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Trastornos autoinmunitarios durante el embarazo

Por Lara A. Friel, MD, PhD, University of Texas Health--Medical School at Houston

Los trastornos autoinmunitarios, como la enfermedad de Graves (ver Trastornos de la tiroides durante el embarazo), son más frecuentes entre las mujeres, especialmente entre las mujeres embarazadas: los anticuerpos anormales producidos por los trastornos autoinmunitarios pueden atravesar la placenta y causar problemas al feto. El embarazo afecta a distintos trastornos autoinmunitarios de diferentes formas.

Síndrome antifosfolipídico

El síndrome antifosfolipídico, que causa la formación de coágulos de sangre con mayor facilidad o en exceso, puede producir un aborto espontáneo o muerte fetal. Las mujeres embarazadas pueden experimentar hipertensión o preeclampsia (un tipo de hipertensión que se produce durante el embarazo, ver Preeclampsia y eclampsia). Es posible que el feto no se desarrolle según lo previsto.

Si una mujer sufre el síndrome antifosfolipídico, por lo general se trata con anticoagulantes y con dosis bajas de aspirina (ácido acetilsalicílico) durante el embarazo y durante 6 semanas después del parto. Este tratamiento puede evitar la formación de coágulos de sangre y las consiguientes complicaciones del embarazo.

Lupus eritematoso sistémico (lupus)

El lupus (ver Lupus eritematoso sistémico (LES)) puede aparecer por primera vez, empeorar o mejorar durante el embarazo. No se puede predecir de qué forma el embarazo afectará el curso del lupus, pero el momento más probable para que aparezcan los síntomas será inmediatamente después del parto.

Las mujeres que desarrollan lupus suelen tener un historial de abortos espontáneos repetidos, fetos que no han crecido según lo esperado y partos prematuros. Si la mujer tiene complicaciones debido al lupus (como, por ejemplo, una lesión renal o hipertensión arterial), el riesgo de muerte para el feto, el recién nacido o para la mujer es mayor. Los problemas relacionados con el lupus se pueden minimizar si se tiene en cuenta lo siguiente:

  • Retrasar el momento de quedar embarazadas hasta que el trastorno permanezca inactivo durante 6 meses.

  • Ajustar al máximo la pauta posológica para controlar el trastorno.

  • La presión arterial y la función renal son normales.

En las embarazadas, los anticuerpos del lupus pueden atravesar la placenta y llegar hasta el feto. Como resultado, el feto puede tener una frecuencia cardíaca muy lenta, anemia, una disminución del número de plaquetas o de glóbulos blancos (leucocitos). Sin embargo, estos anticuerpos desaparecen de forma gradual varias semanas después del nacimiento y se resuelven los problemas que han causado, con excepción de la frecuencia cardíaca lenta.

Si las mujeres con lupus tomaban hidroxicloroquina antes de quedar embarazadas, pueden seguir tomándola durante todo el embarazo. Si se producen brotes las mujeres pueden necesitar tomar una dosis baja de prednisona (un corticoesteroide) por vía oral, otro corticoesteroide, como la metilprednisolona o un medicamento que inhibe el sistema inmunitario (inmunosupresores) como la azatioprina.

Miastenia grave

El trastorno que causa debilidad muscular no suele ocasionar complicaciones graves o permanentes durante el embarazo. Sin embargo, las mujeres pueden precisar tomar dosis más elevadas de fármacos (como neostigmina) para tratar la enfermedad o de corticoesteroides u otros medicamentos para inhibir el sistema inmunitario (inmunosupresores).

Algunos medicamentos que suelen utilizarse durante el embarazo, como el magnesio y la oxitocina, pueden empeorar la debilidad causada por miastenia grave, por lo que las mujeres que la padecen deben asegurarse de que sus médicos lo saben. En muy raras ocasiones, las mujeres que padecen este trastorno pueden necesitar ayuda para respirar (ventilación asistida) durante el parto.

Los anticuerpos que causan este trastorno pueden atravesar la placenta. Así, alrededor de 1 de cada 5 bebés nacidos de mujeres con miastenia gravis hereda dicho trastorno. Sin embargo, la debilidad muscular que presenta el bebé es, por lo general, temporal, porque los anticuerpos de la madre desaparecen gradualmente y el bebé no produce anticuerpos de este tipo.

Púrpura trombocitopénica inmunitaria (PTI)

En la PTI, los anticuerpos disminuyen el número de plaquetas (trombocitos) en el torrente sanguíneo. Las plaquetas son partículas similares a células que intervienen en el proceso de coagulación. Una cantidad muy baja de plaquetas (trombocitopenia) puede causar trastornos hemorrágicos en las mujeres embarazadas y en sus bebés. Si no se trata durante el embarazo, la enfermedad suele hacerse más grave. Los corticoesteroides, habitualmente la prednisona administrada por vía oral, pueden aumentar el número de plaquetas y así mejorar la coagulación de la sangre en las mujeres embarazadas que padecen este trastorno. Sin embargo, esta mejora solo es perdurable en la mitad de las mujeres; además, la prednisona aumenta el riesgo de que el feto no crezca lo esperado o de que nazca prematuramente.

Las mujeres con un número de plaquetas peligrosamente bajo pueden necesitar dosis elevadas de gammaglobulina por vía intravenosa poco tiempo antes del parto. Este tratamiento aumenta de forma temporal el número de plaquetas y mejora la coagulación sanguínea. Como resultado, el parto se desarrolla de manera segura y las mujeres pueden tener su bebé por vía vaginal sin que se presente una hemorragia incontrolable.

A estas embarazadas se les administran transfusiones de plaquetas cuando el parto por cesárea lo requiere y cuando la concentración de plaquetas es tan baja que existe peligro de hemorragia grave.

En muy raros casos, cuando el número de plaquetas permanece peligrosamente bajo pese al tratamiento, se extirpa el bazo, donde quedan atrapadas normalmente las plaquetas y los glóbulos rojos viejos. El mejor momento para esta intervención quirúrgica es durante el segundo trimestre.

Los anticuerpos que causan el trastorno pueden atravesar la placenta hasta el feto; sin embargo, raramente alteran su concentración de plaquetas.

Artritis reumatoide

La artritis reumatoide puede aparecer durante el embarazo o, con más frecuencia, poco después del parto.

Si la artritis ha dañado las articulaciones de las caderas o de la columna vertebral inferior (lumbar), el parto puede ser difícil para las mujeres que la padecen, pero este trastorno no afecta al feto. Los síntomas de la artritis reumatoide pueden disminuir durante el embarazo, pero reaparecen habitualmente al nivel original después de este.

Si durante el embarazo tiene lugar un brote de la enfermedad, se trata con prednisona (un corticoesteroide).