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Arteriopatía periférica oclusiva

Por John W. Hallett, Jr., MD, Clinical Professor, Division of Vascular Surgery, Medical University of South Carolina

La arteriopatía periférica oclusiva es el bloqueo o constricción de una arteria en las piernas (o rara vez en los brazos), por lo general debido a la ateroesclerosis, y que provoca una disminución del flujo sanguíneo.

  • Los síntomas dependen de qué arteria esté obstruida y de la gravedad de la obstrucción.

  • El diagnóstico se basa en la medición del flujo sanguíneo de las zonas afectadas.

  • Para aliviar la obstrucción y reducir los síntomas, se administran medicamentos o se realiza una angioplastia o una cirugía.

La arteriopatía periférica oclusiva ocurre con frecuencia en las personas de edad más avanzada, dado que a menudo es consecuencia de la ateroesclerosis (placa o acumulación patológica en la pared del vaso sanguíneo), un trastorno que se hace más común a medida que se envejece.

La arteriopatía periférica oclusiva también es frecuente en:

Cada uno de estos factores no solo contribuye a que aparezca esta enfermedad, sino que también la empeora.

La arteriopatía periférica oclusiva se desarrolla más frecuentemente en las arterias de las piernas, incluidas las dos ramas de la aorta (arterias ilíacas), las arterias principales de los muslos (arterias femorales), de las rodillas (arterias poplíteas) y de las pantorrillas (arterias tibiales y arterias peroneas). Con una frecuencia mucho menor, la enfermedad afecta a las arterias de los hombros o de los brazos.

También se puede desarrollar en la parte de la aorta que atraviesa el abdomen (aorta abdominal) o en sus ramas (véase también Oclusión de una rama de la aorta abdominal).

La arteriopatía periférica oclusiva puede ser el resultado de:

  • Estenosis progresiva de una arteria

  • Bloqueo repentino de una arteria

Cuando se produce el estrechamiento, es posible que las regiones del organismo irrigadas por la arteria afectada no reciban suficiente sangre, Un suministro inadecuado de sangre provoca que los niveles de oxígeno en los tejidos del organismo sean insuficientes, lo que se denomina isquemia. La isquemia puede aparecer de forma gradual o de forma repentina. Cuando una arteria se bloquea total y repentinamente, el tejido que irriga puede morir.

Estenosis arterial progresiva

Por lo general, el estrechamiento progresivo de las arterias se debe a la ateroesclerosis, en la que se forman depósitos de colesterol y de otras sustancias grasas (ateromas o placas ateroescleróticas) en las paredes de las arterias. Los ateromas estrechan gradualmente la luz (lumen) de la arteria y reducen el flujo de sangre (ver Cómo se desarrolla la ateroesclerosis). Se puede producir una acumulación de calcio en las paredes de los vasos sanguíneos, haciendo que las arterias se vuelvan rígidas.

Con menor frecuencia, las arterias se estrechan de forma gradual como consecuencia de un crecimiento anómalo del músculo de la pared arterial (displasia fibromuscular), de un proceso inflamatorio (vasculitis), o de la presión originada desde el exterior del vaso sanguíneo por una masa en expansión, como un tumor o un saco lleno de líquido (quiste).

Bloqueo repentino de una arteria

La arteria se puede obstruir de forma total y repentina si ya presentaba un estrechamiento y se forma un coágulo de sangre (trombo). También puede producirse una obstrucción repentina cuando un coágulo se desprende de un lugar como el corazón o la aorta (con lo que se convierte en un émbolo), se desplaza por el torrente sanguíneo y se aloja en una arteria más distante. Algunas afecciones aumentan el riesgo de que se formen trombos; entre ellas, se incluyen la fibrilación auricular, otras cardiopatías, los trastornos de la coagulación y la inflamación de los vasos sanguíneos (vasculitis), que puede deberse a una enfermedad autoinmunitaria.

