diagnostica mediante la determinación del índice de masa corporal o IMC (ver Obesidad), el cual no tiene en cuenta la ascendencia, el sexo ni la edad, y tampoco distingue entre tejido magro o graso. Por lo tanto, algunas personas tienen un IMC alto porque tienen exceso de músculo (por ejemplo, los que practican el culturismo), pero no son considerados obesos. Por el contrario, algunas personas tienen un peso normal, pero un alto porcentaje de grasa corporal, lo cual no es saludable. Así, cuando el médico no está seguro de si un alto IMC se debe a un exceso de músculo o de grasa, determina la composición corporal (porcentaje de músculo y grasa corporal).

La composición corporal puede determinarse utilizando impedancia bioeléctrica, que se puede llevar a cabo en el consultorio médico (ver Graso frente a magro: composición corporal). El porcentaje de grasa corporal también puede calcularse determinando el espesor del pliegue cutáneo (por lo general sobre los tríceps, detrás de la parte superior del brazo) y el contorno de la parte superior del brazo (perímetro braquial). El pliegue cutáneo es la piel y la capa de grasa que se encuentra debajo de ésta, y se miden pellizcando la piel.

También se mide el perímetro de la cintura. Esta medida ayuda a identificar y cuantificar la obesidad abdominal (visceral), que es la grasa que se acumula alrededor de la cintura y en el abdomen (ver Síndrome metabólico : Diagnóstico). La obesidad abdominal es mucho más perjudicial que la grasa que se distribuye por todo el organismo bajo la piel (grasa subcutánea).

Por lo general, se realizan análisis de sangre para determinar la concentración de azúcar (glucosa) en la sangre y detectar una prediabetes o una diabetes, así como los niveles de colesterol y otros lípidos para ver si están anormalmente aumentados. Los médicos también toman la presión arterial para detectar una posible hipertensión arterial. Estas pruebas ayudan al médico a diagnosticar el síndrome metabólico (que incluye los tres trastornos, ver Síndrome metabólico).

Para que un médico pueda estimar el riesgo de ciertas complicaciones (como los trastornos cardíacos) es mejor que conozca el perímetro de la cintura y si la persona sufre o no de síndrome metabólico que el IMC de la persona en cuestión.

Asimismo, los médicos también comprueban la existencia de otros trastornos frecuentes en las personas obesas, como la apnea obstructiva del sueño, el hígado graso y la depresión.

Tratamiento

El principal tratamiento para la obesidad consiste en realizar cambios en el estilo de vida, es decir, modificar la alimentación, aumentar la actividad física e introducir cambios de comportamiento. Algunas personas también pueden tener que tomar medicamentos o someterse a una intervención quirúrgica para perder peso (cirugía bariátrica, ver Cirugía bariátrica). Una pequeña pérdida de peso, del 5 al 10%, contribuye a reducir el riesgo o la gravedad de los trastornos relacionados con el peso, como la diabetes, la hipertensión arterial y los niveles de colesterol elevados.

El éxito en la pérdida de peso requiere motivación y buena predisposición. Las personas que tienen más éxito son las que se fijan metas realistas y reconocen que la pérdida de peso saludable se puede lograr solamente con cambios perdurables del estilo de vida, en lugar de una solución mágica o una dieta de moda e insostenible. Es conveniente y útil contar con el apoyo de profesionales de la salud, dietistas o médicos. El apoyo por parte de los miembros de la familia también es fundamental. Los planes para perder peso que requieren una supervisión frecuente, como Weight Watchers, incrementan la responsabilidad y pueden aumentar las probabilidades de éxito. Normalmente, las reuniones semanales son dirigidas por consejeros y se complementan con material didáctico y de orientación.

¿Sabías que...?

  • Una mínima pérdida de peso, entre el 5 y el 10%, puede reducir los riesgos de sufrir trastornos de salud relacionados con el peso.

Cambios en la alimentación

Una alimentación saludable y equilibrada para bajar de peso requiere reducir el número de calorías consumidas y la elección de una amplia gama de alimentos que proporcionan una buena nutrición. Reducir de 500 a 1000 kcal en la alimentación diaria puede suponer una pérdida de peso de 500 g a 1 kg por semana, que es un ritmo saludable de pérdida de peso. Este enfoque significa por lo general un consumo entre 1200 y 1500 kcal/día. Sin embargo, el cuerpo puede adaptarse a la disminución de calorías (por ejemplo, mediante la disminución de la tasa metabólica). Por lo tanto, la pérdida de peso puede ser menor de lo esperado. Pese a todo, parece que la mejor forma de perder peso y no recuperarlo es adoptar hábitos alimenticios como disminuir el consumo de grasas, aumentar el de fibra, reducir el número de calorías en unas 600 kcal/día y sustituir algunos hidratos de carbono por proteínas. El peso se puede perder más rápidamente con una dieta muy baja en calorías, pero en este caso debe ser supervisada por un médico.

