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Religión y espiritualidad en las personas mayores

Por Daniel B. Kaplan, PhD, MSW, Postdoctoral Research Fellow, Institute of Geriatric Psychiatry, Weill Cornell Medical College ; Barbara J. Berkman, DSW, PhD, Research Professor;Helen Rehr/Ruth Fitzdale Professor Emerita;Principal Investigator and National Director, Boston College Graduate School of Social Work;Columbia University School of Social Work;Hartford Geriatric Social Work Faculty Scholars Program

Religión y espiritualidad son conceptos parecidos, pero no idénticos. A menudo, la religión se considera más institucional, más estructurada y más tradicional, y se asocia a las creencias organizadas y bien establecidas. La espiritualidad se refiere a lo intangible e inmaterial, por lo que se considera un término más general que no se asocia con ningún grupo u organización en particular. Puede referirse a sentimientos, pensamientos, experiencias y comportamientos relacionados con el alma o con la búsqueda de lo sagrado (por ejemplo, un ser divino, la realidad definitiva o la verdad definitiva).

La religión tradicional implica la rendición de cuentas y la responsabilidad. La espiritualidad tiene menos requisitos. Hay personas que rechazan la religión tradicional, pero se consideran espirituales. En Estados Unidos, más del 90% de las personas mayores se consideran religiosas y espirituales. Alrededor de un 5% se consideran espirituales pero no religiosas. Otras no se consideran ni religiosas ni espirituales y no dependen de prácticas ni tradiciones religiosas o espirituales para proporcionarles sentido.

Para la mayoría de las personas mayores de Estados Unidos, la religión tiene un papel importante en la vida:

  • El 96% cree en Dios o en un espíritu universal

  • Más del 90% rezan

  • Más del 50% asisten a servicios religiosos semanalmente o más a menudo

El nivel de participación religiosa es mayor entre las personas de la tercera edad que entre cualquier otro grupo de edad. Para este grupo de personas, la comunidad religiosa es la mayor fuente de apoyo social aparte de la familia, y la implicación en organizaciones religiosas es el tipo de actividad de voluntariado social más frecuente, más habitual que todas las demás formas de voluntariado social juntas.

Beneficios

Las personas que son religiosas tienden a tener una mejor salud física y mental que las personas no religiosas. Sin embargo, los expertos no pueden determinar si la religión contribuye a la salud o si las personas física y psicológicamente más sanas son atraídas por los grupos religiosos. Si la religión es útil, la razón (tanto si se trata de las propias creencias religiosas o de otros factores) no está clara. Se han propuesto muchos factores (por ejemplo, los beneficios para la salud mental, la promoción de prácticas saludables y el apoyo social).

Beneficios para la salud mental

La religión puede proporcionar los siguientes beneficios a la salud mental:

  • Una actitud positiva y de esperanza sobre la vida y la enfermedad, que tiende a llevar a unos mejores resultados de salud

  • Un significado y un propósito en la vida, que afecta a las conductas relacionadas con la salud y las relaciones sociales y familiares

  • Una mayor capacidad para adaptarse a las enfermedades y las discapacidades

Muchas personas mayores afirman que la religión es el factor más importante que les permite hacer frente a los problemas de salud física y tensiones de la vida (como la disminución de los recursos económicos o la pérdida de un cónyuge o pareja). Por ejemplo, tener una actitud esperanzada y positiva sobre el futuro ayuda a las personas con problemas físicos a mantener la motivación para recuperarse.

Algunos estudios han mostrado que las personas mayores que utilizan los mecanismos religiosos para afrontar los problemas tienen menos probabilidades de desarrollar depresión y ansiedad que las que no lo hacen. Incluso la percepción de discapacidad parece verse alterada según el grado de religiosidad. Un estudio sobre mujeres mayores con fractura de cadera mostró que las más religiosas tenían tasas más bajas de depresión y que eran capaces de caminar mucho más lejos cuando les daban de alta del hospital que las que eran menos religiosas.