En ocasiones, un ateroma puede romperse en el vaso sanguíneo y provocar la formación de un coágulo de sangre que repentinamente bloquea una arteria. Otras veces, un fragmento de material graso se desprende de un ateroma y obstruye una arteria de forma repentina. La obstrucción repentina también puede ser consecuencia de una disección aórtica, en la que la capa interna de la aorta se desgarra, permitiendo que la sangre fluya a través del desgarro y que se separen las capas interna y media de la aorta. A medida que la disección avanza, puede obstruir una o más arterias conectadas a la aorta.

Síntomas

Los síntomas de la arteriopatía periférica oclusiva varían dependiendo de:

  • Qué arteria se ve afectada

  • Cuál es el alcance del bloqueo de la arteria

  • Si se trata de un estrechamiento progresivo o de un bloqueo repentino

Por lo general, tiene que haber una obstrucción de alrededor del 70% de la luz de la arteria para que aparezcan síntomas. El estrechamiento gradual ocasiona síntomas menos graves que la obstrucción súbita, incluso si con el tiempo la arteria termina totalmente obstruida. El motivo reside en que el estrechamiento gradual permite que los vasos sanguíneos cercanos se ensanchen o que se desarrollen nuevos vasos sanguíneos (denominados vasos colaterales). De este modo, el tejido afectado continúa recibiendo sangre. Si una arteria se obstruye de forma repentina, no hay tiempo para que se desarrollen vasos colaterales, por lo que los síntomas suelen ser graves.

Arterias de las piernas y de los brazos

La obstrucción total y súbita de una arteria en una pierna o en un brazo desencadena dolor intenso, enfriamiento y entumecimiento en el miembro afectado. La pierna o el brazo adquiere un tono pálido o azulado (cianótico) y no se puede sentir el pulso debajo de la obstrucción. La disminución repentina y drástica del flujo sanguíneo hacia la extremidad es una urgencia médica. La ausencia de circulación evoluciona con rapidez a pérdida de la sensibilidad o a parálisis de la extremidad afectada. Si el flujo sanguíneo se interrumpe durante demasiado tiempo, el tejido puede morir, y podría ser necesario amputar la extremidad.

La claudicación intermitente, el síntoma más frecuente de la arteriopatía periférica, es consecuencia de la estenosis progresiva de una arteria de la pierna. Se percibe como una sensación de cansancio, dolor o calambres en los músculos de la pierna, no en las articulaciones. Aparece de forma periódica y predecible durante la actividad física, pero siempre se alivia rápidamente con el reposo. Se siente dolor en los músculos al caminar, que es más rápido e intenso al caminar deprisa o cuesta arriba. Por lo general, después de 1 a 5 minutos de descanso (no hace falta sentarse), se puede volver a recorrer la misma distancia, aunque es posible que vuelva a aparecer dolor. Este dolor se manifiesta en la pantorrilla, pero también en el muslo, en la cadera o en las nalgas, dependiendo del punto donde se encuentre la obstrucción. De forma excepcional, se presenta dolor en el pie.

A medida que aumenta el estrechamiento de la arteria de la pierna, se acorta la distancia que se puede recorrer sin sentir dolor. Finalmente, cuando la enfermedad se agrava, hay dolor en los músculos de la pierna incluso en reposo, sobre todo, si la persona está acostada. El dolor suele comenzar en la parte inferior de la pierna o en la parte delantera del pie, es intenso e implacable y empeora al levantar la pierna; además, a menudo interfiere en el sueño. Para sentir algún alivio, se puede dejar que los pies cuelguen por el borde de la cama o bien sentarse con las piernas suspendidas.

Las obstrucciones extensas de las arterias del brazo, que son poco frecuentes, producen fatiga, calambres o dolor en los músculos del brazo cuando este se utiliza de forma reiterada.

Si el aporte sanguíneo disminuye solo de forma leve o moderada, la pierna o el brazo pueden presentar un aspecto casi normal. Cuando el aporte de sangre que llega a un pie se reduce de forma considerable, este puede enfriarse, y los médicos pueden necesitar un equipo especial para detectar el pulso en el pie. La piel del pie o de la pierna puede volverse seca, escamosa y brillante, o agrietada; es posible que las uñas no crezcan con normalidad, y que no crezca vello en la pierna. A medida que la arteria se obstruye cada vez más, pueden aparecer úlceras que no cicatrizan con facilidad, sobre todo, en los dedos de los pies o en los talones y, a veces, en la parte inferior de la pierna, en especial después de una lesión. Se producen con facilidad infecciones que se agravan rápidamente. Si existe arteriopatía periférica oclusiva grave, las heridas en la piel pueden tardar varias semanas o incluso meses en cicatrizar, o no llegar a cicatrizarse. Pueden aparecer úlceras en el pie. Los músculos de la pierna, por lo general, pierden masa muscular (atrofia). Si la obstrucción es considerable, puede producirse gangrena.