Se recomiendan los siguientes cambios en la alimentación:

  • Comer cantidades menores en las comidas y evitar picar entre horas, o de hacerlo, elegir cuidadosamente los tentempiés

  • Tomar siempre el desayuno (saltárselo puede dar lugar a terminar consumiendo demasiadas calorías al final del día)

  • Comer cinco o más raciones de fruta y verduras al día

  • Sustituir los hidratos de carbono refinados y los alimentos procesados por frutas, verduras y ensaladas

  • Comer proteínas magras, por ejemplo pescado o pechuga de pollo, o proteínas vegetales como la soja

  • Cambiar a productos lácteos desnatados

  • Eliminar las bebidas hipercalóricas, como refrescos, zumos o el alcohol, y sustituirlos por agua

  • Limitar las veces que se acude a restaurantes y se toma comida rápida

  • Limitar el consumo de alcohol

  • Cambiar las grasas nocivas, como las saturadas y las trans, por las grasas recomendadas, como las grasas monoinsaturadas (en los aceites de oliva o de colza) y las poliinsaturadas (en el pescado de aguas profundas y en aceites vegetales), y limitar la cantidad de grasa consumida.

Las grasas saturadas y trans no solo contribuyen al aumento de peso y a la obesidad, sino que son nocivas porque provocan niveles anormales de colesterol y un mayor riesgo de arteriopatía coronaria. El consumo de alimentos con bajo índice glucémico (ver Índice glucémico de algunos alimentos) y de aquellos alimentos que contienen aceites de pescado (incluido el pescado de aguas profundas, como el salmón y el atún) o el consumo de grasas vegetales monoinsaturadas (como el aceite de oliva) pueden reducir el riesgo de padecer enfermedades cardíacas y diabetes.

Deben incluirse en la alimentación productos lácteos desnatados o semidesnatados, ya que aportan vitamina D y de este modo se previene la carencia de esta vitamina.

Para algunas personas puede ser útil, para perder peso y no recuperarlo, utilizar sustitutos de las comidas con regularidad o de vez en cuando.

Actividad física

El aumento de la actividad física puede ayudar a perder peso de forma saludable y a mantenerse en el peso adecuado. La actividad física no solo incluye el ejercicio (es decir, la actividad física estructurada), sino también actividades de la vida diaria, tales como subir las escaleras en vez de usar el ascensor, practicar la jardinería y caminar en lugar de conducir siempre que sea posible. Estas actividades queman un número considerable de calorías. Las personas que no hacen ejercicio en combinación con la dieta tienen más probabilidades de recuperar el peso que han perdido.

El ejercicio aeróbico, como correr, caminar a paso rápido (5 a 6 km/h), hacer ciclismo, tenis (uno contra uno), patinar o esquiar quema un mayor número de calorías que otros ejercicios menos activos (ver Elección del ejercicio físico correcto). Por ejemplo, una caminata intensa puede quemar alrededor de 4 kcal/min, por lo que una hora de caminata intensa diaria quemaría cerca de 240 kcal. Correr quema alrededor de 6 a 8 kcal por minuto (unas 360 a 480 kcal/h). Como guía general, las personas tienen que caminar por lo menos 150 minutos cada semana para mejorar su salud. Para perder peso y no recuperarlo, las personas tienen que hacer de 300 a 360 minutos de ejercicio físico moderado a la semana, o 150 minutos semanales de ejercicio aeróbico intenso (como correr o usar una máquina elíptica). El ejercicio aeróbico intenso tiene otros beneficios para la salud, como la reducción del riesgo de arteriopatía coronaria y el aumento de la resistencia (ver Beneficios del ejercicio).

Para obtener el mayor beneficio del ejercicio, las personas deben hacer un entrenamiento de fuerza (con pesas u otra forma de resistencia) unos 3 días por semana. El entrenamiento de fuerza aumenta la cantidad de tejido muscular, lo que incrementa la tasa metabólica, de modo que el organismo quema más calorías estando en reposo.

Cambio de hábitos

Finalmente, para que la pérdida de peso sea eficaz y de larga duración, las personas han de cambiar su comportamiento. Lo más eficaz es seguir algún programa para bajar peso basado en estos cambios de comportamiento y para realizar estas modificaciones, la gente necesita ciertas habilidades como:

  • La resolución de problemas

  • El manejo del estrés

  • El autocontrol

  • La gestión de contingencias

  • El control de los estímulos

La resolución de problemas implica identificar y planificar con antelación las situaciones que conducen con mayor probabilidad a una alimentación poco saludable (como salir a cenar o de viaje), o que disminuyen las oportunidades de realizar ejercicio físico (como conducir campo a través).

Para manejar el estrés, las personas pueden aprender a identificar las situaciones estresantes y controlarlas desarrollando hábitos que no impliquen comer, por ejemplo salir a caminar, meditar o respirar profundamente.

Para vigilarse uno mismo, las personas pueden llevar un registro de alimentos que incluya el número de calorías, y pesarse con regularidad. Pueden apuntar dónde y cuándo comieron, cuál era su estado de ánimo en ese momento y con quién estaban. Con esta información se pueden observar y registrar patrones de comportamiento y alimentación, y evitarse las situaciones que conducen al aumento de peso o una alimentación poco saludable.

