Extraviado
Ubicaciones

Busque información sobre temas médicos, síntomas, fármacos, procedimientos, noticias y mucho más, escrita en lenguaje cotidiano.

Aneurismas de las ramificaciones aórticas

Por John W. Hallett, Jr., MD, Clinical Professor, Division of Vascular Surgery, Medical University of South Carolina

Los aneurismas de las ramificaciones aórticas son protuberancias (dilataciones) en la pared de las arterias principales que se ramifican directamente a partir de la aorta.

La aorta es la arteria más grande del cuerpo. Recibe sangre rica en oxígeno procedente del corazón y la distribuye al organismo a través de arterias más pequeñas que se ramifican a partir de ella. Los aneurismas pueden darse en cualquiera de las ramas principales de la aorta. Tales aneurismas son mucho menos comunes que los aneurismas aórticos abdominales o aneurismas de la aorta torácica.

Los factores de riesgo de aneurisma son:

La infección en los tejidos cercanos a una arteria puede causar un aneurisma infectado (aneurisma micótico). Las enfermedades autoinmunes pueden causar inflamación en diferentes arterias, lo que conlleva un debilitamiento de la pared arterial y la formación de aneurismas (aneurisma inflamatorio).

Aneurismas de la arteria subclavia

Los aneurismas en la arteria subclavia (situada en la parte superior del pecho, debajo de la clavícula) se producen en algunas ocasiones en personas con una costilla adicional situada en la zona del cuello (costilla cervical) o en el síndrome de la abertura torácica superior.

Aneurismas en las arterias de los órganos abdominales

Los aneurismas en las arterias que irrigan el tracto digestivo (arterias viscerales) son infrecuentes. Sin embargo, pueden aparecer aneurismas en las arterias que irrigan otros órganos, incluyendo los siguientes:

  • Bazo (arteria esplénica, alrededor del 60%)

  • Hígado (arteria hepática 20%)

  • Intestinos (arteria mesentérica superior 5,5%)

  • Riñones (arterias renales)

Los aneurismas de la arteria esplénica son más frecuentes en mujeres que en hombres. Las causas incluyen el crecimiento anómalo de los músculos de la pared arterial (displasia fibromuscular), la hipertensión portal (hipertensión arterial en los vasos sanguíneos conectados al hígado), los embarazos múltiples (por ejemplo, de gemelos o trillizos), la lesión abdominal penetrante (herida de arma blanca) o una contusión abdominal (por ejemplo, de un accidente de vehículo de motor), la inflamación del páncreas (pancreatitis) y la infección.

Los aneurismas de la arteria hepática son más frecuentes en hombres que en mujeres. Pueden ser consecuencia de una lesión abdominal previa, del uso de drogas por vía intravenosa (por ejemplo, heroína), de una pared arterial dañada o de la inflamación de los tejidos que circundan la arteria.

Los aneurismas de la arteria mesentérica superior son relativamente poco frecuentes entre los aneurismas de las arterias que irrigan los órganos abdominales. Pueden ser debidos a infecciones, aterosclerosis y otros trastornos que debilitan la pared arterial.

Los aneurismas de la arteria renal pueden diseccionarse (las capas de la arteria se separan) o romperse, causando obstrucción repentina (oclusión) del flujo de sangre a los riñones e insuficiencia renal.

Síntomas

Los síntomas de los aneurismas de las ramificaciones aórticas varían en función del órgano que quede privado de sangre. Independientemente de la ubicación, los aneurismas infectados o inflamados pueden causar dolor en el área cercana a la arteria y síntomas de infección, como fiebre, pérdida de peso, y una sensación general de enfermedad. Por otra parte, la ruptura de cualquier tipo de aneurisma puede causar una rápida pérdida de sangre, dolor en la zona del aneurisma, presión arterial baja e incluso la muerte.

Los aneurismas subclavios puede causar dolor en el hombro o en el brazo, una sensación pulsátil, coágulos de sangre o inflamación en las venas cercanas (debido a la presión sobre las venas), ataques isquémicos transitorios, accidente cerebrovascular, o ronquera o deterioro de la función nerviosa (por la compresión del nervio laríngeo recurrente o plexo braquial).

La mayoría de los aneurismas en las ramas de la aorta abdominal no causan síntomas a menos que se rompan. En raras ocasiones, las personas con aneurismas de la arteria esplénica sufren dolor abdominal, náuseas y vómitos. Las personas con aneurismas de la arteria hepática tendrán dolor abdominal o coloración amarillenta de la piel (ictericia) si el aneurisma comprime los conductos que transportan la bilis desde la vesícula biliar al intestino (tracto biliar). Las personas con aneurismas de la arteria mesentérica superior tendrán dolor abdominal y diarrea con sangre (colitis isquémica), y las personas con aneurismas de la arteria renal tendrán la presión arterial alta, dolor abdominal o en el costado, o sangre en la orina.

Diagnóstico

  • Ecografía o tomografía computarizada (TC)

A veces, los aneurismas que no causan síntomas se detectan cuando se realiza una radiografía o una prueba de diagnóstico por imagen por otro motivo. Sin embargo, la mayoría de los aneurismas de las ramificaciones aórticas no se diagnostican antes de que se rompan.

Suele utilizarse la ecografía o la TC para detectar o confirmar los aneurismas de las ramificaciones aórticas. También puede utilizarse la angiografía cuando una persona tiene síntomas que pueden ser causados por un aneurisma.

Tratamiento

  • Reparación mediante endoprótesis vascular cubierta

El tratamiento consiste en la extirpación quirúrgica del aneurisma y la sustitución de la pared de la arteria con un injerto. A veces, los médicos llevan a cabo una reparación con prótesis intravascular cubierta, que no requiere cirugía en el abdomen. Para realizar una prótesis intravascular cubierta, los médicos hacen pasar un cable largo y delgado a través de la arteria grande en la ingle (arteria femoral) y hasta el aneurisma. Posteriormente se desliza la endoprótesis cubierta (un tubo delgado como una pajita plegable) por encima del alambre y hacia el interior del aneurisma. A continuación, se abre la endoprótesis cubierta, con lo que se forma un conducto estable para el flujo sanguíneo.

La decisión de reparar aneurismas que no causen síntomas se basa en el riesgo de ruptura, la extensión y la localización del aneurisma, y los riesgos causados por otras enfermedades que la persona pueda tener. Para los aneurismas viscerales, el riesgo de ruptura y de muerte son elevados, especialmente para las mujeres en edad fértil y para las personas con aneurismas hepáticos, por lo que los aneurismas en estas personas suelen repararse incluso si no provocan síntomas.

La cirugía para aneurismas de la arteria subclavia puede implicar la eliminación de una costilla cervical (si está presente) de la parte superior del tórax antes de la reparación y sustitución.

El tratamiento de los aneurismas infectados (micóticos) consiste en un tratamiento antibiótico adecuado para el organismo infeccioso específico. En general, estos aneurismas también deben ser reparados quirúrgicamente una vez que la infección haya sido tratada.