Aunque la claudicación haya sido predecible y estable, puede empeorar de forma repentina. Por ejemplo, el dolor en la pantorrilla que aparece después de caminar diez calles puede aparecer de repente después de caminar solo una. Este cambio indica que se ha formado un nuevo trombo en una arteria de la pierna. Las personas que se encuentran en estas condiciones deben buscar atención médica inmediatamente.

¿Sabías que...?

  • Cuando una persona siente repentinamente dolor en un brazo o una pierna, y la extremidad se enfría y se vuelve pálida, se debe buscar atención médica de inmediato.

Diagnóstico

  • Exploración física y síntomas

  • Medición de la presión arterial y del flujo sanguíneo

Exploración física

El diagnóstico de arteriopatía periférica oclusiva se basa en los síntomas y en los resultados de la exploración física. También se examina la piel de las piernas o brazos: se observan el color y la temperatura, y se presiona con suavidad para determinar la rapidez con la que vuelve el color al dejar de presionar. Estas observaciones son útiles para determinar si la circulación es adecuada. También se llevan a cabo procedimientos que miden directamente la presión de la sangre o el flujo sanguíneo.

La medición de la presión arterial se realiza mediante un manguito de presión arterial estándar y un estetoscopio electrónico especial. La presión arterial sistólica se mide en ambos brazos y ambas piernas. Si la presión arterial en el tobillo es inferior a la de los brazos en una determinada proporción (< 85% de la presión sanguínea en el brazo), el riego sanguíneo hacia las piernas es inadecuado y se diagnostica arteriopatía periférica oclusiva. Cuando se sospecha una obstrucción en una arteria del brazo, se mide la presión arterial sistólica en ambos brazos: si la presión es más alta en un brazo que en otro de forma permanente, existe una obstrucción en el brazo con la presión arterial más baja y se diagnostica arteriopatía periférica oclusiva.

Cuando se escucha a través de un fonendoscopio, un flujo sanguíneo turbulento produce un soplo cardíaco valvular como si la sangre cayera de forma turbulenta sobre una válvula cardíaca disfuncional. También se oye un sonido similar llamado soplo, producido por el paso de la sangre a través de una arteria irregular o con estrechamientos. Un soplo indica que la ateroesclerosis, que es uno de los principales factores de riesgo para los ataques isquémicos transitorios o los accidentes cerebrovasculares, está presente en el vaso sanguíneo.

Flujo sanguíneo turbulento

Audio proporcionado por Morton Tavel, MD.

La valoración del pulso también es útil para evaluar el flujo sanguíneo. El médico o el personal de enfermería examinan cada uno de los pulsos, incluidos los de las axilas, los codos, las muñecas, las ingles, los tobillos, los pies y los de la parte posterior de las rodillas. El pulso en las arterias más allá de la oclusión puede ser débil o estar ausente. Por ejemplo, si se sospecha una obstrucción en una arteria de la pierna, se examina el pulso por debajo de cierto lugar de la misma. En las arterias cuyo pulso es inaccesible, como en el caso de las arterias renales, se emplean técnicas que proporcionan imágenes del flujo sanguíneo. Un fonendoscopio permite escuchar los ruidos anómalos (soplos) que produce el flujo sanguíneo turbulento al pasar por una arteria con estrechamientos.

Mediciones de oxígeno tisular

Las pruebas de tensión de oxígeno transcutáneo miden el nivel de oxígeno en el tejido bajo la piel. Dado que el oxígeno es transportado a los tejidos por la sangre, esta prueba es una medida indirecta del flujo sanguíneo. Esta prueba indolora se realiza mediante la colocación de sensores en la piel de la pierna o el brazo afectados y en la parte superior del pecho. Los electrodos de los sensores calientan la zona bajo la piel para ensanchar temporalmente los vasos sanguíneos de forma que el nivel de oxígeno pueda ser medido fácilmente por el sensor.