El plan de contingencias incluye otorgar recompensas (que no sean comida) ante conductas que favorezcan la pérdida de peso o su mantenimiento. Por ejemplo, si uno camina más o come menos de ciertos alimentos, puede recompensarse comprándose ropa nueva o yendo al cine. Las recompensas también pueden provenir de otras personas, por ejemplo, los elogios de los miembros de la familia o de los miembros de un grupo de apoyo.

Para el control de los estímulos que pueden conducir a una alimentación poco saludable se puede aprender a identificar los obstáculos que impiden dicha alimentación saludable y un estilo de vida activo, de forma que las personas puedan desarrollar estrategias para superarlos. Por ejemplo, pueden evitar pasar por delante de un restaurante de comida rápida cuando se va al trabajo, o no tener dulces en casa. Para desarrollar un estilo de vida activo pueden ocuparse de forma activa en una afición (como la jardinería), caminar más, habituarse a subir por las escaleras en vez de tomar el ascensor, o aparcar en el otro extremo del aparcamiento para obligarse a andar más.

Para desarrollar un estilo de vida activo y mantener la pérdida de peso, también pueden ser de ayuda los recursos de Internet, las aplicaciones para dispositivos móviles y otros dispositivos tecnológicos. Existen aplicaciones que ayudan a fijarse objetivos de pérdida de peso, controlar el progreso, realizar un seguimiento del consumo de alimentos y registrar la actividad física.

Medicamentos

Para las personas obesas o con sobrepeso y con trastornos relacionados con el peso son útiles algunos tratamientos farmacológicos. Los fármacos son más eficaces cuando se administran asociados a cambios en la alimentación, una mayor actividad física y programas estructurados que implican cambios de comportamiento. Algunos medicamentos para adelgazar están pensados para ser utilizados durante poco tiempo, mientras que otros están diseñados para utilizarse durante periodos prolongados.

Actualmente se dispone de los siguientes medicamentos para adelgazar:

  • Orlistat

  • Fentermina

  • Una asociación de fentermina y topiramato

  • Lorcaserina

Estos medicamentos se utilizan en personas con un IMC igual o superior a 30, o en personas con un IMC igual o superior a 27 pero con complicaciones como hipertensión o diabetes. Con este tipo de medicamentos, por lo general se pierde alrededor del 5 al 10% del peso corporal.

El orlistat limita la descomposición y la absorción de las grasas en el intestino, produciendo de hecho, una dieta baja en grasas. Puede comprarse tanto con receta médica como sin ella. Este medicamento da lugar a la aparición de grasa no absorbida en el tubo digestivo, Esta grasa puede causar hinchazón, gases y heces blandas, pero estos problemas suelen desaparecer con el tiempo. El orlistat debe tomarse con las comidas. Este fármaco puede interferir en la absorción de las vitaminas liposolubles: A, D, E y K. Si no se absorbe suficiente vitamina D, puede llegar a aparecer osteoporosis en algunas personas, y por ende, mayor probabilidad de fracturas óseas. Las personas que toman orlistat deben asociarlo a un complemento vitamínico que contenga estos nutrientes y que deberá tomarse al menos 2 horas antes o después del orlistat.

La fentermina reduce el apetito al influir en los mensajeros químicos en el área del cerebro que controla el apetito. *Solo se puede adquirir con receta. Puede producir un aumento de la presión arterial y de la frecuencia cardíaca así como causar insomnio, ansiedad y estreñimiento.

La asociación de fentermina y topiramato (un fármaco utilizado para tratar las convulsiones y las migrañas) solo está disponible con receta. Esta asociación produce una pérdida de peso durante un periodo de hasta 2 años. Sin embargo, puede causar defectos congénitos, por lo que las mujeres en edad fértil solo pueden tomarlo si están usando un método anticonceptivo y se someten a una prueba de embarazo mensual. Estos medicamentos pueden causar trastornos del sueño y de la concentración, así como aumentar la frecuencia cardíaca.

La lorcaserina solo se expende con receta médica, y funciona suprimiendo el apetito al influir en ciertos receptores situados en el cerebro.

La asociación de fenfluramina y fentermina (a menudo llamada fen-fen) era el tratamiento más eficaz, pero la fenfluramina fue retirada del mercado debido a las cardiovalvulopatías desarrolladas por las personas tratadas con esta combinación farmacológica.

A algunos preparados para adelgazar, de venta sin receta, incluidas las plantas medicinales, se les atribuye contribuir a la pérdida de peso por el hecho de intensificar el metabolismo, o bien al aumentar la sensación de saciedad, pero no se ha demostrado su eficacia, y además contienen aditivos que pueden ser nocivos o estimulantes (como efedra, cafeína, guaraná y fenilpropanolamina), por lo que deben evitarse.

Actualmente están en fase de desarrollo nuevos fármacos para el tratamiento de la obesidad, y probablemente la forma de tratar la obesidad en el futuro experimentará cambios notables.

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