Prácticas que promueven la salud

La participación activa en una comunidad religiosa se asocia con una mejor salud y mantenimiento físico. Algunos grupos religiosos (como los mormones y los Adventistas del Séptimo Día) proponen comportamientos que mejoran la salud, como evitar el tabaco y el consumo excesivo de alcohol. Los miembros de estos grupos son menos propensos a desarrollar trastornos relacionados con el consumo de sustancias y viven más tiempo que la población general.

Beneficios sociales

Las creencias y prácticas religiosas a menudo fomentan el desarrollo de extensas redes comunitarias de apoyo social. El aumento del contacto social en personas mayores aumenta la probabilidad de que la enfermedad se detecte a tiempo y de que las personas cumplan con los tratamientos, porque los miembros de la comunidad interaccionan con ellas y les hacen preguntas sobre la salud y la atención médica. Las personas mayores que forman parte de este tipo de redes comunitarias son menos propensas a descuidarse.

Cuidadores

La fe religiosa también beneficia a los cuidadores. Un estudio sobre los cuidadores de personas con enfermedad de Alzheimer o cáncer terminal mostró que los cuidadores con una fuerte fe religiosa y muchos contactos sociales eran más capaces de lidiar con el estrés de la prestación de cuidados.

Efectos nocivos

La religión no siempre es beneficiosa para las personas mayores. La devoción religiosa puede promover una culpa excesiva, estrechez de miras, inflexibilidad y ansiedad. En personas con trastorno obsesivo-compulsivo, trastorno bipolar, esquizofrenia o psicosis se pueden desarrollar delirios y obsesiones religiosas.

Ciertos grupos religiosos desalientan la atención de salud mental y física necesarias, incluidas las terapias que salvan vidas (por ejemplo, transfusiones de sangre, tratamiento de las infecciones que amenazan la vida o la terapia con insulina) y la sustituyen por rituales religiosos (tales como la oración, el canto o el encender velas). Las sectas religiosas pueden alienar y aislar a las personas mayores de los miembros de la familia y el resto de la comunidad. Algunos cultos a veces fomentan la autodestrucción.

Papel de los profesionales de la salud

Los profesionales de la salud pueden hablar con las personas mayores acerca de sus creencias religiosas, porque estas creencias pueden afectar a la salud física y mental de la persona. Conocer sus creencias religiosas puede ayudar al médico a proporcionar una mejor atención en algunas circunstancias:

  • Cuando las personas están muy enfermas, bajo estrés considerable o cerca de la muerte y piden o sugieren que un médico les hable sobre temas religiosos

  • Cuando las personas comentan al médico que son religiosas y que la religión les ayuda a sobrellevar la enfermedad

  • Cuando las necesidades religiosas son evidentes y pueden estar afectando a su salud o comportamiento

Cuando los médicos u otros profesionales de la salud comprenden las necesidades espirituales de la persona, pueden ayudar a que obtenga la ayuda necesaria (por ejemplo, asesoramiento espiritual, contacto con grupos de apoyo, participación en actividades religiosas o contacto social con los miembros de una comunidad religiosa). Los médicos pueden preguntar si las creencias espirituales son una parte importante de su vida y de cómo estas creencias influyen en la forma en que cuidan de sí mismos. También pueden pedir que describan sus mecanismos de supervivencia más importantes. Si la persona expresa un interés en los recursos espirituales o religiosos, los médicos pueden preguntar si hay algún obstáculo para acceder a esos recursos y recomendar alternativas. Por ejemplo, se puede sugerir un servicio de transporte para aquellas personas mayores que no pueden asistir a los servicios religiosos.

A veces, las personas mayores se sienten más cómodas si el asesoramiento proviene de un miembro del clero y no de un profesional de la salud mental. Cuando los miembros del clero tienen experiencia en el asesoramiento y el reconocimiento de cuándo las personas necesitan atención profesional de salud mental, estos consejeros religiosos pueden ser muy útiles. Los miembros del clero también pueden ayudar a que la persona obtenga el apoyo de la comunidad que necesita (por ejemplo, que reciba visitas después de que le hayan dado de alta del hospital, que le traigan comida o que tenga solucionado el transporte).