Pruebas de diagnóstico por la imagen

La ecografía Doppler permite medir directamente el flujo sanguíneo y confirmar el diagnóstico de arteriopatía periférica oclusiva. Este procedimiento detecta con precisión el estrechamiento o la oclusión de los vasos sanguíneos. La ecografía Doppler para medir el flujo sanguíneo también puede llevarse a cabo durante una prueba de esfuerzo, ya que algunos problemas aparecen únicamente durante el ejercicio.

Generalmente, la angiografía, un procedimiento invasivo en el que se inserta un catéter de plástico flexible en una de las grandes arterias de la parte superior del muslo, se realiza sólo cuando se requiere cirugía o angioplastia (apertura de un bloqueo mediante el inflado de un pequeño globo dentro de la arteria). En estos casos, el objetivo es proporcionar imágenes claras de las arterias afectadas antes de practicar la intervención o la angioplastia. En casos excepcionales, esta técnica se utiliza para evaluar la posibilidad de realizar una intervención quirúrgica o una angioplastia. En la angiografía, un medio de contraste radiopaco (colorante), que se puede ver en las radiografías, se inyecta en una arteria mediante el catéter flexible de plástico. El medio de contraste muestra el contorno del interior de la arteria cuando se realiza la radiografía. De este modo, se muestra el diámetro exacto de la arteria y se detectan algunas obstrucciones con mayor precisión que con la ecografía Doppler.

Más recientemente, en la mayoría de centros médicos se realiza la angiografía mediante métodos menos invasivos como la tomografía computarizada (angiografía por TC) o la resonancia magnética nuclear (denominada angiografía por resonancia magnética o ARM). En lugar de requerir la inserción de un catéter flexible en una arteria principal, estas pruebas utilizan pequeñas cantidades de un medio de contraste que se inyectan en el torrente sanguíneo utilizando un catéter intravenoso estándar en el brazo.

Otras pruebas para el diagnóstico de la arteriopatía periférica oclusiva

En presencia de ateroesclerosis, se intentan identificar los factores de riesgo, utilizando para ello análisis de sangre que miden las concentraciones de colesterol, azúcar (glucosa) y, si el caso lo requiere, homocisteína. La presión arterial se mide varias veces a fin de determinar si está elevada de forma permanente.

También pueden hacerse análisis de sangre que permiten detectar otras causas de estrechamiento o de obstrucción de las arterias, como la inflamación de los vasos sanguíneos a causa de una enfermedad autoinmunitaria. Entre estos análisis de sangre se incluyen la medida de la velocidad de sedimentación globular (VSG) y de los niveles de proteína C-reactiva, que solo se produce en presencia de una inflamación. Cuando la arteria obstruida se encuentra en un brazo, se intenta determinar si la causa es la ateroesclerosis, el síndrome de la abertura torácica superior o la inflamación de la arteria (arteritis).

Es preciso descartar, mediante resonancia magnética nuclear (RMN), una estenosis vertebral (estrechamiento del conducto raquídeo), que también puede producir dolor durante la actividad física. Sin embargo, a diferencia del dolor producido por la claudicación intermitente, este dolor no se alivia con el reposo.

Prevención

La mejor manera de prevenir la aparición de la arteriopatía periférica oclusiva es modificar o eliminar los factores de riesgo de la aterosclerosis. A continuación se exponen algunas medidas preventivas:

  • Controlar la diabetes

  • Reducir la hipertensión arterial y las concentraciones altas de colesterol y de homocisteína

  • Adelgazar

  • Practicar una actividad física de forma periódica

Controlar la diabetes de forma adecuada contribuye a retrasar o a prevenir el desarrollo de la arteriopatía periférica oclusiva y reduce el riesgo de sufrir otras complicaciones.

