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Trastornos de la tiroides durante el embarazo

Por Lara A. Friel, MD, PhD, University of Texas Health--Medical School at Houston

Los trastornos tiroideos pueden estar presentes antes de que las mujeres se queden embarazadas, o se pueden desarrollar durante el embarazo. Estar embarazada no cambia los síntomas de los trastornos tiroideos. La afectación del feto depende del trastorno tiroideo de que se trate y de los fármacos utilizados para el tratamiento. Pero en general, los riesgos son los siguientes:

  • Con una glándula tiroidea hiperactiva (hipertiroidismo): crecimiento lento o menor de lo previsto en el feto y muerte fetal

  • Con una glándula tiroidea hipoactiva (hipotiroidismo): deterioro en el desarrollo intelectual de los niños y aborto espontáneo

Las causas más comunes de hipotiroidismo en mujeres embarazadas son la tiroiditis de Hashimoto y el tratamiento de la enfermedad de Graves.

Si las mujeres tienen o han tenido un trastorno tiroideo, a ellas y al bebé se les vigila estrechamente durante y después del embarazo. Los médicos revisan periódicamente los cambios en los síntomas y hacen análisis de sangre para medir los niveles de la hormona tiroidea.

Tiroiditis de Hashimoto

Esta inflamación crónica de la glándula tiroidea está causada por una reacción autoinmunitaria en que el sistema inmunitario funciona de forma inadecuada y ataca sus propios tejidos. Dado que el sistema inmunitario se deprime durante el embarazo, este trastorno puede llegar a ser menos evidente. Sin embargo, las mujeres embarazadas a veces desarrollan hipotiroidismo o hipertiroidismo que requieren tratamiento.

Tiroiditis subaguda

Esta inflamación repentina de la glándula tiroidea es común durante el embarazo. La glándula tiroidea puede aumentar de tamaño, dando lugar al bocio que es hipersensible al tacto. El bocio se desarrolla generalmente durante o después de una infección respiratoria. Puede aparecer hipertiroidismo y producir síntomas, pero es temporal.

La tiroiditis subaguda no suele requerir tratamiento.

Tiroiditis posparto

En las primeras semanas después del parto, la glándula puede inflamarse de pronto y volverse temporalmente hiperactiva; la causa del trastorno puede ser una reacción autoinmunitaria. El trastorno puede persistir, repetirse periódicamente o empeorar de forma constante.

Enfermedad de Graves

Los anticuerpos anómalos estimulan la glándula tiroidea para que produzca una cantidad excesiva de hormona tiroidea. Estos anticuerpos pueden atravesar la placenta y estimular la glándula tiroidea en el feto. Por ello, el feto puede tener, en ocasiones, una frecuencia cardíaca acelerada y un crecimiento menor de lo esperado. Su glándula tiroidea puede aumentar de tamaño y desarrollar bocio. En raras ocasiones, el bocio es tan grande que dificulta la deglución al feto, provoca que se acumule demasiado líquido en las membranas que rodean al feto (polihidramnios) o adelanta el parto.

Por lo general, durante el embarazo, la enfermedad de Graves se trata con la menor dosis posible de propiltiouracilo, tomado por vía oral. Se llevan a cabo exploraciones físicas y mediciones de los niveles de la hormona tiroidea de forma regular, porque el propiltiouracilo atraviesa la placenta y puede provocar que el feto no produzca suficiente hormona tiroidea. También produce la formación de bocio en el feto. Las hormonas tiroideas sintéticas, que también se usan habitualmente para tratar este trastorno, no se utilizan con el propiltiouracilo durante el embarazo. Estas hormonas pueden encubrir problemas que aparecen cuando las dosis de propiltiouracilo son demasiado elevadas y es posible que produzcan hipotiroidismo en el feto. Puede usarse metimazol en lugar de propiltiouracilo.

A menudo, la enfermedad de Graves mejora durante los 3 últimos meses de embarazo, por lo que la dosis puede reducirse o suspenderse el fármaco.

El yodo radiactivo, usado para diagnosticar o tratar la enfermedad de Graves, no se utiliza durante el embarazo porque puede lesionar la glándula tiroidea del feto.

Si aparece una tormenta tiroidea (hiperactividad extrema repentina de la glándula tiroidea) o los síntomas se agravan, a las mujeres se les pueden administrar betabloqueantes (usados para tratar la hipertensión arterial).

Si es necesario, se puede extirpar la glándula tiroidea de las mujeres embarazadas durante el segundo trimestre. Estas mujeres deben empezar a tomar hormonas tiroideas sintéticas 24 horas después de la intervención quirúrgica. En estas mujeres, tomar estas hormonas no causa problemas al feto.