Tratamiento

  • Fármacos o sustancias

  • Angioplastia

  • Cirugía para aliviar o eludir la obstrucción

  • Amputación de una extremidad si el tejido muere

Los objetivos del tratamiento son los siguientes:

  • Evitar que la enfermedad avance

  • Disminuir el riesgo de infarto de miocardio, de accidente cerebrovascular y de muerte debida a una ateroesclerosis extendida

  • Evitar amputaciones

  • Mejorar la calidad de vida del paciente aliviando los síntomas (como la claudicación intermitente)

Los posibles tratamientos comprenden la administración de medicamentos como los que alivian la claudicación y los que disuelven los trombos (fármacos trombolíticos o fibrinolíticos), la angioplastia, la intervención quirúrgica y otras medidas, como el ejercicio y el cuidado de los pies. La elección de los tratamientos a utilizar depende de:

  • Si la obstrucción se desarrolló de forma repentina o progresiva

  • La gravedad de los síntomas

  • La gravedad de la obstrucción

  • La ubicación de la obstrucción

  • Los riesgos relacionados con el tratamiento (especialmente en el caso de la cirugía)

  • El estado de salud general de la persona

Independientemente de los tratamientos específicos que se utilicen, también es preciso tratar los trastornos que constituyen factores de riesgo para la ateroesclerosis (como por ejemplo la hipertensión, la diabetes, el tabaquismo y los niveles altos de colesterol) para mejorar el pronóstico global. La angioplastia y la intervención quirúrgica son solo medidas mecánicas que corrigen un problema inminente. No controlan ni revierten el proceso que causó la enfermedad inicial.

Fármacos como la pentoxifilina o el cilostazol pueden aliviar la claudicación. También se pueden administrar medicamentos para el tratamiento de enfermedades que causan la arteriopatía periférica, como la hipertensión, la diabetes y el colesterol alto. Otros fármacos pueden ser administrados para disolver los coágulos o prevenir la formación de nuevos coágulos. Los más utilizados son la aspirina y el clopidogrel, que disminuyen el riesgo de formación de coágulos de sangre.

En ocasiones se realiza una angioplastia inmediatamente después de una angiografía. La angioplastia alivia los síntomas y, de ese modo, permite posponer o evitar la intervención quirúrgica, si bien a veces se utiliza en combinación con esta. La angioplastia consiste en colocar un catéter, con un pequeño balón en el extremo, en el interior de la zona estrechada de la arteria y, a continuación, inflar el balón para eliminar la obstrucción. Para que la arteria se mantenga abierta, se introduce en ella una malla de alambre permanente (un stent). En la actualidad, algunas prótesis intravasculares contienen fármacos que se liberan lentamente (endoprótesis liberadoras de fármacos) y evitan que la obstrucción se forme de nuevo. La angioplastia suele ser un procedimiento ambulatorio. No produce dolor, pero puede ser algo molesta, porque el paciente tiene que permanecer acostado e inmóvil sobre una mesa dura. Se seda ligeramente al paciente, pero no se le administra anestesia general.

El éxito de una angioplastia varía en función de la ubicación de la obstrucción y de la gravedad de la arteriopatía periférica. Después, se administra un fármaco (como la aspirina [ácido acetilsalicílico] o el clopidogrel) para evitar la aparición de coágulos en las arterias de la extremidad y para prevenir un subsiguiente infarto de miocardio o un accidente cerebrovascular. Además, se realizan ecografías Doppler de forma periódica con el fin de vigilar el riego sanguíneo por la arteria y detectar si se está estrechando de nuevo.

La angioplastia no puede realizarse con éxito si hay muchos estrechamientos en la arteria, si la sección estrechada es demasiado larga o si la arteria está muy endurecida a lo lago de una zona muy extensa. Después de la angioplastia, puede ser necesario practicar una intervención quirúrgica si se forma un coágulo de sangre (trombo) en la zona estrechada, si se desprende un fragmento del coágulo (émbolo) y este obstruye una arteria más alejada, si se filtra sangre dentro del revestimiento de la arteria y se forma un abultamiento hacia el interior que obstruye el flujo sanguíneo (un trastorno llamado disección) o si se produce una hemorragia grave.

Durante una angioplastia se pueden utilizar otros dispositivos, como el láser, las microcuchillas mecánicas, los catéteres ultrasónicos y las pulidoras rotativas, en lugar de un catéter con balón, pero ninguno de estos métodos es más eficaz.

Cuando los trombolíticos no son eficaces o es demasiado peligroso administrarlos, se puede practicar una intervención quirúrgica para extraer los trombos (tromboendoarterectomía). También se puede realizar una intervención para extirpar los ateromas (endoarterectomía) u otras obstrucciones o, como alternativa, practicar una cirugía de revascularización. En este tipo de cirugía se conecta un implante o un injerto a la arteria por encima y por debajo de la obstrucción; el implante consiste en un tubo elaborado con un material sintético y el injerto es un segmento de una vena de otro lugar del cuerpo. De este modo, la sangre se desvía alrededor de la obstrucción. Otra opción consiste en extirpar el fragmento obstruido o estrechado y colocar un injerto en su lugar. Por lo general, antes de la intervención se valora la función cardíaca y el flujo de sangre en el corazón para determinar la seguridad de la operación, ya que muchas personas con arteriopatía periférica oclusiva también padecen arteriopatía coronaria.

La amputación de una extremidad puede ser necesaria si parte de la extremidad ha muerto o si no hay una manera adecuada de restablecer el flujo sanguíneo en la zona.

Arterias de las piernas y de los brazos

Tan pronto como sea posible, se lleva a cabo una angioplastia para ensanchar un vaso sanguíneo (en ocasiones con un procedimiento para extraer un coágulo de sangre) o una intervención quirúrgica para soslayar un bloqueo, para evitar la pérdida irreversible de la función de la extremidad o la amputación en las arterias que quedan bloqueadas repentinamente y por completo.

El ejercicio regular o los medicamentos pueden aliviar el dolor en la mayoría de las personas con claudicación intermitente. El ejercicio es el tratamiento más eficaz y es apropiado cuando existe motivación para seguir un programa a diario. No se ha explicado de forma exacta el mecanismo por el cual el ejercicio alivia la claudicación, pero es probable que se deba al incremento de la funcionalidad muscular. No existen pruebas de que el ejercicio aumente el flujo sanguíneo ni de que estimule el crecimiento de nuevos vasos sanguíneos (colaterales). En presencia de claudicación, se debe caminar por lo menos 30 minutos al día, 3 veces por semana, si es posible. En la mayoría de los casos, esta práctica habitual aumenta la distancia que se puede recorrer cómodamente a pie. El malestar que se siente al caminar no es peligroso. Si se sienten molestias, debe interrumpirse la marcha hasta que se atenúen y luego volver a caminar. Para que se pueda mejorar la distancia recorrida, el tiempo total de marcha (excluidos los periodos de descanso) debe ser de por lo menos 30 minutos.

Por lo general, el ejercicio es más eficaz cuando lo supervisa un terapeuta preparado en un programa de rehabilitación. Se recomienda que las personas con claudicación se sometan a una prueba de esfuerzo antes de comenzar un programa de rehabilitación, para asegurarse de que la irrigación sanguínea del miocardio es adecuada.

Se debe minimizar la exposición al frío, que causa el estrechamiento (constricción) de los vasos sanguíneos y limita aún más la cantidad de sangre que llega al tejido.

Evitar el uso de medicamentos que causan la constricción de los vasos sanguíneos también es importante. Algunos de estos fármacos son la efedrina, la pseudoefedrina y la fenilefrina, que son componentes de algunos de los medicamentos indicados en la congestión de los senos paranasales y en el resfriado.

Cirugía de revascularización (bypass) en la pierna

La cirugía de revascularización (bypass) está indicada para tratar los estrechamientos o las obstrucciones de las arterias. Durante este procedimiento, la sangre se desvía alrededor de la arteria afectada, por ejemplo, alrededor de un segmento de la arteria femoral en el muslo o de parte de la arteria poplítea en la rodilla. Se conecta un injerto o un implante a la arteria obstruida, por encima y por debajo de la obstrucción; el injerto consiste en un tubo fabricado con material sintético y el implante es un segmento de una vena procedente de otra parte del organismo.

Para tratar la claudicación se administran fármacos como la pentoxifilina o el cilostazol por vía oral. Estos fármacos aumentan el flujo de sangre y, de ese modo, mejoran el aporte de oxígeno a los músculos. Cualquiera de los dos medicamentos debe tomarse durante 2 o 3 meses para determinar si es eficaz. Sin embargo, en la actualidad se ha puesto en duda la utilidad de la pentoxifilina, por lo que en muchos casos no se recomienda su uso. Por el contrario, el cilostazol puede incrementar entre un 50 y un 100% la distancia que el paciente recorre sin sentir dolor, aunque no está indicado si existe insuficiencia cardíaca.

Estudios recientes también muestran que el ramipril, que pertenece a una clase de medicamentos llamados inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina, que contribuyen a la dilatación de los vasos sanguíneos y en ocasiones mejoran el flujo sanguíneo, aumenta la distancia que puede caminar la persona sin sentir dolor.

Por lo general, se administra aspirina (ácido acetilsalicílico) o clopidogrel, dado que estos fármacos previenen la formación de coágulos y disminuyen el riesgo de padecer un infarto de miocardio o un accidente cerebrovascular. Dichos fármacos modifican las plaquetas para que no se adhieran a las paredes de los vasos sanguíneos. Normalmente, cuando un vaso sanguíneo se daña, las plaquetas que circulan por la sangre se agrupan y forman un trombo para detener la hemorragia.

Si los demás tratamientos no alivian la claudicación, se practica una intervención quirúrgica que elimina la obstrucción o una cirugía de revascularización (bypass). El objetivo de la cirugía consiste en evitar la amputación de una pierna cuando hay una disminución considerable del flujo sanguíneo, es decir, cuando la claudicación es incapacitante o aparece durante el reposo, cuando las heridas no cicatrizan o cuando se produce gangrena.

Es importante cuidar los pies de forma adecuada. De esta forma, se evita que las heridas o las úlceras del pie se infecten y se vuelvan dolorosas o que se desarrolle gangrena. El cuidado adecuado del pie contribuye a evitar la amputación. Las úlceras del pie requieren una vigilancia estricta. Estos cuidados son necesarios para tratar la infección, para proteger la piel de otras posibles lesiones y para que la persona pueda seguir caminando.

La úlceras del pie deben mantenerse limpias. Deben lavarse a diario con un jabón suave o con una solución antibacteriana y cubrirse con vendajes limpios y secos. Las piernas deben permanecer por debajo del nivel del corazón para que el riego sanguíneo sea mayor. Las personas con diabetes deben controlar las concentraciones de azúcar en sangre de la mejor manera posible. Como norma general, si existe circulación deficiente en los pies o se padece diabetes, debe acudirse al médico cuando una úlcera del pie no cicatrice en unos siete días. A menudo, se receta la aplicación de un ungüento con antibiótico.

Si las úlceras del pie no cicatrizan, puede que sea necesario el reposo absoluto en cama. En este caso, se deben usar vendajes almohadillados en el talón o botines con espuma de goma para evitar la aparición de úlceras ocasionadas por la permanencia prolongada en cama (úlceras de decúbito o úlceras por presión) en los pies. La cabecera de la cama debe estar elevada de 15 a 20 cm y las piernas deben mantenerse al nivel del corazón o por debajo de este para que la fuerza de la gravedad ayude a la sangre a circular por las arterias. Si la úlcera se infecta, se suelen recetar antibióticos por vía oral y puede ser necesaria la hospitalización.

En casos excepcionales, puede ser necesario amputar la pierna para eliminar el tejido infectado, para aliviar el dolor implacable o para impedir el empeoramiento de una gangrena. Los cirujanos eliminan la menor porción posible de la pierna. Es muy importante conservar la rodilla, sobre todo si se ha previsto utilizar una pierna artificial. La rehabilitación física tras la amputación de una pierna es fundamental.

Actualmente se está estudiando un abordaje terapéutico que consiste en la inyección de células madre en las piernas de las personas con graves deficiencias en el flujo sanguíneo. Las células madre podrían estimular el crecimiento de nuevos vasos sanguíneos, reduciendo así la necesidad de amputación.

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